Los poetas, los escritores escriben –pienso- para sí mismos, hablan consigo mismos y alcanzan el lenguaje más sincero, más auténtico, no se autoengañan… y lo mejor nos lo comparten. Nosotros llegamos a ellos y algunos nos seducen, por su calidez, el poder de sus palabras que igual le dicen algo a nuestro interior y nos deja pensando, soñando… Hay que meditar esas emociones y entablar un diálogo con nosotros mismos, nosotros los sin voz, que por alguna razón, perdimos.
Si bien este poema nos
coloca en el pasado, donde hubo algo inolvidable que ahora en el presente nos
hace sentir un dolorcito por su falta, también logró armar este otro verso que
dice:
“El futuro no es
una página en blanco
es una fe
de erratas.”
Mario Benedetti.
Ideas que llena de
esperanza, y uno se puede quedar soñando en nuevos tiempos donde podemos hacer
mejores cosas que nos rescaten de sentirnos perdidos en el mundo.
Cierro con este último
poema (uno no puede decir cuál es el
preferido ante tanta belleza de ideas que secuestran el pensamiento dependiendo
de cómo nos sintamos, por eso no puedo haber en el caso de los buenos poetas,
un poema preferido)...
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.
Mario Beneddeti...
Que expresa lo contradictorios que somos, lo
cual nos inmoviliza...
El problema de la condición laboral de los maestros es una
situación histórica, siempre ha sido una profesión sub-reconocida ¿por qué
será? es una pregunta que siempre me ha inquietado y no sin el riesgo de
equivocarme, pienso que se debe al mundo instrumental en la cual se
oficializa esta profesión, pues antes era una tarea individual, tutoral,
dependiendo de un mecenas y dirigida a personas que podían pagar algo por la
cultura que un docente compartía con ellos. Pero con el advenimiento de la era
moderna, el surgimiento de la escuela y la construcción del estatuto maestro,
éste quedó atrapado en la lógica del poder, del estado, y se le otorgó un
salario a su trabajo por trasmitir la cultura dominante, de socializar a las
personas de acuerdo a lo que se necesita para el funcionamiento de la sociedad,
y eso hacemos históricamente, y sin saber cómo igual fuimos formados en esa
lógica, pero no por ello sentimos la indiferencia de una sociedad que no valora
nuestra tarea ¿por qué?
Considero que se debe a que los maestros hacemos esta tarea
encomendada en tiempo presente, pero sus resultados se aprecian en el futuro,
es decir, cuando la mente y el espíritu del sujeto en formación se coloca en el
mundo social, para aportar algo de lo esperado, y en esto se ven
contradicciones, no se ve lo esperado, lo cual no se entiende pues no se toma
en cuenta que no solo participa el educador en la formación de las personas,
sino que es toda la sociedad, donde habitan cosas indeseables o inesperadas, y
de todo esto nuestro sujeto en formación se impregna dando lugar a una
formación que a veces riñen con lo que el maestro intentó formar, entonces el
producto formado por así llamarle emerge no como el perfil esperado. Por tanto, no se puede aquilatar lo que hizo exactamente el maestro, por tanto, ¿cómo
pagar bien lo que es tan difícil de mirar en la realidad?
Esto no es extraño en una sociedad que se finca en lo
material y es ciega para mirar los procesos humanos y concretos que la docencia
activa en las personas. Pienso que esta pueda ser una de las causas de la poca
correspondencia entre la tarea profesional de los educadores y la contribución
salarial de la que es objeto, siempre mínima...
Hay que seguir pensando y buscar explicaciones que nos
ayuden a exigir lo que dignamente merecemos, pero que a mi ver necesita ir más
por la reflexión, la formación, por lo que sabemos hacer, usar la cabeza para
hacer lo que afirma John Holowey, “cambiar sin
tomar el poder” pues nos s trata de exigir lo que no se entiende y por tanto no
se nos quiere dar. Nadie entiende por
qué las huelgas, los paros, estamos hablando lenguajes distintos, ¿Qué se
necesita? Talvez reconstruirnos mejor, hacernos
de estrategias para re-colocarnos en el mundo y ocupar el lugar que merecemos
al saber hablar sobre nuestra materia de trabajo defendiéndola de las miradas
recortadas e instrumentales, hacer que se entienda, que se valore esto que
necesitamos saber hacer: formar personas para el futuro que inexorablemente
viene.
Este es el valor que necesita ser remunerado adecuadamente,
esta capacidad utópica de estar allá, pero haciendo aquí la tarea en tiempo
presente, formar personas vitales, fuertes, seguras, atentas y capaces de construir más futuro... Esto definitivamente, vale mucho, no hay dinero que alcance para
cubrirle, y sí, esperamos un acercamiento económico cuando menos, que se nos otorgue eso que nos permita vivir con
dignidad y con orgullo sobre esto que solo nosotros sabremos hacer.
Y hay tantas ideas por explorar... me gusta escribir, jugar con el lenguaje, explorar ideas, emociones, pero ahora estoy algo ocupada haciendo que otros escriban.
Por eso, sólo dejo apuntadas aquí dos ideas por desarrollar en cuanto exista ese espacio de tiempo añorado:
Somos únicos, y a veces somos capaces de sentirnos en esos planos de la mismidad, en algo muy hondo, no en lo superficial, no como cuenta Sábato sobre ese ser que va en tubos de cristal y que por ello solo logramos vernos y mirarnos, pero sin tocarse, ni compartir algo muy único, que existe de manera distinta en dos o más...
Dice Bachelard, cuando lee y releo el libro amado, es porque le habla a algo de mi ser, algo así, pues algo así esto de sentir a las personas, por eso no con todas tenemos una profunda relación, somos selectivos...
Y...Aunque esas personas nos lastimen, cuando somos sensibles a su autenticidad, cuando les hemos conocido en ese lugar donde somos únicos, no podemos ser indiferentes pese a sus "desvíos existenciales"... siempre los acogemos ¿será?... para pensar...
Esta canción me vuelve a una situación
personal, de la que poco hablo, que poco hago lenguaje, pero que está ahí,
siempre presente, llena de preguntas... la melodía que aquí comparto, me lleva a pensar que el amor es una "filia", es decir, una predisposición amorosa
hacia otra persona, es natural y ese otro es una prioridad en nuestros afectos,
nada se cruza en ella, es fuerte, profunda, no se piensa, solo se existe llena
de gozos, de situaciones conflictiva que se busca resolver, ahí, todo se salva, todo es una promesa... Cuando una piensa en el amor
filial a los hijos lo entiende mejor, pero igual, sucede en el amor filial
entre las parejas, aunque ésta es más endeble, la sostiene un hilo en medio de
mucho “filos” que si no se cuidan, la rompen.
Siempre que escucho esta melodía, me lleva
a pensar en el difícil problema de alimentar un compromiso filial de amor con otra
persona, lo que llamamos fidelidad, siempre en riesgo, pues de repente, uno de los implicados en la relación puede encontrarse con otra persona, quien igual, guiada por lo que “siente”,
no reflexiona sobre el respeto, no piensa en ese cuidado que merece la “relación hecha”
entre dos personas, y ambas, de manera "pasional irreflexiva", se adentran por una complicidad lastimosa, donde nadie sale bien librado; ese estado emocional que comparten lleva a los otros implicados a un segundo plano, y ellos, al sufrir un desplazamiento, sufren pues se saben poco o nada importantes para ese ser amado, se saben desechables...y se
rompe la filia amorosa en medio de una hecatombe existencial.
Este rompimiento
de lo filial, se puede dar de otras maneras, puede suceder lo mismo cuando el otro amado, a quien le confiaste un afecto, y de quien esperabas lo mismo, no lo hace, se desconecta de ti, y
no sabes cuándo y cómo, sólo sientes que
ya no eres su prioridad, sabes que ha dejado de pensar en ti, que ya no quiere
permanecer a tu lado, y se vuelve indiferente, ajeno a tu vida, pues su atención
en otras cosas, y decide romper su filia contigo, se vuelve infiel de otra forma,
tal vez más difícil de comprender, porque sucede en él mismo, donde uno mismo ha sido su rival al no estar a la altura de la filia del otro, algo pasó y no sabes que fue.
Hoy día, a la vuelta de los años, y sobreviviente de estas experiencias, creo saber más de esto, y con lo que sé, no culpo, pero llego a preguntarme ¿y si yo hubiera sido la que rompe esa filia? ¿Yo sería
infiel? de alguna de esas formas descritas? No lo sé, cuando he estado en esa situación, cuando alguna vez –cuando eran
más joven- alguien se acercó a mí, casado, recuerdo haberlo evitado, no caí en
esa tentación, pero tal vez no lo desee...no lo sé, pero me pudo haber pasado. Ahora bien, me sostengo en mis compromisos, pero también sé que sostenerse en ellos demanda mucho, y a veces, mejor desistimos, no podemos con eso y nos alejamos como opción, donde nada se puede hacer.
Y en esto, no se trata de buscar culpables y víctimas, pero sí aclararlo de alguna forma ¿Por qué se rompen las filias? La respuesta que he construido
para superar estas experiencias que han dejado fuertes y profundos estragos en el ámbito íntimo, de los cuales siempre es difícil recuperarse, la sensación de sentirse como alguien incapaz de provocar una relación filial duradera con un "otro" destruye, quien sufre el abandono, puede pensar que es incapaz de activar afectos, y eso daña el espíritu, provoca una
inseguridad patológica de la cual es difícil salir, y siempre existe ese dolor calladito, que cualquier letra de canción, como ésta, trae al primer plano de la
conciencia.
Lo bueno de esto, es poder pensarla, leer, formarse es lo mejor, crecer para mirar distinto eso que nos aqueja. Así que después de mucho revisar, reflexionar este asunto personal, veo a la “infidelidad” como una situación a la manera de Jasper, (situaciones límites como son la muerte, un nacimiento, el enamoramiento, etc.), son eventos que
suceden de manera inevitable, asaltan, no se esperaban, de repente está ahí y no hay más que hacer, sólo vivirlas; pero al hacerlo, quienes las viven, se
sitúan en un escenario con un rol inevitable, tiene que hacerse,
pues son situaciones existenciales donde no tenemos recursos claros para
resolverlas, nos sorprenden y nos orillan a actuar guiados más por el lado emocional,
gana el sentir sobre el pensar...y ahí, medio ciegos vamos dando de tumbos, tomando decisiones en medio de sensaciones encontradas. En todo esto, el razonamiento
está ausente, entonces nos gobiernan las emociones del momento; no se no mira más que ese presente,
que se torna eterno, y de acuerdo a Maffesoli, se le convierte en un momento existencial único e irrepetible donde uno se estaciona, ahí, guía una subjetividad atrapada en el instante que se desea siempre esté ahí, y construyen justificaciones para permanecer ahí, exaltados al máximo... Un libro
muy bonito de él, lo explica muy bien, "El instante Eterno" (aquí se
le puede descargar: http://historiaiuna.com.ar/wp-content/material/2011_maffesoli_instante_eterno.pdf)
es lo pasional con toda su fuerza, más en estos tiempos dionisíacos, posmodernos, como afirma.
Ahora, con otra mirada producto de mi propio movimiento como sujeto, puede situarme mejor en estas experiencias, para comprender algo más, y sin justificarlas, pienso en el valor de lo ético, ese respeto que se merece el “otro” que es
como yo, un ser sensible, y que me exige cuidarlo, no dañarlo con mis actos desde lo cuales, sin saberlo, puedo romper filias, afectos importantes para la existencia.
Por tanto, sostenerse en las filias hacia los otros o romperlas -pues nada es eterno-, nos exige a las personas fortalecer nuestro aspecto ético, que tiene que ver
con reflexionar ese instante que se quiere eternizar, y para reflexionar “eso”
que se experimenta como el placer o sufrimiento eterno, necesita formar más nuestra capacidad de pensar, pues permite colocar en su justo lugar de la conciencia eso que nos aqueja para verlo como un fenómeno no único, sino como
un evento entre muchos de la vida, así, se ayudará valorar, a tomar decisiones más
conscientes y responsables.
Cómo educadora, como formadora de otros, –ahora
de chicos y de grandes como me dijo una alumna de maestría-, me he preocupado por estimular la
capacidad de pensar, ya que mucho se puede hacer para que el ser-hacer del humano
trabaje mejor sus filias, es decir, sea capaz de “gobernar” su lado pasional, sin
destruirlo como afirma Victoria Camps, pues se podrá mirar su mundo interior y
decidir mejor esos rumbos desordenantes que de repente se nos abren, siempre con ese cuidado amoroso
hacia los otros, fortaleciendo el lazo social.
Dice al respecto Hugo Zemelman –recuperado de
Unamuno-, “pensar los sentimientos, sentir lo pensamientos”... Si logramos
hacer esto, tomaremos decisiones más humanas, logrando así las mejores filias hasta
en las situaciones inevitables de la existencia, que siempre bordean nuestro
caminar por la vida, como es el caso de la infidelidad, ese suceso que asalta de repente la existencia, ya que después de ella, nada es igual. Es prioritario fortalecer nuestro pensar-sentir, para que esos sucesos inevitables de la vida que a diario nos asaltan, sean recibidos con una actitud más pertinente, y salir de ellos, lo menos lastimados.
Linda la metáfora del poeta y linda la
interpretación cantada y lindo quien canta este bello poema, uno de mis
cantantes intérpretes y compositor
favoritos, todo un ejemplo de vida...
Recuerdo que mi hijo una vez comentó, ya
hace un tiempo ¿qué andas escuchando mamá? bueno, me alegré de que escuchara el
poema cantado, la música no le fue indiferente; entonces le aclaré que se trataba de un bello poema de
Benedetti, y eso fue bueno, ya sabe la calidad de letras este cantante tan
escuchado por mí, hasta fuimos a ver su reciente concierto (nunca me dijo si le gustó o no, pero fue)....
Y me quedo pensando... Es una gran tarea lograr que nuestros jóvenes, nuestro niños, aprendan a escuchar estas bellas
metáforas de los poetas en estos tiempos tan materialistas, mercantilizados; evitar que las vean como algo cursi y se nieguen a sentirlas, pues es de suyo importante, ya que como comenta Bachelard, las metáforas son imágenes que solo se
pueden sentir y dejar que inunden de algo nuestro espíritu, sin explicación,
pues si las explicamos se pierden entre las palabras, las desarmamos, pues la
sensación es personal, solo cada uno sabe que siente ante cada metáfora
poética, esa bellas frases sólo son para escucharse y llenarse de emoción, de
recuerdos, de impulsos, de "algo" que fortalece el espíritu humano,
por eso hay que leer buena poesía para crecer imágenes y tener entonces más
recursos para estar en este "duro deseo de durar", como lo plantea
otro otro gran poeta Paul Éluard (Le dur désir de durer), otra bella metáfora,
que igual, nadie puede explicar, solo se puede sentir...
Insisto, este es el bello poder pedagógico
de la poesía...
El corazón empieza bajo la tierra de Roberto Juarroz.
El corazón empieza bajo tierra,
pero acaba en tus labios y en los míos.
La muerte entonces duda en las cornisas
y una convalecencia de ojos largos
desprende las arrugas del temblor.
No hay que negar que eso nos salva,
pero entre tantas cosas tan perdidas
no es posible aceptar la salvación.
Y las manos, sin darse cuenta aprenden
el gesto incorregible
de volver a enterrar el corazón.
¡Qué desesperanza
connota este bello poema… ¡ Dice
Benedetti que un poema es como una
puerta que se abre colocando (no
dice si quien lo escribe o quien lo lee) frente al tiempo, pone frente a la memoria y genera una lucidez siempre marcada por la propia
historia, afirma que es como cambiarse
de mundo, esto lo dice en el poema “Cuando
la poesía”, en Biografía para encontrarme (bueno, así lo interpreto…) , y aquí,
Juarroz, un poeta igualmente importante expresa ideas profundas que hablan
de nuestra tan “fallida naturaleza
humana”, siempre un poco ciega, anulada en sus potencias sensi-pensantes por
estos tiempos tan errados orientados por el pragmatismo, utilitarismo, la
eficiencia, el tener más que ser, lo cual nos lleva como zombies, desarmados a caminar por senderos vaciados de esperanza, que es cambiada por placeres fugaces que nunca satisfacen y enceguecidos seguimos buscando de un modo tal, que se nos escapa la utopía, la fe, el amor...
Un poema como éstos, aprieta el corazón, sacude, y siempre hace pensar
algo, lleva a sentir algo, permite decidir, optar hacia algo distinto de eso que de repente tomamos conciencia y necesitamos... Este es el valor pedagógico de la poesía, pienso, yo.
Por eso tal vez, no hay un día que no lea alguno o algunos, no puedo iniciar mi tarea cotidiana como maestra sin algo que ayuda a recordarme a recordar mi lugar, y salir por estas puertas buscando otros mundos donde se puede soñar, imaginar algo distinto, y así volver nutrida a iniciar esta
jornadas de trabajo, que agotadoras, instrumentales, cargadas de exigencias, necesitan de este dejo de esperanza para llenarlas de vitalidad, de sentido, de vida, pues la docencia, le escuché a una mis alumnas este sábado apenas, decía, es una promesa, (idea recuperada de María Zambrano), y todo lo que hacemos es entonces una promesa que hacemos a estos otros, otros, que somos nosotros (idea de Octavio Paz en el Poema "Piedra de Sol"), ya que si ellos nos reconocen así, vivos, plenos de sentido, amorosos, nos hacen quien necesitamos ser: sus maestros.
Y no nos hace maestro, maestra, los títulos nobiliarios que ahora llegan a los pos-doctorados, NO, nos hace maestro, maestra, la sensibilidad de nuestro alumno cuando nos mira y por dentro se dice así mismo: "eres tú", como en esa película de "Pide al tiempo que vuelvas", ella lo mira y le dice: "eres tú", como cuando tenemos el privilegio de llevar a un hijo en nuestra entraña o cuando nace de nuestro corazón (tengo los dos privilegios) y una los mira y dice: "eres tú", y así vamos por la viendo viendo al otro y diciendo en nuestro interior: eres mi hija, eres mi hijo, eres mi alumno, eres mi madre, eres mi pareja, esto, cuando nosotros mismos lo provocamos en ellos, si logramos esa emoción en los "otros" al momento nos construyen, nos un lugar en su vida, y eso tiene que ver con la construcción de nuestra identidad para responder a la pregunta ¿soy quien quiero ser? recordando a Hugo Zemelman, inolvidable por la formación que me ayudó a trabajar en mi misma.
Y sin abandonar el comienzo de la idea, -que llevan por tantas puertas y ventanas-, pienso que la poesía, ayuda a saltar de este mundo tan frívolo y a la vez tan necesitado de formas de encuentro humano auténticas, cálidas, fraternas.
Leer buena poesía pues ayuda a darnos cuenta de ello y hacer esfuerzos por ser mejor personas; nos auxilia en este reto de continuar con el corazón en el mano a pesar de las cosas adversas que no dejan de pasarnos a diario, la existencia es pura incertidumbre, pero si es mediada por la capacidad de pensar, de sentir, de valorar, nos ayudará a no enterrar este corazón, sino tenerlo vivo frente a nosotros, palpitante, ansioso de sentir el latir del otro... el problema es que esta decisión pasa por nuestra capacidad de voluntad, por nuestra entereza, nuestra sensibilidad, aspectos también algo desmayados que necesitan reanimarse, levantarse y así tomar esta opción, este reto sumamente importante, pero no sencillo, complejo, duro y es urgente, porque las nuevas generaciones van llegando y no nos van encontrando, se van quedando sin apoyo en la tarea de crecer, llenándose de soledad, de abandono, y así, llenos de sensaciones encontradas, caminan por cualquier rumbo haciendo nacer un futuro aun más incierto al de hoy. Y "fortalecer el corazón" para que no lo enterremos como dice Juarroz en su poema apesadumbrado, no sólo es tarea de los maestros, es de todos: necesitamos reencantar al otro, desde nuestro reencantamiento personal (no podía dejar a un lado a Michel Maffesoli, otro gran autor contemporáneo cuya lectura me reanima, me rescata de la rutina a veces tan cegadora, tan conformista, tan suicida diría yo...)
El día 3 de
octubre del 2013 acaeció ese suceso ineludible de todo ser humano: murió el
gran maestro Hugo Zemelman Merino. Muerte
física que difiere de la muerte histórica, pues esa “sinfonía de ideas” quedan
como herencia en sus diversos libros, conferencias grabadas y transcritas,
vídeos que ahora nos vuelven a colocar frente su “presencia”, fuerte,
palpitante, potencialmente transformadora de las subjetividades que se adentran
por ese “decir sincero” crítico, irruptor del mundo hecho, que busca
oportunidades para el despliegue de la razón humana en un mundo tan complejo
como el nuestro.
Pienso en ese
momento de su muerte, y ahora, sin el dolor del triste suceso, pienso en la
merecida manera en que lo hace. Él, un
hombre de más de ochenta años, lúcido, lleno de proyectos, se va haciendo las cosas
que ama: pensar y compartir sus ideas, muere trabajando, nunca postrado en una
silla o en una cama como a muchos sucede por el avance de edad, donde el cuerpo
se cansa y no resiste el peso de la vida que sigue sin saber cuándo concluirá.
Nuestro maestro,
se va con tanta dignidad, que a la vuelta de un año la tristeza disminuye; fortalece
e invita pensar en la muerte como el final del nuestro “existir” como un
momento de dignidad merecida. Dice Rawl,
este gran filósofo de la justicia, que la dignidad es algo básico de la
existencia y consiste en ser capaces de ordenar nuestro mundo y seguir nuestras
preferencias por las libertades; es decir, que por encima de cualquier cosa que
nos seduzca en estos tiempos tan hedonistas, uno decida por ser sí mismo, y que
ese “hacer” de nuestra vida no sea una decisión reprobable, sino aceptada y valorada
por los demás, y eso, es algo que logró no sin poco esfuerzo, y que hacía al
momento del suceso: compartía su visión del mundo y sus problemas con los
otros, para los otros, modo en que fue dejando una gran obra. Ahora estamos frente ella, y quienes la
conocemos en alguna dimensión, tenemos el reto de difundirla, compartirla,
darle vida a través de nuestra vida no solo académica, sino como existencia en
todos los ámbitos posibles de la misma.
El legado de su
obra es vasto y nada sencillo, como una vez leí en un texto de Umberto Eco, hay
cosas que no se pueden decir de manera simple, rápida y eficiente; no, hay ideas que necesitan decirse con toda
la complejidad que merecen, porque así se necesita, de otro modo, se incumple
su finalidad. Los planteamientos de Hugo
Zemelman Merino son abstractos, exigentes, reclaman ser llenados de realidad;
son ideas dignas y lúcidas de un hombre que llevaba el mundo en la cabeza, y quien
al usarlas cobraban fuerza para invitarnos a pensar, a “mover a la cabeza”, reconociendo
opciones, sentidos que reanimaban esta ansia de libertad en nosotros, sus
atentos escuchantes-lectores.
Ante las ideas
de Hugo Zemelman inevitablemente se vive esta frase de Unamuno: Pensar los
sentimientos, sentir los pensamientos, pues se ejercita un pensamiento que
dignifica nuestra existencia, nunca siendo un remedo de una racionalidad
atrapada en fines pragmáticos que desconocen las múltiples consecuencias de su
ejercicio y acciones derivadas, por el contrario, se promueve una racionalidad
crítica, donde crítica consiste en reconocer el nacimiento de realidad, pues de
trata de pensar para colocarse, para estar atentos a lo que sucede, reconocer
coyunturas y hacerse cargo de lo que esté nuestras manos... ¿complejo? Si...
pero necesario.
El legado es
maravillosamente vivo, un legado que no se aprende cognitivamente, sino que
exige ser “encarnado”, vivirse y contagiado.
Adentrarse por este pensamiento fortalece el espíritu, se estimula el
reto de asumirse como sujeto consciente de sus límites y dispuesto a superarlos
por auto-despliegue propio. ¿Cómo compartirlo y darle continuidad? Una pregunta
que demanda una gran responsabilidad intelectual, que solo nacerá del deseo
genuino de hacerlo, y este deseo se alimenta de la riqueza de la obra.
Sin ser
pesimista el respecto, me quedo esperanzada confiando en que todos y cada uno
de los que sabemos algo de nuestro gran maestro, haremos lo que nos corresponde
dado el lugar en que nos situamos...
“Atreverse a usar la cabeza, sin
apegos ritualistas a ningún canon de certidumbre, es el ejercicio mismo de la
responsabilidad intelectual: caminar de ese modo por el ágora imaginario del
espíritu, después de subir por la vía sacra hasta la alta plazuela iluminada
donde poder encontrarse con todos los retos que han quedado dormidos y dejados
a los lados del camino. Ejercicio de la
responsabilidad intelectual cuando se la entiende ubicada en el ámbito de un
conocimiento comprometido con el forjamiento de más conciencia, para actuar
frente a la realidad que nos circunda y se cierne sobre nosotros.”