Los poetas, los escritores escriben –pienso- para sí mismos, hablan consigo mismos y alcanzan el lenguaje más sincero, más auténtico, no se autoengañan… y lo mejor nos lo comparten. Nosotros llegamos a ellos y algunos nos seducen, por su calidez, el poder de sus palabras que igual le dicen algo a nuestro interior y nos deja pensando, soñando… Hay que meditar esas emociones y entablar un diálogo con nosotros mismos, nosotros los sin voz, que por alguna razón, perdimos.
Me asomé al
calendario escolar para ver cómo ando en tiempos y organizarme para concluir lo
mejor posible el ciclo escolar y vi que de la semana del 7 al 13 de julio un
espacio llamado Semana Nacional de Evaluación y me di a la tarea de investigar,
y no encontré nada y me pregunto ¿por qué estoy tan desinformada? estar ocupada
con los niños no alcanza para estar atenta a estas nuevas políticas educativas
que se difunden poco, yo debería saber esto... en fin, en mi recorrido vi
muchos documentos, ya del 2011, no están actualizados sobre la evaluación, y
leí y leí, y recordé una lectura de Hugo Zemelman, un texto sobre el sujeto,
conferencia dictada a psicólogos, y ahí decía que los discursos educativos
adolecen de sujeto, es decir, hablan de lo que debe hacer, de ideas ideológicas
que no tienen realidad, de cosas por hacer porque la realidad dominante las
exige, cosas de esas, pero tienen la idea de sujeto.
La educación se
piensa como algo que debemos hacer desde el rol que nos toca, pero somos
sujetos a pesar de todo, pensamos, sentimos, deseamos, y por tanto, al poner
este discurso en la realidad no llega, ¿cómo si fue pensado sin esta
complejidad? Nada cambiará si no
aprendemos a ver y hacer la educación como un encuentro de personas, personas
de carne y hueso cada uno buscando lo propio ¿no se trata entonces de un total
desencuentro? ¿Cómo hacer la educación así? sin desanimarme, pienso en el
concepto de paideia, ese viejo concepto que da esperanza... "hacer nacer al adulto contenido en el
niño" de acuerdo a lo que le leí a Fullat, entonces, los adultos que
hacemos la educación necesitamos día a día nacer como sujetos, y superar esta
idea de rol instalada y ahí tengo mis dudas si podremos hacerlo... ¿cómo mover
la cabeza de este paradigma? como formadora de maestros creo que necesitamos
pensarlo mucho y hacer más...
Dejo esta idea
pendiente para cuando tenga un poco de tiempo, ahora, los niños me demandan y
ellos son ahorita la prioridad, necesitan nacer en ese sujeto más excelso que
puedan ser... ojalá, trabajo mucho en ello.
Buen consejo y entiendo que el
problema es interesarse, admirarse, recrearse por lo que aún no es, eso, que
creemos debe ser instituido. A los maestros nos pasa mucho con los niños (y a los
padres también), tenemos un ideal sobre ellos y muchas veces no entran en ese
traje, entonces, buscamos muchas razones para argumentar por qué no son quien
deben ser; y sucede que es él, es quien está pudiendo ser en ese momento, la
vida es tan desconocida, que a cada instante solo se puede ser lo que nos es
posible ser, y ahí, somos unos desconocidos para nosotros mismos ¡qué terrible!
y así vamos por la vida, de la luz habituada, hacia las penumbras misteriosas
del futuro. Los poetas captan bien este miedo existencial, tal vez por eso me
gustan, lo hacen lenguaje para pensarlo y sentir menos el extravío.
Y, continuando con la idea, pienso
que en la docencia acompañamos a los niños y nos acompañan, y ahí vamos, se
supone que orientando ese emerger subjetivo, ese salir a la luz, orientándoles
para que vayan viajando hacia la perfección de sí mismo que él solo puede ser,
él solo puede decidir su propio siendo, (esto desde el viejo y hermoso concepto
de PAIDEIA)
Estas vacaciones tendré que escribir
mucho, mi grupito de niños me va dejando tantas preguntas e ideas, cada día
cruzo el portón de la escuela con la sensación de que hay tanto por hacer, a
veces desanimada por mi ignorancia, a veces con el reto de enfrentar las tareas al día siguiente, a veces agotada; hoy
haciendo algo para los alumnos-adultos de la
maestría, pienso que necesito leer más, documentarme, armarme de ideas
para reflexionar los sucesos del acto educativo, ¿pero dónde está el tiempo? ya
sé, el tiempo se construye, porque el tiempo es uno mismo.
Muy interesante. Hoy día, quienes somos parte del mundo
educativo vivimos experiencias de medición de todo, porque como dice este sociólogo
estamos en la era del número, avasallados por la idea de medirlo todo y desde ahí
hablar de parámetros de progreso o no. Y esto lleva a comparaciones entre lo
esperado y lo logramos hacer, pues obviamente somos más que un dato, y no puede
medirse todo, y este elemento nos demanda una actitud de sujeto, no sólo de
asumir nuestro frío rol.
La lectura numérica, dice nuestro autor, tiende
a minimizarnos, nos aniquila, nos muestra de un cierto modo diciendo que nos
hacemos lo que debemos, que somos incapaces.
Su propuesta es que nos coloquemos frente a ese dato pensándonos, siendo
uno mismo, hacerse preguntas ¿por qué se afirma esto? ¿Cómo llegué a aquí con
esta resultado? ¿Qué se me pedía, por qué? ¿Era lo mejor, puedo hacer otra
cosa? Es decir colocarse como sujeto y “performarse”, que el término si no me
gusta nada, pero da entender que necesitamos hacer algo frente a esos datos que
refleja esta tendencia imparable de medirlo todo que está fuera de control,
pero nosotros podemos hacer algo ante ello, ser sujetos, pensar esos datos y
volverlos a nuestro favor creciendo, construyendo una postura, lo cual es un
movimiento en nosotros que no aniquila, sino nos coloca como profesionales con
opinión, decisión y capacidad de cambio, nos hace vivir con prudencia y
paciencia la adversidad. Estas ideas me agradan
Y también me parece muy buena su reflexión
sobre la educación privada, en ella aporta pistas para entender cómo vamos
entrando inexorablemente a esos procesos de economización de la educación y me
hace preguntar ¿Y cómo la vamos enfrentar?
Solo con ¡No a la educación privada!, ¡No a la privatización!
obnubilados por el pasado. Él nos dice que necesitamos reflexionar esta nueva
circunstancia propia de nuestra época, inédita, en la que ya estamos en la globalización,
no hay retroceso, y la educación, día a día se impregna de sus atmósferas, por
ello se torna día a día una mercancía, un producto que se vende, se gana o no
él, como sucede en todo negocio, y esto es de los más normal en el mundo de la economía,
pero no lo es desde los preceptos de la educación paidéica, y si nosotros, los
educadores, no discutimos esto, solo
actuaremos reaccionariamente defendiendo algo sin lugar hoy.
Comparto su mensaje, definitivamente
necesitamos “performarnos”, esto es, si lo entendí bien, crecer desde mí mismo
al ser sensible a la realidad que me rodea, cambiar por la necesidad del cambio
social, pero no por imposición, sino porque se asume uno como parte de ese
sistema cambiante.
Pero desde un enfoque
epistémico-pedagógico, ideas en las que me he formado, diría, necesitamos vivir
en el “reto de la auto-formación”, donde la formación la entiendo como un “vivir en
el límite de la experiencia”, siempre haciendo algo porque se es consciente de que uno mismo es movimiento,
cambio, que somos realidad subjetiva en la realidad social; por tanto, todo es
dinamismo, movimiento y se trata simplemente de estar moviéndose, se trata de asumir
que somos tiempo, espacio, procesos, y que siempre aportamos algo al mundo del
cual somos parte, y con ello, construimos la historia desde el más
insignificante acto de la vida cotidiana, como diría nuestro gran epistemólogo chileno,
Hugo Zemelman Merino. Pero esta auto-formación se necesita como un acto consciente sobre uno mismo, orientándola hacia lo más excelso de lo humano contenido en nosotros, desplegar bien este movimiento natural que somos por el hecho de existir.
Si bien este poema nos
coloca en el pasado, donde hubo algo inolvidable que ahora en el presente nos
hace sentir un dolorcito por su falta, también logró armar este otro verso que
dice:
“El futuro no es
una página en blanco
es una fe
de erratas.”
Mario Benedetti.
Ideas que llena de
esperanza, y uno se puede quedar soñando en nuevos tiempos donde podemos hacer
mejores cosas que nos rescaten de sentirnos perdidos en el mundo.
Cierro con este último
poema (uno no puede decir cuál es el
preferido ante tanta belleza de ideas que secuestran el pensamiento dependiendo
de cómo nos sintamos, por eso no puedo haber en el caso de los buenos poetas,
un poema preferido)...
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Mario Beneddeti...
Que expresa lo contradictorios que somos, lo
cual nos inmoviliza...
El problema de la condición laboral de los maestros es una
situación histórica, siempre ha sido una profesión sub-reconocida ¿por qué
será? es una pregunta que siempre me ha inquietado y no sin el riesgo de
equivocarme, pienso que se debe al mundo instrumental en la cual se
oficializa esta profesión, pues antes era una tarea individual, tutoral,
dependiendo de un mecenas y dirigida a personas que podían pagar algo por la
cultura que un docente compartía con ellos. Pero con el advenimiento de la era
moderna, el surgimiento de la escuela y la construcción del estatuto maestro,
éste quedó atrapado en la lógica del poder, del estado, y se le otorgó un
salario a su trabajo por trasmitir la cultura dominante, de socializar a las
personas de acuerdo a lo que se necesita para el funcionamiento de la sociedad,
y eso hacemos históricamente, y sin saber cómo igual fuimos formados en esa
lógica, pero no por ello sentimos la indiferencia de una sociedad que no valora
nuestra tarea ¿por qué?
Considero que se debe a que los maestros hacemos esta tarea
encomendada en tiempo presente, pero sus resultados se aprecian en el futuro,
es decir, cuando la mente y el espíritu del sujeto en formación se coloca en el
mundo social, para aportar algo de lo esperado, y en esto se ven
contradicciones, no se ve lo esperado, lo cual no se entiende pues no se toma
en cuenta que no solo participa el educador en la formación de las personas,
sino que es toda la sociedad, donde habitan cosas indeseables o inesperadas, y
de todo esto nuestro sujeto en formación se impregna dando lugar a una
formación que a veces riñen con lo que el maestro intentó formar, entonces el
producto formado por así llamarle emerge no como el perfil esperado. Por tanto, no se puede aquilatar lo que hizo exactamente el maestro, por tanto, ¿cómo
pagar bien lo que es tan difícil de mirar en la realidad?
Esto no es extraño en una sociedad que se finca en lo
material y es ciega para mirar los procesos humanos y concretos que la docencia
activa en las personas. Pienso que esta pueda ser una de las causas de la poca
correspondencia entre la tarea profesional de los educadores y la contribución
salarial de la que es objeto, siempre mínima...
Hay que seguir pensando y buscar explicaciones que nos
ayuden a exigir lo que dignamente merecemos, pero que a mi ver necesita ir más
por la reflexión, la formación, por lo que sabemos hacer, usar la cabeza para
hacer lo que afirma John Holowey, “cambiar sin
tomar el poder” pues nos s trata de exigir lo que no se entiende y por tanto no
se nos quiere dar. Nadie entiende por
qué las huelgas, los paros, estamos hablando lenguajes distintos, ¿Qué se
necesita? Talvez reconstruirnos mejor, hacernos
de estrategias para re-colocarnos en el mundo y ocupar el lugar que merecemos
al saber hablar sobre nuestra materia de trabajo defendiéndola de las miradas
recortadas e instrumentales, hacer que se entienda, que se valore esto que
necesitamos saber hacer: formar personas para el futuro que inexorablemente
viene.
Este es el valor que necesita ser remunerado adecuadamente,
esta capacidad utópica de estar allá, pero haciendo aquí la tarea en tiempo
presente, formar personas vitales, fuertes, seguras, atentas y capaces de construir más futuro... Esto definitivamente, vale mucho, no hay dinero que alcance para
cubrirle, y sí, esperamos un acercamiento económico cuando menos, que se nos otorgue eso que nos permita vivir con
dignidad y con orgullo sobre esto que solo nosotros sabremos hacer.
Y hay tantas ideas por explorar... me gusta escribir, jugar con el lenguaje, explorar ideas, emociones, pero ahora estoy algo ocupada haciendo que otros escriban.
Por eso, sólo dejo apuntadas aquí dos ideas por desarrollar en cuanto exista ese espacio de tiempo añorado:
Somos únicos, y a veces somos capaces de sentirnos en esos planos de la mismidad, en algo muy hondo, no en lo superficial, no como cuenta Sábato sobre ese ser que va en tubos de cristal y que por ello solo logramos vernos y mirarnos, pero sin tocarse, ni compartir algo muy único, que existe de manera distinta en dos o más...
Dice Bachelard, cuando lee y releo el libro amado, es porque le habla a algo de mi ser, algo así, pues algo así esto de sentir a las personas, por eso no con todas tenemos una profunda relación, somos selectivos...
Y...Aunque esas personas nos lastimen, cuando somos sensibles a su autenticidad, cuando les hemos conocido en ese lugar donde somos únicos, no podemos ser indiferentes pese a sus "desvíos existenciales"... siempre los acogemos ¿será?... para pensar...
Esta canción me vuelve a una situación
personal, de la que poco hablo, que poco hago lenguaje, pero que está ahí,
siempre presente, llena de preguntas... la melodía que aquí comparto, me lleva a pensar que el amor es una "filia", es decir, una predisposición amorosa
hacia otra persona, es natural y ese otro es una prioridad en nuestros afectos,
nada se cruza en ella, es fuerte, profunda, no se piensa, solo se existe llena
de gozos, de situaciones conflictiva que se busca resolver, ahí, todo se salva, todo es una promesa... Cuando una piensa en el amor
filial a los hijos lo entiende mejor, pero igual, sucede en el amor filial
entre las parejas, aunque ésta es más endeble, la sostiene un hilo en medio de
mucho “filos” que si no se cuidan, la rompen.
Siempre que escucho esta melodía, me lleva
a pensar en el difícil problema de alimentar un compromiso filial de amor con otra
persona, lo que llamamos fidelidad, siempre en riesgo, pues de repente, uno de los implicados en la relación puede encontrarse con otra persona, quien igual, guiada por lo que “siente”,
no reflexiona sobre el respeto, no piensa en ese cuidado que merece la “relación hecha”
entre dos personas, y ambas, de manera "pasional irreflexiva", se adentran por una complicidad lastimosa, donde nadie sale bien librado; ese estado emocional que comparten lleva a los otros implicados a un segundo plano, y ellos, al sufrir un desplazamiento, sufren pues se saben poco o nada importantes para ese ser amado, se saben desechables...y se
rompe la filia amorosa en medio de una hecatombe existencial.
Este rompimiento
de lo filial, se puede dar de otras maneras, puede suceder lo mismo cuando el otro amado, a quien le confiaste un afecto, y de quien esperabas lo mismo, no lo hace, se desconecta de ti, y
no sabes cuándo y cómo, sólo sientes que
ya no eres su prioridad, sabes que ha dejado de pensar en ti, que ya no quiere
permanecer a tu lado, y se vuelve indiferente, ajeno a tu vida, pues su atención
en otras cosas, y decide romper su filia contigo, se vuelve infiel de otra forma,
tal vez más difícil de comprender, porque sucede en él mismo, donde uno mismo ha sido su rival al no estar a la altura de la filia del otro, algo pasó y no sabes que fue.
Hoy día, a la vuelta de los años, y sobreviviente de estas experiencias, creo saber más de esto, y con lo que sé, no culpo, pero llego a preguntarme ¿y si yo hubiera sido la que rompe esa filia? ¿Yo sería
infiel? de alguna de esas formas descritas? No lo sé, cuando he estado en esa situación, cuando alguna vez –cuando eran
más joven- alguien se acercó a mí, casado, recuerdo haberlo evitado, no caí en
esa tentación, pero tal vez no lo desee...no lo sé, pero me pudo haber pasado. Ahora bien, me sostengo en mis compromisos, pero también sé que sostenerse en ellos demanda mucho, y a veces, mejor desistimos, no podemos con eso y nos alejamos como opción, donde nada se puede hacer.
Y en esto, no se trata de buscar culpables y víctimas, pero sí aclararlo de alguna forma ¿Por qué se rompen las filias? La respuesta que he construido
para superar estas experiencias que han dejado fuertes y profundos estragos en el ámbito íntimo, de los cuales siempre es difícil recuperarse, la sensación de sentirse como alguien incapaz de provocar una relación filial duradera con un "otro" destruye, quien sufre el abandono, puede pensar que es incapaz de activar afectos, y eso daña el espíritu, provoca una
inseguridad patológica de la cual es difícil salir, y siempre existe ese dolor calladito, que cualquier letra de canción, como ésta, trae al primer plano de la
conciencia.
Lo bueno de esto, es poder pensarla, leer, formarse es lo mejor, crecer para mirar distinto eso que nos aqueja. Así que después de mucho revisar, reflexionar este asunto personal, veo a la “infidelidad” como una situación a la manera de Jasper, (situaciones límites como son la muerte, un nacimiento, el enamoramiento, etc.), son eventos que
suceden de manera inevitable, asaltan, no se esperaban, de repente está ahí y no hay más que hacer, sólo vivirlas; pero al hacerlo, quienes las viven, se
sitúan en un escenario con un rol inevitable, tiene que hacerse,
pues son situaciones existenciales donde no tenemos recursos claros para
resolverlas, nos sorprenden y nos orillan a actuar guiados más por el lado emocional,
gana el sentir sobre el pensar...y ahí, medio ciegos vamos dando de tumbos, tomando decisiones en medio de sensaciones encontradas. En todo esto, el razonamiento
está ausente, entonces nos gobiernan las emociones del momento; no se no mira más que ese presente,
que se torna eterno, y de acuerdo a Maffesoli, se le convierte en un momento existencial único e irrepetible donde uno se estaciona, ahí, guía una subjetividad atrapada en el instante que se desea siempre esté ahí, y construyen justificaciones para permanecer ahí, exaltados al máximo... Un libro
muy bonito de él, lo explica muy bien, "El instante Eterno" (aquí se
le puede descargar: http://historiaiuna.com.ar/wp-content/material/2011_maffesoli_instante_eterno.pdf)
es lo pasional con toda su fuerza, más en estos tiempos dionisíacos, posmodernos, como afirma.
Ahora, con otra mirada producto de mi propio movimiento como sujeto, puede situarme mejor en estas experiencias, para comprender algo más, y sin justificarlas, pienso en el valor de lo ético, ese respeto que se merece el “otro” que es
como yo, un ser sensible, y que me exige cuidarlo, no dañarlo con mis actos desde lo cuales, sin saberlo, puedo romper filias, afectos importantes para la existencia.
Por tanto, sostenerse en las filias hacia los otros o romperlas -pues nada es eterno-, nos exige a las personas fortalecer nuestro aspecto ético, que tiene que ver
con reflexionar ese instante que se quiere eternizar, y para reflexionar “eso”
que se experimenta como el placer o sufrimiento eterno, necesita formar más nuestra capacidad de pensar, pues permite colocar en su justo lugar de la conciencia eso que nos aqueja para verlo como un fenómeno no único, sino como
un evento entre muchos de la vida, así, se ayudará valorar, a tomar decisiones más
conscientes y responsables.
Cómo educadora, como formadora de otros, –ahora
de chicos y de grandes como me dijo una alumna de maestría-, me he preocupado por estimular la
capacidad de pensar, ya que mucho se puede hacer para que el ser-hacer del humano
trabaje mejor sus filias, es decir, sea capaz de “gobernar” su lado pasional, sin
destruirlo como afirma Victoria Camps, pues se podrá mirar su mundo interior y
decidir mejor esos rumbos desordenantes que de repente se nos abren, siempre con ese cuidado amoroso
hacia los otros, fortaleciendo el lazo social.
Dice al respecto Hugo Zemelman –recuperado de
Unamuno-, “pensar los sentimientos, sentir lo pensamientos”... Si logramos
hacer esto, tomaremos decisiones más humanas, logrando así las mejores filias hasta
en las situaciones inevitables de la existencia, que siempre bordean nuestro
caminar por la vida, como es el caso de la infidelidad, ese suceso que asalta de repente la existencia, ya que después de ella, nada es igual. Es prioritario fortalecer nuestro pensar-sentir, para que esos sucesos inevitables de la vida que a diario nos asaltan, sean recibidos con una actitud más pertinente, y salir de ellos, lo menos lastimados.