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miércoles, 13 de mayo de 2020

La patria y la muerte. Los crímenes y horrores del nacionalismo mexicano. Una lectura reveladora que todos necesitamos.


José Luis Trueba Lara. Grijalbo. Edición Digital, julio de 2019.


Siempre he tenido resistencia a enseñar historia cómo esos hechos apologéticos, realizados por personas con arrojo, heroicas, entregadas a causas sociales, dando su último aliento para salvar las vidas de los demás. Nunca supe la razón de mi resistencia a estas prácticas de adoración irracional, pero como profesora normalista, tenía el deber de transmitir la historia sacrosanta de la creación de la Patria Mexicana, viviendo en el dilema de seguir los avisos de mi intuición, u obedecer ciegamente los dictados de una amor patriótico y fanatizado de la historia oficial.
Aún no sé cómo llegué a esta final de ejercicio docente sin enlistarme en el engaño de la historia patria.  Ahora soy jubilada de una institución superior dedicada a formar profesores (UPN) donde pude hacer crítica a la realidad en la medida de mí conocimiento y posibilidad analítica.  Y aún activa en la escuela primaria, dada  mi orientación hacia la lectoescritura en mi ejercicio docente, mi trabajo siempre se ha enfocado hacia los “peques” de la escuela, y con ellos, las dosis de historia oficial, son apenas perceptibles (bueno, así las hice yo), sólo con un poemita, una lecturita biográfica, unas efemérides, unos coritos, pude salvar la situación.  
Y ahora, estoy frente a un libro (tomé la opción electrónica) que al leerlo me ha llevado por un relato que he de confesar me ha causado “náusea”.  Tardé en su lectura, fue agobiante, duro de leer, no por la teoría, no, es una escritura sencilla, bien argumentada con datos, bien elaborada, pero lo que nos cuenta duele, deja un malestar en la boca del estómago y es necesario ausentarse para procesar las ideas que ofrecen la versión de que nos hemos inventado una historia, una identidad fincada en la negación de lo que somos, en la justificación de los oprobios y daños vividos como sociedad y como personas, para hacer nacer una Patria, una idea de Nación Mexicana que se yergue sobre los crímenes y horrores vividos por tantos y tantos,  quienes quedaron enmudecidos en medio de la tragedia, y sin saber cómo (yo diría que no tuvieron opciones) prefirieron guardar silencio, y se adentraron por esos discursos idílicos que ayudaron a negar y olvidar el dolor,  a negar lo que lastima, quedando como sobrevivientes en medio de estrategias políticas que paulatinamente fueron haciendo un invención que fue validándose a fuerza de repetirla.
En este libro se narra el mito de la revolución mexicana, la vivencia de una década donde privó el  asesinato, robos, ultrajes, violaciones, hambrunas, epidemias, y cómo, quienes se instalaron en el poder, impusieron una visión por sobre la realidad, evitando que las personas contaran sus historias, cómo la construcción de un discurso oficializado, impuesto, pudo justificar lo sucedido, cómo eso indecible, vergonzante, fue silenciado imponiendo una narrativa sobre la revolución como el fenómeno histórico vivido por un pueblo capaz de erradicar al mal gobierno y capaz de instalar otro de corte filantrópico, un gobierno que nace del pueblo bueno y por ello, con justicia para todos y que debía ser debía ser guiado por la magnificencia de sus caudillos, los nuevos mesías, con cuyo heroísmo y sacrificio, llevaban a todos hacia la abundancia merecida.
Hubo entonces una gran tarea para estos nuevos ídolos nacidos de la revolución, la de construir la Patria, y para ello, las ideas de la época, hijas del mundo de comienzos del siglo XX ayudaron, como la idea eugenésica del cuidado de la raza mexicana, (que no solo era parte de la Alemania Nazi, sino una ideal del siglo naciente por lo que vemos), hacer nacer al mestizo con ciertas características que lo hicieran digno de ser mexicano.  Desde este precepto, se realizan políticas de limpieza racial, como alejarnos de otras razas consideradas indignas, como  los chinos y los negros, contra quienes se ejercicio un indecible exterminio; igualmente se buscó alejar las mentes de ideas fanáticas y se vio como enemiga la religión, queriendo imponer una religión en la que se endiosa al héroe (de ahí las masacres de los cristeros), el uso de la literatura, la pintura (el muralismo), la cinematografía, para ideas preconcebidas sobre el deber ser de la mujer mexicana, dulce y sacrificada, santificada, y del hombre fuerte y varonil, macho,  del indio sumiso, y hermoso pintando en los cuadros, negándose a enfrentar al  indio real que aun reclamaba justicia.
La realidad mexicana, el desgarro social, la miseria, la destrucción de lo material y espiritual era ofensiva, no era posible, ya que todo debía adecuarse a los sueños de los caudillos, todo lo que no que quedará dentro de estos parámetros debía extirparse.    Pero, la verdad es la verdad, y por más sueños que se tuvieran por concretarlos, la realidad siempre grita, salta, y asalta. La verdadera-verdad es que teníamos y tenemos una sociedad lastimada, una indiada resentida y olvidada y unos dirigentes que no son dioses, sino personas con ambiciones, emociones, que han jugado el juego del poder, donde todos hemos sufrido las consecuencias, llegando a este tiempo presente, donde a veces nos comprendemos cómo es que hemos llegado a este punto de desorden, desencuentro.
Esta lectura me asomó a un desfile de ideas que cuentan como construimos un nacionalismo surgido de crímenes de guerra, asesinatos, culto a la muerte, pues se aspiró a una religión sin Dios, que llevó a violentar las creencias y fanatismos de la gente y a instaurar un régimen de caudillos, de salvadores de la patria, donde reinaría con los nuevos mexicanos, producto del triunfo de la revolución. Y desde esta imposición de visión, ¿Quién pudo contar esa realidad maldita de muerte, miseria, abusos y enfermedades que se vivió durante más de una década? Todo se apologizó, se ocultó, se deificó...
Y como educadora, pienso en la necesidad de una formación de nosotros mismos, una formación que se preocupe por que el auto-encuentro del sujeto mismo, que se explore así mismo, capaz de ubicarse en su propia historia, haga el recorrido de su vida en la misma vida social, como afirma Vincent de Gaulejac, haga narrativa de su vida personal, haciendo las conexiones con la vida de los demás, que descubra que es quien es en medio del existir de los otros, y que entienda que le pasa, no es un asunto personal, sino que es el resultado de la convivencia, de las problemas comunes, de las formas en que se han resuelto, y cómo ha quedado implicado, interconectado.  Así, sabiéndose parte de la realidad, se esfuerce por ser responsable consigo mismo y tome las decisiones que le permitan ser una versión mejor de sí mismo, la que necesita dado el mundo que le toca vivir.
Considero con preocupación, en qué hacemos los profesores cuando educamos, pienso que es un acto tan idílico como la historia oficial, que soñamos en formar al ser humano que no existe, porque no reconocemos al sujeto real, ese ser humano complejo, desconocido, no tan hermoso ni benevolente como nos han dicho que hay que formar en las aulas.  Los maestros fuimos formados en pensamientos salvadores de almas, en constructores de esa patria que no existe, de personas idealizadas que tampoco están.
Me quedo preocupada, pero a la vez, con la seguridad de ir por el camino de lo real, abriendo brechas, reconociendo a mi capacidad,  acercándome a las verdades que agudizan la mirada, que ayudan a atreverse, a hacer cosas diferentes, sin aceptar todo y quedar esclavizada en el engaño de lo que otros les molesta y tratan de negar. 
Pero la realidad es la realidad..., no se puede disecar, no se puede enlatar, siempre, para fortuna nuestra, se revela; el problema es estar preparados para vivir en ella, porque lo que la conforma exige una mirada aguda y horizóntica, de otro modo, nos arrasa y nos lleva en su tropel dado-dándose, al que ocupamos necesariamente  aprender a dar sentido.

martes, 21 de abril de 2020

Miedo Absoluto. La oficina como campo de concentración y la empresa como forma de exterminio. José Luis Trueba Lara (México, Taurus, 2013)



Hace tiempo, escuche esta conversación y la explicación sobre las formas de convivencia en el espacio laboral me llamó la atención, recordé los ambientes de trabajo por los que he pasado (soy jubilada en educación superior, y ahora peleo al Estado mi liberación, quien sin fondos para el retiro, me retiene pese a que ya cumplí mi compromiso laboral).  Recordé esa angustia de salir de mi cubículo, o de mi salón, ese temor de saber o vivir algo desagradable.  Me interesó la idea de “culpa de quien sobrevive” así que busqué el libro por mar, cielo y tierra, -está agotado- y lo encontré de segunda mano en Mercado Libre y esperó más de un año, no sé si por la dureza de las afirmaciones ahí encontradas o por mi falta de tiempo. En fin, lo logré...
¿De qué trata? Sin hacer una reseña, -no se me da-, diré que inicia con la discusión sobre la formación universitaria, la cual, al parecer, orienta a los alumnos, por modos de ser-hacer-pensar propios para un estado de sobrevivencia en el mundo que les tocó vivir.  Para este autor, terminar la universidad exige una gran inversión de tolerancia, paciencia, estrategias, pero muy poca disciplina académica, ¿triste ideas verdad?  Diría intolerables a nuestros oídos de maestros.
Como padres, como maestros, insistimos ante los niños, adolescentes, jóvenes, que la educación profesional es la puerta del desarrollo, del progreso, de la solución los problemas de autosuficiencia, de libertad, de sentido, prosperidad, pero leyendo a Trueba Lara, esto se derrumba, uno se adentra por un mundo de ideas que desmantelan estas creencias, para darnos cuenta de otra realidad, cuyo sello profundo consiste en una formación profesional de formas sofisticadas que les prepara para un mundo miserable, donde seguir “vivos” se vuelven una meta concreta.
Me ha quedado claro el título “miedo absoluto”.  
Ahora siento el miedo de reconocer a una juventud, -lo fui y lo entiendo mejor-, preparada en el infortunio diario de la vida escolar  (se aprende a sobrevivir a los docentes, las materias, los contenidos, a negociar,  y finalmente egresar) para luego incorporarse al mundo laboral, al que se equipara con un “campo de exterminio”, lugares donde progresan los más adiestrados para permanecer sobre los otros, donde se vale de todo, pues lo que importa es ser líder y no ser parte de los procesos de aniquilación, de achicamiento que viven los conformistas, los que no dan el 110% que exige la empresa.  
Por desgracia, en esos espacios, no todos pueden ser líder,  no  existe ese lugar prometido para todos y de pronto, la grandeza que soñamos para nosotros mismos es postergada, arrasada por privilegiar prioridades básica, y finalmente, es confinada, a un sin-lugar,  que propicia estados de toxicidad emocional, que envenenan los espacios, de los que queremos salir huyendo, pero estamos atrapados, “sobreviviendo” la vida laboral. ¿Les ha pasado?
Los detalles de esta narrativa son muchos, (Trueba Lara es ameno), describe los espacios, ese sentido panóptico que de todo da cuenta, los mecanismos instituidos que van quebrando nuestra voluntad quedando a merced de los dictados del poder de los “nuevos campos de exterminio”.  Lo mejor es leerlo y cada uno situarse en estos planteamientos.
Como educadora, situarme frente a la idea de que la educación (habla de la universitaria, pero yo diría que se trata de la educación en general), es la antesala de tal situación me preocupa.  Nos va contando, como la escuela, va llenando la cabeza de los alumnos con ideas que le hacen pensar que un día determinado será un líder, un ganador,  un ser superior que lo puede todo; y que esto se logra debido a que  en vez de una formación culta, crítica, responsable, se instala un “culticidio”, es decir, en una serie de “creencias”, una sensación de que se sabe, se conoce, de manejar ideas mínimas que le dan un saber absoluto, por tanto, en todo tiene razón, no siente necesidad de argumentar con solidez, de profundizar, al contrario, con suma soberbia y arrogancia, desde un saber-enano por decir menos, puede alcanzar esa supuesta excelencia prometida y quienes no se muevan en esta lógica, son catalogados como mediocres, desadaptados, a quienes hay que bloquear, detener, impedir sin miramientos, la ruptura del equilibrio. Dice Trueba Lara: “Los enemigos, obviamente, son aquellos que impiden que se cumplan los objetivos, los renegados de la fe empresarial... ellos tienen que ser asesinados simbólicamente para que los peores puedan sobrevivir y el campo de exterminio alcance sus metas.”   Definitivamente aterrador.  Pero no está lejos de la realidad.
Simultáneo a este culticidio, se conforma un “adormecimiento ético”, desde el cual, pueden suceder las situaciones más despreciables, esto es, se trata de una educación minimalista, arrogante, simplista, en la que subyace un adormecimiento de valores y enfatiza otros desde los cuales se puede hacer cualquier cosa como el chantaje, manipulación, coerción para alcanzar ese fin prometido de ser “líder” sin importar sobre quien haya que pasar.
Esta lectura me confronta.  Como educadora ¿Qué tanto he contribuido a este estado de cosas? Pues diré, -como tablita de salvación para mi conciencia-, “no lo sabía, no lo había pensado desde este lugar”.   Quienes nos dedicamos a la educación, formados sobre todo en el normalismo, tenemos instalados conceptos idílicos de todo, del alumno, de la escuela, la familia, del maestro, de la educación, y con idílico quiero decir, que se tratan de ideas que devienen de un “deber ser” que nos dicta cómo funciona todo y de ahí no nos podemos salir, así, sabemos cómo se aprende, cómo tiene que ser relación del padre con la escuela, el maestro con los niños, cosas de esas, y se nos dijo tanto, lo repetimos tantas veces, que así como el universitario, quedamos programados y movernos de ahí es de las cosas más difíciles por resolver en el campo educativo.
Para empezar, pienso en nuestro “culticidio pedagógico”.  ¿Desde qué saberes, experiencias, conocimientos vivimos la docencia?  Existe un discurso instituido que contiene toda la verdad que necesitamos, con éste, respondemos todo, no dudamos, estamos seguros en nuestro ser y hacer docente con cierta arrogancia e insensibilidad a la real-realidad.  Estamos en serios problemas.
La lectura de José Luis Trueba Lara sobre la formación de las juventudes, de la conformación de las nuevas generaciones, es un lectura que necesitamos los educadores y con gran urgencia.
Termino diciendo, que el título del libro me sigue afectando, la verdad si deja una sensación de “miedo absoluto”.  Miedo porque me lleva a preguntar ¿Qué personas estamos formando? ¿Sobrevivientes? Estos, que como afirma nuestro autor,  -y otros que necesito leer-, llegan a sentir una culpa, esa de disfrutar de los placeres del éxito, porque  llega el día de las cuentas, y se siente “la culpa de sobrevivir”. 
Este es otro asunto interesante, hasta el momento yo conocía la versión de Víctor Frankl, quien nos cuenta, que solo sobrevivían aquellos que se preocupaban por el otro, lo cual les daba un sentido de vida, y aquí me entero, que existe otro mundo de autores que narran lo que se vivió en los campos de exterminio como Esther Cohen, que abordan cómo se sobrevive a la barbarie, como hay un mundo de narrativas de personas que no pueden superar esta culpa y se suicidan.
Bueno, queda mucho por hacer, pensar, sobre todo, para contrarrestar este terrible “culticidio” alojado en mí, y en el que he estado atrapada... cuando menos ya le puedo poner nombre, porque lo peor es ser ignorante de tantas cosas, que no por no saberlas, no suceden.
A leer a Trueba Lara, lo he descubierto recientemente y tiene ideas interesantes, diferentes, y sobre todo, pertinentes.  Ahora tengo en espera: “La patria y la muerte. Los crímenes y horrores del nacionalismo mexicano”.  Haber en qué nuevas inquietudes me adentro...

lunes, 20 de abril de 2020

La muerte del prójimo. Luigi Zoja. Traducción: María Julia de Ruschi (Argentina, FCE, 2015)




No se me da reseñar libros, pienso que cada lector necesita la experiencia que le sea posible, y narrar su encuentro con el autor, contar el movimiento de ideas provocado, el sentimiento desplegado frente a esa escritura, los pensamientos propios explorados. Entonces, siendo congruente con esta postura, les cuento.
Tendré que plantear primeramente la idea central que de acuerdo a mí, Luigi Zoja (psicoanalista jungniano, pero no lo sé realmente), desarrolla en este libro.
Inicia con la premisa judeocristiana de “Ama a Dios, y ama al prójimo como a ti mismo” y con ella, viene la idea de que si amamos al “otro” como uno mismo, se honra a Dios, lo que produce un equilibrio ético, moral, que aporta un sentido de justicia a la difícil convivencia humana.
Así, se ama a Dios desde el amor al prójimo, idea que aportó dos pilares centrales reguladores de la vida en sociedad.  Sin embargo, a finales del siglo XIX, Nietzsche gritó a los cuatro vientos que Dios había muerto, haciendo tanto ruido que se nos cayó el techo encima.  La muerte de Dios dio pie a pensar que la grandeza divina, podía soportarla el hombre contemporáneo, quien ahora, podría tomar cualquier decisión, y para empezar podría decidir si creía en una “presencia supra humana” o no, que llevó a considerar la religiosidad como opción, como libre albedrío, dejando la fe, la creencia religiosa al ámbito personal; desde ese momento, creer en Dios se tornó un asunto más de tipo personal, que social.
Sin embargo, Zoja hace un paréntesis para decirnos que pese al creciente poderío del hombre en la construcción del mundo demostrado en el desarrollo en todo sentido, esta necesidad de lo divino en nosotros, no desapareció, y dio lugar a que este lugar, lo ocupara el mismo hombre, quien por sus pensamientos, sus obras, su fuerza, podía elevarse como  una celebridad, una deidad, y por tanto, ser tan inalcanzable como Dios, un humano, a quien sus banales imperfeccionas podían perdonársele, y desarrollar ciegos de amor, un  culto a su personalidad.  Así, con la muerte de Dios, terminamos adorando a persona de carne y hueso, quienes elevadas a un modelo de perfección, se tornaron los nuevos ídolos por adorar. (Me recuerda a alguien en este preciso momento de nuestras historia política).
La necesidad de honrar al prójimo, igual que Dios, se ha desvanecido, ese otro cercano se nos desfigura por  la fuerza de diversas circunstancias que se concatenan para que en la medida en que avanzamos por la historia, por el progreso, nos alejemos irreversiblemente unos de los otros, aprendiendo a convivir de modos diferentes, al grado –dice Zoja-, que cada vez nos miramos menos, no tenemos la necesidad de hablarnos, y menos de tocarnos, de sentirnos cerca uno del otro.
No cuenta que esto se ha venido dando por el mismo desarrollo de la humanidad, como una especia de paradoja, pues entre más nos apoyamos en le técnica, en la ciencia, para eficientar nuestras vidas, más nos tornamos almas separadas, en habitantes solitarios de un mismo aquí-ahora, distantes y ajenos entre sí.  Así, el prójimo, ese otro cercano, a quien antes se amaba para amar a Dios, y por ello, inspiraba compasión, se le tenía consideración, se desvanece progresivamente.
Para esta explicación aporta diferentes ejes de reflexión, por ejemplo, habla de cómo la evolución de los objetos que nos rodean ha contribuido sin darnos cuenta, por ejemplo, el libro, que antes de nacer de una imprenta, era copiado a mano, y por ser tan pocos, la lectura se vivía en colectivo, se estaba juntos en el aprendizaje.  Hoy, al tener un libro para cada quien, leer se torna un acto personal, y más, si es libro electrónico, afirma, se descontextualiza de su autor; de este forma, va describiendo las formas de comunicación que hemos desarrollado, la manera en que ahora nos transportamos, en cómo nos organizarnos, etc., y cómo en cada una, vamos pasando de un estar-juntos a un estar-conmigo.
El libro es interesante, ameno, describe a detalle estos sucesos, y poco a poco vemos como esta idea gregaria del ser humano, se transforman en un estar solitario, hasta concluir que “el prójimo” agoniza. Leerlo me hizo evocar en los cambios que ha tocado presenciar. Vengo de mediados del siglo pasado, donde recuerdo el uso del primer teléfono, sólo para una emergencia, haciendo la llamada en la tienda del barrio, o él teléfono público, hasta tener la versión móvil normal para todos, cuando en realidad pasaron años en este proceso de instalación de una tecnología que cambio para mí una forma de vida. 
Recuerdo que antes, salir de casa, era no saber unos de otros, durante esa ausencia, se iba a la escuela, al trabajo, a una fiesta, y solo se sabía la hora de salida, y de llegada. Hoy, el móvil nos da comunicación instantánea.  Así mismo, recuerdo hacer mis trabajos escolares en la primaria, secundaria a mano, hasta que llegó la máquina de escribir primero mecánica, más adelante eléctrica, que fue superada por la computadora, que igual sufrió grandes cambios en sus softwares y hardware en un década; cambios que hoy hacen mi vida muy diferente a la que vivió mi madre por ejemplo, y que han vivido mis hijos, y sé vivirán mis descendientes en los años que vienen.  Estos cambios definitivamente, influyeron en nuestras formas organizarnos, de sentirnos, de pensarnos.
Pero, me ha quedado cierta resistencia a la idea de que el concepto de prójimo agoniza, que unos para los otros estamos perdiéndonos, extraviándonos, alejándonos sin remedio, que la paradoja avanza. Zoja termina su libro preguntándose si podemos amarnos como prójimos aún en esta época: “¿Se puede amar verdaderamente o sólo conocer a quien a está lejos? ¿Y el sólo conocimiento me permite al menos ser justo? Todavía no hay nada que lo demuestre” (p.137)
Y me ha dejado pensando, preguntándome si en verdad los cambios aportados por la ciencia y la tecnología tienen este costoso valor para la fraternidad humana.  Más que nunca estamos intercomunicados, interconectados, tenemos la información más insólita al pulso de unas teclas, podemos llamarnos y mirarnos desde cualquier parte del mundo, podemos reunirnos por video y ara tomar decisiones de todo tipo en tiempo real.   Entonces, en estas nuevas circunstancias ¿Qué formas de encuentro humano estamos desarrollando? En estas formas de relación a las que vamos entrando sin pensar, y a las que el ritmo de la vida nos adentra con la mínima resistencia ¿Cuál es la manera de reconocer al otro, de qué maneras nos solidarizamos unos con otros, cómo amamos al prójimo?, ¿Sucede o ya no?
No pude evitar pensar en Michel Maffesolí, quien considera a esta época como un momento de transición entre lo moderno y lo que viene –Posmodernidad le llama–  y que en ella todo está en proceso saturación, de transfiguración, en una experiencia de cambiar en diversos órdenes, ante lo cual necesitamos estar atentos, porque se está gestando una forma de socialidad organizadas por parámetros diferentes a los que hoy nos regulan.  Afirma que las personas, quienes viven de otras formas la cohesión social, orientadas más por una informalidad que responde a sus deseos, a sus compromisos momentáneos, a reglas que se construyen al día, y sólo buscan satisfacer en lo individual o bajo el efecto un acuerdo del momento, que sea eficaz, útil pero que responde al ritmo de la vida que se existe.  Esto es, se practica un estar-juntos, que nace del desear compartir algo ya no por la tradición, la regla o ley, sino porque quieren hacerlo, porque les interesa, lo desean, y aunque son colectivos temporales tienen fuerza y suceden, por ejemplo, ir a un partido de futbol, estar en un mitin de apoyo, asistir a una fiesta, una reunión musical donde aflora ese placer de hacerlo porque se quiere.  Hoy la gente vive un estar-juntos que nace de un deseo, y dura lo que el deseo, mismo que nace, de algo profundo, escondido en los subterráneos de la conciencia, por ejemplo, esto podría explicar cómo, hoy día, por el avance de la técnica, una cantidad determinada de personas se organiza por Whatsaap para ir a un centro comercial y asaltarlo, o están listas al llamado de robar gasolina en un depósito clandestino, etc., son llamados a la organización guiados por deseos profundos de la gente, quien a la primer señal, deja todo y se dispone a ser parte de un colectivo emergente, que así como se organiza, desaparece.
Definitivamente estos modos de ser-estar-juntos posmodernos planteados por Maffesoli, perturban el concepto de colectivo que mi generación tiene, quienes guiados por conceptos ordenantes esperamos que todo suceda como “debe” suceder,  por reglas claras, y desde ellas, seguimos esperando que la familia funcione como antes, que las instituciones que conocemos continúen haciendo su cometido, cuando en el mundo posmoderno, se ordenan de otros modos.
Con la lectura, pienso  que sí, estamos frente a seres humanos formados en un tiempo-espacio social que nos lleva a constituirnos de formas subversivas, que resisten el deber ser moral y social, y que buscan un nuevo ordenamiento, aún no definido, que está en construcción y que dependerá mucho este equilibrio entre razón y pasión. Dice Maffesolí que hoy somos guiados por el vientre, por lo emocional y que se necesita arribar a una ética-estética, es decir, una capacidad de autorregularnos unos entre otros, sin perder la chispa pasional, siempre orientada por una socialidad.   
Hasta aquí todo va bien, da esperanza, pero, leyendo a otro autor, Trueba Lara, “Miedo Absoluto” me enfrente a la decadencia de nuestras instituciones y la capacidad de formar una ciudadanía con esta ética-estética y es ahí, donde vuelve la incertidumbre. Trueba Lara plantea que estamos en medio de una generación cuya formación se nutre de una “sabiduría de quincalla"; así llama a la paupérrima educación que cada vez más ordena la mente de la infancia, de los jóvenes, una educación que adormece el sentido ético, y que lleva a normalizar todo, donde priva el deseo de competir y destronar al otro.  Me hizo pensar que estamos en medio de una generación que no puede leer los desafíos de su tiempo, que no puede pensar en los nuevos problemas, y por tanto no tiene estrategia para avanzar frente a los retos del tiempo actual; cada vez, esa formación de quincalla, nos empobrece, impide reinventarnos, nos coloca en estado de sobrevivencia, donde soy primero yo, y después el otro, el prójimo, no importa.   Y llegando a esta idea, Luigi Zoja, tiene razón.  La idea de prójimo, agoniza.
Pero yo diría que no agoniza solo por el avance de la técnica, por los cambios en nosotros que produce, sino porque tal vez, no hemos sabido conservar ese amor al otro no importe que nuevo invento se dé.  Pienso, y esto me da esperanza, que si aprendemos a usar el Internet, las redes sociales, las nuevas plataformas de enseñanza, la nube, que se yo, todo eso que ahora no rodea, buscando los modos de impregnarlos de la esencia humana, si somos capaces de “estar-ser”, en todo lo que hagamos en estos nuevos contextos virtuales, el prójimo no se nos pierde de vista, nos acompaña, lo acompañamos.
Somos las personas, nosotros mismos, lo más complejo y retante de explorar, de conocer, se necesita hacer un trabajo de auto-encuentro, y autorregular nuestras emociones, pensamientos, sentimientos como afirma Victoria Camps.  ¿Podremos hacerlo? Es aquí cuando la educación necesita revisar sus prioridades y evitar a toda costa, que se siga difundiendo esa “sabiduría de quincalla”,  esa formación-basura, que en nada ayuda.
Bueno, el libro de Zoja cumplió su cometido, quedo inquieta, preocupada, cuestionada como educadora, preguntándome sobre este gran problema irresuelto de la formación humana. Un terreno siempre poroso, informe, magmático  cuyo centro de reflexión somos nosotros mismos.
A leerlo y a vivir sus propias reflexiones... buen libro. Creo que seguiré con un tercer libro que tengo de este autor: PARANOIA, ya les cuento.


sábado, 4 de abril de 2020

"El desafío formativo de autodescubrir nuestras bellezas"





Luis Eduardo Aute ha muerto y la canción que vino a mi mente al momento de saberlo fue "La belleza"... ¿Por qué?   

Este poema-canción (así le llamó a las letras de Aute) desde la primera vez que la escuché, me llamó la atención, me entusiasmó, se quedó conmigo, y la escuché muchas veces sin saber por qué; en ese  momento, no tenía la formación que tengo hoy para analizar un texto, un poema, un ensayo, era ignorante de muchas ideas importantes para explorar la importante actividad profesional en la que he invertido mi vida (ya tengo una larga estancia en la educación pública).

Con el tiempo, fui estudiando y al leer para mis estudios, para pasar las materias, descubrí el valor de leer para mí misma, el placer de explorar ideas que tenían algo que ver conmigo, descubrí autores que sin saber cómo o por qué me hacían un llamado, me contaban ideas que ineludiblemente, me competen (con Bachelard lo descubrí). 

Así fue como conocí a Hugo Zemelman, sus textos en su momento tan abstractos, tan incomprensibles, tan imposibles podría decir, inexplicablemente, me atraían, parecían decirme, "tengo algo que tienen que ver contigo"... y no supe cómo, construí la disciplina y estrategia para leer a este autor, de quien, entre, sus múltiples mensajes, comprendí que pese a mí misma, soy "ámbito de sentido" a veces bueno, otras veces no tanto, que sin tener conciencia, influyo en la vida social, y que sólo haré con pertinencia y necesidad, si sigo aprendiendo y aprehendiéndome, y con este eterno esfuerzo, hacer desde mi microvida, lo que me corresponda, aportando un poder de cambio, en lo que me sea posible; este reconocimiento, paradójicamente a mí, me entusiasmó, pues la búsqueda no termina, siempre exige explorar nuevas ideas que iluminen el rumbo.  Y aquí sigo leyendo sobre lo que me importa ¿Qué? Aún no lo sé, y sospecho que es la búsqueda de mis "bellezas" citando a Aute.

Ahora, con la riqueza de ideas que he acumulado por algunos años, puedo pensar en la atracción de esta letra, donde Aute nos narra cómo se da la traición de lo políticos cuando logran sus fines de poder y entonces, él vuelve su mirada al sujeto, y le apuesta a la "belleza" de las personas, a un "algo", que esperanzadoramente aguarda dentro de nosotros...

"Reinvidico el espejismo
De intentar ser uno mismo,
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar en tu mirada
La belleza."

"Intentar ser uno mismo" Hoy, leo esto y pienso en este gran desafío formativo que vive cada uno desde que nace hasta que muere.    Y me pregunto   ¿Somos conscientes de esta tarea?  La vida, nos muestra los caminos hechos, y parece que la tarea es recorrerlos con eficiencia y tal vez, ni nos lo preguntemos a dónde nos llevan, solo "agarramos monte", y sin preguntas existenciales, no somos capaces de asomarnos a nosotros mismos y solo sobrevivimos.

El mundo dado, nos impide hacer este "viaje hacia la nada", hacia "nuestro misterio", y nos quedamos en los lugares comunes, sin aventurarnos en el conocimiento de quién somos, sin preguntarnos qué necesitamos, el para qué de la existencia.  ¿La vida es un viaje entre el nacimiento y la muerte? un viaje a la manera de Kavafis, quien nos cuenta en Ítaca, que lo que importa no es llegar, sino vivir el largo y tenaz esfuerzo de recorrer un camino, donde lo que importa no es llegar, sino del aprendizaje, experiencias, sabiduría, riquezas que deja el hecho de hacerlo. Entonces, ¿Dentro de nosotros hay un mundo que explorar, una piedra preciosa que pulir, algo bello que se oculta, y a veces se asoma en nuestra mirada?

Al nacer nos encontramos con un entorno que pule "algos" en nosotros, pero, es la parte útil que el sistema al cual nos incorporamos, necesita, dejando otras a la deriva, que si se desquician, provocan situaciones indeseables para la vida.  Y ¿dónde queda lo singularmente nuestro? eso que nos hace personas únicas desde nuestras más excelsas diferencias, desde nuestra "belleza" diría Aute, y concuerdo, en nuestra mirada, asoman nuestras bellezas, pero sospecho que no emergen por voluntarismo en medio de una vida social que inhibe lo que no le sirve.  

Somos "ángel y demonio", "trigo y cizaña", "amor y odio", somos buenos, no tan buenos, malos, no tan malos... ¿Cómo hacer para que emerjan nuestras bellezas? Sabemos que cada época tiene su propia paideia social, y como dice Touraine, nos forman para responder a la lógica social dominante, no existe el interés por una escuela para el sujeto, y ese viejo precepto-paideia de los griegos, "hacer nacer al hombre contenido en el niño", nos es ajeno.

¿Dónde ubicamos entonces esta posibilidad? Mucho ayudaría un entorno social que nos invitara a realizar este viaje hacia dentro de nosotros mismos, pero quedarse en esta "espera" posterga algo que sí podemos hacer: reencantarnos, como diría Maffesoli.   

Sí, todos tenemos el poder para desde la vida cotidiana gestionar acciones que propicien al autoconocimiento de sí mismos y lanzarnos a la búsqueda de nuestros propios tesoros, y con ellos, ir por la vida para "quedar en la tierra" desde una existencia digna, alertada, entusiasta, despabilada, capaz de responder con asertividad a los desafíos de cada día.

Esta belleza que anida en nosotros existe, nos espera, pero que veces muy oculta, se nos pierde en medio de los entornos adversos que nos rodean, que nos induce a vivir como rehenes y llenos de miedos, olvidamos cómo prendernos de la vida, y florecer  dando ese  "plus humano", limpio, perfecto, armonioso, delicado, del que todos somos capaces.  

Pero, no se trata de cualquier "plus".  Muchos pueden plantear, que hacen su trabajo con excelencia, prontitud y está bien. Sin embargo no hablo de ese "plus-útil-eficientista", no, se trata de "ser-haciendo" lo que se necesita, y lo que hace falta, lo que nadie ha hecho, y por tanto, no es una repetición, no es conocido, y  amerita de nuevos conocimientos, habilidades, esfuerzos.  Se trata de aportar en el "aquí-ahora" algo que se sabe hace falta, y amerita gran preparación, disciplina, voluntad, valentía... a este plus me refiero.

Y arribar a estos modos de ser-hacer, no es fácil, exige la ignición de un mismo... y muchas veces, necesitamos que se nos provoque.  En este punto, pienso, tiene un poder fundamental la educación.  Si, una educación que favorezca que el sujeto se "inquiete", se haga preguntas existenciales, y en la aventura de encontrarse, abreve de sus potencias, de sus bellezas y entonces "resplandezca".  ¿Podremos hacerlo? Sé que no son tiempos animosos, tenemos un magisterio depauperado, los profesores han sido mi campo de acción, he trabajo en esto muchos años y veo un futuro complejo, así que no tengo respuesta... pero si estoy convencida que si los profesores, se adentran en las búsquedas de sí mismos, ellos, encontrarán los modos pedagógicos de encender esas "lámparas" internas de sus alumnos, entonces, le responderemos a Aute, que intentar ser uno mismo, no sería un espejismo.   

Termino diciendo, que esta canción sin tenerlo claro, me ha inspirado largamente, tengo más claro por qué desde que la escuché, se quedó conmigo. Como educadora, me he esforzado por mirar "esa belleza" en mis alumnos (chicos y grandes), en diseñar y vivir con ellos esas didácticas que activen "ese-no-sé-qué" que los encienda, que les permita auto-reconocer su potencial, su propio "plus" desde el cual, desde lo que hagan, se abran camino por sus vidas con su propio arsenal de "bellezas"

Creo en la educación, pero no en la que socializa únicamente, y nos induce a acomodarnos a lo hecho quedando presos de los sentidos hegemónicos, no, yo le apuesto a una educación que despierta a las personas, que les ayuda a  auto-descubrirse, a buscarse por el transcurso de su vida,  y al llegar al término de su existencia, sientan el valor de su vida en la historia que le tocó vivir.

Como maestra, le apuesto a una educación potenciadora de lo humano-responsable en nosotros, y esto es urgente, pues estamos en un punto donde vemos emerger formas de ser-siendo traicioneras y despreciables que necesitamos desmantelar y reconstruir de nuevas formas el lazo social.

Luis Eduardo Aute, tu "belleza" aportada al mundo, es y será siempre una  inspiración, descansa en paz.

miércoles, 25 de marzo de 2020

¿Qué condiciones se necesitan para la tiranía de las mayorías? Trueba Lara invita a pensarlas.




He terminado de leer "La Tiranía de la Estupidez" de José Luis Trueba Lara.   Resultó una lectura interesante, una lectura desde cuyas ideas me permitió pensar en situaciones del presente, sobre lo que está pasando en diferentes planos de la vida social: políticos, económicos, tendencias sociales, religiones, decadencias, tendencias...

Ha sido impactante, pensar, cómo desde la democracia misma, puede vencerse a la democracia para transformarse en una religión política, donde paradójicamente en su nombre, pueden surgir dictaduras y tiranías;  pensar cómo diferentes procesos políticos, económicos, sociales, llevan a las personas a sentirse en un condición de extravío total, se desarrollan guerras-sombras, que nos orillan a vivir en medio de penurias, enfrentando miedos y angustias  en la que finalmente se prefiere abandonar la adultez para infantilizarse, victimizarse mediante la banalización de su historia, cultura, religión por él sin deseo de preguntar, reflexionar, y entonces, con fe ciega, se prefiere esperar con idolatría, a quien ordenará el desorden que duele, se espera al mesías, a ese ser que será capaz de aportar certeza, seguridad y cura de todos sus males.  

Y este libro escrito en 2011, a pesar del autor, coloca en una reflexión de un tiempo que se está instalando...  El tiempo que ahí se analiza, parece muy familiar a lo que se está viviendo, pues recientemente, hemos visto al uso de la democracia para vencer a la democracia, es decir, este poder de la mayoría, pudiese tornarse una tiranía,  eso de que "el pueblo bueno manda" ¿no sería una la instauración de una mayoría a la manera de una nueva religión política? Y como afirma el autor, en ella, podrían anidarse silenciosamente, formas de decadencia social, dictaduras, tiranías, y tristemente, bajo el auspicio de una muerte aceptada por el mismo individuo, que abre la puerta a la realización de actos verdaderamente reprobables.

Ideas como: guerra-sombra, los partidos como “catch-all”, la pérdida de absolutos y el deseo de poder como sustituto, la tiranía de las mayorías, la religión del new-age y la decadencia en el pensamiento crítico... se pueden explorar por varios ángulos, a mí me interesan, por el lado de la educación, la formación de las nuevas generaciones.

Me ha encantado leerlo, pero me ha dejado preocupada, porque la posible solución es el sujeto, y la pregunta sin respuesta es como convencerlo en asumir una adultez, una responsabilidad y compromiso frente a la realidad.  Como educadora, la pregunta no tiene respuesta, pero no impide que siga explorando ideas para mirar al horizonte y reconocer coyunturas donde hacer algo.  ¿A leer si pueden...!


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sábado, 21 de marzo de 2020

Del discurso activista al esfuerzo cotidiano de cambiar desde uno mismo, lo que se necesita.




Hice una búsqueda de este canta-autor, porque lo vi en vídeo, como activista en este asunto de la cervecería (https://www.facebook.com/zeta.tijuana/videos/559047594712461/)y su necesidad de usar agua para su producto (que para mí no es indispensable, tomar cerveza no es mi prioridad la pregunta es ¿quiénes la consumen? ¿Por qué? si no hubiera consumo, no habría este tipo de industrias, entonces el problema es de naturaleza cultural, cómo modificar esa necesidad de alcohol y de tanta cosa que no nos ayuda a ser mejores personas...)

Bueno, investigué y me discipliné para escuchar esta conferencia y... ¿qué les diré? la terminé porque soy disciplinada, pero pienso, que estas formas de "activismo", este tipo de discursos, ya no funcionan, son palabras que un momento nos ponen frente a nosotros esas cosas que sí pasan, que si son verdad, que si hacemos, pero pienso que el modo de abordar este problema necesita renovados esfuerzos, ¿cuáles? la verdad no sé, pero, estos discursos, son de efecto momentáneo, salimos de ahí inspirados, pero ¿qué creen? la vida cotidiana, con sus prioridades largamente construidas nos dominan y ahí está la batalla real, porque todos estamos sumergidos en micro-acciones del diario vivir, que ni siquiera podemos ver, menos analizar, y que repetimos y repetimos todos los días, a cada momento...

El reto, el verdadero problema, es cómo verlas, pensarlas, asumirlas, y hacer esos micro-cambios en la vida cotidiana, que quien coma carne, deje de comerla, que quien bebe cerveza, deje de hacerlo, que quien fuma, lo abandone el cigarro, que quien se droga ya no lo haga más, que quien no trabaja, sea responsable, ético, que quien asume mal su rol familiar, lo haga bien, es tanto y tanto por reconocer y cambiar... ¿Quién dice yo? No es fácil, este es el verdadero problema, ¡Cambiar!... Por eso, si en un tiempo estos discursos me dijeron algo, hoy, que los puedo reflexionar, pienso que ahora están agotados... ¿Qué se necesita? como educadora, como profesora de chicos y de grandes (como una vez me dijo una de mis alumnas de maestría y a quien agradezco pues me hizo ver mi gran campo de acción), pienso que el verdadero trabajo está en la formación, en la educación, y para hacer algo,  padres, maestros, instituciones, sociedad, necesitamos "auto-educarnos", prepararnos más, ser-estar más "informados", tener más recursos de todo tipo, ser-estar más cultos, para pensar con responsabilidad en estos graves problemas en los que estamos metidos por la coyuntura histórica que nos tocó vivir, y bien "armados de ideas" podremos diseñar y actuar las nuevas tareas que hoy se necesitan... Como ven, tenemos mucho trabajo, no se trata de hablar bonito, sino de hacer cosas reales, cada uno desde el lugar en que le toca existir.  Que nuestros actos hablen por nosotros.  ¡Se imaginan lo que pasaría en el mundo¡ Es un trabajo de cada uno, sostenido, valiente, responsable, muy difícil, pues a quien hay que vencer, es el conformismo de uno mismo.

...Yo desde mi trinchera, me sigo formando, batallando conmigo misma y tratando de hacer, desde mi trabajo, desde mis diversos roles personales y sociales, esas pequeñas micro-acciones orientadas a grandes cambios, porque como aprendí de mí admirado maestro Hugo Zemelman, la historia por la que quiero remontarme (si se puede, la vida física es limitada, pero no la vida histórica como también me enseñó Agnes Heller), se irá gestando, en las micro-prácticas de la vida cotidiana, desde lo que uno es, y hace,, por eso, hay ser personas ricas, millonarias en ideas, sentido de vida, respeto y responsabilidad histórica...(entonces la gran batalla está dentro de nosotros mismos).

Bueno, esto es lo que pienso, y como siempre, insisto, pensar diferente puede ayudarnos a reconocer nuevos puntos de encuentro.  

sábado, 6 de octubre de 2018

La esperanza como conciencia... Hugo Zemelman Merino



“Si el hombre quiere dar cuenta de su entorno y de sí mismo, tiene que recuperar los distintos planos en que está situado. Eso significa tomar en cuenta los diferentes lenguajes en que se expresa, es decir, la pluralidad de lenguajes para apropiarse de la realidad desde cada una de sus situaciones singulares, que excede a lo estrictamente analítico. En este contexto se plantea un lenguaje que sea más flexible, en términos de su sintaxis, apoyado en la necesidad de colocarse ante la realidad que trasciende el ámbito de las unas afirmaciones. Un lenguaje que sea como resplandor de horizontes, cuyos contenidos, antes que explicativos, sean potenciadores de la capacidad de pensar.” Hugo Zemelman Merino. En: la esperanza como conciencia (un alegato contra el bloqueo histórico imperante: ideas sobre sujetos y lenguaje) página 26.

Gracias Carmen Longoria Magallanes, por donarme tu libro, ya lo hice mío a mi estilo de subrayado que ya conoces, y al hacerlo he vuelto situarme en aquellas ideas tan complejas, que ahora veo como germen, pues están más desarrollas en los últimos tres libros de Hugo Zemelman (Ángel de la historia, Horizontes III y la Gramática del pensar), ideas que en aquel tiempo, yo, muy ingenua, pero muy disciplinada, leía y releía, ¿por qué? no lo sabía.  Un día, leyendo a Bachelard, encontré, que si una idea me importaba, la necesitaba, y volvía ella una y otra vez, es porque me era vital,  y así entendí, que leer a Zemelman me importaba porque le hablaban a algo de mí misma, le hablaba a mi interior, sentía que algo había para mí, que tenía un mensaje, ya que  ni lo abstracto de sus ideas, ni esa enorme su complejidad ante mi deficiente formación teórica de esa época me ahuyentaban,  al contrario, sospechaba de un misterio que necesitaba explorar.

Ahora, a la vuelta de ya muchos años que no quiero enumerar, (porque no ha sido fácil, me  ha costado mis grandes esfuerzos formativos en todo sentido, y mucho tiempo, no  saben cuánto...), puedo decir, que al leerlo, el mensaje que recibía era que yo necesita-necesitar pensar históricamente, hacerme de un lenguaje de significantes, de verme como ámbito de sentidos abierto al tiempo, de vivir el reto de pensar mi circunstancia presente siempre abierta a sus múltiples desenlaces y donde yo, ineludiblemente soy actora de ellas, y principalmente, asumir que lo que suceda, tiene que ver con la toma de mis decisiones, claro, siempre desde los micro-espacios de mi vida personal y social, pero  nunca ajenos a los grandes desenlaces de la historia, porque como nos dijo: "la historia se construye en la cotidianidad de la vida".

Comprendo hoy la importancia de cobrar autonomía, no a la manera de Piaget, y que todos los docentes repetimos y nos ayuda tan poco con los niños de hoy, sino la idea aportada por otra grande de las ideas, Castoriadis, de quien comprendí que soy hija del mundo heterónomo en el cual nací, que vivo de sus reglas, sus sentidos, sus determinaciones dadas, pero que yo, desde mi lugar influyo quiéralo o no, pues al esforzarme en erguirme como sujeto (tarea nunca concluida además), es posible dar lugar a nuevas experiencias, a contribuir a la emergencia de espacios, ahí donde todo parece cerrado, sin futuro, ahí, donde habita la desesperanza, sí existen cosas por hacer, que existen intersticios, zonas inéditas, que necesitamos aprender a mirar, necesitamos formarnos para mirar horizontes, explorar todo límite y reconocer sus fracturas para buscar salidas bien pensadas, bien construidas.  A esta autonomía me refiero, y otras ideas como éstas,  de otros como Maffesoli, Gaulejac, Erhenberg, y tantos y tantos que me han prestado sus conceptos para pensar-sentir la realidad a la manera que nos invita Hugo Zemelman.

Y ahora a la vuelta de los años, ya con un lenguaje teórico más formado, pero nunca suficiente, pues la  realidad siempre se rehace por el poder mismo poder silencioso de nuestras prácticas, y para interpretarla siempre se  necesitará de más y más lenguaje,  por ello, hay que seguir leyendo, a Zemelman, quien invita a vivir un pensamiento epistémico, y no solo a él, sino a todos los grandes pensadores de ayer y hoy que nos ayuden a pensar nuestro propio tiempo social, a construir un lenguaje abierto, un lenguaje connotado, un "lenguaje de significantes" como pide nuestro autor, en este viejo escrito, algo que también reclama otro gran autor que también visité,  Ernesto Laclau, a quien revisé por un tiempo, rescatando ideas importantes que fueron de gran ayuda en ciertos momentos.

Se trata entonces de hacerse de una cultura teórica, de visitar a autores diversos quienes al prestarnos sus conceptos, ayudan a mirar mejor el mundo, pero no encerrarse en ellos, sino situarnos frente a los nuevos retos, sintiendo la necesidad re-pensar la realidad, notando su pertinencia o sus limitaciones. 

Leer a Zemelman, es como un autor de cabecera, que nos ayuda a no perder el rumbo, pues con él se  descubre la necesidad de comprender el mundo, y de asumir el reto eterno de erguirnos como sujetos, siempre viviéndonos en el desafío de leer la real-realidad en tiempo presente, para ser capaces de tomar las mejores decisiones forjadoras de más futuros.  

Aprendemos con él, que para “ser-sujetos”, donde no hay recetas, solo necesidad de vivirlo asumiendo todos sus desafíos existenciales y no es fácil, pero tampoco imposible.