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sábado, 23 de septiembre de 2023

Buen momentos para leer a Macario Schettino. El dinosaurio disfrazado. De opositor a demagogo.

 Macario Schettino. El dinosaurio disfrazado. De opositor a demagogo.  Ariel, 2023.


Pues lo he terminado… La verdad yo no entiendo cuando otras personas refieren el libro y comentan que se lo leen en una tarde, YO, invertí como 6 momentos, no recuerdo las horas, pero sumadas, no dan una tarde.  Mi lentitud en la lectura me quitaría el puesto de investigadora educativa, dicen que en tal situación hay que leer cierto número de páginas diarias que excede a mis posibilidades.

En fin, leído está, pero reflexionarlo, igual, llevará su tiempo. 

Por el momento puedo decir que es un libro importante por varias razones. La primera, porque es de coyuntura, nos permite reflexionar la política en la que estamos todos implicados; la segunda, es un libro que abarca un tiempo histórico desde la llamada, según Macario Schittino “Revolución Mexicana”, que para él no lo es, sino una batalla campal por el poder ante el envejecimiento de Porfirio Díaz, (yo leí y el libro 100 años de confusión y me parece que no le falta razón), tercera, es un libro pedagógico para gente madura, no tanto, y jóvenes, pues hace un recuento de la conformación política de los últimos decenios del siglo 20 y los dos que van de éste en el vamos avanzando en medio de tanto traspiés.  

El libro se organiza en 5 momentos, en el primero, narra sobre cómo se conformaron los gobiernos revolucionarios  a cargo de generales, y en el segundo, el cambio que se da a personas civiles y cómo van estructurando una forma de relación entre los poderes, nada sana, hasta que en el tercero, nos cuenta cómo se fractura el PRI, y de ahí surgen aires de democracia, pero en el cuarto no cuenta que esos que hablan de democracia, al provenir de las heridas del PRI, son aquellos rechazados, que se cambia de tricolor, al amarillo, y luego, se transforman en color guinda, total que son los mismos, pero con otras ropas.

Y el quinto, que es el capítulo al que dediqué más tiempo, pues ahí plantea la historia de otra forma, nos habla de una cultura tradicional que viaja con nuestro desarrollo como sociedad, de la cual es complejo salirnos, pero que, si lo sabemos, lo reflexionamos, lo trabajamos, tal vez, tal vez y tengamos mejor realidad mexicana y mundial.  Esta parte me dejo interesada, espero encontrar sus fuentes bibliográficas para ahondar en ellas, me parece otra forma de entender por qué somos como somos los mexicanos.

Es un libro importante, que ojalá sea leído, a los que venimos con el siglo XX, nos hace recordar por las que hemos pasado, crisis económicas, problemas sociales y cómo se fueron resolviendo o agrandando; a los que son más jóvenes, les informa, y eso es bueno, nuestras nuevas generaciones necesitan conocer el pasado del que venimos, porque lo que hoy se presenta, no se ha forjado hoy, tiene una historia, y no muy blanca.

Hacía tiempo que no leía un libro en físico, pero como aún no está en formato digital, pues tuve que comprarlo y buscarle lugar entre los otros libros.  Ya no los compro en físico, porque me pregunto ¿Quién se quedará con ellos? Mis hijos tienen otros intereses que no son los pedagógicos, tienen su propio campo de lecturas, por eso, ahora leo puro digital, así todo queda en la nube y ya.

Bueno… como siempre, mi invitación a que lean un libro excelente, de coyuntura, y reactivación de memoria histórica.


viernes, 1 de septiembre de 2023

Conexiones y equilibrios de Eduardo Andere. Un libro de urgente lectura por los educadores.

 

Eduardo Andere M. Conexiones y Equilibrios: Cerebro, mente y ambiente para aprender y crear. IEXE Editorial. 2023, Edición electrónica.

 He revisado otros libros de Eduardo Andere, donde ha contado cómo es la educación en otros países, lo cual es interesante, pero no ha sido un asunto de mis preferencias, eso de hablar de la educación comparando un país con otro, planteando tablas de todo tipo, porcentajes por aquí, por allá, no es el tipo de escritos que llaman mi atención salvo determinados casos para consulta. Sin embargo, he de aclarar, que siempre me agrada escuchar sus comentarios, conferencias, entrevistas, donde es muy claro, conciso. 

Un poco incrédula inicié la lectura invitada por el título tan abstracto, pero sugerente.  Abordar las relaciones entre cerebro, mente, aprendizaje y creatividad no es algo simple; reconocer que el avance de las neurociencias nos va cambiando las ideas sobre cómo interpretar y abordar la formación humana; adentrarse por nuevas discusiones sobre el funcionamiento del cerebro, lo emocional, lo racional abre nuevas preguntas pedagógicas, como ésta que nos invita a explorar ¿cómo lograr que nuestros estudiantes quieran aprender?

Definitivamente, las neurociencias movilizan ese viejo enfoque de la enseñanza-aprendizaje tradicional que posiciona a los dos procesos como equidistantes, como consecuente uno de otro, y resulta, que uno puede hacer circo maroma y teatro para inducir procesos de aprendizaje, pero mientras no tengamos idea de lo que sucede en los procesos cerebrales y de la mente de nuestros alumnos, estamos dando palos de ciego en medio de arenas movedizas. 

Confieso que estuve algunos días frente al libro terminado, con la pregunta ¿Cómo trasmito mi experiencia de lectura frente al mundo de ideas encontradas en cada uno de los capítulos? Libros de este tipo, que avanza, profundiza, abre nuevos campos de ideas mencionando a los investigadores que ponen en vilo un mundo de ideas preconcebidas, y sí, el título es muy sugerente, porque el lector se encuentra con ideas que fracturan las propias, se reabren y emerge la necesidad de reconectarse a lo que va descubriéndose, para volver a equilibrar entre lo conocido y lo que se necesita conocer.  La mente del lector, bueno la mía ha terminado en un caos, por lo que no ha sido fácil narrar mi experiencia lectora.

Finalmente, decidí por iniciar con tres palabras de su cierre, y éstas son neuroeducación, neuropedagogía y neuropsicología.  Tres disciplinas conocidas por nosotros, pero que ahora inician con las ciencias que investigan el cerebro, las neurociencias y con ello, todo se nos moviliza en las prácticas educativas.   

Estas tres disciplinas, se han venido nutriendo de los descubrimientos de las últimas décadas en materia cerebral, y nos imponen el reto de enriquecer nuestros conocimientos sobre las personas que educamos, quienes son personas singulares cuyos procesos físicos inician en el órgano cerebral, el cual secreta sustancias que activan emociones, sentimientos,  pensamientos en nuestro sistema biológico y mental, personas a quienes necesitamos educar para vivir con esfuerzos de bienestar en un mundo en transformación acelerada, y para hacerlo, necesitan un cerebro-mente-cuerpo en constante esfuerzo de equilibración, trabajo que realiza el sujeto mismo, quien necesita querer aprender, lo cual es educable, tarea cada vez más compleja para los adultos y entornos responsables de hacerlo.

 Desde los 90s, se están generando grandes avances en el estudio del cerebro gracias a la invención de instrumentos que pueden mostrar su funcionamiento, lo cual ayuda a comprender lo que somos y hacemos, estos estudios, afirma nuestro autor, puede ayudarnos a comprender el fenómeno humano, ayudarnos a quienes tenemos la responsabilidad de la crianza, la educación formal a realizar un mejor acercamiento con la infancia.

Una infancia que día a día se sale del marco de ideas preconcebidas sobre ella y nos alejan de romanticismo pedagógico anquilosado.  Nuestros niños responden a su tiempo social, a la tecnología que cambia drásticamente, dando lugar a transformaciones en sus hábitos y formas de ser y pensar, es decir, cambian sus ideas sobre la vida, la realidad, producto de la afectación del órgano cerebral que origina procesos neurales que nos obliga a preguntas ¿Cómo educarlos para una vida completamente nueva y diferente a la de los adultos que los rodean si no conocemos esta parte sustantiva de su ser? ¿Los educadores, los padres, todo adulto implicado con los niños que sabe sobre los últimos descubrimientos del cerebro?

Son importantes preguntas que necesitamos explorar y este libro nos introduce por este mar de ideas tan alejadas y ajenas a los programas sobre formación docente, donde abunda más un conocimiento sobre técnicas, métodos, pero no se ahonda en el conocimiento profundo de la relación cerebro-mente-cuerpo, conocimiento que a todos nos implica.

En este libro, Andere nos ofrece los hallazgos sobre la investigación cerebral, profundiza en este llevado y traído asunto de la emociones, los sentimientos, los pensamientos, y nos expone la necesidad de conocerlos, de investigar, para ello, aporta una vasta bibliografía, nombra autores, libros, que necesitamos revisar y estar preparados para estar frente a los hijos de este tiempo, que nacen inmersos en la vorágine tecnológica,  en los cambios frenéticos de la realidad, que igual, nos cambian a nosotros, y donde todos necesitamos aprender a surfear para arribar a buenos destinos.

Estamos ante un libro, que funge como mediación entre nuestro campo y el lenguaje de los científicos.  Andere, es didáctico, cuidadoso, por ello, en cada uno sus capítulos, nos avisa los asuntos que tratará, que podemos omitir alguno si es muy complejo, pero todos en su conjunto, nos ayudan a construir una mirada más enriquecida sobre la subjetividad infantil desde las neurociencias.

Concluyo diciendo que es un libro de lectura obligada, ¿Qué es complejo? Si, algunas partes son de exigencia comprensiva poco habitual por nuestro desconocimiento en este campo, nos demanda voluntad, esfuerzo, pero como en el mismo libro se nos cuenta, tenemos el lado hiperfrontal, nuestro lado activo del cerebro, donde se da el trabajo constante, la motivación para seguir y da lugar a una danza de neuronas que se reacomoden para posteriormente, ser la fuente de datos del lado hipofrontal, lugar en calma, donde produce la mejor idea, la chispa creativa, bueno, eso entendí, y me explica  aquello de 95% de esfuerzo, 5% de ideas nuevas. Es decir, nuestra creatividad, es producto de varios factores, pero, siempre exige esfuerzo y nuestro cerebro está preparado para ello. Leer este libro, será un reto, pero las ideas-eureka que deje, serán invaluables. 

Y los más importante,  con nuestra lectura esforzada, la niñez idealizada en nuestra mente, irá dando paso a enfoques interceptados por las neurociencias.  Como educadores no podemos mantenernos al margen de los nuevos descubrimientos científicos que día a día se publicitan, y que en este libro, fueron bien recogidos, y hoy, nos permite un acercamiento de los tantos que necesitamos realizar.  

 

martes, 25 de julio de 2023

Ángel I. Pérez Gómez. Pedagogía para tiempos de pandemia y perplejidad: De la información a la sabiduría. Homo Sapiens, Ediciones, Argentina, 2021. Edición Electrónica.

 

Estamos ante un libro de necesaria y urgente lectura, sobre todo, en este nuevo intento de establecer una reforma curricular que afecta la práctica docente y la orienta hacia sentidos que no acaban por explicarse ni comprenderse.  Las ideas aquí planteadas abren cortinas que dejan pasar luz hacia diversos procesos complejos de la educación; son ideas que propician reflexiones sobre los retos que enfrentamos los educadores en estos momentos de transformación que fisura lo conocido y nos exige un conocimiento alerta, atento, sabio para tomar las mejores decisiones en los diferentes ámbitos de la vida personal y social.

El libro aborda diversos asuntos, todos importantes e interconectados, que hacen difícil comentar a detalle el contenido, por lo que buscaré agrupar ideas desde lo que considero pertinente, más con la intención de provocar el entusiasmo para su lectura, que de explicarlo.

Primeramente, se hace hincapié en que la educación que se pone en acto en nuestras aulas, responde a una herencia que data de tiempos donde el ámbito educativo era necesario para difundir el conocimiento, la cultura; aquella escuela fue un centro de divulgación, necesario para el desarrollo de las sociedades, pues fue el lugar privilegiado para aprender a leer, escribir, acceder a información que sólo ahí se podía obtener, y quienes asistían, se apropiaban de un conocimiento que les permitía progresar y con ello, enriquecer el nivel cultural de sus entornos sociales.

Ahora bien, aquella escuela que respondió a necesidades de divulgación, apropiación de conocimientos y cultura parece sostenerse por el transcurrir del tiempo, aun cuando las sociedades no son las mismas. Sostiene que esta escuela heredada, no tiene cabida en una sociedad en que la información fluye de infinitas formas y es consumida por quien la busque y tal hecho, cambia aquella vieja razón original de la escuela, y le exige un proceso de renovación en todo sentido.

Tal necesidad de cambio, fue reflexionada por Pablo Freire, quien, desde mediados del siglo pasado planteó que la escuela saturaba de información la mente de los aprendices, que la memorización era una acumulación de información innecesaria, que era el momento de hacer cambios. La educación bancaria a la que Freire aludió fue una de las primeras batallas pedagógicas en contra de la “escuela de talla única”, es decir, homogeneizante, batalla freireana que reconocemos, entendemos y valoramos, pero que no puede continuarse igual, sino que requiere de formas inéditas que respondan a las nuevas realidades sociohistóricas. Al final del libro, aporta algunos criterios para pensar en esta nueva pedagogía que movilice esta vieja cultura escolar heredada.

Otro aspecto desarrollado en este libro, gira en torno a la interrelación entre aprendizaje, docencia, los contenidos escolares y el sentido de la educación.  Inicia con la reflexión información-conocimiento-sabiduría y nos invita a pensar en el papel que juega la información, sus grandes volúmenes y los modos por los que fluye inundando con datos al mundo actual, esta información, al utilizarse de manera seleccionada en la escuela, se torna el qué de la educación y necesita de procesos de razonamiento para tornarse en conocimiento, para ser apropiado y tener conciencia de que ese algo es producto de procesos mentales, de esfuerzos cognitivos bajo un para qué, y que lo orienta a su uso, aplicación, que exige conciencia, sentido, sabiduría.

Y para explicar este complejo pasaje del informarse a la sabiduría, se detiene en una interesante reflexión sobre la complejidad del aprendizaje, que reconoce en dos momentos, el primero como proceso inmerso en la experiencia socializante de la vida cotidiana, donde se adquiere un conocimiento práctico, apropiación de saberes, hábitos, destrezas, desarrollo emocional que resulta funcional  para responder a los entornos de la vida inmediata, por tanto, esta forma de conocer, es vital y por ello, se automatiza, por tanto, por su funcionalidad no se piensan, no busca la verdad, su finalidad es puramente práctico.

Estos aprendizajes automatizados, dependiendo de los contextos que los propiciaron, pueden ser excelentes catalizadores para mejores experiencias o en caso contrario, detener nuestro desarrollo, por tanto, necesitan volverse conscientes para impulsarnos, ser capaces de despojarnos de lo inútil y contradictorio.

Para alejarnos de la primacía de lo familiarizado con efecto impronta de verdad tranquilizante, de esas ideas estereotipadas, de falacias argumentativas resistentes a críticas, necesitamos el aprendizaje reflexivo, de esas formas de aprender que necesitan un lugar para hacerlo, la escuela.

Así, llegamos a la escuela con un abundante conocimiento automatizado, práctico, que se vuelve insumo, contenido a partir del cual se inician procesos de reflexión que orientan hacia un conocimiento cimentado en conceptos, teorías, con las cuales que se redefine lo que se sabía y se aprende lo nuevo que se necesita para arribar a un conocimiento que se sabe en constante redefinición, al que llama “conocimiento teórico”, y que favorece la reflexión de problemas, que explora lo desconocido, que tiene sentido para lograr bienestar, desarrollo, justicia, todo esto, en sociedad, y cuando se llega a este nivel se tiene sabiduría.

Con estas ideas, nuestro autor, nos plantea que la finalidad de la educación consiste en: “Reconstruir no solamente los modelos mentales conscientes y explícitos, sino de manera muy especial los mecanismos, hábitos, actitudes, creencias y mapas mentales inconscientes y tácitos que gobierna nuestros deseos, inclinaciones, interpretaciones, decisiones y reacciones automáticas. Esta reconstrucción del piloto automático requiere la experiencia, la acción y la reflexión sobre el sentido y la eficacia de nuestra acción… Transitar… Desde la información en conocimiento y desde el conocimiento a la sabiduría.”

Al llegar a este planteamiento, discute sobre la importancia de una nueva pedagogía que denomina “Pedagogía de la experiencia” y más adelante nombre como “Pedagogía para la sabiduría en tiempos de perplejidad” y requiere de una práctica educativa que abandone ese afán por adquirir teoría sin sentido, para ir tras una teoría se enlace el saber automatizado y active marcos de acción creativos y eficaces.  Nos dice que esta nueva pedagogía necesita promover tres capacidades fundamentales:

  • Utilizar y comunicar de manera disciplinada, crítica y creativa el conocimiento. Se trata de la mente crítica, creativa, innovadora
  • Vivir y convivir en grupos humanos cada vez más heterogéneos. Mente ética y solidaria.
  • Pensar, vivir y actuar con autonomía. La construcción del propio proyecto vital. Una mente personal.

Y para terminar, desarrolla 13 criterios o guías para moverse de la escuela heredada a una pedagogía que responda al tiempo actual y futuro, los enumero rápidamente:

  1.  El desarrollo holístico de la personalidad como finalidad última de la escuela educativa
  2. Priorizar la práctica y experimentar de la teoría”
  3. El curriculum se oriente a desarrollar capacidades cognitivas de orden superior, permitir aprender a lo largo de toda la vida.”
  4. organizar el currículum en torno a casos, situaciones, problemas y proyectos.
  5. Primero las vivencias y después las normalizaciones. El currículo más como un itinerario de experiencias de un listado de contenidos
  6. Apuesta decidida por la enseñanza personalizada, que requiere flexibilidad y objetividad en el currículo.
  7. Promover el desarrollo de capacidades cognitivas y afectivas de orden superior.
  8. Primar la cooperación y fomentar la confianza.
  9. Potenciar la meta cognición.
  10. Estimular el compromiso social des un aprendizaje y servicio.
  11. Promover la evaluación formativa, educativa.
  12. El docente necesita transitar de informante a tutor del aprendizaje
  13. Promover la utilización educativa de la tecnología educativa y el juego.
  14. Diseñar y desarrollar contextos educativos, saludables.
  15. Fomentar la improvisación disciplinada.

Esta última parte, si bien son criterios, orientaciones que nunca están de más, ya llevan de manera implícita posibles cómos, y en esta parte, siento que se transgrede la riqueza del libro cuya finalidad según entendí, radica en aportar teoría para replantear la práctica docente.   Necesitamos enfatizar, que cuando los docentes recuperan conceptos que iluminan sus ámbitos de acción, las dudas, las preguntas, la capacidad de modificar, de innovar se favorece, entonces, el ser y hacer educativo se moviliza y genera esos cambios que le son posibles y siente pertinentes.  A un docente no tenemos por qué decirle cómo, aludir a cómo tendría que ser su pedagogía me parece una injerencia en su toma de decisiones y lo descalifica.

Todo docente, es capaz de idear, diseñar y poner en práctica actos de enseñanza, cuya pertinencia y eficacia, dependerán de cómo percibe y conceptualiza su tarea educativa, por ello, la gran tarea consiste en brindarle momentos formativos que lo lleven a la reapropiación teórica de su práctica automatizada.  Como dice nuestro autor, necesitamos iluminar con ideas fundamentadas nuestros automatismos docentes, teorizarlos y volver a ponerlos en práctica.

Así como esperamos que los niños reflexionen sus automatismos socializantes construidos en los entornos de los que provienen, igual nosotros, necesitamos la conciencia de nuestros automatismos docentes para transformarlos en la medida de nuestras actitudes, destrezas, sentido profesional e impulsarnos por el cambio posible, respetando las diferencias propias de cada subjetividad y contexto.

Estamos ante un libro que nos aporta conceptos actualizados que necesitamos para reflexionar nuestra práctica docente, y con ello, volverla consciente, con mayor sentido personal, educativo y social.  

domingo, 18 de junio de 2023

La noción de “campo” y otros conceptos en “Un libro sin recetas para la maestro y el maestro” Fase 3, SEP. 2023

 


SEP. Un libro sin recetas para la maestra y el maestro. Fase Tres. Elaborado y Editado por la Dirección Gral. de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, México, 2023.


Un cambio radical que encontramos en la Reforma Curricular  por implantarse en el próximo ciclo escolar 2023-2024, que se aprecia en la forma de compartimentar los contenidos curriculares, antes organizados por materias, hoy, por campos, como ya sabemos: Lenguajes; Saberes y pensamiento científico; Ética, naturaleza y sociedades y De lo humano y lo comunitarios, todos ellos, atravesados por ejes que enfatizarán sentidos formativos, tales como la inclusión, pensamiento crítico, interculturalidad crítica, vida saludable, apropiación de la cultura a través del fomento a la lectura y la escritura, artes y experiencia estéticas.

Sin duda, este cambio amerita plantearse algunas preguntas:

·       ¿Por qué cambiar de materia disciplinar a campo formativo?

·       ¿Qué formas de aprender se propiciaban con las materias, cuáles se buscan con la noción de campo?

·       Y tal vez la más importante, ¿Qué es un campo formativo?

En otras reformas curriculares se estuvo trabajando con un formato por áreas.  Durante la reforma curricular de los 90s, se habló de promover un desarrollo integral, y se pensó que, presentando los contenidos más articulados entre sí, podría facilitar la tarea, así que tuvimos programas educativos por áreas.  Para muchos profesores con larga estancia en la educación, la idea de áreas de aprendizaje no les es ajena, por ejemplo, en Ciencias Sociales se contenía articuladamente geografía e historia, en Ciencias Naturales se abordaba biología, física, química, etc. Al inició del siglo XXI, fue sustituido nuevamente por materias bajo el enfoque por competencias.   

Hoy, se da otro salto -y aún no sabemos si para atrás, a los lados, o enfrente-, se vuelve a la idea de interrelacionar los contenidos, ahora utilizando el concepto de “campo” que de entrada exige aclararlo, y con tal comprensión, atender los nuevos sentidos formativos de este reajuste curricular.

Cuando se revisan, los programas de sintéticos -aún en borrador, por cierto-, los contenidos, sin que lo queramos, ya están compartimentados en nuestra cabeza por materias, pero los vemos organizados por campos.  Como hábito ganado por años, se piensa en los contenidos como siempre, pero ahora los vemos reunidos por otros criterios poco aclarados.  En ningún texto se explora el concepto de campo para tener un acercamiento que propicie entender de qué se trata este giro didáctico en la educación o ¿se intenta con el concepto de interdisciplina?

Si se rastrea el concepto de campo, nos encontramos con Pierre Bourdieu, (Pierre Bourdieu, 1995, pág. 26), sociólogo, quien lo plantea como «una red o configuración de relaciones objetivas entre posiciones”, esto es, como  un modo de organizar los elementos de una realidad en la que uno mismo participa, y que desde ese lugar ocupado, se propicia un  modo de comprensión de la misma, dado el rol que ahí se tiene, que depende de la posición que se tiene, ya que no mira igual un problema quien lo sufre, quien lo produce, quien lo agudiza, quien sólo lo observa; cada participante de ese espacio, construye una red de significados, que quedan interrelacionados dando lugar a interpretaciones que consideran varios elementos, a una mirada que articula, interconecta lo reconocido. Otros autores, proponen al campo, como totalidad, sistema, aludiendo que es importante pensar la realidad como una interconexión de procesos que le dan forma y movimiento. 

Por tanto, necesitamos reconocer las formas de razonamiento que se propician en las personas, y más específicamente, en la escuela, donde podemos orientar la enseñanza por formas de pensar que separan, aíslan los contenidos al enfatizar una abstracción-excluyente que busca aislar el fenómeno que interesa, separándolo de aquellas fuerzas que pueden contaminarlo, así, el fenómeno en estudio, se supone, es más fácil de aprenderlo. 

O bien, reconocer los esfuerzos pedagógicos que se han dado por instalar didácticas que que lleven a una abstracción-incluyente, es decir, pensar los contenidos en su relación con sus entornos, adentrándose en ellos, saliendo para reconocer sus interconexiones, y advertir  su complejidad, que exige una forma de pensar que busca sus puntos más potenciales. 

Esto nos lleva a la pregunta ¿Cuál es la forma de pensar que la escuela ha favorecido? ¿Nuestras didácticas favorecen procesos de reflexión abstracta-excluyente o incluyente?

Nuestras respuestas pueden comprenderse si asumimos la tendencia educativa de demostrar objetivamente que los alumnos aprenden, para ello, enseñamos contenidos aislados pues necesitamos que los ellos nos digan qué saben, que nos demuestren de manera puntual su aprendizaje. Al enseñar de esta forma, sin saberlo tal vez, despojamos la información que abordamos de su complejidad, y hacemos que el alumno los domine, los repita, y los utilice en su mínima simpleza, empobreciendo la capacidad de pensar. Privilegiamos por tanto una abstracción excluyente que termina con la acumulación de información que se desecha con facilidad.

Ahora, la reforma educativa actual, se solicita trabajar por campos, hacer una docencia que propicie formas de reflexión incluyentes, pensar totalidades de realidad, razonar articulando procesos, sentidos, tiempos. La pregunta es, así como así, por decirlo, por solicitarlo ¿lo lograremos? ¿qué se necesitará?

La exigencia de hacerlo ya está dada, ahora los contenidos curriculares se nos presentan por campos de conocimiento y cobran vida con los ejes articuladores y esto nos sitúa en nuevas exigencias didácticas con las cuales se pretenden un razonamiento articulado sobre la realidad de la cual son parte. 

Sin embargo, una reflexión profunda sobre este giro didáctico al enfatizar la noción de campo, no la encontramos en este libro.  Al carecer de una argumentación clara sobre este cambio tan sustantivo, se corre el riesgo de abordar estos fines formativos en su  máxima simpleza.  Es una noción que amerita ser problematizada para reconocer los nuevos desafíos formativos que nos impone como educadores.  De otro modo, al plantearse tan solo de forma nominal, queda en peligro de acomodarse a los saberes habituados de la docencia, evitando el logro de los fines formativos prometidos en esta reforma curricular. 

Así, como esta noción tan importante, encontramos otros como “libertad”, “comunidad”, conciencia crítica, ecología de los saberes, género, etc., y los consabidos de siempre, educación, aprendizaje, docencia,  muchos otros, que se vuelven palabras familiares, pero no conceptos con el nivel de abstracción que demanda el perfil de egreso.

No podemos negar que algunos, tienen cierto desarrollo, por ejemplo, se da mucha importancia a la idea de libertad, misma que se plantea sin el referente de la conciencia de los límites, sólo se nos invita a buscarla, a zafarnos de todo de dominio y vivir entre iguales libres, ¿eso existe? ¿en verdad todos estamos en una situación horizontal de poder? Vivir en la anarquía no ha demostrado ser el mejor sistema de convivencia, que además riñe con el concepto de comunidad, donde existen reglas de convivencia. 

Lo mismo sucede con la idea de “conciencia crítica”, pensada como conciencia del rol social, o lugar en las hegemonías que siempre existen, pues vivimos rodeados de fuerzas, unas más fuertes que otras, y ahí estamos nosotros, como una fuerza más dependiendo del poder que despleguemos. En este libro se invita a tomar "conciencia crítica" sobre nuestro lugar en las clases sociales, reconocer si somos subalternos, oprimidos, cuando son conceptos algo desgastados en el tiempo, por ejemplo, se ha demostrado por algunos teóricos, que clase, alude más casta, a origen por cuna, que el movimiento social moviliza la situación de las personas, un día uno puede pertenecer a la clase pudiente, y otro, despertar siendo el más pobre por un mal negocio. Las clases social es dinámica, la la casta no.

Y si bien, el concepto de “ecología de los saberes” permite comprender el intercambio natural de la cultura, reconocer los procesos de asimilación mutua, a reaprender unos de otros, en este libro, se enfatiza más la idea de monocultura, para llevarnos a pensar en que la cultura hegemónica neoliberal nos niega en nuestras raíces.  Desde la idea de monocultura se nos induce a volver a las culturas ancestrales, e impide pensarlas como procesos históricos, a reconocer que todo tiene una temporalidad, que deja conocimientos, que permanecen dada su pertinencia, no porque se decide conservarlos por actos de poder.

Este libro, se espera sea pedagógico, pero se percibe más ideológico en el sentido que revive formas de pensar que eran hegemónicas en los años 70s, nos retrae a ideas contenidas en palabras que adornaban grandes discursos que prendían a aquéllos sujetos dada la realidad que vivían y delirantes, se  lanzaban a la revolución -que nunca es amorosa como dice Freire, encierra violencias, sangre, muertes-, a la emancipación de las conciencias, a la formación de grupos de guerrillas por la sierra, armados, resistiendo al poder, etc.

Aquéllas formas de resistencia respondieron a su momento, cuando se pensaba que ese era el mejor modo de cambiar la realidad, y pese a que dejó aprendizajes muy ideologizados, es necesario re-situarnos, comprender que enfrentamos otras realidades, otras formas de hegemonía, y por tanto, tenemos otras batallas que librar, una de ellas es la educación, y ésta necesita la batalla que esta época demanda. 

Me queda claro que este libro, que se dice sin recetas, si es un recetario demagógico que incita a la victimización, a sentirse oprimidos, en vez de reconocernos como personas de un tiempo que nos asombra, que tenemos problemas para conocer en su complejidad y demanda formas de pensar y actuar inéditas, las viejas, ya se practicaron y según los datos, no fueron las mejores.

En este libro para el maestro subyace un lenguaje seductor que invita a un estado emocional que busca culpables para exigirles nos reivindiquen de tanto olvido y opresión, que son ciertos por diversas circunstancias históricas, políticas, económicas, culturales. Pero la verdad, esa forma de pensar-sentir no nos ayuda a salir de tal situación, en cambio, HOY, nos necesitamos como personas pensantes, poderosas por las ideas renovadas de las que sí somos capaces para adentrarnos valientes por los nuevos tiempos que nos ha tocado vivir.  No es fácil, pero al intentarlo, nos orientamos por nuevos caminos, y este esfuerzo, SÍ sería freireano.

martes, 30 de mayo de 2023

"Decir el mal. La destrucción del nosotros" Ana Carrasco-Conde.

 

Ana Carrasco-Conde. Decir el mal. La destrucción del nosotros. Galaxia Gutenberg, Barcelona. Formato digital, 2021.

 La autora inicia así: “Este no es un libro amable, aunque he tratado de escribirlo con amabilidad para quien lo lea y para mí misma. Es un intento de pensar el mal sin caer en el tópico de lo indecible, de lo ilimitado y de lo inimaginable. Porque lo cierto es que el mal puede decirse, concebirse, imaginarse, definirse, localizarse e identificarse.”

Y lo confirmo, leer este libro no ha sido fácil, no porque sea compleja su escritura, ya que la autora ha tenido sumo cuidado en sus palabras para plantear este asunto de “decir el mal”.  La escritura es pulcra, cuidadosa, preocupada por compartir ideas que necesitamos visibilizar y sobre todo, sentir e implicarse; si bien sus argumentos filosóficos son varios y profundos, éstos no impiden quedarse ahí, abrevando de la calidez de su lenguaje y adentrarnos por este problema tan viejo como la humanidad misma, pue el mal tiene que ver con todo aquello que nos va restando eso mismo.  El mal destruye el nosotros.

He olvidado cómo llegué a este libro, pero desde que supe de su existencia, me hice de él y hoy me siento partícipe de la preocupación de la autora por escribir y difundir esta reflexión sobre eso que vivimos y normalizamos en la vida cotidiana y que desconocemos hasta que un día, como olla de presión, explota y da pie a heridas, daños, injusticias,  odios, delirios de poder, insensibilidad que puede llevar masacres, limpiezas étnicas, xenofobias, etc.,  y sólo, ante esos desastres emerge la pregunta ¿por qué pasó esto?

La autora, después de reflexionar varias posturas filosóficas sobre el mal, acuña ideas que hacen pensar y preocuparnos, pues nos alerta sobre la necesidad de aprender a mirar la forma en que nos relacionamos con las personas que nos dieron la vida, con las que crecimos, con quienes hemos hecho amistad, con quienes tenemos tratos cercanos y no tanto, con quienes tenemos una mala relación, a quienes despreciamos y odiamos, pues ahí, coexisten lo que denomina “mal ordinario”, eso que tiene que ver con los modos de relacionarnos con los demás, y que ellos, tienen hacia nosotros que nos afectan, padecemos, y de a poco, son la simiente de  formas de relación imposibles que rompen nuestros lazos y nos orillan a actos conscientes e inconsciente de maldad. El mal está entre nosotros y necesitamos reflexionarlos para aprender a cuidar nuestro trato mutuo, y así, ser mejores personas.

Ana Carrasco-Conde no habla víctimas y victimarios, de culpables e inocentes, sino de dolor, sufrimiento por el daño causado por actos humanos de exterminio, sometimiento, injusticias, aniquilación, atropellos que se documentan por todas partes, hoy tan difundido por las redes sociales y a los que cada día nos vamos acostumbrando más y más.  A ella, no le interesa encontrar culpables, sino responder esa pregunta que nos asalta cuando estamos en medio de sucesos donde unos lastimamos a otros de modos para los que a veces no hay palabras: ¿Cómo se llegó a tal crueldad?

Para moverse por esta pregunta, va analizando diferentes conceptos sobre el mal aportados por la filosofía desde el mundo griego hasta el siglo XX, y termina diciendo, que si bien los conceptos dicen algo sobre el mal, siempre se quedan cortos frente al horror que seres humanos somos capaces de causar a otros; dice que los conceptos se quedan dentro del mismo cuerpo teórico que los gesta, y por tanto, son como una caja, ahí dentro, explican todo su interior, pero no lo que está fuera,  y eso que no se puede explicar, se ve como una anomalía (si seguimos a Kuhn), queda “fuera de la caja”, se excluye.  Ahora bien, si partimos de que la realidad es magmática, caótica, múltiple, ninguna “caja teórica” puede contenerla, por tanto, al mal hay que leerlo, comprenderlo con esos conceptos que tenemos hasta hoy, asomándose hacia fuera de la caja, y así comprender con esas versiones, la crudeza del mal del que somos capaces los humanos de infringir, pues como dice ella, aún no hemos visto a un animal construir “máquinas para matar” a sus presas. Parece que el mal, es cosa de humanos.

Con esta cautela teórica, revisa ideas de Platón, Aristóteles, Kant, Schelling, Bataille, Spinoza, Heidegger, Hannah Arendt y muchos otros más.  Con tales versiones sobre el mal, va analizando casos reales, como la masacre de Ruanda entre los Tutsi y los Hutus, escenas del exterminio judío por los nazis, las guerras de Camboya, asesinatos de mujeres, de niños, etc., y nos dice que esos conceptos parecen exculpar al sistema que los explica, dejando la carga de culpa al ser humano, a quien, desde diversas explicaciones se le postula como un ser frágil , impuro, inconforme, egoísta, atrapado en sus pasiones, en sus pulsiones y delirios, y ahí, en tal forma de ser,  decide hacer el mal de maneras infinitas.  Nos dice, que hemos llegado un pesimismo antropológico, que nos pensamos como seres malvados por naturaleza y por tanto, necesitamos una cura tal vez, o expiar nuestras acciones si creemos en un Ser Superior que nos ayude a cambiar.

Ana Carrasco, se ayuda con esas ideas largamente investigadas, y filosofa con ellas para “mirar fuera de la caja”.  Por ejemplo, aludiendo a Hannah Arendt, la filósofa de la natalidad, nos hace ver algo importante, dice que nacemos ya entrados en vida, es decir, al nacer ya somos parte de una comunidad que nos acoge o nos desprecia, y en ese espacio crecemos siendo amados o rechazados, fortalecidos o aniquilados.  Nacemos y crecemos en medio de otras personas, quienes nos aportan su cultura, su lenguaje, su cosmovisión, sus pasiones y hasta desencantos, y con todos ellos se da lo que denomina “intra-intersubjetividad”, esto es, ellos, ellas, elles, y todo ser viviente, se vuelven parte de nosotros y nosotros parte de ellos, quedamos interconectados por los modos de relación que se privilegien. 

Eso del individualismo que hoy tanto se fomenta e induce a creer que cada uno puede hacer con su vida lo que le apetece, se irrumpe, pues al pensar que vivimos entre otros, que nos constituimos mutuamente en la convivencia y podemos creer en el verso de Octavio Paz, “los otros que nosotros somos”, para reconocer límites por la misma convivencia,  tan importante para Hannah Arendt que la lleva a plantear que nacemos con una vida comenzada porque la vida de los otros entra en nosotros y nosotros, entramos en sus vidas, quedando interconectados, íntimamente relacionados en grados diversos. Ahora bien, si en esta vida juntos inevitable, crecemos y nos educamos cuidando con empeño, esfuerzo y calidez nuestros tratos mutuos, evitaremos infringirnos daño y por consecuencia, viviremos en el permanente esfuerzo de ser mejores personas.

Lo anterior, se lee bonito, lo sé, pero definitivamente no es fácil. Ella dice: “Nacemos orientados hacia una forma de estar, de vernos y de ver el mundo. Nacer no es comenzar a vivir: nacer es vivir relacionadamente. Lo que llamamos bien y mal brotan de esa relación. La teoría del apego sostiene que, precisamente en este ya estar comenzados, se instituye un modo de interacción que tiene lugar en un contexto social y que acaba convirtiéndose en una estructura interna de funcionamiento y visión del mundo en base a un sistema representacional.” Tales ideas me hacen pensar en la real-realidad, en el mundo, en nuestros contextos, en este aquí-ahora que nos ha tocado vivir, en la intemperie como dice Melich.

En la real-realidad hay que vivir, y muchas veces se sobrevive, y en tal estado, nuestra humanidad va quedando en pocos trapos, las necesidades básicas nos atosigan para vivir a tropel sin tiempo de reflexionar nuestra relación con los demás y entonces, nos olvidamos de esos buenos tratos mutuos para cuidar el buen desenlace de nuestra intra-intersubjetividad y en ese momento, empiezan a suceder cosas que se mueven y retuercen en nuestra subjetividad, y pueden llevarnos a infinitos sufrimientos.

El mundo que nos rodea, nuestros contextos, favorecen o no esa “buena-convivencia”, y se gestan ahí, modos de relacionarnos que se van poniendo en actos cotidianos, y sin percatarnos, terminamos acostumbrados a un mal-trato colectivo normalizado, bien visto, y decimos, “no es para tanto”.  Así, “el mal” va tomando presencia, pero no lo vemos, cobra forma y expresión en resentimientos, odios, perversiones, que se mueven y retuercen dentro de nosotros y pueden generar al tiempo, daños, dolor, tristezas, que estrujan la vida de todos los implicados.  El mal se va incubando en y con nosotros, se va normalizando; no lo vemos; va con nosotros de manera siniestra, y por tanto, estamos en peligro. De ahí la urgencia de mirar y aprender a “decir el mal”, de reeducarnos para evitarlo.  Nuestra autora le apuesta a nuestra humanidad, los seres humanos tenemos esperanza.

Por tanto, se nos invita a reflexionar nuestras formas de convivencia, ahí donde el mal nos es consustancial, ahí donde arraiga mediante patrones que necesitamos reconocer para modificarlos y para ello, vuelve a interpelar a Hannah Arendt rescatando su concepto de “solitud”, con el que explica nuestra cualidad de hablar con nosotros mismos, de detenernos a revisar, a reflexionar qué estamos haciendo, sus implicaciones, captar los efectos consecuencias de nuestros actos.  Arendt dice que la solicitud, nos hace personas, nos ayuda a responsabilizarnos, a sensibilizarnos para decidir cómo actuar.

Si “platicamos con nosotros mismos” (solitud), podemos reconocer nuestros modos de relacionarnos y mantener esta preocupación de no infringir un daño a los otros con nuestro hacer, nos cuidaremos de no practicar el mal normalizado, de atender a tiempo nuestras formas de convivencia y alejarnos de los horrores que somos capaces de causarnos.  Si cambia nuestro modo de sentir y pensar a los otros, el mal desaparece.

 Nuestra autora, piensa al mal como el producto de una dinámica relacional. Por ello, es necesario reconocer las figuras perversas del mal que somos capaces de entretejer en nuestro modo de estar con los demás, hasta ser capaces del horror más extremo cuyo daño destrenza a las personas arrancándolas de una vida digna y las somete al daño más vil y humillante.  Ella nos plante 9 formas en que el mal se puede visibilizar (las copio textuales)

“(1) …la deshumanización de la víctima, por la cual ésta se entiende como una cosa o un animal no humano;

(2) …la víctima como un ser humano y pervive un sentimiento de culpa, remordimiento o conciencia del daño, pero se trata de obtener un beneficio o evadir el mal en propia carne. La víctima sería un efecto colateral para sobrevivir, ascender posiciones o alcanzar una ganancia a costa de los demás;

(3) …se hace el mal o se permite para obtener un beneficio y, aunque se sabe que quien padece el daño es un ser humano, no hay sentimiento de culpa. No hay un empleo del poder sobre otro como fin en sí mismo;

(4) …el mal narcisista, el perpetrador hace el mal con el propósito de ser el centro de atención o por considerarse, egocéntricamente, el centro de la vida de los demás, de modo que los utiliza como medios y, como efecto colateral, les causa un daño del que no es consciente o no le importa. Los demás son actores de reparto de la propia vida. El perpetrador experimenta dolor o placer hacia sí mismo y las reacciones que genera, pero carece de empatía con respecto a los demás;

(5) … el otro sería reconocido como enemigo al que se odia y se quiere erradicar;

(6) la sexta figura, relacionada con un reconocimiento diabólico, introduce el elemento del goce. Quien hace el mal puede seguir una orden, una ley u ostentar una posición de poder y utilizarlas como excusa, porque generar daño o perjuicio provoca un disfrute por parte del perpetrador, que sabe y siente que la víctima sufre, y este sufrimiento es el motivo por el cual experimenta placer. Cuanto más someta a su víctima, cuanto más consciente sea de dónde y cómo hacer daño, más disfruta ejerciendo su poder.

(7) …la ebriedad del poder en sí mismo, el perpetrador está desconectado de la víctima: lo que importa es el ejercicio de poder sobre el otro y el refuerzo del orden del que forma parte el victimario. Disfruta del «poder hacer», pero no tanto del dolor de la víctima en sí misma;

(8) en la octava figura, la del estoicismo sadiano, desaparecen culpa o goce. El perpetrador hace el mal automáticamente, con apatía: ni quisiera hay placer o goce porque no siente nada, ni hacia la víctima ni hacia sí mismo. Lo que cuenta, como en el caso de los jemeres rojos, es cumplir un plan o ejecutar un sistema independientemente del coste (ajeno y propio). Es el mal más eficiente y más frío y el asociado a los grandes totalitarismos;

(9) …el mal se hace y el daño se contempla o se permite con indiferencia. Se reproduce, incluso con automatismo. Puede que ni siquiera se obtenga beneficio alguno. Todas estas formas de reconocimiento pueden combinarse y darse simultáneamente en los acontecimientos históricos o en los actos dañinos de la vida cotidiana.” (p. 247).

Cada una estas figuras las analiza a partir de los conceptos que recupera en su investigación a lo largo del libro.  Desde el comienzo, hasta el final, su intención es decirnos que el mal no es algo ajeno a nosotros, sino que nos es consustancial, que los seres humanos somos capaces de hacer las más indecibles, vergonzosas, indescriptibles canalladas, y que, en ellas, todos estamos implicados. 

Pero también defiende nuestra humanidad, sostiene que podemos ser capaces de hacerlas por ignorancia, por la herencia de una mala educación que valore a los demás, por miles de razones, pero, como humanos, también somos capaces de evitarlas haciéndonos cargo de nuestra forma de convivir, asumiéndonos como personas al detenernos para pensar, analizar, sopesar nuestros pensamientos, emociones y acciones al tratar con el respeto que siento merezco, a los demás.

Y termino preguntándome ¿Para qué educamos? ¿tener una formación culta evita el mal cotidiano? ¿la educación sensibiliza? Con este libro me ha quedado claro que podemos tener una educación muy culta pero insensible (los asesinos de judíos escuchaban música clásica, leían a Kant), y que necesitamos una educación donde todo lo que se aprende, se conecte a nuestro modo de coexistir y privilegiar que nuestro conocimiento nos permita cuidar mejor nuestro trato hacia a los demás, si lo hacemos, la educación habrá ganado algunas batallas en la erradicación del mal.

lunes, 8 de mayo de 2023

Carlos Granés. Delirio americano. Una historia cultural y política de América Latina.

 

Carlos Granés. Delirio americano. Una historia cultural y política de América Latina. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2022. Edición Electrónica.

 

Este es uno de los libros en los que más he invertido tiempo.  Es normal que cada libro requiere determinadas habilidades lectoras en función de los asuntos que se abordan y el modo de plantearlos, de nuestro interés por conocerlos y del deseo de continuar en él, del estilo del autor, de la disciplina, formación y cultura personal, de la tolerancia y respeto a las ideas contrarias a las propias, etc.  Desde tal perspectiva, eso de la “lectura rápida” con comprensión que algunos proponen, queda en duda.

Sería genial leer invirtiendo poco tiempo, pero cuando surge la necesidad de detenerse en las ideas que importan para buscar información alterna y reinterpretarlas, atender las preguntas que se suscitan, hace que el tiempo destinado para lectura se alargue.  Como profesora, nunca promoví la lectura rápida; pienso que leer es una actividad personal para la que no existen recetas, cada lector construye su estilo; lo que nos resta hacer como educadores es buscar modos didácticos que entusiasmen a los alumnos y la vivan como una aventura personal en la que enfrentan retos de comprensión, de tiempo, de organización de prioridades, todo sólo por el gozo de apropiarse de ideas, imágenes, datos que permiten situarse mejor en la vida compartida con otros y facilitando la toma decisiones ante el acontecer cotidiano.

Dicho lo anterior desde la docencia, les cuento que este libro se conforma por 800 páginas que aportan una lectura amena, pero con ese costo de tiempo, que no se siente como tardanza, sino como un “tiempo alargado” que permitió ampliar mi conocimiento sobre situaciones y personajes vinculados al arte, la cultura, la política, cuya influencia dio orden y sentido al siglo pasado y aún pululan por la segunda década del siglo XXI.

Este libro hace un recuento de los sucesos político-culturales que marcaron los derroteros de una América Latina convulsionada por movimientos, algunos ya en extinción, otros aun dando coletazos de sobrevivencia, y el nacimiento de otros como efecto indeseable de los anteriores.  Es una historia que nos compete, que demanda desafiar al tiempo en “modo cronos”, cuyos “tics tacs”, impiden darnos la oportunidad de indagar y preguntarnos por las “fuerzas vivas” de larga presencia, que dan forma a nuestro presente.  Leer libros de este tipo propicia aprehender todo aquello a lo que tenemos derecho y deber de conocer como ciudadanos.

Además, este libro tiene cierto encanto.  Como docente, yo diría que tiene una “pedagogía peculiar” pues desde la primera página nos encontramos con una escritura que abraza y da confianza; se percibe la pericia del autor en el dominio de los temas; es un texto ameno donde se detallan momentos de la historia con asombrosa habilidad, y al hacer esto, nos implica en tales asuntos cualquiera que sea nuestra edad, pues si bien, alude al pasado, es imposible no relacionar aquello con lo que ocurre hoy.  Nos muestra un entretejido de acontecimientos entre el ayer y el presente y pueden verse las raíces de nuestra experiencia política y social de nuestros días.  El autor con habilidad, ha fraguado una versión diferente a las conocidas y a cada párrafo aporta luz a nuestra ignorancia, y se puede continuar con entusiasmo.

Y llegó el día en que la lectura terminó… En mi caso, experimento un dejo de pesadumbre, tal vez por ser educadora. Por un lado, se reconoce estar en medio de procesos coyunturales que emergen de otros con larga presencia, procesos veloces que nos cimbran sin poder analizarlos debido a que se posee una mirada corta, borrosa debido a una deficiente formación histórica, política y ciudadana; nuestros conocimientos descontextualizados, vagos, ideologizados, son insuficientes para comprender los dilemas y rumbos que hoy se toman como sociedad, lo cual, pone tela de juicio a la educación por la que hemos pasado.

Por otra parte, me parece que increpa nuestra postura ciudadana y despierta preguntas como ¿Por qué siendo actores sintientes y pensantes de acontecimientos indefendibles quedamos atrapados, empobrecidos y gobernados por el poder en turno?  ¿Por qué somos presa fácil de ideas delirantes alejadas de una vida democrática? ¿Por qué es tan fácil idear falacias de sociedad y creer en ellas en forma igualmente delirante?  Como profesora cuestiono mi propia docencia ¿He apoyado tales sentidos sin saberlo? ¿Cómo ha sucedido?

El título del libro, alude a los delirios y cabe preguntarse ¿Qué es un delirio? Si consultamos un diccionario vemos que se trata de una cierta forma de percepción del mundo fuera de los criterios comunes para hacerlo; quien delira, mira “algos” en la realidad que nosotros no vemos, y cree en ello como acto de fe.  Por el lado médico, hablar de delirios refiere a una patología que amerita tratamiento al tratarse de personas incapaces de situarse en el mundo común a todos, sufren y necesitan ayuda para hacerlo.

Pero, si hablamos de delirios en el mundo del arte, estamos frente a personas que viven de su imaginación, personas que necesitan esas ideas intangibles para nosotros para crear, diseñar, para habitar realidades alternas en las cuales se fugan para crear sus grandes obras.  El delirio en el arte propicia la originalidad, una ensoñación plasmada en sus creaciones muchas veces incomprendidas por no compartir el delirio del artista. El arte es un lenguaje que necesita libertad para mostrar resquicios de la realidad donde perciben “algos” posibles de darse en el tiempo; el artista usa un lenguaje metafórico, estético para mostrarnos su mirada. 

Nuestro autor afirma que los delirios en el mundo del arte no son un problema, que el pintor, poeta, escultor, novelista, actor, (y también el intelectual), necesitan salirse de los marcos de la realidad, y que su preocupación no radica en que sucedan en la realidad, sino de mostrar sus delirios a todos, y mover con ello, nuestras emociones.  Pero si tenemos un problema cuando estas ideas se retoman en el mundo de la política y se llevan al mundo real, entonces la ensoñación que promete frente a una realidad determinada por sus problemas, se confronta.  Desde la política, la realidad pretende encorsetarse en las ideas delirantes, y sucede que la realidad siempre ofrece resistencia.

Carlos Granés, analiza la historia de América Latina desde la historia del arte, eje que le permite plantear tiempos y criterios que llevan al abordaje de ideas ya conocidas de otra manera.  La mira un parteaguas cuando los poetas e intelectuales, pintores, escultores, ya no quieren quedarse en las ideas contemplativas, sino que desean ponerlas en acto, llevarlas al mundo de la política para lograr la transformación de la realidad. Con esto, nos invaden nuevas palabras, como utopía, socialismo, emancipación, revolución, vanguardia, los oprimidos, la guerra de guerrillas, liberación, etc., con las cuales se pusieron marcha proyectos más de corte voluntarista, sin percatarse que transformar una sociedad exige una larga temporalidad, que las inercias, la cultura, no pueden cambiarse a contentillo de un poder que lo ordena.

Las ideas de los artistas e intelectuales se mezclaron con los políticos, y muchos de ellos, se hicieron políticos, quedaron bajo el auspicio del Estado.  El poder político terminó cooptando las ideas que se pregonaban para salvación humana, las cuales se tornaron armas para imponer gobiernos valiéndose de todo tipo de métodos.

Por ello, el libro inicia describiendo con detalle cómo a partir de la década de 1890, cuando Cuba vive la guerra de separación de España, emerge un poeta que da un giro a la historia latinoamericana, se trata de José Martí, quien pensó y escribió poemas y relatos sobre la importancia de los pueblos americanos, de la libertad, del amor a la patria cubana, y no solo fueron palabras escritas, sino que participó y murió en la guerra de liberación de España.  De este modo, su obra se politizó, y fue ejemplo a seguir por otros poetas importantes como Rubén Darío, Huidobro, Lugones, en fin, la lista es larga de todos los actores que difundieron ideas sobre la identidad y destino latinoamericano, sobre el reconocimiento de nuevas amenazas, como lo fue Estados Unidos.

Con habilidad novelística, se narra la participación de grandes poetas, escritores, pintores, dramaturgos, arquitectos de los países de América Latina, desde este ángulo, da cuenta de los sucesos del Perú, de la Argentina, Brasil, México, de todos los países, de la revolución cubana, y su poder de influencia para formar al hombre guerrillero de los 60s, 70s.  En su historia vemos surgir y caer a caudillos, guerrilleros, amados líderes en una América muy convulsionada, y nada ajena a los sucesos del mundo del siglo XX.

Sería imposible hablar de cada movimiento cultural y su repercusión en la política.  Nada mejor que volver al libro, y leer y releer tan interesantes relatos. El libro es una fuente de datos, y puede ser abordado desde varios ejes, como libro de lectura para aquellos doctos en la relación entre arte y política, o como libro de estudio, de iniciación para quienes apenas conocemos de estos asuntos.

Sólo puedo invitar a leerlo, no sin dejar de plantear la propuesta final que hace el autor sobre nuestra tendencia a encerrarnos en ideas, a defendernos de lo externo queriendo asumir una identidad que se cree original y no debe contaminarse, pues se ve como una agresión a nuestra raza.

Nos cuenta de los brasileños, quienes en su historia han sido más abiertos, desde mediados del siglo pasado, han practicado una antropofagia cultural, es decir, desde su cultura original, reciben todo tipo de influencia sin despreciarla, por el contrario, aprenden de ella para enriquecer la propia.  Dejan entrar lo nuevo, usan lo mejor, lo incorporan y elevan su nivel cultural.  Carlos Granés, antropólogo, nos invita a seguir este ejemplo, partir de que lo somos, convivir con lo abierto y estimular nuestro desarrollo.  Nunca perderemos nuestra mexicanidad, y todo lo que nos llegue, al salir, tendrá nuestra versión.

Es una propuesta interesante, sin embargo, frente a una forma de gobierno que todos los días nos regresa a una ideología que defiende un puritanismo cultural, que reniega de nuestra raíz española y ensalza la indígena en el discurso, no resultará fácil.  Por eso, más que nunca, hay que leer este libro….


viernes, 24 de febrero de 2023

¿Qué papel ha jugado la educación en el viaje de la humanidad? Oded Galor nos aporta algunas pistas...

 

Oded Galor. El viaje de la humanidad. El big bang de las civilizaciones: el misterio del crecimiento y la desigualdad. Traducción de Olga García Arrabal. Ediciones Destino, 2022. Edición electrónica.

 Pues no puedo estar más orgullosa de mi intuición lectora; a medida que leo, se van abriendo rumbos que abordan esas interrogantes que durante mi larga vida profesional fui acumulando, y ahora, con algo de tiempo disponible, que confieso defiendo de los imperativos placenteros de la vida cotidiana que pretenden alejarme de mis nuevos planes, insisto, persisto.  Y aquí sigo, leyendo, pensando y si puedo, escribo sobre alguna idea con relación a la formación, que sigue siendo mi preocupación.

Y me encontré con este libro “El viaje de la humanidad” de Oded Galor de reciente publicación, donde expone una teoría muy interesante que aborda el problema de la desigualdad humana planteándole como un misterio que necesitamos descifrar.  Le llama “Teoría Unificada del crecimiento” y si entendí bien, consiste en una revisión integral de los factores que han participado del desarrollo o estancamiento de las diversas sociedades de nuestro tiempo.

Dice que, hasta el momento, se ha reflexionado el progreso o estancamiento por métodos separados; por un lado, los enfoques económicos, culturales, por otro, los antropológicos, sociológicos, etc.  Pero tales abordajes, no propician una mirada profunda que de cuenta de una sería de fenómenos causales que tienen que ver con sus historias, su caminar desde su origen como sociedad, por su evolución como especie y como productor de tecnología para su subsistencia, lo cual tiene que ver también con sus entornos físicos, culturales y construcción de instituciones.  Afirma que, si no tenemos este reconocimiento, no sabremos que aspectos trabajar para un desenvolvimiento futuro que lleve al progreso de estas sociedades.

En su interesante método, plantea tres momentos en este largo viaje como humanidad, la época malthusiana, la post malthusiana y la del crecimiento moderno.  Dice que la primera, nos ha ocupado la mayor parte de nuestro tiempo, algo así como el 90%, y que solo durante los últimos dos siglos es cuando se han dado una serie de transformaciones que han marcado un punto de quiebre para que la humanidad diera pasos insólitos para los siglos anteriores.

Afirma, que el ser humano, “homo sapiens”, puebla la tierra desde hace 300,000 años, que le llevó mucho tiempo desarrollarse, adaptarse inteligentemente gracias a su cerebro, moverse por la faz de la tierra y ocupar todos sus rincones, desarrollar tecnología para ayudarse en su subsistencia, le llevó milenios descubrir que podía sembrar, producir su alimento, que podía construir civilidad formando ciudades  gracias a la revolución neolítica, que todos concuerdan surge en el llamado “Creciente Fértil”, hace casi  12.000 años debido a la  abundancia de una amplia variedad de especies domesticables de plantas y animales, que aprendieron a domesticar.  Cuando pensamos en el surgimiento de las sociedades milenarias en comparación con el surgimiento de la especie humana, nos encontramos con una cantidad de tiempo viajando como humanidad, que sorprende  tan reciente nuestro progreso en los últimos dos o tres siglos. ¡Asombroso!

 

Nuestro autor, afirma que, como especie humana, vivimos atrapados en la “Tesis malthusiana” por un enorme tiempo.  Esta tesis sostiene que se crea o nace más gente que consume lo que se produce, en vez de generar más gente con capacidad de acumular, de tener excedencia de recursos y esto se vuelve un círculo de miseria, es decir, si hay más alimento, se genera estabilidad, nacen más hijos, y un día, el nivel de vida cae, la tecnología con la que se cuenta no alcanza para mantener la nueva demografía generada por el mismo progreso. A esto le llama uno de los misterios de la desigualdad, en los que la humanidad ha persistido por milenios, superado en muchas sociedades de avanzada, pero aún con presencia en muchas otras.

La época post malthusiana sucede  cuando se reconoce la importancia de preparar a la nueva generación para vivir en los cambios generados por la innovación, la invención, que necesita personas preparadas. Surge la importancia de educar a los niños, lo cual implica invertir en ellos, como cuesta, se tienen menos hijos y esto lleva a la disminución de los nacimientos. Cuando se irrumpe el crecimiento demográfico, gracias al avance de la tecnología y necesita personas con preparación, se rompe la tesis malthusiana, se construyen nuevas ruedas de cambio.

Y entonces, la educación se vuelve esencial para que las personas puedan situarse mejor en las nuevas transformaciones a causa del desarrollo tecnológico, y esta a su vez, favorece la capacidad de inventiva, el descubrimiento de nuevos procesos y esto genera progreso y la solución de problemas que aquejan la vida, que lleva a vivir más años, mejorar la salud, la renta per cápita, etc. La época malthusiana era un tiempo de subsistencia, todo el esfuerzo se orienta a mantenerse vivos, pero cuando se reconoce el valor de la creatividad humana en la producción tecnología cada vez más sofisticada, y al necesitar de personas educadas para vivir en esos cambios, se da un punto de no retorno.

El avance de la tecnología, la producción de riqueza crea nuevas necesidades que se traducen a formas de gobierno, creación de políticas, cultura, etc.  el descenso de la natalidad e inversión en la preparación de las personas.

De una forma apasionante, el autor va describiendo, poniendo ejemplos de análisis de diversos desarrollos de sociedades donde influyen desde sus patrones culturales, los espacios físicos, sus políticas en su desarrollo o estancamiento, que va dejando en claro, que atender los problemas de miseria, de carencia de sociedades actuales, exige conocer a fondo el proceso que ha vivido esa sociedad en concreto, comprender las causas subyacentes que la sitúan en el estado actual para entonces producir acciones que la saquen de ese círculo de pobreza o subdesarrollo en que se han atorado sus ruedas de cambios, como él llama. Es un libro algo extenso, pero de lectura ágil, tiene claridad en sus afirmaciones apoyadas con ejemplos que dejan pensando en la factibilidad de esta versión.

En especial, me agrada pensar que existen otras formas de pensar la pobreza, el subdesarrollo, y no sólo esta tendencia a ver al capitalismo y neoliberalismo como enemigos a los cuales debemos atacar para aminorar esta desgracia de aun tener sociedades atoradas en su viaje hacia la mejora de su situación y es interesante, este el planteo que hace sobre la educación. 

La educación de las personas (por diversas razones que explica en su libro), la colocan como una rueda, que junto con otras, provocan movimiento, cambio.  La educación forma personas que a su vez producen más cambios tecnológicos, que exigen más educación, y esta fuerza transformadora, es capaz de imponer un punto de inflexión que rompe inercias y produce grandes transformaciones.  Y no la plantea como una panacea, sino como una necesidad del viaje.

Y habla de otros elementos, como las dos caras de la diversidad en el progreso que me dejó preocupada, pero dice que, si reconocemos este problema, que, si educamos en la tolerancia, el respeto, tenemos la capacidad de pensar y resolver los nuevos problemas en que nos ha puesto el mismo progreso, la demografía y otros muchos problemas en los que estamos inmersos como lo es el cambio climático.

Como educadora, veo en este libro, el papel que tiene la educación en este largo caminar de la humanidad, me permite pensar en una educación alejada de idealismos, esas palabras que la embellecen, para pensarla como un proceso que facilita la colocación de las personas en su real-realidad, en la dureza de los tiempos que le van tocando vivir para enfrentarse a esas ruedas de cambio que avanzan, para que seamos nosotros las que la movamos con un sentido y dirección cuyo beneficio suceda con el menor perjuicio colateral que ese mismo desarrollo produce.

Este libro me parece, necesita ser leídos por todos los que nos dedicamos a la educación.  Nos ayudaría a construir mejor nuestro lugar y sentidos en el acto de educar.