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sábado, 19 de junio de 2021

¿Un Estado que históricamente no ha respondido a las circunstancias...?

 


Luis Rubio. La nueva disputa sobre el futuro. Ideas viejas para un México Moderno. Editorial Grijalbo, 2021, edición electrónica.

Definitivamente, una lectura muy pertinente para el tiempo social, político, económico que se vive en medio de una inesperada pandemia, que ha venido a complicarlo todo.

Luis Rubio es un intelectual que publica en el Reforma, y alguna vez promoví su lectura en la maestría en que trabajé, por casi 30 años, pues sus análisis de la coyuntura siempre habría nuevas pistas de reflexión. Y ahora no es la excepción.

Aquí tenemos un libro de coyuntura perfectamente documentado donde sostiene que una tesis que nos aleja de buenos o malos, chairos o fifis, conservadores o demócratas, no, este autor nos ofrece un libro donde analiza el desarrollo de nuestros sistemas de gobierno y ofrece argumentos para sostener la tesis de que en México, todo NO nos ha venido tan bien, debido a que no hemos sabido construir un sistema de gobierno atento a los problemas sociales, que no se ha tenido la capacidad de resolver problemas a profundidad, de construir instituciones sólidas, legítimas que den garantías ciudadanas para la solución de problemas de todo tipo que nos aquejan.

Frente a ideas que hacen ver a un estado sostenido por una red de complicidades mutuas que viene de una estructura ancestral y autoritaria que se ha reproducido en todos sus niveles, y que a pesar de que se han intentado reformas, cambios, estos, han quedado en su mínimo desarrollo por cuidar más esas estructuras de poder que prevalecen hasta nuestros días.

El problema que plantea es grave, pues el mundo se ha transformado a pesar nuestro, y somos parte de un mundo que ahora nos exige formas de relación política y económica en las que no embonamos adecuadamente debido al poco desarrollo en nuestras estructuras, en nuestra legitimidad.

Cada capítulo nos muestra un aspecto de esta tesis, nos habla de los modelos de desarrollo por los que hemos pasado, los problemas de los gobiernos, cómo se enfrentaron, los pendientes que fueron dejando, pero siempre atento la estructura gubernamental, que, fincada en el poder de un solo hombre o presidencialista, parece no moverse.

Hay que leerlo, no me pareció un libro difícil tal vez porque vengo viviendo todo esto narra. Ya le experiencia de los 70s me tocó como profesional y ciudadana, y fui respirando esta historia, que hoy, con las palabras de Rubio, puedo situarme y comprenderme en ella.

La lectura no será igual para generaciones de este milenio, pero hay que insistir y apropiarse de la historia para comprender mejor nuestro mundo y ser capaces de actuar a la medida de las circunstancias, y salir de este atraso ancestral en el ya, ineludiblemente estamos, pero siempre es tiempo de iniciar el camino adecuado para el desarrollo, las nuevas generaciones lo agradecerán.

Y si bien, como dije, escribe en el Reforma hay por qué denostarlo. Todo aquel que piensa y comparte sus ideas, merece respeto, y si bien, no estamos de acuerdo, leerle permite igual pensar las nuestras para confrontar, y al hacerlo, nos ayuda construir nuestra postura. Leer a otros nos fortalece.


martes, 27 de abril de 2021

Oligarquía, autocracia o democracia. Tres modos de gobierno cuyos dictados de vida social necesitamos reflexionar.

 

Regreso a la Jaula. El fracaso de López Obrador. Roger Bartra, Penguin Random House Grupo Editorial, México, Edición en formato digital, marzo de 2021.

Este es un libro de coyuntura, una reflexión sobre el presente que corre, en la que el autor pone en juego su formación antropológica y amplia cultura teórica para contarnos cómo mira el acontecer político y social del gobierno presidencial en turno. 

El dibujo de la portada no es un lagarto (por aquello del "pejelagarto"), se trata de una salamandra, que de ajolote vivió su metamorfosis, pero, finalmente vuelve a quedar  atrapada, idea que trabaja en la “Jaula de la melancolía”), bueno es lo que yo imagino al ver la portada, pero quien sabe, no hay una explicación de la misma.

En cuanto a la formación del autor definitivamente, da garantía de una reflexión de amplio espectro, abre hilos de análisis histórico, sociales, políticos, culturales, que ayuda a los lectores a posicionarse en la coyuntura y aprender, propicia pensamientos que invitan a revisar nuestras tomas de decisiones desde los roles sociales en los que estamos implicados por pertenecer a este momento histórico.

 Es imposible hacer una narrativa que cuente de qué trata el libro pese a que el título orienta. Sólo puedo decir, que me vi frente a una historia en la que todos estamos situados, nos dice cómo fuimos entrando en ella, cómo estamos ahora frente a un gobierno que pretende alejarse de otro que desdeña en el discurso, pero que en los hechos no puede abandonar, generando el rompimiento de promesas. 

 Es una lectura que refresca la memoria sobre lo que ha venido sucediendo desde antes de las elecciones de 2018, y las que estamos punto de vivir en junio de 2021, y quien va leyendo se asoma a algunos sucesos con sus detalles confirmando que ahí estuvimos, que somos parte de esta historia, dejando preguntas:  ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué tanto sé de esto? ¿Desde qué premisas tomé decisiones electorales? ¿Por qué hoy apoyo, rechazo o ignoro la toma de decisiones del gobierno lopezobradorista? ¿Qué decisión tomaré el 6 de junio próximo? Y así…

 La tesis de Bartra es que este gobierno se enmarca en una necesidad de regresión a un tiempo que fue mejor, un tiempo que fue antes de nuestra inserción al proyecto neoliberal que tuvo entrada con Salinas de Gortari; una regresión que nace de una melancolía por otros tiempos, otros guías, otra  economía nacionalista cuyas promesas de desarrollo eran a partir un Estado del Bienestar, no de la Empresa Privada que hoy tenemos.  Nos dice que ese tiempo añorado, responde a otra fase de la historia, a otra realidad, por tanto, es un fracaso, ya que no se puede volver cuando estamos inmersos en nuevas coyunturas. 

 Por tanto, la idea de fracaso de este gobierno, no tiene que ver con acusar y defenestrar a una persona, en este caso a López Obrador, sino comprender quién es, qué hace, qué lo guía, por qué desea dar este giro a la historia.

 Los análisis y argumentos que se dan son muchos, podemos estar de acuerdo o no con el autor, pero indiscutiblemente nos lleva a pensar en los problemas que se abren con esta tendencia de regeneración de algo que tuvo su tiempo, y quererlo renacer, es traer a la vida a “algos” que harán más daño que bien.

 Me quedé con muchas preguntas, ideas, preocupaciones, por ejemplo, esto de que venimos de una oligarquía, ¿queremos una autocracia? ¿es pertinente en los tiempos histórico-sociales que corren por el mundo? ¿es posible moralizar a los mexicanos imponiendo sobre nosotros una idea idílica de lo buenos que somos dejando atrás el perfil del mexicano que heredamos del siglo XX? Y así… ideas que cimbran y exigen adquirir mayoría de edad ciudadana para ser capaces de tomar buenas decisiones sobre los gobiernos que necesitamos en todo nivel, municipal, estatal, legislativo, presidencial.  

 Hay que leer el libro, juzgarlo negativamente antes de adentrarse por sus planteamientos, impide la crítica capaz de abrir otras oportunidades. 

domingo, 11 de abril de 2021

¿Los educadores tenemos una formación antropológica? ¿Es necesaria?

 

Leer el libro de Roger Bartra, “La jaula de la melancolía. Identidad y Metamorfosis del mexicano” publicado en 1987, me ha dejado una gran preocupación y angustia profesional, que al final aclararé.

Si bien, el concepto de melancolía deviene de una larga duración (dice el autor que data aproximadamente 2 milenios y medio, ya desde Hipócrates se le reconocía), en la cual, se ha llenado de una variedad de significados y efectos en sus momentos histórico, en este libro, el concepto es acotado como un sentimiento de añoranza de momentos míticos vividos, de una nostalgia histórica que a su paso se ha ido fortaleciendo con emociones complejas que desembocan en tristezas, resabios, violencias, inconformidades, que hablan de viejas heridas abiertas que no sanan.

La antropología es un campo disciplinario que no me es cotidiano, y nunca hubiese leído un libro de este tipo si no fuese por la necesidad de leer otro recién publicado “El regreso a la Jaula”.  ¿De qué jaula me pregunté? Iniciada la lectura, tuve detenerme para averiguar de qué escapamos y a qué hemos vuelto. 

La lectura no es sencilla, pues el autor hace un análisis de la identidad mexicana desde una mirada amplia, epistémica diría yo, pues echa mano de biólogos, historiadores, otros antropólogos, ensayistas como Octavio Paz, filósofos diversos, sociólogos, etc., y lo que me ayudó fue haber leído otro libro hace poco “La patria y la muerte” de Trueba Lara, donde se aborda como se construyó la identidad mexicana a partir de la revolución. 

Ha sido una lectura muy reveladora de tantas ideas que nos cruzan como mexicanos, que más que una certeza informativa acumulada, deja, es una gran cantidad de metáforas por explorar.

Se trata de un libro que provoca continuar con una investigación para reencontrarnos con nosotros mismos, clava inclemente preguntas sobre quienes somos, por qué hemos llegado a este punto de la historia cargando tantas ideas ya ni siquiera reflexionadas, tornadas mitos ancestrales, despojadas de su origen, tiempo y espacio que organizan nuestros modos de sentir, pensar, hacer, ser…

A reserva de volver a leer este libro (una sola lectura no es suficiente), me han quedado tres ideas que cimbran:

·       El mito del edén subvertido, que se explica desde el momento en que se encuentran dos culturas, una “salvaje”, otra que se afirmaba “civilizada”, y en este suceso, se construye la noción de “cultura originaria”, que arrancada de sus costumbres, formas de vida, y es lanzada hacia una modernidad que como promesa, nunca alcanza, por ello, se piensa que fue un pasado originario, mejor,  al que se anhela un regreso imposible, dando lugar a la melancolía.

·       El mito de la sociedad campesina, cuyo despliegue temporal, cultural, difiere de las sociedad urbanas, en desarrollo pujante, que deviene después de la revolución, momento en que había que hacer cambios y a éste, los campesinos olvidados, lastimados, llegan a las ciudades guiados por promesas de justicia social, a la construcción de un hombre nuevo y libre, promesas que nunca se cumplen y aumentan esas heridas sociales llenas de nostalgia por la vida de los pueblos, siempre más acogedora que la frialdad urbana. Y nuevamente, la mirada al pasado con profunda añoranza, porque en lo pasado, ya solo se recuerda lo mejor que ha sido idealizado.

·       Que la creación de la identidad del mexicano, responde a las necesidades de desarrollo de una sociedad dominante que ignora la variedad de Méxicos en un mismo México.  Se es mexicano desde una forma legitimada sin ver todos los claros-oscuros que esto encierra y esta situación de imposición, aumenta esta melancolía social gestada hace siglos.

Estas tres ideas las desarrolla desde una interesante metáfora, la del ajolote, un anfibio que siempre permanece en estado larvario, el cual se encuentra en extinción.

Bartra usa esta metáfora para indicar, que los mexicanos hemos estado en este esta larvario, que desde nuestro estado “salvaje”, estado original en que nos encontraron los otros, y que no hemos tenido las condiciones para consolidar una metamorfosis; que hemos tenido un contexto complejo que nos ha llevado más a la extinción de esa forma de ser primigenia, y al estar en la amenaza de extinción, lo que estamos haciendo es reconstruirnos en otras personas, naciendo como “otros”,  capaces y fuertes para responder a a los nuevos desafíos de la época.

Este análisis, lo realiza, cuando se dan los movimientos sociales de fines de los ochentas, cuando surgen nuevos partidos, y el dominante, vive resquebrajos que anuncian su final.  Sostiene, que los mexicanos estamos saliendo de la Jaula, que estamos abandonando ese pensamiento melancólico que nos llevaba a la añoranza de tiempos pasados, incapaces de construir futuros alternos y más prometedores.  Es un libro optimista… ¿Realmente si logramos salir? Y si salimos, ¿Qué nos ha pasado? ¿Estamos retornando? Bueno, es tiempo de volver a la lectura de “El regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador”, y les cuento luego.

Pero ¿por qué me he quedado tan preocupada? Ya casi tengo 44 año de ser profesora, y leyendo este libro me he preguntado ¿por qué hasta ahora tuve la oportunidad de pensar en quién es “este sujeto llamado mexicano” que ha estado bajo mi trabajo pedagógico? ¿He trabajado con la noción política hegemónica construida por el poder en turno? ¿he contribuido a formar personas melancólicas al ser una empleada del estado mexicano? Y las respuestas son muchos sí.

Desde que se tiene conocimiento de lo curricular, eso se sabe, se forma al sujeto que cada momento histórico necesita, eso me queda claro, pero lo que es imperdonable es hacerlo en medio de la ignorancia sobre las personas que somos por el resultado de la historia social, ignorantes de todos los elementos fundantes de nuestras formas de ser, pensar, sentir. 

La formación normalista, aunque dependa del Estado, necesita una lectura antropológica sobre las personas a quienes educamos, si lo hacemos, nuestra pedagogía será más sensible a las formas de constitutividad humana que necesitamos y nos merecemos como sociedad, rescatando nuestra historia real, no idealizada.  Nacer desde lo que potencialmente somos. Y esto aún no lo hemos explorado.

 

 

 

 

domingo, 4 de abril de 2021

¿Melancolía social? ¿De qué se trata?

Se ha publicado un nuevo libro de Roger Bartra, “El regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador”, que como su título indica, tiene que ver un análisis de las políticas implementadas por el Gobierno de López Obrador. 

Su lectura no es difícil, debe ser porque soy parte de este momento histórico y por la información que tengo al respecto, no me es ajeno su sentido, sin embargo, el sesgo del análisis es de corte antropológico y sociológico, y subyace una pregunta que indaga sobre el por qué los seres humanos implicados, en este caso, los mexicanos, respondemos a esta etapa histórica desde una profunda melancolía.

Melancolía... una palabra que se dice fácil, pero nada simple, pues en ella se contienen significados que tienen que ver con este ser, hacer, sentir, pensar abatido, ansioso, con miedos, tristezas que estamos experimentando y que sin llegar a la profunda depresión que inhabilite, nos sumerge en desalientos, desánimos, sufrimientos, propias de una negrura existencial, donde germinan amarguras, actos de sobrevivencia violentos que no invitan a desplegar nuestra mejor civilidad y nos conduce por nuevos peligros de socialidad.

En el afán de comprender mejor este libro, y superar la intención morbosa de ver en qué consiste este regreso a una Jaula sólo por haber elegido un tipo de gobierno y no otro, me he comprado otros dos libros para comprender mejor este fenómeno analizado desde la perspectiva del humor negro llamado melancolía.

Uno de los libros es este: La melancolía moderna, libro no muy extenso, ameno, fácil de leer, pues desde la descripción de las “melancolías” de algunos personajes, a quienes nunca imaginé en dicho estado, como lo son William James, y otros que sí, como Edgar Alan Poe.  Se van narrando las vicisitudes de estos y otros muchos personajes en el terreno de la filosofía, las artes, la ciencia, quienes enfrentaron este estado anímico de la melancolía.

Y terminada la lectura, pienso que la existencia, cuando ésta se torna consciente del reto que implica, lleva a experimentar cada día grandes batallas para sostenernos en el sentido de vida que nos construimos con tanto esfuerzo esperanzador hacia una vida que busca más vida, lo cual no es fácil, porque cotidianamente se nos fractura, pues la realidad no es como queremos que sea, sino incierta y nos acechan sus misteriosos derroteros pulsados por nuestra propia ignorancia sobre ella. 

Y en esta batalla, sentimos añoranza por lo que en un breve lapso de tiempo todo pareció funcionar bien, pero el tiempo en su fluir nos desbarata esa sensación y en medio de los pedazos recordados, nos quedamos ahí, abatidos, tristes, añorando lo que ya no tenemos ni volverá y deseamos fervientemente que así sea, quedando atrapados en la jaula de la melancolía.



Bueno, seguiré leyendo… Seguramente esta impresión, seguirá modificándose con la lectura de otro libro ya listo: “La jaula de Melancolía. Metamorfosis del Mexicano” y terminando vuelvo al libro “El regreso a la Jaula. El fracaso de López Obrador”.


No lo dije, pero debo indicar que Roger Bartra, es un académico mexicano, con una fuerte trayectoria antropológica y sociológica indiscutible.

sábado, 27 de febrero de 2021

La idea de "mérito" inmersa en la economización del mundo actual ¿La estamos reflexionando en la educación?

 



La tiranía del mérito. ¿Qué ha sido del bien común? Michael J. Sandel. Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2020. Traducción de Albino Santos Mosquera. Versión Electrónica.

Una frase contundente con la que abre y también cierra una discusión interesante sobre las personas que estamos resultando después de 40 años de la globalización económica: “Cuánto más nos concebimos como seres hechos por sí mismos y autosuficientes, más difícil nos resulta aprender gratitud y humildad”.

Inicia con los sucesos del año 2020, con el inicio de pandemia. Ideas que venía trabajando tiempo atrás pero que puede ver aterrizar en como nos estamos comportando donde formar una comunidad solidaria para enfrentarla está siendo escasa, por el contrario, apartados, separados, enfrentamos el terror a ser contagiados y perder la vida.

La verdad, ha sido una lectura ajena a mis hábitos lectores, y fácil no fue, pero en la medida de su avance, fue atando cabos con la educación, reflexionar cómo desde la escuela estamos cimentando ideas que forman a generaciones de personas cada vez más separadas entre sí, portadoras de una “soberbia meritocrática” al asumirse como producto de su propio esfuerzo, sin ver los contextos y apoyos recibidos para ser quien se es; sentirse merecedores de recompensar de todo índole, sentir que valen por su esfuerzo personal, enaltecidos por sobre los demás, quienes son considerados como perdedores.

Leer este libro nos ayuda a revisa esta idea de “mérito”, que nos parece tan ingenua en el ámbito educativo y fomentamos al exhortar a nuestros alumnos para ser exitosos en medio de las competencias, del esfuerzo, que a la larga da lugar a lo que aquí se llama “meritocracia” (Michael Young). 

Con esta idea sembrada, lanzamos a nuestros alumnos a la vida, quienes piensan  en que es posible dominar la realidad, que nos podemos construir un destino de manera solitaria, sintiendo que somos totalmente responsables de lo que nos ha tocado vivir (que, en el fondo, es suerte, ya que pudimos nacer en otro contexto con condiciones totalmente adversas).

La sociedad globalizada de los últimos 40 años, centrada en las finalidades de economización del mundo, nos llevado a validar la idea del éxito como producto del esfuerzo personal, del trabajo duro, y a ver lo que se tiene como merecido y no tenemos la menor intención de preocuparnos por quienes no están en nuestro lugar, pues pensamos que no se han esforzado lo suficiente.

Pero los mercados, la financiación de la economía no aportan un piso parejo para todos, crea contextos de oportunidades que no son para todos, y por más que se esfuerzan algunos, no logran los mismos resultados, por lo que esta ética del mercado, exige una responsabilidad personal que nos haga creer que lo que tienes es porque te lo mereces dado tu esfuerzo, y si no lo logras es tu culpa.

Tanto nosotros, como la sociedad en general habla del valor de tener una licenciatura frente a quien no la tiene, sin pensar en las situaciones que lo facilitan o lo impiden, y se considera que una credencial universitaria es producto el premio de dones, y quien no los tiene, acepta su condición de estar por debajo de los demás. ¿y si no tuviera la suerte de poseer este don? Lo que se quiere decir, como personas somos el resultado de diversas circunstancias, tanto genéticas como sociales, y al formar parte de una comunidad, éstas se desarrollan o no, nos formamos unos con otros, por lo tanto, no nos hacemos solos, y se trata de reconocer y agradecer la influencia del mundo en nosotros para ser lo que somos.

Y lo peor, este mensaje meritocrático ha desencadenado “una sutil política del resentimiento”, una molestia social, entre las clases trabajadoras que no sienten una valoración a sus esfuerzos, a su trabajo, donde se ha perdido una valoración social.  Se aprecia una decreciente valor moral y cívico del trabajo, la financiación  de la economía, ha dejado una herida en la dignidad del trabajo, un disgusto social, una ruptura del lazo social que busca caminos de expresión, como esto de votar por gobiernos que abanderan su abandono, como ha sido en triunfo de gobiernos populistas que sin tener claridad se resisten a los avances de la globalización financiera cimbrando sus proyectos en ideas pasadas propias del Estado de bienestar de otras décadas.

 Me parece que es un libro de estudio, una lectura nunca suficiente al contener ideas potenciales para la reflexión sobre lo que nos ocurre, por ejemplo, por el momento, puedo resaltar dos:

·       “el valor moral y cívico del trabajo”, que lleva a pensar en la finalidad social que tiene cada trabajo, que exige un respeto, consideración, dignidad y me llevó a pensar en el valor del trabajo docente y preguntar ¿Qué tenemos que hacer para lograr un reconocimiento, valoración, pagos justos a nuestro esfuerzo en estos tiempos de financiación económica? 

·      Y ¿didácticamente como insertamos esa idea del éxito merecido en vez de propiciar una idea de formación de unos con otros, que lleve a la solidaridad y responsabilidad compartida para bien de todos impulsando los dones de cada cual, sin menoscabo de ninguno?


Un libro interesante, complejo, pero importante.  Debiera ser parte de la literatura de cualquier carrera, todo alumno en formación pienso, necesita revisarlo. Y quien ya es un profesional, con mas razón, así seremos más consciente de lo que se necesita pensar y hacer para practicar una ética del bien común.

miércoles, 10 de febrero de 2021

¿Podremos construir una estrategia que desarrolle habilidades socioemocionales en nuestros alumnos? Tengo mis dudas...

 



Esta conversación, si bien tiene ya dos meses, en este momento la siento como un remanso de ideas que ayudan a pensar el mundanal de cosas que nos pasan como profesores.  ¿Por qué digo esto?  Desde hace dos días conozco el sentido de la reunión del Consejo Técnico Escolar próxima a realizarse, y confieso que me ha invadido  una negación, una sensación de no querer vivir esa experiencia, y más que nunca surge desde el fondo de mi ser ese estribillo que traigo desde hace tiempo  ¡Ya, ya me quiero jubilar! (estoy detenida por el mal sistema de pensiones de mi Estado).

La Guía del CTE,  me generó ansiedad y me pregunté ¿quieren que hable de mi estado emocional y de paso que diseñe una estrategia que ayude a los niños a construir habilidades socioemocionales?  ¿Es en serio?  ¿Quién diseñó tal pretensión tan ambiciosa y ajena? ¿Saben de la magnitud del problema que pretenden abordar? ¿O sólo sigue siendo otra estrategia burocrática e instrumental de la educación?

Me pregunto si mis compañeros docentes se sienten como yo ante esta propuesta, o soy solo yo con esta mala sensación de no entender por qué una sesión para recordarnos y exigirnos que seamos promotores de habilidades socioemocionales cuando no estamos tan bien emocionalmente nosotros mismos (bueno, hablo por mis misma), tal vez si haya quien lo esté…

En esta interesante conversación se abordan ideas que explican este sentimiento de “fatiga de ser yo misma” recordando a Alain Erenberg quien dice que cuando estamos frente a una realidad que no entendemos y nos rebasa,  sentimos en déficit, una insuficiencia que lleva al agotamiento, donde uno se siente detenido, atrapado, con pensamientos encontrados y dañinos que van lastimando la autoestima, dejando un daño emocional, que puede llevar a la depresión. Definitivamente, voy entendiendo mi desagrado por esta sesión, y ahora, al escuchar los argumentos que plantea Amanda Céspedes, me siento envalentonada para explicar  por qué mi renuencia.

Ella dice que para cambiar la escuela que hoy tenemos, necesitamos un tiempo, y que debimos haber aprovechado esta situación de reclusión forzada por la pandemia  para hacer una pausa y organizarnos para pensar cual es la escuela que necesitamos.  Pero no ha sido así, en vez de ello, se ha llevado tal como era, sin reflexión, sin consideración, la escuela se fue a la casa y predomina un interés curricular desmedido que nos induce a ser solamente instruccionales, instrumentales, burocráticos y hacemos la educación  a como se pueda,  y como si no pasara nada, cuando el mundo se nos ha caído encima y nos ha generado un caos en todo sentido.

La familia, el lugar donde está nuestro alumno, se visto invadida por quehacer escolar del aula, los padres se han llenado de tareas cuando entienden que hay que hacerlo, pero otros debido a razones que van desde no comprender, no poder, no querer hacerlo igual que a nosotros se ve rebasados por la realidad, enfrentando problemas de subsistencia, de salud física y emocional.

Pese a la grave situación, la educación no ha parado, y sostenerla va resultando costosa para salud física y emocional de todos los implicados, los niños, los padres, y nosotros.  Seguimos insistiendo en una educación que enfatiza el contenido, que exige evidencias de aprendizaje sin saber cómo es que ellos los pueden alcanzar.  Dice Amanda Céspedes, que todo aprendizaje es una experiencia emocional ¿Cómo lo estamos haciendo provoca una buena respuesta emocional, mental y  física?

Y la verdad, yo no me siento lista para hablar de lo que siento, ¿Quién será capaz de contar sobre esos quiebres de nuestra postura de autoridad educativa, de nuestra autoestima  ante lo que nos pasa? ¿Quién está dispuesto a escuchar a los demás hablar sobre estas cosas cuando se piensa que nuestro rol es mantenernos firmes y fuertes? ¿Quién será capaz de nombrar las angustias,  miedos, insuficiencias?  Contar a alguien nuestra intimidad no es simple,  tal vez es algo que nos tenemos prohibido, pues el maestro, no puede perder su investidura de fortaleza, sabiduría, sentido y mover esta idea no es sencillo, duele.

Me parece una sesión imposible, y por ello, pienso que tendremos una sesión invadida por un lenguaje que tocará lugares comunes con palabras cuidadosamente limpias de emociones que no nos comprometan, que impidan mostrar nuestra vulnerabilidad.  Como autoprotección estaremos ocultando el daño emocional que sentimos, ese que igual que nuestros alumnos, callamos.

Nuestra quinta sesión del CTE, será como tantas otras, y si llegamos a construir una  estrategia para promover habilidades socioemocionales como ahí se nos pide, será fría, saturada de información, contenidos, que tal vez solo se quedé plasmada en un papel o si se pone en marcha, será burocrática, instrumental, sin ese toque de subjetivo de los implicados.  Y así, seguiremos por este camino del enmudecimiento y encerrados en nuestras propias emociones, pero ahí están y el día mañana pueden cobrar su factura con padecimientos que aún no imaginamos.

Hay que escuchar esta conversación, tal vez no ayude a atrevernos a pensar en algo que hacer, en algo sobre cómo enfrentar y prevenir nuestras enfermedades emocionales, nunca previstas ni consideradas por las políticas educativas.

domingo, 27 de diciembre de 2020

La vergüenza, un sentimiento del que no hablamos... ¿Y en la docencia ?

 

Boris Cyrulnik. Morirse de Vergüenza. El miedo a la mirada del otro. Traducción de María Pons Irazazábal. Odile Jacob, 2010. Formato digital, 2011. 


La vergüenza ¿Qué es? ¿Cómo se gesta? ¿Cómo se vive con ella? ¿Por qué se habla de ella como herida abierta, silenciada, inconfesable? ¿Qué efectos tiene en nuestro desarrollo emocional, físico, social?

La vergüenza, definitivamente resulta ser un sentimiento tóxico, como también afirma Vicent de Gaulejac, otro libro donde ya hace un tiempo me detuve a revisar este sentimiento, y aquí, igual, se confirma que la vergüenza la podemos llegar a experimentamos como un “absceso del alma”, una punzada en el cuerpo que doblega, que achica nuestra presencia frente a los demás (que desconocen nuestra estado emocional interno) y sentimos sufrimiento ante sus miradas más simples.  Este sentimiento cuando se torna tan lastimoso, amerita ser tornado pensamiento, palabra, y así visualizarse para atenderlo y superarlo.

Y es cierto, la vergüenza nos acomete a todos, pues siempre que vivimos algo que se sale de nuestros deseos, sentidos, y nos lleva por caminos ajenos, dejando una experiencia embarazosa,  inevitablemente pronunciamos estas terribles palabras  ¡Me muero de vergüenza!, y siguiendo la imagen de la avestruz, deseamos desaparecer por eso que nos ha pasado y dejar de sentir esas emociones que devastan.  Y la mayor de las veces, son sucesos que podemos superar, soportar, los entendemos, tenemos la fortaleza para enfrentarlos y continuar.   Todos vivimos la vergüenza, siendo  finalmente una experiencia saludable, que en la medida en que se supera, ayuda a reposicionarnos, a continuar con salud mental y emocional.

PERO, también, pueden acontecernos sucesos que nos cimbran, que nos rompen por dentro, debido a que fuimos parte de una circunstancia en donde nos vimos implicados, y al no ser un pasaje transitorio, se torna un momento imborrable y definitorio de la vida que sigue.

En este libro de Boris Cyrulnik, narra diversas vivencias de personas a las que le sucedieron “cosas”, de las cuales no es culpable, pero por haber estado ahí, al vivirlas y no a los otros con quienes vive, este ser tiene  un “saber-no-sabido” que lo diferencia de ellos, sabe que tiene una experiencia tan “humillante”, tan “desgarradora de sí mismo” que no puede contarse por ser incómodas, no nos son habituales para el resto de las personas, y le invade esa vergüenza, ese deseo de ¡Morirse de Vergüenza” que lo aparta, lo auto-excluye.

Esas “cosas” que nos han pasado y nos han desgarrado por dentro, nos separan, nos las guardamos, quedan ocultas, creando un espacio emocional que separa de los demás; esos secretos no pueden contarse, pero se vive con ellos e inhiben, inmovilizan, “muriendo de vergüenza” cada día cargando lo silenciado en el mundo íntimo de donde emergen ideas que auto condenan constantemente y se siente que “…la realización de uno mismo es despreciable comparada con el sueño de uno mismo”, esto es, se erige nuestra presencia desgarrada ante nuestros propios ojos, nos sentimos una basura, frente a la posibilidades mil que tenemos y ante las imponemos la idea, de que no tenemos derecho a vivir.

Esta vergüenza se llena de pensamientos contaminados de emociones que nos sub-baja ante la presencia de los demás, y siendo nuestra vergüenza tan íntima, un sufrimiento muy personal, nos lleva a sentirnos inmerecedores de nada, infringiendo así, un incesante  autocastigo. Por ello, nuestro  autor, sostiene que los avergonzados con esta profundidad, con esta lastimosidad, necesitan salir de este sufrimiento interno, de este envenenamiento emocional, tan oculto que impide un desarrollo saludable, pleno.

En el libro nos cuenta diversas estrategias que ayudan y aportan alivio, por ejemplo,  refugiarse en la ensoñación, en relatos inventados que nos describen bien, y alguna manera, logran representar en imágenes eso que nos sucede y al visualizarlo, construir comprender lo que nos pasó y hacerse el coraje, de construir un orgullo que invalida la humillación vivida, sin que fuésemos culpables de lo ocurrido.

Cuando se comprende lo que nos ha pasado,  se elabora un contraveneno para sí mismo, que ayuda a salir, a reconstruirse para situarse a la altura de la exigencia, se deja de experimentar la idea de ser despreciado, de sentirse humillado por lo que solo él sabe de sí mismo, entonces es capaz de erguirse, y se construyen estrategias para evitar ahondar la herida, que ahí seguirá, pero controlada, es lo que el autor llama Resiliencia. Renacer del dolor, aprender del dolor para continuar.

Boris Cyrulnik, nos detalla, esos procesos de sobrevivencia a la adversidad de la vida, y resalta la importancia que tiene para estas personas más heridas que otros, el encontrarse en sus vidas con personas que dan la mano, que les ayudan a su auto realización.  Salir de esos estados de vergüenza patológicos para muchos, nos indica, exige de la construcción de contextos de apoyo, que brinde oportunidades, donde estas personas sientan que es posible vivir, sentirse de un modo digno, favorecedor, de crecimiento, de desafío.

Y pensé en nosotros los maestros. ¿Somos capaces de favorecer momentos de vergüenza en nuestros alumnos?

....Y recordé a Roberto (y a otros más), cuya historia narré en el otro blog.  Roberto, un niño, quien estando en tercer grado no sabía leer ni escribir, y fríamente, fue llevado a primer grado, a mi grupo. ¡Cuánta vergüenza tenía de estar en primer grado! Muchas veces, nosotros los maestros somos ignorantes de estos asuntos y cometemos atropellos emocionales con nuestros alumnos creyendo que hacemos un bien.  Sólo espero haber sido esa mano de apoyo que tanto necesitaba,  y ahora vaya por su vida escolar con la cabeza en alto.

E igual, leyendo este libro, recordé algunas vergüenzas que construí por mi paso por la escuela (y por mi vida infantil) , y confieso que algunas lágrimas emergieron, pero igual, me recordé la presencia de profesores que me miraron, me dieron la mano, y pude salir, avanzar, llegar a este momento de mi vida profesional y personal, en la que puedo seguir haciendo cosas (como leer, pensar, escribir, trabajar por mis sueños…) que ayudan a  reconocer y agradecer las oportunidades que he tenido gracias que me hicieron sentir una persona con valor, capaz de construirse un sentido de vida.

Y termino diciendo que agradezco haber tenido la paciencia y fortaleza para leer este libro (que en algunos momentos induce a recuerdos personales, retrae emociones escondidas que humillan y duelen) y me alegra incorporarlo a mi blog, donde tal vez, alguien, un otro preocupado como yo, lo encuentre, y al saber de él, pueda leerlo y vivir su propio proceso de reencuentro consigo mismo, y que como docente, repiense el valor de su trabajo.

Yo, en este momento valoro la profesión en la que me encuentro, pues me relaciono con niños, que tal vez, vivan en espacios que infringen en ellos experiencias indecibles y por tanto, me necesitan desde lo que hago, y desde lo que sé hacer, hacerles sentir de múltiples formas didácticas la fuerza de sus potencias y hacerles vivir la idea de lo importante que son en la vida social, que lo espera sanos, y animosos para continuar frente a cualquier adversidad.