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martes, 3 de agosto de 2021

"El murmullo de las abejas"... un murmullo de recuerdos que avivan al lector.

También leo novelas, pero poco las comparte en este blog donde voy guardando mi memoria de libros leídos; blog que inicié años, pero hasta hace unos dos, he sido más sistemática en trabajarlo y compartir mis impresiones de lectura. 

Y pues que decir, aparte de leer libros que me dan ayuda profesional (de pedagogía, epistemología, sociología, filosofía, políticas, etc.,) leo con algo de lentitud, novelas.  El problema es que tardo tanto en hacerlo, (El Conde de Montecristo me llevó casi un año, pero ¡¡¡¡lo terminé!!!!, fue terrible pues sí me gustó, pero, pienso que el lenguaje al responder a otra época, aporta dificultades al lector, si bien la idea es grandiosa, la trama impecable, no dejo de pensar que leerlo exige paciencia para no desistir.  Bueno, eso me hizo sentir, quien sabe…), y este hoy comparto no es la excepción, esta novela, la inicié hace cuatro años:

 

¿Por qué la termino hasta hoy? Son muchas las razones, el trabajo, por los problemas cotidianos de la vida que no faltan, por dar prioridad a otros gustos como bordar, coser, tejer (que me encanta) porque lo destiné a ser un libro “antes de dormir” y ya agotada, leía una o dos hojas y a dormir…

Así, este libro, de página en página, vio pasar cuatro años, reiniciando siempre la trama, hasta que he tomado la decisión de leer novelas en otro tiempo-espacio, por las mañanas, y por ello, he podido plácidamente en dos semanas, lento, saboreando la trama imaginativa de la narradora, y he quedado fascinada, pienso que, si otro libro de esta novelista, Sofía Segovia llegare a mis manos, lo leeré sin pensarlo (he sabido que tiene uno nuevo sobre la masacre de los chinos a principios de siglo XX, el tema es duro...).  Muy buena novela ¿de qué trata?

Si bien es ficción, en este murmullo de abejas, nube de nobles insectos en cuyo centro se cuida amorosamente a un niño con la cara deforme, y quien se torna el personaje eje de la narrativa, no podemos negar que el suceso acaece en tierras del norte del país, en el tiempo posrevolucionario, donde suceden hechos verdaderos como la pandemia de influenza, la violencia, la reforma agraria, el cambio de cultivo, etc., toda esta mezcla de imaginación y realidad, lo hace un libro, a mi ver, como un libro adecuado para mi generación, los sexagenarios, que algo sabemos de la cultura del rancho, de familiares con tierras dedicados a la agricultura; es bueno para quienes ahora vivimos entre el recuerdo de la vida pueblerina y con la vivencia de la ciudad; es un libro para quienes crecimos en viendo películas de haciendas,  escuchando corridos,  canciones como del Piporro, etc., etc., todo lo que se cuenta, nos enlaza a recuerdos, sin dejar de pensar en los sucesos que sí se vivieron, de manera ya lejana a nosotros, pero que estamos seguros de que pasaron, y quedamos de alguna manera conectados a nuestras historias.

Tal vez, para lectores más jóvenes, no les diga mucho, y se queden solo con la trama imaginaria de un niño de ficción, con las reflexiones de los personajes en la construcción de sus destinos dadas las posibilidades del momento histórico que vivieron y se enternezcan con el emotivo final, que, a mí, la verdad, tal vez por mi edad, me cimbró.

En fin, termino diciendo que me ha parecido una gran novela y que he decidido desde hoy compartir estas lecturas a las que he dado poca importancia, pero que si lo pienso bien, son lecturas que han tenido mucho que ver con la capacidad de escribir un poco, (me gustaría hacerlo mejor), con la que puedo comentar mi impresión sobre libros de la academia.  No he sido justa con los bellos libros de Umberto Eco, de Ernesto Sábato, Gabriel García Márquez, Stephen King, Isabel Allende, Carlos Fuentes, y otros, hasta los de J.K Rowling con todos sus libros de Harry Potter, de los que algunas metáforas me fascinan, como la del “pensadero de Albus Dumbledore”, esa imagen, me encanta, me hace pensar en la infinita capacidad que tenemos de pensar, de imaginar, de crear desde lo que somos y hacemos y qué decir de los poetas que tanto me ayudan a pensar… bueno, he sido muy ingrata.

Por el momento, no me queda más que desearle un hermoso encuentro con esta narrativa de ficción donde imaginación y realidad tienen un equilibrio digno de vivirse con la emoción que la misma lectura sea capaz de desatar.

Tengo otro libro abierto de hace años, que merece ser terminado: "Inés del Alma Mía" de Isabel Allende, ya les contaré.

martes, 20 de julio de 2021

"Recuperar la pedagogía para defendernos del tecnicismo educativo"

 

Meirieu, Phillipe. Recuperar la pedagogía. De lugares comunes a conceptos claves.  Grupo Planeta – Argentina, 2016. Edición Digital.

 Philippe Meirieu cierra su libro con estas contundentes demandas para el campo educativo:

 “…hay urgencias: urgencia de volver a instalar la historia de la pedagogía y la reflexión pedagógica en el corazón de las “ciencias sociales”; urgencia de transformarla en el eje estructurante de una verdadera formación profesional de los enseñantes y de los educadores; urgencia de superar las simplificaciones y las caricaturas que se imponen hoy en un terreno que se ha dejado baldío desde hace ya demasiado tiempo; urgencia de desarrollar y difundir análisis que completen, prolonguen, amplifiquen o contradigan lo que acabamos de esbozar en esta obra…”(p.138)

 ¿Y sobre qué reflexionó en esta obra?

 Primero, plantea una fina discusión sobre la “actividad” que los niños realizan para aprender, de si es mejor una escuela activa cuyas discusiones muchas veces idealizan al niño y se le deja en un campo abierto, como si solos pudiese aprender; o si esto es posible en una  escuela donde se solicitan “ejercicios de aplicación”, siempre bajo una dirección que le lleva a logros esperados.  Nos dice que si bien se necesitan comprender estas posturas, rescatar de ellas sus aciertos, valorar sus esfuerzos, había que poner atención al valor pedagógico que tiene para los niños el vivir “situaciones de aprendizaje” bien construidas, donde la finalidad será que ellos puedan “operar” mentalmente sobre materiales, contar con consignas claras, permitirle crear y arribar a conocimientos donde sientan el valor de su esfuerzo, pues al ser así, ellos los transferirán a nuevos contexto, logrando su autonomía, pero la vez, portador de nuevos conocimientos que aportará al grupo social del que forma parte.

 Un segundo eje de discusiones, giran en torno a la idea de la motivación para aprender, reflexionando sobre la relación fracaso o desmotivación que muchas veces viven los alumnos frente al deber de aprender, lo que los adultos pensamos necesitan conocer.  Y después de interesante ideas, nos indica que en esto radica la tarea del profesor, precisamente en hacer emerger el deseo de aprender, y esto tiene que ver con un trabajo constante de búsqueda que va logrando relacionar los saberes que enseña con una cultura y una historia, para llegar a comprender cómo fueron elaborados por otras personas y valor que tienen para uno mismo.

 Continua con una pregunta “¿cómo podemos tratar de la misma manera a individuos singulares, sobre todo si nuestro propósito es hacerlos alcanzar los mismos objetivos?” (63) y va insistir que necesitamos no ser indiferentes a la diferencia de cada alumno, que cada uno necesita ser acompañado, no obviar sus características personales y sus necesidades específicas, que sucede en el seno de un colectivo, donde lo individual se articula, ahí, todos se interesan en los procesos de todos sin imponer, pero si favorecer los involucramientos que cada uno puede realizar.

 En un cuarto lugar, vemos la reflexión sobre nuestra idea de los niños, si los vemos apologéticamente o como son en realidad, niños que necesitan el acompañamiento de un adulto, de la construcción de un contexto que les permita ubicarse, que para aprender es preciso instaurar dispositivos, aprender a instalar lo que llama “bellas obligaciones”, ritos de trabajo que les llevan a metabolizar sus necesidades y energía en reto de aprender desde ellos mismos.

 Y por último discute el problema de la “libertad” en el reto de aprender y crecer, apelando aquí a la idea de “imputación”, esto es, ayudar a los niños a que se vuelvan sobre su propio proceder y tengan la oportunidad de asomarse a sus propios pensamientos y acciones y reorientarse en aquello que necesitan avanzar.  Nos hace ver el problema de formar en la libertad desde cualquier acto pedagógico, desde elegir un ejercicio entre otros, un libro entre varios, en cómo el adulto va capacitando progresivamente a los niños, para que se desprendan de las determinaciones en las que el contexto, la historia personal encierra, y aprenden a articular las decisiones que emanan de sí mismos con la historia contingente que heredaron, logran “imputarse” sus propios actos, acceder a la reflexión y “hacer de sí su propia obra”.(p.132)

 Así vemos algunos conceptos ineludibles en el acto pedagógico: aprendizaje, conocimiento, deseo, voluntad, libertad todos implicados en el sujeto en formación.  Por ello habla de tales urgencias, que nos lleven a los educadores a salir del tecnicismo en que la burocracia educativa por diferentes razones va orientando el sentido educativo. 

Es un libro interesante, y yo diría, urgente de leer.  Leerlo lleva a una “imputación” pedagógica personal (a la que no estamos acostumbrados) pero como dice nuestro autor, nos permite situarnos, revisarnos, valorar lo que estamos haciendo y atribuirnos progresivamente la responsabilidad en medio de lo que hemos hecho, analizar nuestras conductas hasta tomar el reto de nuevas decisiones fundamentales para la obra educativa en la que estamos implicados.  En el momento en el que estamos, esta “imputación pedagógica” es urgente y necesaria.

 

miércoles, 14 de julio de 2021

Michel Maffesoli y el reto de comprender lo que se trama en la posmodernidad naciente.

 

Michel Maffesoli. El ritmo de la vida. Variaciones sobre el imaginario posmoderno. Siglo XXI, 2012. Libro Digital.

 

Mis primeras lecturas sobre Michel Maffesoli las inicié en 2006 aproximadamente.  En ese momento revisé el "Crisol de las apariencias", libro que me aportó ideas para reflexionar la identidad de los profesores cuando trabajaba en mi tesis de doctorado. 

Después, por 2008, ya titulada del Doctorado, me apasioné con el libro “La transfiguración de lo político. La tribalización del mundo Posmoderno", y en ese momento le entendí que toda actividad política se perdía en toda gestión política se encontraba “saturada” y crecía su incapacidad para comprender la verdadera gestión de la vida societal que bullía; que política y vida social se separaban aumentando la desconfianza e incredulidad por la primera (el libro me encantó).

Después, en una feria del libro de la UABC, me encontré con "El regresar del tiempo. Formas elementales de la posmodernidad".  Lo leí con entusiasmo y por 2008, (recién operada de vesícula) no me perdí una conferencia que vino a dar, llamada, “El reencantamiento del mundo”. Y finalmente en 2013, leí “El ritmo de la vida”, libro cuya lectura apenas difundo en este blog.

Bueno, lo que quiero decir, es que conozco algo de sus obras, que no es la primera vez que me acerco a sus ideas, pero hoy, he tenido una revelación, una epifanía que me ha dejado en la sorpresa y en grandes dudas, y una que otra pregunta que apenas puedo formular.  

Por un lado, he reconocido que el conocimiento y uso que logré en aquellos primeros acercamientos a sus obras, estaba orientado por lo que hacía en ese tiempo:   era docente de investigación en la maestría en educación Campo Formación Docente de UPN, y que guiada por esta tarea, atrapé solamente algunas de sus ideas metodológicas, que mucho me ayudaron.

Su “aire metodológico”, concordaba con algunas ideas de mi formación zemelmaniana; rescataba de él ideas que me apoyaron en la exigencia de pensar el tiempo presente, de situarnos de manera crítica en la realidad, por ello me hacían resonancia cómo pensar el “acontecer de la vida”, a superar la lectura superficial de los fenómenos, a utilizar nociones, esto es, utilizar conceptos abiertos capaces de contener las novedades de la naciente realidad, que iban muy de acuerdo (o desde mi perspectiva quizá, ya dudo de todo) con el enfoque zemelmaniano.

Y hoy, ajena a aquellas tareas de impulsar la investigación, me he acercado a este libro de diferente manera, quedando de cara a sus contenidos y de pronto se me revela el sentido de su obra tan largamente construido y que no reconocí apropiadamente desde los primeros acercamientos a sus libros.

¿Qué es lo que puedo comprender hoy?  Para iniciar, diré, que si bien sabía que se trata de un autor que trabaja sobre la posmodernidad,  es esto es, que reflexiona sobre el tiempo que sigue como época; que describe y teoriza sobre los fenómenos actuales en que estamos inmersos y que responden a nuevas pautas algo alejadas de los sentido modernos de una época que afirma, agoniza y dando lugar al nacimiento de otra, y que se llama posmodernidad como continuidad, en espera de ser nombrada como se necesite en su momento, como ya ocurrió con otras épocas del pasado, como edad media, que para mutar hacia la modernidad, fue llamada “posmedievo” en lo que se le daba el nombre que necesitaba.  Si sabía de su orientación “posmoderna” pero no con la exigencia de significación que se necesita para comprender la naturaleza de los problemas que aborda. 

¿Y sobre qué clase de posmodernidad estamos hablando con Michel Maffesoli? Acotaré algunas ideas centrales (lo que logro entender y confieso me aterran, pues como dice el,

“El devenir destinal del advenimiento es la irrupción de lo imprevisto, que induce otra modalidad de pensar y de ser, donde el terror tiene un lugar. Las catástrofes naturales, las manifestaciones de los diversos terrorismos, los sucesos diversos diarios son vividos como el nuevo espectáculo circundante. Los incendios de autos, los incendios rituales del verano son como muchas otras maneras de vivir el gran theatrum mundi. ¿Es una paradoja hablar de deseo de riesgo? No necesariamente. Las situaciones limítrofes se multiplican…”

 Nos cuenta que el mundo social que conocemos se encuentra en crisis: los valores oficiales, instituido, los conceptos que nos ordenan, las lógicas de poder de las élites, que la tendencia al progresismo desde un presente lacónico, se encuentra saturada, entiendo por esto, que es rebasado, superado, y por tanto obsoleto.

Que esta obsolescencia en sentido amplio, va dejando aflorar “viejas raíces ancestrales” contenidas en la memoria social, dando lugar a una vida cotidiana que se organiza desde nuevos parámetros, como la idea de tribu, de comunidad guiada por valores cotidianos, que duran, lo que necesitan  estar-ser para mantener la cohesión y luego suelen desaparecer, pues sólo se construyen y responden a las necesidades del ritmos de la vida real, concreta, guiadas por sentidos hedonistas, emocionales, presentistas. 

Que existe un proceso de transición entre la idea de individuo autónomo, a la idea de la comunidad, hacia la tribu, el grupo que se une para compartir gustos, placeres, por tanto, ya no es la autonomía, sino un ethos que se construye como hermanos.  La otredad, la heteronomía, será lo que regule la capacidad de ser-estar, en ese aquí societal, donde se reinstalan ancestrales valores suprimidos por la modernidad, que enfocada en el orden, la ley del padre, dejó de lado lo onírico, lo lúdico, por ello al renacer, al reencantarse con la vida, vemos el cuidado del cuerpo, la moda, la banalidad de la vida, más preocupada por “vibrar juntos”, perderse en lo emocional del juego, del baile, de la música, donde todo puede suceder.

Ya no se  va está tras un futuro mejor, perfecto, sino en la dicha de situarse en los “Intersticios de la vida cotidiana” viviendo a plenitud experiencia con los hermanos, con quienes se comparte más un vivir del instante, que un pensar.

Esta lógica de encuentro recupera valores tradicionales y da lugar al surgimiento de otros que respondan a la nueva lógica societal, donde afirma, volverán aquellos valores tradicionales que vienen de muy atrás, de la tierra, de viejas atmósferas, enraizando de otras maneras en el presente... (recordé el derecho de pernada ¿es posible)

Afirma que estas nuevas formas de “religancia”, de lazo social, permite a las personas quitarse las máscaras que ha impuesto el ideal de la modernidad, y que se dejará emerger nuestras pulsiones, nuestras “sombras” para aprender a vivir con ellas, sin asustarnos de ellas ni ocultarlas, pues han estado ahí, como formas arquetípicas y son propias de la vida social, que ahora buscan estar como sucedía en la vida premoderna, que buscan emerger de nuestras reminiscencias.

Y así las cosas… y termino con esta invitación que nos hace casi al finalizar:

“…dejar aparecer en tanto que tal a la realidad misma. Ver, enseñar. Describir, metaforizar lo plural de las formas. No es forzosamente tranquilizador, pues la sombra tiene su parte. Pero se puede prescindir de ella, si se quiere desarrollar un pensamiento que acompañe a lo que es, un pensamiento que permita, de alguna manera, aprehender la dinámica interna de esas “cosas” sociales que se muestran con fuerza, con insolencia y también con ingenuidad”.

Con esta relectura, vinieron a mi mente imágenes de la juventud actual, de los niños de ahora, de los problemas generacionales para comprendernos unos con otros, de cómo, ellos, están siendo personas muy alejadas a las que somos, quienes rondamos por más de los 50 años.  Recordé películas futuristas, tendencias de moda, las nuevas adicciones, las banalidades de la juventud actual, las formas de comportarse que nos parecen descomprometidas, pues como afirma nuestros autor, son compromisos temporales, guiados por nociones, intuiciones, que duran lo que se necesita para atender lo que desean hacer y ya…

Y como docente, la cabeza me ha quedado dando vueltas y me he quedado con dudas. Si hay una regresión a formas arquetípicas del los modos de ser-estar desde la primigenia humana, ¿Cuáles son estas? ¿Son aquellas de nuestro cerebro reptil? Freud dijo que fue necesario pasar por procesos de civilidad para regular nuestras “sombras o resortes oscuros” y vivir en comunidad ¿Cómo vivir en comunidad, como hermanos, con formas de regulación dictadas por el deseo de algo? ¿Y con el desarrollo del cerebro por miles de años que nos ha llevado a relegar al cerebro reptil?

No sé… leer a Maffesoli en su lógica metodológica me parece de gran apoyo intelectual, pero leerlo en sus descubrimientos sobre nuestro avance y sentido societal, me deja en un estado de ansiedad intelectual… No hay que desistir, es un autor que merece nuestra atención, pues lo que escribe, tiene mucho de realidad.

jueves, 8 de julio de 2021

21 lecciones para un siglo que ya iniciamos hace 21 años ¿Conocemos los desafíos en que nos sitúa? ¿Estamos preparados?

 Harari, Yuval Noah. 21 lecciones para el siglo XXI. Penguin Random House Grupo Editorial España. Formato Digital 2018.

Para hablar sobre la experiencia de leer este libro, debo hacerlo situada en la lección 21, donde habla del valor e importancia de una educación que forme para vivir en el cambio, comprender que desde que nacemos estamos rodeados, invadidos de significados creados a lo largo de la historia a los cuales nos anexamos sin quererlo y mucho menos saberlo, la meditación como herramienta para asomarnos a nuestra propia mente e intentar responder la pregunta ¿Quién soy?

¡Qué libro! He pasado de una emoción a otra sin treguas ni mediaciones.  Cada lección fue explorando ideas que ordenan nuestro mundo actual y a la vez perfilan sentidos de realidad en los que ya vamos incrustados sin tener un gobierno personal para pensarlos, situarnos en ellos en un afán de verlos como son y no como nos dicen que son.  Y, pese a que me siento ignorante, perpleja, también siento una motivación para continuar explorando este tipo de ideas que, pese al baño de agua de fría, despabilan y activan fuerzas internas para reclamar el lugar de ser pensante y sintiente de la propia singularidad, como parte de un universo infinito.

A través de 21 lecciones o disertaciones, de manera extensa y lujo de detalles que acercan a la complejidad, aborda algunos de los graves problema que aquejan nuestro tiempo presente, dice

 “Como historiador, no puedo proporcionar a la gente comida ni ropa, pero sí intentar ofrecer cierta claridad, y de este modo contribuir a nivelar el terreno de juego global. Si esto empodera, aunque solo sea a un puñado de personas para que se incorporen al debate sobre el futuro de nuestra especie, habré hecho mi trabajo” (p. 7)

Y así es, desde la idea que somos “homo sapiens” productores de relatos, empieza analizando los tres grandes relatos que han cruzado por el mundo desde el siglo XX a nuestros días, lo que los caracteriza, su agotamiento y la desesperanza que nos invade al no contar esa guía sobre como pensar, proceder y nos vamos quedando en la necesidad de ser nosotros quienes nos autorregulemos.

Y en este extravío entre relato y relato, reflexiona sobre los desafíos en que nos sitúa el imparable avance de la tecnología, la transformación de creencias, la dislocación sobre el trabajo ante el avance de la robótica, cómo la tecnología con sus algoritmos “aprende a conocernos” y orientarnos, el poder que dan los “datos”, el reto que tenemos para conformar una comunidad de progreso que salve al mundo del daño mismo que se la ocasionado, de los retos de la política en un mundo globalizado, donde la tendencia a los nacionalismo, los apartamientos humanos no ayudan, nuestros miedos, las guerras, el terrorismo, los dogmatismos tanto religiosos como laicos, la ignorancia, la fuerza desastrosa de la posverdad, la educación y la valoración de vida como es, no es extraviada en un relato impuesto, sino asumirla como tal, aprender a relatarla tal como la percibimos, la vivimos.

Es tanto que digerir… sólo sé que tengo áreas de ideas subrayadas que necesito volver a leer y pensar.

Y también sé, que es un libro que todos necesitamos leer, jóvenes, madres, padres, profesionales, nosotros los maestros.  Nunca había visto un modo tan singular de abordar nuestra historia; la toma y la colocar al borde del tiempo que abre y nos coloca en situación de tomar decisiones, y la educación, campo que nos concierne tiene grandes retos:

“La humanidad se enfrenta a revoluciones sin precedentes, todos nuestros relatos antiguos se desmoronan y hasta el momento no ha surgido ningún relato nuevo para sustituirlos. ¿Cómo prepararnos y preparar a nuestros hijos para un mundo de transformaciones sin precedentes y de incertidumbres radicales? Un recién nacido ahora tendrá treinta y tantos años en 2050. Si todo va bien, ese bebé todavía estará vivo hacia 2100, e incluso podría ser un ciudadano activo en el siglo XXII. ¿Qué hemos de enseñarle a ese niño o esa niña que le ayude a sobrevivir y a prosperar en el mundo de 2050 o del siglo XXII? ¿Qué tipo de habilidades necesitará para conseguir trabajo, comprender lo que ocurre a su alrededor y orientarse en el laberinto de la vida?” (322).

Nuestro autor, invita a iniciarse en la meditación como herramienta que ayuda y prepara ante tanta realidad por reconocer, y está bien, si necesitamos la estabilidad emocional que deja esta técnica de reencuentro con uno mismo, pero también la lectura… hay que leer, informarse con conocimientos de calidad, desechar la información barata como igual, en algunas de las páginas de su libro indica.

Que lo disfruten.

 

sábado, 19 de junio de 2021

¿Un Estado que históricamente no ha respondido a las circunstancias...?

 


Luis Rubio. La nueva disputa sobre el futuro. Ideas viejas para un México Moderno. Editorial Grijalbo, 2021, edición electrónica.

Definitivamente, una lectura muy pertinente para el tiempo social, político, económico que se vive en medio de una inesperada pandemia, que ha venido a complicarlo todo.

Luis Rubio es un intelectual que publica en el Reforma, y alguna vez promoví su lectura en la maestría en que trabajé, por casi 30 años, pues sus análisis de la coyuntura siempre habría nuevas pistas de reflexión. Y ahora no es la excepción.

Aquí tenemos un libro de coyuntura perfectamente documentado donde sostiene que una tesis que nos aleja de buenos o malos, chairos o fifis, conservadores o demócratas, no, este autor nos ofrece un libro donde analiza el desarrollo de nuestros sistemas de gobierno y ofrece argumentos para sostener la tesis de que en México, todo NO nos ha venido tan bien, debido a que no hemos sabido construir un sistema de gobierno atento a los problemas sociales, que no se ha tenido la capacidad de resolver problemas a profundidad, de construir instituciones sólidas, legítimas que den garantías ciudadanas para la solución de problemas de todo tipo que nos aquejan.

Frente a ideas que hacen ver a un estado sostenido por una red de complicidades mutuas que viene de una estructura ancestral y autoritaria que se ha reproducido en todos sus niveles, y que a pesar de que se han intentado reformas, cambios, estos, han quedado en su mínimo desarrollo por cuidar más esas estructuras de poder que prevalecen hasta nuestros días.

El problema que plantea es grave, pues el mundo se ha transformado a pesar nuestro, y somos parte de un mundo que ahora nos exige formas de relación política y económica en las que no embonamos adecuadamente debido al poco desarrollo en nuestras estructuras, en nuestra legitimidad.

Cada capítulo nos muestra un aspecto de esta tesis, nos habla de los modelos de desarrollo por los que hemos pasado, los problemas de los gobiernos, cómo se enfrentaron, los pendientes que fueron dejando, pero siempre atento la estructura gubernamental, que, fincada en el poder de un solo hombre o presidencialista, parece no moverse.

Hay que leerlo, no me pareció un libro difícil tal vez porque vengo viviendo todo esto narra. Ya le experiencia de los 70s me tocó como profesional y ciudadana, y fui respirando esta historia, que hoy, con las palabras de Rubio, puedo situarme y comprenderme en ella.

La lectura no será igual para generaciones de este milenio, pero hay que insistir y apropiarse de la historia para comprender mejor nuestro mundo y ser capaces de actuar a la medida de las circunstancias, y salir de este atraso ancestral en el ya, ineludiblemente estamos, pero siempre es tiempo de iniciar el camino adecuado para el desarrollo, las nuevas generaciones lo agradecerán.

Y si bien, como dije, escribe en el Reforma hay por qué denostarlo. Todo aquel que piensa y comparte sus ideas, merece respeto, y si bien, no estamos de acuerdo, leerle permite igual pensar las nuestras para confrontar, y al hacerlo, nos ayuda construir nuestra postura. Leer a otros nos fortalece.


martes, 27 de abril de 2021

Oligarquía, autocracia o democracia. Tres modos de gobierno cuyos dictados de vida social necesitamos reflexionar.

 

Regreso a la Jaula. El fracaso de López Obrador. Roger Bartra, Penguin Random House Grupo Editorial, México, Edición en formato digital, marzo de 2021.

Este es un libro de coyuntura, una reflexión sobre el presente que corre, en la que el autor pone en juego su formación antropológica y amplia cultura teórica para contarnos cómo mira el acontecer político y social del gobierno presidencial en turno. 

El dibujo de la portada no es un lagarto (por aquello del "pejelagarto"), se trata de una salamandra, que de ajolote vivió su metamorfosis, pero, finalmente vuelve a quedar  atrapada, idea que trabaja en la “Jaula de la melancolía”), bueno es lo que yo imagino al ver la portada, pero quien sabe, no hay una explicación de la misma.

En cuanto a la formación del autor definitivamente, da garantía de una reflexión de amplio espectro, abre hilos de análisis histórico, sociales, políticos, culturales, que ayuda a los lectores a posicionarse en la coyuntura y aprender, propicia pensamientos que invitan a revisar nuestras tomas de decisiones desde los roles sociales en los que estamos implicados por pertenecer a este momento histórico.

 Es imposible hacer una narrativa que cuente de qué trata el libro pese a que el título orienta. Sólo puedo decir, que me vi frente a una historia en la que todos estamos situados, nos dice cómo fuimos entrando en ella, cómo estamos ahora frente a un gobierno que pretende alejarse de otro que desdeña en el discurso, pero que en los hechos no puede abandonar, generando el rompimiento de promesas. 

 Es una lectura que refresca la memoria sobre lo que ha venido sucediendo desde antes de las elecciones de 2018, y las que estamos punto de vivir en junio de 2021, y quien va leyendo se asoma a algunos sucesos con sus detalles confirmando que ahí estuvimos, que somos parte de esta historia, dejando preguntas:  ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué tanto sé de esto? ¿Desde qué premisas tomé decisiones electorales? ¿Por qué hoy apoyo, rechazo o ignoro la toma de decisiones del gobierno lopezobradorista? ¿Qué decisión tomaré el 6 de junio próximo? Y así…

 La tesis de Bartra es que este gobierno se enmarca en una necesidad de regresión a un tiempo que fue mejor, un tiempo que fue antes de nuestra inserción al proyecto neoliberal que tuvo entrada con Salinas de Gortari; una regresión que nace de una melancolía por otros tiempos, otros guías, otra  economía nacionalista cuyas promesas de desarrollo eran a partir un Estado del Bienestar, no de la Empresa Privada que hoy tenemos.  Nos dice que ese tiempo añorado, responde a otra fase de la historia, a otra realidad, por tanto, es un fracaso, ya que no se puede volver cuando estamos inmersos en nuevas coyunturas. 

 Por tanto, la idea de fracaso de este gobierno, no tiene que ver con acusar y defenestrar a una persona, en este caso a López Obrador, sino comprender quién es, qué hace, qué lo guía, por qué desea dar este giro a la historia.

 Los análisis y argumentos que se dan son muchos, podemos estar de acuerdo o no con el autor, pero indiscutiblemente nos lleva a pensar en los problemas que se abren con esta tendencia de regeneración de algo que tuvo su tiempo, y quererlo renacer, es traer a la vida a “algos” que harán más daño que bien.

 Me quedé con muchas preguntas, ideas, preocupaciones, por ejemplo, esto de que venimos de una oligarquía, ¿queremos una autocracia? ¿es pertinente en los tiempos histórico-sociales que corren por el mundo? ¿es posible moralizar a los mexicanos imponiendo sobre nosotros una idea idílica de lo buenos que somos dejando atrás el perfil del mexicano que heredamos del siglo XX? Y así… ideas que cimbran y exigen adquirir mayoría de edad ciudadana para ser capaces de tomar buenas decisiones sobre los gobiernos que necesitamos en todo nivel, municipal, estatal, legislativo, presidencial.  

 Hay que leer el libro, juzgarlo negativamente antes de adentrarse por sus planteamientos, impide la crítica capaz de abrir otras oportunidades. 

domingo, 11 de abril de 2021

¿Los educadores tenemos una formación antropológica? ¿Es necesaria?

 

Leer el libro de Roger Bartra, “La jaula de la melancolía. Identidad y Metamorfosis del mexicano” publicado en 1987, me ha dejado una gran preocupación y angustia profesional, que al final aclararé.

Si bien, el concepto de melancolía deviene de una larga duración (dice el autor que data aproximadamente 2 milenios y medio, ya desde Hipócrates se le reconocía), en la cual, se ha llenado de una variedad de significados y efectos en sus momentos histórico, en este libro, el concepto es acotado como un sentimiento de añoranza de momentos míticos vividos, de una nostalgia histórica que a su paso se ha ido fortaleciendo con emociones complejas que desembocan en tristezas, resabios, violencias, inconformidades, que hablan de viejas heridas abiertas que no sanan.

La antropología es un campo disciplinario que no me es cotidiano, y nunca hubiese leído un libro de este tipo si no fuese por la necesidad de leer otro recién publicado “El regreso a la Jaula”.  ¿De qué jaula me pregunté? Iniciada la lectura, tuve detenerme para averiguar de qué escapamos y a qué hemos vuelto. 

La lectura no es sencilla, pues el autor hace un análisis de la identidad mexicana desde una mirada amplia, epistémica diría yo, pues echa mano de biólogos, historiadores, otros antropólogos, ensayistas como Octavio Paz, filósofos diversos, sociólogos, etc., y lo que me ayudó fue haber leído otro libro hace poco “La patria y la muerte” de Trueba Lara, donde se aborda como se construyó la identidad mexicana a partir de la revolución. 

Ha sido una lectura muy reveladora de tantas ideas que nos cruzan como mexicanos, que más que una certeza informativa acumulada, deja, es una gran cantidad de metáforas por explorar.

Se trata de un libro que provoca continuar con una investigación para reencontrarnos con nosotros mismos, clava inclemente preguntas sobre quienes somos, por qué hemos llegado a este punto de la historia cargando tantas ideas ya ni siquiera reflexionadas, tornadas mitos ancestrales, despojadas de su origen, tiempo y espacio que organizan nuestros modos de sentir, pensar, hacer, ser…

A reserva de volver a leer este libro (una sola lectura no es suficiente), me han quedado tres ideas que cimbran:

·       El mito del edén subvertido, que se explica desde el momento en que se encuentran dos culturas, una “salvaje”, otra que se afirmaba “civilizada”, y en este suceso, se construye la noción de “cultura originaria”, que arrancada de sus costumbres, formas de vida, y es lanzada hacia una modernidad que como promesa, nunca alcanza, por ello, se piensa que fue un pasado originario, mejor,  al que se anhela un regreso imposible, dando lugar a la melancolía.

·       El mito de la sociedad campesina, cuyo despliegue temporal, cultural, difiere de las sociedad urbanas, en desarrollo pujante, que deviene después de la revolución, momento en que había que hacer cambios y a éste, los campesinos olvidados, lastimados, llegan a las ciudades guiados por promesas de justicia social, a la construcción de un hombre nuevo y libre, promesas que nunca se cumplen y aumentan esas heridas sociales llenas de nostalgia por la vida de los pueblos, siempre más acogedora que la frialdad urbana. Y nuevamente, la mirada al pasado con profunda añoranza, porque en lo pasado, ya solo se recuerda lo mejor que ha sido idealizado.

·       Que la creación de la identidad del mexicano, responde a las necesidades de desarrollo de una sociedad dominante que ignora la variedad de Méxicos en un mismo México.  Se es mexicano desde una forma legitimada sin ver todos los claros-oscuros que esto encierra y esta situación de imposición, aumenta esta melancolía social gestada hace siglos.

Estas tres ideas las desarrolla desde una interesante metáfora, la del ajolote, un anfibio que siempre permanece en estado larvario, el cual se encuentra en extinción.

Bartra usa esta metáfora para indicar, que los mexicanos hemos estado en este esta larvario, que desde nuestro estado “salvaje”, estado original en que nos encontraron los otros, y que no hemos tenido las condiciones para consolidar una metamorfosis; que hemos tenido un contexto complejo que nos ha llevado más a la extinción de esa forma de ser primigenia, y al estar en la amenaza de extinción, lo que estamos haciendo es reconstruirnos en otras personas, naciendo como “otros”,  capaces y fuertes para responder a a los nuevos desafíos de la época.

Este análisis, lo realiza, cuando se dan los movimientos sociales de fines de los ochentas, cuando surgen nuevos partidos, y el dominante, vive resquebrajos que anuncian su final.  Sostiene, que los mexicanos estamos saliendo de la Jaula, que estamos abandonando ese pensamiento melancólico que nos llevaba a la añoranza de tiempos pasados, incapaces de construir futuros alternos y más prometedores.  Es un libro optimista… ¿Realmente si logramos salir? Y si salimos, ¿Qué nos ha pasado? ¿Estamos retornando? Bueno, es tiempo de volver a la lectura de “El regreso a la jaula. El fracaso de López Obrador”, y les cuento luego.

Pero ¿por qué me he quedado tan preocupada? Ya casi tengo 44 año de ser profesora, y leyendo este libro me he preguntado ¿por qué hasta ahora tuve la oportunidad de pensar en quién es “este sujeto llamado mexicano” que ha estado bajo mi trabajo pedagógico? ¿He trabajado con la noción política hegemónica construida por el poder en turno? ¿he contribuido a formar personas melancólicas al ser una empleada del estado mexicano? Y las respuestas son muchos sí.

Desde que se tiene conocimiento de lo curricular, eso se sabe, se forma al sujeto que cada momento histórico necesita, eso me queda claro, pero lo que es imperdonable es hacerlo en medio de la ignorancia sobre las personas que somos por el resultado de la historia social, ignorantes de todos los elementos fundantes de nuestras formas de ser, pensar, sentir. 

La formación normalista, aunque dependa del Estado, necesita una lectura antropológica sobre las personas a quienes educamos, si lo hacemos, nuestra pedagogía será más sensible a las formas de constitutividad humana que necesitamos y nos merecemos como sociedad, rescatando nuestra historia real, no idealizada.  Nacer desde lo que potencialmente somos. Y esto aún no lo hemos explorado.