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martes, 30 de mayo de 2023

"Decir el mal. La destrucción del nosotros" Ana Carrasco-Conde.

 

Ana Carrasco-Conde. Decir el mal. La destrucción del nosotros. Galaxia Gutenberg, Barcelona. Formato digital, 2021.

 La autora inicia así: “Este no es un libro amable, aunque he tratado de escribirlo con amabilidad para quien lo lea y para mí misma. Es un intento de pensar el mal sin caer en el tópico de lo indecible, de lo ilimitado y de lo inimaginable. Porque lo cierto es que el mal puede decirse, concebirse, imaginarse, definirse, localizarse e identificarse.”

Y lo confirmo, leer este libro no ha sido fácil, no porque sea compleja su escritura, ya que la autora ha tenido sumo cuidado en sus palabras para plantear este asunto de “decir el mal”.  La escritura es pulcra, cuidadosa, preocupada por compartir ideas que necesitamos visibilizar y sobre todo, sentir e implicarse; si bien sus argumentos filosóficos son varios y profundos, éstos no impiden quedarse ahí, abrevando de la calidez de su lenguaje y adentrarnos por este problema tan viejo como la humanidad misma, pue el mal tiene que ver con todo aquello que nos va restando eso mismo.  El mal destruye el nosotros.

He olvidado cómo llegué a este libro, pero desde que supe de su existencia, me hice de él y hoy me siento partícipe de la preocupación de la autora por escribir y difundir esta reflexión sobre eso que vivimos y normalizamos en la vida cotidiana y que desconocemos hasta que un día, como olla de presión, explota y da pie a heridas, daños, injusticias,  odios, delirios de poder, insensibilidad que puede llevar masacres, limpiezas étnicas, xenofobias, etc.,  y sólo, ante esos desastres emerge la pregunta ¿por qué pasó esto?

La autora, después de reflexionar varias posturas filosóficas sobre el mal, acuña ideas que hacen pensar y preocuparnos, pues nos alerta sobre la necesidad de aprender a mirar la forma en que nos relacionamos con las personas que nos dieron la vida, con las que crecimos, con quienes hemos hecho amistad, con quienes tenemos tratos cercanos y no tanto, con quienes tenemos una mala relación, a quienes despreciamos y odiamos, pues ahí, coexisten lo que denomina “mal ordinario”, eso que tiene que ver con los modos de relacionarnos con los demás, y que ellos, tienen hacia nosotros que nos afectan, padecemos, y de a poco, son la simiente de  formas de relación imposibles que rompen nuestros lazos y nos orillan a actos conscientes e inconsciente de maldad. El mal está entre nosotros y necesitamos reflexionarlos para aprender a cuidar nuestro trato mutuo, y así, ser mejores personas.

Ana Carrasco-Conde no habla víctimas y victimarios, de culpables e inocentes, sino de dolor, sufrimiento por el daño causado por actos humanos de exterminio, sometimiento, injusticias, aniquilación, atropellos que se documentan por todas partes, hoy tan difundido por las redes sociales y a los que cada día nos vamos acostumbrando más y más.  A ella, no le interesa encontrar culpables, sino responder esa pregunta que nos asalta cuando estamos en medio de sucesos donde unos lastimamos a otros de modos para los que a veces no hay palabras: ¿Cómo se llegó a tal crueldad?

Para moverse por esta pregunta, va analizando diferentes conceptos sobre el mal aportados por la filosofía desde el mundo griego hasta el siglo XX, y termina diciendo, que si bien los conceptos dicen algo sobre el mal, siempre se quedan cortos frente al horror que seres humanos somos capaces de causar a otros; dice que los conceptos se quedan dentro del mismo cuerpo teórico que los gesta, y por tanto, son como una caja, ahí dentro, explican todo su interior, pero no lo que está fuera,  y eso que no se puede explicar, se ve como una anomalía (si seguimos a Kuhn), queda “fuera de la caja”, se excluye.  Ahora bien, si partimos de que la realidad es magmática, caótica, múltiple, ninguna “caja teórica” puede contenerla, por tanto, al mal hay que leerlo, comprenderlo con esos conceptos que tenemos hasta hoy, asomándose hacia fuera de la caja, y así comprender con esas versiones, la crudeza del mal del que somos capaces los humanos de infringir, pues como dice ella, aún no hemos visto a un animal construir “máquinas para matar” a sus presas. Parece que el mal, es cosa de humanos.

Con esta cautela teórica, revisa ideas de Platón, Aristóteles, Kant, Schelling, Bataille, Spinoza, Heidegger, Hannah Arendt y muchos otros más.  Con tales versiones sobre el mal, va analizando casos reales, como la masacre de Ruanda entre los Tutsi y los Hutus, escenas del exterminio judío por los nazis, las guerras de Camboya, asesinatos de mujeres, de niños, etc., y nos dice que esos conceptos parecen exculpar al sistema que los explica, dejando la carga de culpa al ser humano, a quien, desde diversas explicaciones se le postula como un ser frágil , impuro, inconforme, egoísta, atrapado en sus pasiones, en sus pulsiones y delirios, y ahí, en tal forma de ser,  decide hacer el mal de maneras infinitas.  Nos dice, que hemos llegado un pesimismo antropológico, que nos pensamos como seres malvados por naturaleza y por tanto, necesitamos una cura tal vez, o expiar nuestras acciones si creemos en un Ser Superior que nos ayude a cambiar.

Ana Carrasco, se ayuda con esas ideas largamente investigadas, y filosofa con ellas para “mirar fuera de la caja”.  Por ejemplo, aludiendo a Hannah Arendt, la filósofa de la natalidad, nos hace ver algo importante, dice que nacemos ya entrados en vida, es decir, al nacer ya somos parte de una comunidad que nos acoge o nos desprecia, y en ese espacio crecemos siendo amados o rechazados, fortalecidos o aniquilados.  Nacemos y crecemos en medio de otras personas, quienes nos aportan su cultura, su lenguaje, su cosmovisión, sus pasiones y hasta desencantos, y con todos ellos se da lo que denomina “intra-intersubjetividad”, esto es, ellos, ellas, elles, y todo ser viviente, se vuelven parte de nosotros y nosotros parte de ellos, quedamos interconectados por los modos de relación que se privilegien. 

Eso del individualismo que hoy tanto se fomenta e induce a creer que cada uno puede hacer con su vida lo que le apetece, se irrumpe, pues al pensar que vivimos entre otros, que nos constituimos mutuamente en la convivencia y podemos creer en el verso de Octavio Paz, “los otros que nosotros somos”, para reconocer límites por la misma convivencia,  tan importante para Hannah Arendt que la lleva a plantear que nacemos con una vida comenzada porque la vida de los otros entra en nosotros y nosotros, entramos en sus vidas, quedando interconectados, íntimamente relacionados en grados diversos. Ahora bien, si en esta vida juntos inevitable, crecemos y nos educamos cuidando con empeño, esfuerzo y calidez nuestros tratos mutuos, evitaremos infringirnos daño y por consecuencia, viviremos en el permanente esfuerzo de ser mejores personas.

Lo anterior, se lee bonito, lo sé, pero definitivamente no es fácil. Ella dice: “Nacemos orientados hacia una forma de estar, de vernos y de ver el mundo. Nacer no es comenzar a vivir: nacer es vivir relacionadamente. Lo que llamamos bien y mal brotan de esa relación. La teoría del apego sostiene que, precisamente en este ya estar comenzados, se instituye un modo de interacción que tiene lugar en un contexto social y que acaba convirtiéndose en una estructura interna de funcionamiento y visión del mundo en base a un sistema representacional.” Tales ideas me hacen pensar en la real-realidad, en el mundo, en nuestros contextos, en este aquí-ahora que nos ha tocado vivir, en la intemperie como dice Melich.

En la real-realidad hay que vivir, y muchas veces se sobrevive, y en tal estado, nuestra humanidad va quedando en pocos trapos, las necesidades básicas nos atosigan para vivir a tropel sin tiempo de reflexionar nuestra relación con los demás y entonces, nos olvidamos de esos buenos tratos mutuos para cuidar el buen desenlace de nuestra intra-intersubjetividad y en ese momento, empiezan a suceder cosas que se mueven y retuercen en nuestra subjetividad, y pueden llevarnos a infinitos sufrimientos.

El mundo que nos rodea, nuestros contextos, favorecen o no esa “buena-convivencia”, y se gestan ahí, modos de relacionarnos que se van poniendo en actos cotidianos, y sin percatarnos, terminamos acostumbrados a un mal-trato colectivo normalizado, bien visto, y decimos, “no es para tanto”.  Así, “el mal” va tomando presencia, pero no lo vemos, cobra forma y expresión en resentimientos, odios, perversiones, que se mueven y retuercen dentro de nosotros y pueden generar al tiempo, daños, dolor, tristezas, que estrujan la vida de todos los implicados.  El mal se va incubando en y con nosotros, se va normalizando; no lo vemos; va con nosotros de manera siniestra, y por tanto, estamos en peligro. De ahí la urgencia de mirar y aprender a “decir el mal”, de reeducarnos para evitarlo.  Nuestra autora le apuesta a nuestra humanidad, los seres humanos tenemos esperanza.

Por tanto, se nos invita a reflexionar nuestras formas de convivencia, ahí donde el mal nos es consustancial, ahí donde arraiga mediante patrones que necesitamos reconocer para modificarlos y para ello, vuelve a interpelar a Hannah Arendt rescatando su concepto de “solitud”, con el que explica nuestra cualidad de hablar con nosotros mismos, de detenernos a revisar, a reflexionar qué estamos haciendo, sus implicaciones, captar los efectos consecuencias de nuestros actos.  Arendt dice que la solicitud, nos hace personas, nos ayuda a responsabilizarnos, a sensibilizarnos para decidir cómo actuar.

Si “platicamos con nosotros mismos” (solitud), podemos reconocer nuestros modos de relacionarnos y mantener esta preocupación de no infringir un daño a los otros con nuestro hacer, nos cuidaremos de no practicar el mal normalizado, de atender a tiempo nuestras formas de convivencia y alejarnos de los horrores que somos capaces de causarnos.  Si cambia nuestro modo de sentir y pensar a los otros, el mal desaparece.

 Nuestra autora, piensa al mal como el producto de una dinámica relacional. Por ello, es necesario reconocer las figuras perversas del mal que somos capaces de entretejer en nuestro modo de estar con los demás, hasta ser capaces del horror más extremo cuyo daño destrenza a las personas arrancándolas de una vida digna y las somete al daño más vil y humillante.  Ella nos plante 9 formas en que el mal se puede visibilizar (las copio textuales)

“(1) …la deshumanización de la víctima, por la cual ésta se entiende como una cosa o un animal no humano;

(2) …la víctima como un ser humano y pervive un sentimiento de culpa, remordimiento o conciencia del daño, pero se trata de obtener un beneficio o evadir el mal en propia carne. La víctima sería un efecto colateral para sobrevivir, ascender posiciones o alcanzar una ganancia a costa de los demás;

(3) …se hace el mal o se permite para obtener un beneficio y, aunque se sabe que quien padece el daño es un ser humano, no hay sentimiento de culpa. No hay un empleo del poder sobre otro como fin en sí mismo;

(4) …el mal narcisista, el perpetrador hace el mal con el propósito de ser el centro de atención o por considerarse, egocéntricamente, el centro de la vida de los demás, de modo que los utiliza como medios y, como efecto colateral, les causa un daño del que no es consciente o no le importa. Los demás son actores de reparto de la propia vida. El perpetrador experimenta dolor o placer hacia sí mismo y las reacciones que genera, pero carece de empatía con respecto a los demás;

(5) … el otro sería reconocido como enemigo al que se odia y se quiere erradicar;

(6) la sexta figura, relacionada con un reconocimiento diabólico, introduce el elemento del goce. Quien hace el mal puede seguir una orden, una ley u ostentar una posición de poder y utilizarlas como excusa, porque generar daño o perjuicio provoca un disfrute por parte del perpetrador, que sabe y siente que la víctima sufre, y este sufrimiento es el motivo por el cual experimenta placer. Cuanto más someta a su víctima, cuanto más consciente sea de dónde y cómo hacer daño, más disfruta ejerciendo su poder.

(7) …la ebriedad del poder en sí mismo, el perpetrador está desconectado de la víctima: lo que importa es el ejercicio de poder sobre el otro y el refuerzo del orden del que forma parte el victimario. Disfruta del «poder hacer», pero no tanto del dolor de la víctima en sí misma;

(8) en la octava figura, la del estoicismo sadiano, desaparecen culpa o goce. El perpetrador hace el mal automáticamente, con apatía: ni quisiera hay placer o goce porque no siente nada, ni hacia la víctima ni hacia sí mismo. Lo que cuenta, como en el caso de los jemeres rojos, es cumplir un plan o ejecutar un sistema independientemente del coste (ajeno y propio). Es el mal más eficiente y más frío y el asociado a los grandes totalitarismos;

(9) …el mal se hace y el daño se contempla o se permite con indiferencia. Se reproduce, incluso con automatismo. Puede que ni siquiera se obtenga beneficio alguno. Todas estas formas de reconocimiento pueden combinarse y darse simultáneamente en los acontecimientos históricos o en los actos dañinos de la vida cotidiana.” (p. 247).

Cada una estas figuras las analiza a partir de los conceptos que recupera en su investigación a lo largo del libro.  Desde el comienzo, hasta el final, su intención es decirnos que el mal no es algo ajeno a nosotros, sino que nos es consustancial, que los seres humanos somos capaces de hacer las más indecibles, vergonzosas, indescriptibles canalladas, y que, en ellas, todos estamos implicados. 

Pero también defiende nuestra humanidad, sostiene que podemos ser capaces de hacerlas por ignorancia, por la herencia de una mala educación que valore a los demás, por miles de razones, pero, como humanos, también somos capaces de evitarlas haciéndonos cargo de nuestra forma de convivir, asumiéndonos como personas al detenernos para pensar, analizar, sopesar nuestros pensamientos, emociones y acciones al tratar con el respeto que siento merezco, a los demás.

Y termino preguntándome ¿Para qué educamos? ¿tener una formación culta evita el mal cotidiano? ¿la educación sensibiliza? Con este libro me ha quedado claro que podemos tener una educación muy culta pero insensible (los asesinos de judíos escuchaban música clásica, leían a Kant), y que necesitamos una educación donde todo lo que se aprende, se conecte a nuestro modo de coexistir y privilegiar que nuestro conocimiento nos permita cuidar mejor nuestro trato hacia a los demás, si lo hacemos, la educación habrá ganado algunas batallas en la erradicación del mal.

lunes, 8 de mayo de 2023

Carlos Granés. Delirio americano. Una historia cultural y política de América Latina.

 

Carlos Granés. Delirio americano. Una historia cultural y política de América Latina. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2022. Edición Electrónica.

 

Este es uno de los libros en los que más he invertido tiempo.  Es normal que cada libro requiere determinadas habilidades lectoras en función de los asuntos que se abordan y el modo de plantearlos, de nuestro interés por conocerlos y del deseo de continuar en él, del estilo del autor, de la disciplina, formación y cultura personal, de la tolerancia y respeto a las ideas contrarias a las propias, etc.  Desde tal perspectiva, eso de la “lectura rápida” con comprensión que algunos proponen, queda en duda.

Sería genial leer invirtiendo poco tiempo, pero cuando surge la necesidad de detenerse en las ideas que importan para buscar información alterna y reinterpretarlas, atender las preguntas que se suscitan, hace que el tiempo destinado para lectura se alargue.  Como profesora, nunca promoví la lectura rápida; pienso que leer es una actividad personal para la que no existen recetas, cada lector construye su estilo; lo que nos resta hacer como educadores es buscar modos didácticos que entusiasmen a los alumnos y la vivan como una aventura personal en la que enfrentan retos de comprensión, de tiempo, de organización de prioridades, todo sólo por el gozo de apropiarse de ideas, imágenes, datos que permiten situarse mejor en la vida compartida con otros y facilitando la toma decisiones ante el acontecer cotidiano.

Dicho lo anterior desde la docencia, les cuento que este libro se conforma por 800 páginas que aportan una lectura amena, pero con ese costo de tiempo, que no se siente como tardanza, sino como un “tiempo alargado” que permitió ampliar mi conocimiento sobre situaciones y personajes vinculados al arte, la cultura, la política, cuya influencia dio orden y sentido al siglo pasado y aún pululan por la segunda década del siglo XXI.

Este libro hace un recuento de los sucesos político-culturales que marcaron los derroteros de una América Latina convulsionada por movimientos, algunos ya en extinción, otros aun dando coletazos de sobrevivencia, y el nacimiento de otros como efecto indeseable de los anteriores.  Es una historia que nos compete, que demanda desafiar al tiempo en “modo cronos”, cuyos “tics tacs”, impiden darnos la oportunidad de indagar y preguntarnos por las “fuerzas vivas” de larga presencia, que dan forma a nuestro presente.  Leer libros de este tipo propicia aprehender todo aquello a lo que tenemos derecho y deber de conocer como ciudadanos.

Además, este libro tiene cierto encanto.  Como docente, yo diría que tiene una “pedagogía peculiar” pues desde la primera página nos encontramos con una escritura que abraza y da confianza; se percibe la pericia del autor en el dominio de los temas; es un texto ameno donde se detallan momentos de la historia con asombrosa habilidad, y al hacer esto, nos implica en tales asuntos cualquiera que sea nuestra edad, pues si bien, alude al pasado, es imposible no relacionar aquello con lo que ocurre hoy.  Nos muestra un entretejido de acontecimientos entre el ayer y el presente y pueden verse las raíces de nuestra experiencia política y social de nuestros días.  El autor con habilidad, ha fraguado una versión diferente a las conocidas y a cada párrafo aporta luz a nuestra ignorancia, y se puede continuar con entusiasmo.

Y llegó el día en que la lectura terminó… En mi caso, experimento un dejo de pesadumbre, tal vez por ser educadora. Por un lado, se reconoce estar en medio de procesos coyunturales que emergen de otros con larga presencia, procesos veloces que nos cimbran sin poder analizarlos debido a que se posee una mirada corta, borrosa debido a una deficiente formación histórica, política y ciudadana; nuestros conocimientos descontextualizados, vagos, ideologizados, son insuficientes para comprender los dilemas y rumbos que hoy se toman como sociedad, lo cual, pone tela de juicio a la educación por la que hemos pasado.

Por otra parte, me parece que increpa nuestra postura ciudadana y despierta preguntas como ¿Por qué siendo actores sintientes y pensantes de acontecimientos indefendibles quedamos atrapados, empobrecidos y gobernados por el poder en turno?  ¿Por qué somos presa fácil de ideas delirantes alejadas de una vida democrática? ¿Por qué es tan fácil idear falacias de sociedad y creer en ellas en forma igualmente delirante?  Como profesora cuestiono mi propia docencia ¿He apoyado tales sentidos sin saberlo? ¿Cómo ha sucedido?

El título del libro, alude a los delirios y cabe preguntarse ¿Qué es un delirio? Si consultamos un diccionario vemos que se trata de una cierta forma de percepción del mundo fuera de los criterios comunes para hacerlo; quien delira, mira “algos” en la realidad que nosotros no vemos, y cree en ello como acto de fe.  Por el lado médico, hablar de delirios refiere a una patología que amerita tratamiento al tratarse de personas incapaces de situarse en el mundo común a todos, sufren y necesitan ayuda para hacerlo.

Pero, si hablamos de delirios en el mundo del arte, estamos frente a personas que viven de su imaginación, personas que necesitan esas ideas intangibles para nosotros para crear, diseñar, para habitar realidades alternas en las cuales se fugan para crear sus grandes obras.  El delirio en el arte propicia la originalidad, una ensoñación plasmada en sus creaciones muchas veces incomprendidas por no compartir el delirio del artista. El arte es un lenguaje que necesita libertad para mostrar resquicios de la realidad donde perciben “algos” posibles de darse en el tiempo; el artista usa un lenguaje metafórico, estético para mostrarnos su mirada. 

Nuestro autor afirma que los delirios en el mundo del arte no son un problema, que el pintor, poeta, escultor, novelista, actor, (y también el intelectual), necesitan salirse de los marcos de la realidad, y que su preocupación no radica en que sucedan en la realidad, sino de mostrar sus delirios a todos, y mover con ello, nuestras emociones.  Pero si tenemos un problema cuando estas ideas se retoman en el mundo de la política y se llevan al mundo real, entonces la ensoñación que promete frente a una realidad determinada por sus problemas, se confronta.  Desde la política, la realidad pretende encorsetarse en las ideas delirantes, y sucede que la realidad siempre ofrece resistencia.

Carlos Granés, analiza la historia de América Latina desde la historia del arte, eje que le permite plantear tiempos y criterios que llevan al abordaje de ideas ya conocidas de otra manera.  La mira un parteaguas cuando los poetas e intelectuales, pintores, escultores, ya no quieren quedarse en las ideas contemplativas, sino que desean ponerlas en acto, llevarlas al mundo de la política para lograr la transformación de la realidad. Con esto, nos invaden nuevas palabras, como utopía, socialismo, emancipación, revolución, vanguardia, los oprimidos, la guerra de guerrillas, liberación, etc., con las cuales se pusieron marcha proyectos más de corte voluntarista, sin percatarse que transformar una sociedad exige una larga temporalidad, que las inercias, la cultura, no pueden cambiarse a contentillo de un poder que lo ordena.

Las ideas de los artistas e intelectuales se mezclaron con los políticos, y muchos de ellos, se hicieron políticos, quedaron bajo el auspicio del Estado.  El poder político terminó cooptando las ideas que se pregonaban para salvación humana, las cuales se tornaron armas para imponer gobiernos valiéndose de todo tipo de métodos.

Por ello, el libro inicia describiendo con detalle cómo a partir de la década de 1890, cuando Cuba vive la guerra de separación de España, emerge un poeta que da un giro a la historia latinoamericana, se trata de José Martí, quien pensó y escribió poemas y relatos sobre la importancia de los pueblos americanos, de la libertad, del amor a la patria cubana, y no solo fueron palabras escritas, sino que participó y murió en la guerra de liberación de España.  De este modo, su obra se politizó, y fue ejemplo a seguir por otros poetas importantes como Rubén Darío, Huidobro, Lugones, en fin, la lista es larga de todos los actores que difundieron ideas sobre la identidad y destino latinoamericano, sobre el reconocimiento de nuevas amenazas, como lo fue Estados Unidos.

Con habilidad novelística, se narra la participación de grandes poetas, escritores, pintores, dramaturgos, arquitectos de los países de América Latina, desde este ángulo, da cuenta de los sucesos del Perú, de la Argentina, Brasil, México, de todos los países, de la revolución cubana, y su poder de influencia para formar al hombre guerrillero de los 60s, 70s.  En su historia vemos surgir y caer a caudillos, guerrilleros, amados líderes en una América muy convulsionada, y nada ajena a los sucesos del mundo del siglo XX.

Sería imposible hablar de cada movimiento cultural y su repercusión en la política.  Nada mejor que volver al libro, y leer y releer tan interesantes relatos. El libro es una fuente de datos, y puede ser abordado desde varios ejes, como libro de lectura para aquellos doctos en la relación entre arte y política, o como libro de estudio, de iniciación para quienes apenas conocemos de estos asuntos.

Sólo puedo invitar a leerlo, no sin dejar de plantear la propuesta final que hace el autor sobre nuestra tendencia a encerrarnos en ideas, a defendernos de lo externo queriendo asumir una identidad que se cree original y no debe contaminarse, pues se ve como una agresión a nuestra raza.

Nos cuenta de los brasileños, quienes en su historia han sido más abiertos, desde mediados del siglo pasado, han practicado una antropofagia cultural, es decir, desde su cultura original, reciben todo tipo de influencia sin despreciarla, por el contrario, aprenden de ella para enriquecer la propia.  Dejan entrar lo nuevo, usan lo mejor, lo incorporan y elevan su nivel cultural.  Carlos Granés, antropólogo, nos invita a seguir este ejemplo, partir de que lo somos, convivir con lo abierto y estimular nuestro desarrollo.  Nunca perderemos nuestra mexicanidad, y todo lo que nos llegue, al salir, tendrá nuestra versión.

Es una propuesta interesante, sin embargo, frente a una forma de gobierno que todos los días nos regresa a una ideología que defiende un puritanismo cultural, que reniega de nuestra raíz española y ensalza la indígena en el discurso, no resultará fácil.  Por eso, más que nunca, hay que leer este libro….


viernes, 24 de febrero de 2023

¿Qué papel ha jugado la educación en el viaje de la humanidad? Oded Galor nos aporta algunas pistas...

 

Oded Galor. El viaje de la humanidad. El big bang de las civilizaciones: el misterio del crecimiento y la desigualdad. Traducción de Olga García Arrabal. Ediciones Destino, 2022. Edición electrónica.

 Pues no puedo estar más orgullosa de mi intuición lectora; a medida que leo, se van abriendo rumbos que abordan esas interrogantes que durante mi larga vida profesional fui acumulando, y ahora, con algo de tiempo disponible, que confieso defiendo de los imperativos placenteros de la vida cotidiana que pretenden alejarme de mis nuevos planes, insisto, persisto.  Y aquí sigo, leyendo, pensando y si puedo, escribo sobre alguna idea con relación a la formación, que sigue siendo mi preocupación.

Y me encontré con este libro “El viaje de la humanidad” de Oded Galor de reciente publicación, donde expone una teoría muy interesante que aborda el problema de la desigualdad humana planteándole como un misterio que necesitamos descifrar.  Le llama “Teoría Unificada del crecimiento” y si entendí bien, consiste en una revisión integral de los factores que han participado del desarrollo o estancamiento de las diversas sociedades de nuestro tiempo.

Dice que, hasta el momento, se ha reflexionado el progreso o estancamiento por métodos separados; por un lado, los enfoques económicos, culturales, por otro, los antropológicos, sociológicos, etc.  Pero tales abordajes, no propician una mirada profunda que de cuenta de una sería de fenómenos causales que tienen que ver con sus historias, su caminar desde su origen como sociedad, por su evolución como especie y como productor de tecnología para su subsistencia, lo cual tiene que ver también con sus entornos físicos, culturales y construcción de instituciones.  Afirma que, si no tenemos este reconocimiento, no sabremos que aspectos trabajar para un desenvolvimiento futuro que lleve al progreso de estas sociedades.

En su interesante método, plantea tres momentos en este largo viaje como humanidad, la época malthusiana, la post malthusiana y la del crecimiento moderno.  Dice que la primera, nos ha ocupado la mayor parte de nuestro tiempo, algo así como el 90%, y que solo durante los últimos dos siglos es cuando se han dado una serie de transformaciones que han marcado un punto de quiebre para que la humanidad diera pasos insólitos para los siglos anteriores.

Afirma, que el ser humano, “homo sapiens”, puebla la tierra desde hace 300,000 años, que le llevó mucho tiempo desarrollarse, adaptarse inteligentemente gracias a su cerebro, moverse por la faz de la tierra y ocupar todos sus rincones, desarrollar tecnología para ayudarse en su subsistencia, le llevó milenios descubrir que podía sembrar, producir su alimento, que podía construir civilidad formando ciudades  gracias a la revolución neolítica, que todos concuerdan surge en el llamado “Creciente Fértil”, hace casi  12.000 años debido a la  abundancia de una amplia variedad de especies domesticables de plantas y animales, que aprendieron a domesticar.  Cuando pensamos en el surgimiento de las sociedades milenarias en comparación con el surgimiento de la especie humana, nos encontramos con una cantidad de tiempo viajando como humanidad, que sorprende  tan reciente nuestro progreso en los últimos dos o tres siglos. ¡Asombroso!

 

Nuestro autor, afirma que, como especie humana, vivimos atrapados en la “Tesis malthusiana” por un enorme tiempo.  Esta tesis sostiene que se crea o nace más gente que consume lo que se produce, en vez de generar más gente con capacidad de acumular, de tener excedencia de recursos y esto se vuelve un círculo de miseria, es decir, si hay más alimento, se genera estabilidad, nacen más hijos, y un día, el nivel de vida cae, la tecnología con la que se cuenta no alcanza para mantener la nueva demografía generada por el mismo progreso. A esto le llama uno de los misterios de la desigualdad, en los que la humanidad ha persistido por milenios, superado en muchas sociedades de avanzada, pero aún con presencia en muchas otras.

La época post malthusiana sucede  cuando se reconoce la importancia de preparar a la nueva generación para vivir en los cambios generados por la innovación, la invención, que necesita personas preparadas. Surge la importancia de educar a los niños, lo cual implica invertir en ellos, como cuesta, se tienen menos hijos y esto lleva a la disminución de los nacimientos. Cuando se irrumpe el crecimiento demográfico, gracias al avance de la tecnología y necesita personas con preparación, se rompe la tesis malthusiana, se construyen nuevas ruedas de cambio.

Y entonces, la educación se vuelve esencial para que las personas puedan situarse mejor en las nuevas transformaciones a causa del desarrollo tecnológico, y esta a su vez, favorece la capacidad de inventiva, el descubrimiento de nuevos procesos y esto genera progreso y la solución de problemas que aquejan la vida, que lleva a vivir más años, mejorar la salud, la renta per cápita, etc. La época malthusiana era un tiempo de subsistencia, todo el esfuerzo se orienta a mantenerse vivos, pero cuando se reconoce el valor de la creatividad humana en la producción tecnología cada vez más sofisticada, y al necesitar de personas educadas para vivir en esos cambios, se da un punto de no retorno.

El avance de la tecnología, la producción de riqueza crea nuevas necesidades que se traducen a formas de gobierno, creación de políticas, cultura, etc.  el descenso de la natalidad e inversión en la preparación de las personas.

De una forma apasionante, el autor va describiendo, poniendo ejemplos de análisis de diversos desarrollos de sociedades donde influyen desde sus patrones culturales, los espacios físicos, sus políticas en su desarrollo o estancamiento, que va dejando en claro, que atender los problemas de miseria, de carencia de sociedades actuales, exige conocer a fondo el proceso que ha vivido esa sociedad en concreto, comprender las causas subyacentes que la sitúan en el estado actual para entonces producir acciones que la saquen de ese círculo de pobreza o subdesarrollo en que se han atorado sus ruedas de cambios, como él llama. Es un libro algo extenso, pero de lectura ágil, tiene claridad en sus afirmaciones apoyadas con ejemplos que dejan pensando en la factibilidad de esta versión.

En especial, me agrada pensar que existen otras formas de pensar la pobreza, el subdesarrollo, y no sólo esta tendencia a ver al capitalismo y neoliberalismo como enemigos a los cuales debemos atacar para aminorar esta desgracia de aun tener sociedades atoradas en su viaje hacia la mejora de su situación y es interesante, este el planteo que hace sobre la educación. 

La educación de las personas (por diversas razones que explica en su libro), la colocan como una rueda, que junto con otras, provocan movimiento, cambio.  La educación forma personas que a su vez producen más cambios tecnológicos, que exigen más educación, y esta fuerza transformadora, es capaz de imponer un punto de inflexión que rompe inercias y produce grandes transformaciones.  Y no la plantea como una panacea, sino como una necesidad del viaje.

Y habla de otros elementos, como las dos caras de la diversidad en el progreso que me dejó preocupada, pero dice que, si reconocemos este problema, que, si educamos en la tolerancia, el respeto, tenemos la capacidad de pensar y resolver los nuevos problemas en que nos ha puesto el mismo progreso, la demografía y otros muchos problemas en los que estamos inmersos como lo es el cambio climático.

Como educadora, veo en este libro, el papel que tiene la educación en este largo caminar de la humanidad, me permite pensar en una educación alejada de idealismos, esas palabras que la embellecen, para pensarla como un proceso que facilita la colocación de las personas en su real-realidad, en la dureza de los tiempos que le van tocando vivir para enfrentarse a esas ruedas de cambio que avanzan, para que seamos nosotros las que la movamos con un sentido y dirección cuyo beneficio suceda con el menor perjuicio colateral que ese mismo desarrollo produce.

Este libro me parece, necesita ser leídos por todos los que nos dedicamos a la educación.  Nos ayudaría a construir mejor nuestro lugar y sentidos en el acto de educar.

 


miércoles, 15 de febrero de 2023

Byung-Chul Han: Ideas para reflexionar el tiempo que nos ha tocado vivir.

 Byung-Chul Han. Capitalismo y pulsión de muerte: Artículos y conversaciones. Herder Editorial. 2022. Edición de Electrónica.



Un libro más de este autor coreano-alemán.  Después del último que revisé –“No-cosas”-, me sentí poco invitada a leer otro, pero lo encontré citado en otro libro que leía, ahí se referían ideas interesantes, y lo busqué.  Nuevamente me topé con esas ideas en las que me siento confundida, pero otras me parecieron de gran importancia.

El libro, no es temático como otros, sino que está organizado por diferentes artículos y dos entrevistas, cada temáticas se enfoca a problemáticas relevantes, y en las entrevistas, nos encontramos con respuestas puntuales a preguntas directas.  Por lo que resulta un libro interesante.

Así como él, he encontrado a varios autores, quienes, desde diferentes problemáticas, tienen como eje común un conjunto de reflexiones que abonan sobre las fallas del sistema económico que nos rige, llamado capitalismo, que todos conocemos como el modo de producción de riqueza con base a diferentes formas para lograrlo, que, en su mayoría, se le llama explotación, dado que esa riqueza que se acumula tiende a ser de una persona, y no de todos los implicados en esos procesos de producción.

Pero igual, me he encontrado con otros autores que hablan de que el verdadero desarrollo de nuestra civilización se ha dado, a partir de que los poderes se fueron fincando en la fuerza de las personas para progresar, para producir riqueza y tenerla por el derecho de trabajarla, pues antes, otros poderes como el religioso y monástico lo impedía. Autores que afirman que nuestro desarrollo civilizatorio se debe precisamente a esta capacidad individual de producir, de movilizar, pues la riqueza rompe muros, abre caminos, construye puentes, puertos, barcos para mover la mercancía, mercancía que necesita de la tecnología que a la vez ha cambiado las formas de vida que nos se tenía hace dos siglos, cuando la humanidad tiene miles de años sobre la faz de la tierra.

Este autor, inicia su libro con esta primera reflexión, “Capitalismo y pulsión de muerte”, y siento que habla del capitalismo como alguien a quien habría que someter a juicio, que el capitalismo se ha apoderado de nuestras vidas como daño colateral y nos orilla a nuestra extinción al favorecer nuestra pulsión a la muerte, y yo me pregunté ¿y esa idea de Spinoza de que la vida quiere más vida? ¿no se trata de una pulsión de vida que nos empuja al desarrollo? Total, en esta parte, o con este tipo de ideas me siento confundida, y solo diré que necesito seguir pensando en este asunto de los daños que nos va dejando el capitalismo, cuando en una mirada larga, hace 5 siglos, no éramos para nada la sociedad pujante de hoy… Hay mucho que reflexionara para construir ideas relacionantes y no excluyentes.

Y tenemos otros artículos, en especial uno que se denomina “Vacío angustioso” donde reflexiona sobre esta tendencia a autolesionarnos, auto flagelarnos, para sentir algo, para sentirnos vivos, que deja ver la crisis personal para vivir en la era liberal, en medio de la relativización de las verdades, en donde todo se exige como derecho y existe un mínimo de responsabilidad mutua, quedando como personas muy libres, pero muy desligadas de los otros, muy solas. Me encantó, deja muchas preguntas sobre el malestar humano actual.

Y qué decir de las entrevistas, las dos son muy reveladoras sobre cómo un intelectual se posiciona en el mundo que se vive hoy, ahí retoma una idea, que también trabaja en el artículo “En tu cara”, habla sobre la “pornografía” en el teatro, el lenguaje, en lo que vivimos, es decir, si pensamos a la pornografía como algo donde todo se revela, donde no deja nada para ser descifrado,  así estamos frente a la realidad, que todo pretende mostrarse y esto impide el desarrollo de una emoción erótica, es decir, un deseo de algo que apenas está por descubrirse, que necesita tiempo, atención, imaginación, creación, esfuerzo, desafío… Estas también son ideas muy muy interesantes.

En fin, el libro, a diferencia de otros que, leído del autor, me atrapó salvo este detalle que tengo con relación al capitalismo, confusión personal que a mí me toca resolver, de ahí en fuera, es uno de los libros más adecuado para quienes necesitan una lectura del mundo, pues sus argumentos filosóficos, propician explicarnos mejor, el tiempo que nos ha tocado vivir, y un libro solo es conocido, leyéndolo…

 




sábado, 4 de febrero de 2023

 

José Gimeno Sacristán. El valor del tiempo en educación. Ediciones Morata, Madrid, 2008. Edición Electrónica.

 Pensar nuestras nociones de tiempo como educadores resulta una tarea importante, pues dependiendo de cómo lo hagamos, se ponen en acto nuestras prioridades con sus respectivas vigencias.  Bajo esta premisa, me encontré con este libro, donde se aborda la importancia que damos al tiempo en la educación y las implicaciones que esta forma de hacerlo tiene con otras temporalidades de la vida social.

En sus primeros capítulos aporta algunas reflexiones interesantes sobre la noción de tiempo, y dice:

 “…es un discurrir continuo que siguen ciertos procesos y fenómenos que apreciamos en el mundo natural, en los acontecimientos culturales y sociales, en los sujetos y, desde luego, en nosotros mismos. El tiempo significa, asimismo, orden en el acontecer, reiteración y regularidad que la humanidad ha ido imponiéndose, pasos de secuencias que se repiten cíclicamente y que reflejan los mismos símbolos e instrumentos con los que tratamos de medirlo y ordenarlo. La esfera del  reloj recorrida por las saetas marcando momentos que se suceden a la vez que  se repiten cada doce horas, la imagen circular del calendario azteca o el nuestro  que muestra la sucesión ordenada, de izquierda a derecha, la secuencia de los  días de la semana —de lunes a domingo— que se repiten una tras otra dentro de  meses que, a su vez se suceden unos a otros con mínimas variaciones dentro  del año y los años que aumentan uno a uno, son símbolos de esa regularidad que  es la de nuestras vidas.”

Sí, se trata de un tiempo normado, pausado dependiendo su finalidad que nos gobierna la vida social siempre entrecruzada.  Por ello, nuestro autor pone en discusión varios asuntos al respecto, como cuál debería el ser tiempo para asistir la escuela, si más horas o menos dan garantía a de una mejor educación, del tiempo que cada alumno necesita para una vida sana, la misma de los educadores.  También reflexiona sobre los tiempos regulados tan vinculados como lo es el tiempo laboral de las familias y el tiempo escolar y todos los problemas que esto genera para ordenarlos sin menoscabo de cada uno.

Es un libro que me encontré por necesidad de pensar nuestra noción de tiempo, y considero que es abre una dimensión poco frecuente, esto de reconocer puntos de articulación entre los diversos tiempos normados socialmente con relación a la formación humana. Un ordenamiento del tiempo hace falta, sin embargo, cuando unos se imponen a otros, generan caos y dificultades para compaginarlos. 

Pensar esto desde la escuela es importante y necesario, y bien este tiempo no se puede cambiar, si se pueden construir estrategias desde adentro de este tiempo para facilitar las otras temporalidades de los sujetos implicados.

Es un libro, que todo educador necesita revisar, y llevar a su mundo esta reflexión del tiempo cronometrado que cruza nuestras vidas generando un ritmo social, que nos siempre es armonioso.

 

jueves, 29 de diciembre de 2022

La Neurociencia en la mercadotecnia y la política.

 

César Monroy-Fonseca, Claudio Nassar. Neurociencia: La Súper Carretera De La Toma De Decisiones.  SEELE Neuroscience S.C, 2016, Edición Electrónica.

 Leía a Antonio Damasio, sobre emociones, sentimientos, esa larga historia evolutiva de la primera forma de vida hasta lo que hoy somos  y de pronto, alguna cita me llevó a buscar a un autor (que no era éste) y terminé con este libro, que por el título, eso de la  supercarretera me llamó la atención, entendiendo esto, como caminos neurales que desatan emociones y acciones ipso facto. 

Pues prometía explicarme por qué tomamos los caminos por los caminamos. Lo leí, no me agradó que no tuviese bibliografía como todos los libros, sus autores fueron nombrados en el texto mismo, en la redacción de sus ideas, tampoco vi esa separación puntual que hace Antonio Damasio entre emoción y sentimientos (aunque confieso que es algo que sigue confundiéndome, pero me parece una distinción necesaria), sin embargo, interesada por ver como explicaba nuestra capacidad de decidir, lo terminé.

El libro describe, nuestros sistema nervioso, lo divide en parte 1 y 2. El sistema 1, no explica que tiene que ver con lo emocional muy vinculado a los sentidos y esa necesidad de sobrevivencia que no se piensa; la parte 2, no se trata de ese proceder automático, sino la implicación de nuestra subjetividad con relación al contexto y nosotros mismos.

En el avance, me agradó que dijera que era un error pensar que cerebro y sujeto están separados, me dio la impresión que defendía nuestra capacidad de subjetiva en la toma de decisiones, pero en la medida en que se avanza, esa  mención se extravía y con los  experimentos que sugiere, va concluyendo que nuestros sistemas 1 y 2, pueden ser objeto de manipulación por adecuadas estrategias de mercadotecnia con fundamentos en los avances del funcionamiento de nuestro cerebro.  Conocimiento que igual sirve al mundo del marketing político.

Y sí, fue explicando esas técnicas de manipulación de la subjetividad, y terminé algo desanimada.  Finalmente, nuestra toma de decisiones es una supercarretera en manos de quienes desean algo de nosotros.  Se construyen experimentos, estrategias y poco a poco somos llevados al punto de decisión que interesa a cierto poder o finalidad. Me impresionó cómo se utiliza este conocimiento en las campañas políticas.  

Ha sido interesante conocer este funcionamiento y manejo de nuestra subjetividad, pero quiero pensar en esa idea que leí, que no puede pensarse al ser humano  sólo desde el funcionamiento de su cerebro, que sin bien somos eso, respondemos emocionalmente por el mal gobierno que tenemos de ellas, también esas respuestas que no se piensan son parte de esa oscuridad que somos, que también se activan esos resortes desconocidos de nuestra subjetividad don van deseos, recuerdos, sentimientos, y que nuestra respuesta es humana, demasiado humana, por lo tanto, no es tan previsible.  Nuestra respuestas pueden sorprender al más confiado debido a nuestra demasía de sentido, esta capacidad de lenguajes, de idear, rompe toda prescripción decretada sobre nuestro modo de ser y actuar.

Tal vez estoy pensando como educadora, no como mercadóloga, y que desde este terreno, somos capaces de formar a personas capaces de trabajarse a sí mismas, de gobernar sus emociones  y sentimientos, de pensar en las consecuencias de sus acciones, en forjarse como personas fuertes, bien situadas, responsable y atenta a estas formas de manipulación.

El asunto, es que nuestros educación está algo extraviada, nosotros también y pues somos terreno fértil para todo tipo de campañas que pretenden atraparnos desde nuestras subjetividad.

Es un libro para personas que se dedican a la mercadotecnia, al diseño de campañas políticas;  y a mí me interesó como formadora de maestros, quería saber más sobre cómo impulsar supercarreteras autoformativas... entiendo que no pasa por ahí, la formación es un trabajo que nace desde el deseo de cada quien, y que la tarea es favorecer ese deseo. Autoformarse es una decisión personal, pues es quien tendrá que desmontar en sí mismos ideas, prejuicios, sentidos y reconstruirse, y la verdad, no es fácil.

Bueno, cuando menos me he dado cuenta, en que se está empleando todo este nuevo conocimiento de las neurociencias... yo seguiré con Damasio.


sábado, 10 de diciembre de 2022

Apropiarnos del tiempo en su aceleramiento. ¿Puede ser una finalidad curricular?

 

Luciano Concheiro. Contra el tiempo. Editorial Anagrama, Barcelona, 2016. Edición Electrónica.

 

Un libro, lleva a otros libros y ya no sé cómo me encontré con este libro que habla del tiempo, de su aceleramiento hacia el futuro, aportando al final una propuesta sobre cómo se podría enfrentar, lo que hace pensar de entrada que esta aceleración que no se reflexiona, no nos va bien, que nos afecta como humanidad.

Este tema me es atractivo, y sólo por el título lo fui leyendo, pero ya en la tercera parte de libro me fui haciendo preguntas ¿Por qué siempre se culpa al capitalismo de todos nuestros males? ¿Por qué subsumir los esfuerzos creativos del ser humano al ganar-ganar indiscriminado? ¿Por qué el capitalismo es el culpable de todas nuestras desgracias y no nosotros, los seres concretos por nuestros actos? ¿Por qué se construye un culpable amorfo, abstracto, inconmensurable al que se le atribuyen todos nuestros problemas de convivencia social?

Desde hace un tiempo, me esfuerzo por no extraviarme en reflexiones que siempre encuentran a un culpable con la forma de un poder inmenso, que se impone y contra el cual tenemos el deber de luchar, lidiar complejas batallas que difícilmente se ganan.  Pertenezco a esa generación que pensó en hacer la revolución, hacer cambios a la historia, y como buenos quijotes, había que luchar contra el capitalismo siniestro, inmenso, pero abstracto, como un “molino de viento”.  Pero me pregunto ¿Al pensarlo así, dejamos de pensamos como sujetos que encarnamos esas lógicas que deprendan al mundo? ¿Desde esta postura no evitamos reconocer, que el monstruo está en nosotros y lo hacemos realidad? ¿Qué la batalla está en nuestro interior?...

Planteado lo anterior, diré que no desistí, terminé el libro.  Éste, se organiza en 6 apartados sin título, un dígito simple anuncia el que sigue, dejando al lector sin posibilidad de anticipar las ideas que siguen… De entrada nos avisa que por ser víctimas de la aceleración, será un libro breve, y sí, lo es.

Bien, en el primer apartado (1), relaciona el progreso de la humanidad, con el capitalismo.  Esto es,  explica que desde tiempos remotos, el ser humano fue pasando actividades mínimas para la vida a otras con el uso de herramientas producto de su inventiva para tener más oportunidades de sobrevivencia, facilitándole la vida, así, de la hoguera que ilumina la cueva, llega a la vela, la lámpara, el foco, etc.  El caso es que el hombre fue transformando su modo de vivir gracias a esa “demasía de sentido” que nos hace transcendernos, imaginar, pensar en realidades posibles, para mejorar y por qué no, acumular.  Todo esto proceso de inventiva, aceleró procesos, lo que hacía con las manos, pasó a realizarse con máquinas, el tiempo de producción se aceleró, y nuestro autor, argumenta que todo esto sucede por un afán de riqueza, de obtener ganancia, de obtener todo con rapidez, y eficiencia.  Lo subordina al progreso capitalista.

En el apartado 2, la discusión gira en torno a la relación tiempo-políticas. Se remonta al siglo XX para decirnos que fue un tiempo donde se pensó en las revoluciones, como esas estrategias de transformación para alcanzar  un futuro de libertades, sin un poder hegemónico (capitalismo) que impidiera el desarrollo del hombre. Que, por ello, tales logros  dieron lugar a grandes monumentos, murales, y dejar huellas testimoniales a la posteridad de las grandezas logradas, eran legados históricos, donde la idea de futuro, era fuerte.

Pero, con el aceleramiento del tiempo gracias a la producción, a la inventiva capitalista, ahora todo es rápido, fácil y la política ha quedado atrapada en sus lógicas, y todo lo que se hace no tiene duración, todo se resuelve en el presente, todo queda en el cortoplacismo, favorecido por el avance mediático, que hace de la información una saturación, que tan rápido como llega, necesita olvidarse para consumir más información que es útil momentáneamente.

 En el apartado 3, reflexiona sobre la relación aceleramiento-cotidiana, y nos dice que estamos en medio de una aceleración del tiempo que afecta, nuestros modos de pensar, sentir, imaginar; nuestra subjetividad está siendo atrapada y enferma, dando lugar a relaciones corta, a la perdida de sentido, a la incomprensión de una realidad que nos hace creer que día a día realmente somos más libres, sin ver la inestabilidad laboral y social.

En el apartado 4, ya aparecemos como personas atrapadas en un tiempo que fluye y nos arrastra, ante el cual no tenemos capacidad para resistir, y nos lleva cooptados por las promesas capitalistas que lo fundamentan y que ya no podemos detenernos a pensar.

En los apartados 5 y 6, aborda la relación entre aceleramiento-instante. Discute que, sí podemos resistirnos a la aceleración del tiempo, sí podemos aprender a detenerlo, evadirlo; la solución que nos plantea es la vivencia del instante, que exige detenerse, aprender a mirar, a poner atención, a concentrarse para vivir así, desde la misma cotidianidad de la vida. Esto lo hace con la ayuda de conceptos de Bachelard, lo cual me hizo sentir reconfortada pero no pude evitar hacerme otras preguntas ¿El ser humano no es un lapso de tiempos entre el nacimiento y la muerte? ¿Estos tiempos que somos no responde al tiempo que se vive? ¿Tenemos que estar en confrontación entre los tiempos que somos con los que vivimos?  

En estos últimos dos apartados, discute sobre el instante, recurre a varios autores, en especial a Bachelard como ya dije, (autor de mis preferencias). La idea que defiende es la de aprender a darnos cuenta que en la vida cotidiana, tenemos experiencias que sin quererlo, nos detienen, donde vivimos el tiempo de manera vertical, es decir, que en el fluir del tiempo, se forman nichos, espacios, donde nos detenemos, por la naturaleza la intuición experimentada. 

Y en eso estoy de acuerdo, la idea de Bachelard refiere a un tiempo subjetivo, el tiempo como intuición, a este saber del tiempo sin pensarlo, que sólo existimos, y en esa vivencia un instante, puede ser un tiempo alargada, ahondado en el acelerado fluir, y detenernos ahí, de acuerdo a como se necesite. La propuesta del autor es que este suceso de realice con mayor conciencia, no sólo como intuición, sino que aprendamos a detenernos en medio de la aceleración del tiempo que se vive.

 El libro favorece pensar que vivimos un aceleramiento que difiere de hace un siglo, de hace una década, de antes de la pandemia reciente; nos lleva a pensar en la enorme capacidad de imaginar y construir del ser humano, quien forja herramientas para su beneficio, cuyo buen o mal uso invaden nuestra vida, transformándola.  Nos hemos vuelto rápidos en todo y tal vez, no todo necesita ser tan rápido, tal vez necesitamos aprender a acelerar y desacelerar procesos, necesitamos asumirnos como tiempo en el tiempo, sin ser arrasados.

Nosotros mismos tenemos ahora una calidad de vida permite vivir más tiempo, aceleramos nuestra duración de la vida; la ciencia y la tecnología impacta todo y pienso, que más que preguntarnos por el despiadado capitalismo, cabría reflexionar sobre nuestra capacidad de reflexionar el tiempo, que si bien es una intuición, podría ser llevado al nivel reflexivo, hacerlo pensamiento y hacernos cargo de su fluidez, ser más conscientes de sus efectos en nuestras vidas, comprender la aceleración que estamos experimentando, reconocer las nuevas sensaciones de ser parte de un fluido de sucesos tan rápidos, que parecen confundirse entre presente y futuro, parece llegar demasiado pronto.  ¿Qué está sucediendo en nuestra subjetividad con esta aceleración? ¿nuestra imaginación tiene una velocidad que se va siendo igualada con los nuevos ritmos temporales? ¿nuestra capacidad de imaginar es menos veloz que el aceleramiento temporal actual?

Necesitamos pensar el tiempo para poderlo llevar por nuestro beneficio, y aunque esto no lo dice el autor, me hizo recordar al tiempo desde la perspectiva del Kairós y la de Cronos.  Bajo la idea del Kairós nos situamos en la experiencia de la existencia, la variable duración de lo que sentimos, por ejemplo no dura la mismo la experiencia de una noticia buena, que la de una mala, dependiendo de lo que se viva, se acelera o desacelera dentro de nosotros un caudal emocional y vivimos la experiencia del tiempo deseando que dure o que ya termine, se trata de una experiencia subjetiva del tiempo. En cambio, desde la idea de Cronos, que nos es más habitual y sufrimos sin misericordia, es el tiempo cronológico, el día tras día, el tiempo medido y sin fin que se nos impone.

Definitivamente, somos y estamos en el tiempo; todo es tiempo, por ejemplo, la educación es tiempo, se posiciona desde lo que traemos (pasado), se posicione en los sentidos del presente que deseamos de vivan en el futuro.  La educación se concreta con el tiempo, se revela en futuro.

La idea del autor de asirnos de la intuición del tiempo, volverla intencional, es bastante rescatable (aunque no eso de resistirse, somos tiempo en este tiempo, hay que aprender a vivir en él), pensar al tiempo y darle la velocidad subjetiva que cada uno necesita en esta aceleración imparable en la que estamos adentrándonos.  Necesitamos apropiarnos de esta intuición para comprender hacia dónde vamos con tanta velocidad. Y para lograr tal objetivo, necesitamos de una educación que aborde estas complejidades, lo cual es otro asunto.  Por mi larga estancia en la educación, he visto que priva una idea de tiempo cronológica ordenada por ciclos, años, cada uno en su espacio de tiempo, sin reconocer la capacidad de conectarlos, y la educación termina como tiempo concluido, cuando es un proceso abierto, es fluido de tiempo.

En estos días en que se está pensando en el cambio curricular, momento que nos obliga a pensar qué formación necesitamos para el tiempo futuro ¿la aceleración no es un asunto importante? ¿Podría ser este asunto una finalidad formativa que necesitamos comprender y hacernos cargo?

Bueno, como siempre, les recomiendo leer este libro, salvo este afán de tener un culpable en el desigual progreso humano, me parece un buen ensayo y que nos plantea problemas para pensar y resolver, en este caso, desde nuestro lugar: la educación.