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lunes, 3 de octubre de 2022

Hugo Zemelman Merino: hontanar de ideas para seguir iluminando los horizontes de realidad.

 

Hugo Zemelman Merino (1931-2013)
Desde 2013, en este día,  3 de octubre, necesito  hablar de Hugo Zemelman, a quien conocí esporádicamente en persona, pero más por la lectura de sus libros.  Se trata de una necesidad, que entiendo como algo que se tiene que hacer, porque le hace falta al mundo.  Es un día para “lenguajear” (expresión de Maturana) mi idea subjetivada, pensada y sentida sobre esta obra, y compartirla como tarea asumida por cuenta propia y con infinito agradecimiento personal.

 Desde mi perspectiva, el pensamiento de Hugo Zemelman no puede morir en el olvido de la academia.  Sus ideas, densas -es cierto-, se soportan por una gran cultura teórica que no todos tenemos y esto dificulta su lectura, que es muy exigente, pero cuyo esfuerzo aporta una necesidad formativa.  Sus ideas giran en torno a la reflexión sobre cómo nos situamos en el mundo que nos rodea, en cómo lo pensamos y cómo lo resolvemos; son ideas que invitan a pensar nuestros “pensamientos y sentimientos”, y con ello, resistir la imposición de una visión que impida reconocer el fluir otras realidades que estando ahí, no podemos ver ni analizar y menos, atender.

 En la obra de Zemelman, vamos a encontrar pensamientos que incitan a “asumirnos como sujetos”, frase abstracta, pero por ello, puede soportar el peso de la realidad sin saturarse; no se trata de un concepto, sino de una noción abierta, capaz de contener esos vacíos que el proceso histórico va dejando a su paso cuando se habla de nosotros.  Se trata de un “conceptos vacío” que van llenándose de realidad en un esfuerzo de pertinencia, de vigencia. 

 ¿Y qué pretende decirnos con esto de “asumirnos como sujetos”? En uno de sus libros, titulado “Sujeto: existencia y potencia”, deja ver los sentidos que explora, nos lleva a pensar que con sólo existir -y todo lo que esto implica-, desplegamos una fuerza vital que anida futuros, que entre el nacer y morir tenemos un poder que influye en la historicidad del mundo, y esto lo hacemos desde el acto más cotidiano, que herederos de pasados, forjamos futuros. Nadie queda exento.

 En otro escrito, dice, “sujeto como ámbito de sentidos”, y con esto, reconoce nuestro potencial, que somos hontanar de fuerzas conscientes e inconscientes, construimos mundos desde la más incipiente cotidianidad, y partiendo de esta aseveración, una pregunta cruza sus trabajos: ¿sabemos lo que impulsamos desde el más pequeño de nuestros actos o quedamos atrapados en las hegemonías del presente? Es decir, discute si tenemos claridad sobre los ordenamientos de nuestro existir, que al ser parte de lo instituido tal vez sólo somos, hacemos, y estamos ahí, automatizados, mimetizados a la lógica impuesta, o, quizá seamos capaces de desplegar nuestro potencial pensante para reconocer que lo instituido se agota en su fluir, que en su movimiento histórico se  distorsiona, crea vacíos que trastocan sus lógicas, empobreciéndose frente a la magmática y demandante realidad, que siempre en estado producente, demanda estar atentos, alertas, para no ser sorprendidos por la misma historia que construimos.

 La defensa del sujeto pensante, crítico, constructor de realidades orienta su obra, y los hace desde diferentes ejes, filosófico, político, sociológico, económico, pero en especial, epistemológico, es decir sobre cómo y para qué conocer, y lo hace desde planteamientos muy particulares articulados en lo que denomina Epistemología del Presente Potencial.

 Los ejes de sus discusión son amplios y variados; ninguno ubicado en un solo libro.  Está en todos, pero en algunos enfatiza nociones, lo cual hace imposible reseñarlas, pues dado su estilo de escritura  y exigencia de lectura, tales ideas ameritan ser atestiguadas, es decir, necesitan ser lenguajeada por quien incursiona en ellas, y al hacerlo, se aporta la experiencia personal del cómo se le comprende, del movimiento de ideas que genera en su lector.  Esto lleva a reconocer en su obra, un fuerte sentido paideico, después de leer a Zemelman y sentirse convocado a ser sujeto, hablar de ello, se torna la narración de una vivencia. Es mi caso, no puedo hablar de él de otra forma, así que esta es mi versión.

Su escritura, asemeja a esos versos que uno lee y relee, siempre teniendo una comprensión distinta; se trata de ideas que, leídas en diferente momento y circunstancia, suscitan pensares y sentires diferentes, nunca son los mismos pensamientos estimulados al contacto de sus palabras.   Zemelman necesita a un lector que no quiera definirlo, atraparlo en resúmenes al tratarse de una escritura que no puntualiza, sólo ofreciendo problemas sobre nuestra forma de pensar, que son explorados en varios niveles, por ello, se necesita a un lector que se atreva a explorar ideas que no ven la otra orilla, sino que hunden en la profundidad de lo que necesita ser pensando. 

Cuando su escritura encuentra a un lector, éste descubre que en esas palabras existen un  "algo" que es de su incumbencia, que  tiene que ver con él, y surge el deseo de conocer qué es, deseo que lo lleva a la experiencia de leer y releer, de volver a esas páginas en cuya lectura ha sentido que puede vivir una experiencia de libertad; ahí, se sabe capaz de pensar,  que hay más de lo habitualmente reconocido, que puede avanzar sobre lo que ignora, y ese deseo le lleva al límite, a un umbral que sospecha tiene lo que busca, para seguir en esa exploración que provoca un movimiento personal que reta, desafía.  Lo que se descubre y nos compete, se torna en un ir y venir, en actos de conocimiento, que ensancha, enriquece a la persona.

Y de esto último es lo que he querido hablar este día, del papel que juega en nuestro auto rescate como sujetos, el acto de conocer, asunto que aborda en su libro: Horizontes de la Razón de III, un libro plagado de ideas-madre, todas articuladas en el abordaje de este asunto tan complejo.   En este libro del 2011, le penúltimo que escribió, vamos a encontrar una argumentación vasta, densa, profunda, sobre la necesidad de “pensar el conocimiento”, de problematizar su papel en nuestras vidas, otorgándole un valor existencial para superar una visión meramente cognitiva y adaptativa.  Zemelman le apuesta a un acto de conocer que provoque una mirada capaz de “iluminar los horizontes de realidad”, es decir, un conocer que, si bien ayuda a moverse con soltura en lo conocido, vaya más allá, que permita avanzar sobre lo ignorado;  que lo que se conozca, no se cierre, sino que deje ver indicios, señales, y que ese camino recorrido, sea la entrada a otros, apenas por explorar, y todo esto, lo hace un sujeto que desea conocer, que sabe que al hacerlo, que siente que expande su subjetividad.

Así, a lo largo y ancho de sus páginas, reflexiona cómo en el acto de conocer no siempre nos permite explorar lo desconocido, como buen Bachelardiano, Zemelman reconoce nuestras resistencias, nuestras preferencias a quedarnos en lo conocido, en el lugar seguro, pero al ser detenidos en ese saber que explica y sutura, se impone una versión de verdad, que apaga otras preguntas mediante su instrumentalización, su uso para resolver lo emergente, pero sin ir más allá.   A lo largo de la obra, nos lleva a pensar en los retos formativos que enfrentamos para vivir actos de conocimiento que no nos impidan avanzar, de ahí que la obra tenga esta fuerte dimensión paideica.

El reto formativo que enfrentamos, por tanto, será conocer de manera epistémica, un conocer que atienda la dimensión producente de realidad, que exige pensar reconociendo movimientos, dimensiones espaciales, temporales, la articulación de los fenómenos, etc., etc., nos habla del valor de una racionalidad crítica, donde crítica se entiende como el reconocimiento de lo potencial en lo dado que estamos conociendo.   Una racionalidad cuyo pensar se resista a cerrarse en una verdad mediante el uso de conceptos abiertos, siempre enriqueciéndose con lo producente de la realidad.

Nos habla de la urgencia de problematizar la información que sólo describe, explica, resuelve temporalmente, cuando lo que se necesita es una información que se torne un conocimiento-pensado y sentido por un sujeto que se sabe parte el mundo, quien pregunta y responde, que mira algo más, que tiene necesidad de conocer varias versiones sobre un mismo fenómeno porque es su incumbencia.  Nos dice que, si el conocimiento se aborda ante la necesidad de la vida propia, entonces, conocer no será actos de especialista, sino de todos los sujetos sociales. Aquí vemos su vinculación con la educación.

En el libro, avanza sobre este tópico abriendo otros problemas implicados, como lo es el lenguaje, que exige nociones abiertas, que argumente sin cerrar lo que se dice, ideas para seguir significando lo que ocurre en la emergente realidad. Igual nos hablará del problema de crítica, del reto de colocarse leyendo discursos de orden, de poder, hegemonías, coyunturas, los tiempos cortos, largos, etc. etc.  No es un libro fácil, pero la formación que favorece en quien vive el reto, no tiene valor.

Y podría seguir hablando de él, desde la forma en que lo conozco.  Siempre se me ha catalogado como zemelmaniana, y nunca lo he negado teniendo claro que este calificativo me pone en una gran responsabilidad intelectual y personal.   Aprender algo de este autor, exige abrevar de la cultura teórica de mi tiempo y espacio y que necesito usar este conocimiento para aprehender sus planteamientos y apropiarme de ellos.  Y lo más importante, que este conocerle, se torne un conocimiento que me ayude a mi fortalecimiento como persona, que me permita pensarme en mis microespacios, y ahí, vivir el ejercicio de la crítica para situarme en esa realidad producente que necesita ser pensada en tiempo presente.

No sé si lo logro, pero sí sé, que leer a este autor, no tiene que ver con recetarse sus obras y memorizarla para repetir sus frases, citarlo en trabajos, usarlo como adorno.  Leer a Zemelman exige documentarse, leer a otros que nos  enriquezcan, que respondan  preguntas, y así pueda hacerse vida esa invitación que nos hace de “asumirnos como sujeto”  con un pensamiento muy enriquecido que aporte lenguaje, ideas fuertes, resistentes, capaces de desmontar los parámetros hegemónicos de la real-realidad a la que se pertenece y se imponen inexorablemente.

Con Zemelman, pude pensar mejor este reto personal de asumir la autonomía que nos sea posible en medio de la heteronomía del tiempo que nos ha tocado vivir (asunto de mi tesis de doctorado) y que hacerlo, no es resultado de un buen deseo, de un acto de voluntarismo, de bonitas palabras, sino que se trata de un esfuerzo intelectual que aporta sabiduría para colocarse en una realidad que no deja de fluir.

 

 

sábado, 1 de octubre de 2022

¿Divulgar las investigaciones de E. Ferreiro o Idear estrategias para movilizar la cultura didáctica que desconoce la psicogénesis sobre el aprendizaje de la lengua escrita?

 

Pues le ha tocado el turno a este libro ENSEÑAR A LEER Y ESCRIBIR EN CONTEXTOS DIVERSOS. APORTES PARA LA FORMACIÓN DOCENTE, que, al investigar un poco sobre su origen, no se publica en nuestro contexto mexicano, sino el argentino, aunque el segundo capítulo narra una experiencia en México, realizada durante la pandemia, con Amira Dávalos, del Departamento de Investigación e Innovación Educativa de la Secretaría de Educación de Querétaro y Arizbeth Soto del CINESTAV.

Quedé algo desencantada preguntándome ¿Cuántos trabajos de este tipo se han publicado desde mitad de los 80s a la fecha? Y digo ochentas, en el caso de nuestro país, Argentina, no sé desde cuándo, siendo de ahí Emilia Ferreiro, que publicó su primera investigación por los 70s. 

Desde el famoso PALEM, que inició por el 81, a raíz de la investigación de Emilia Ferreiro en México, auspiciada por Margarita Gómez Palacio, se inició la introducción de las ideas este libro en el contexto de la educación primaria, en especial en primero y en segundo.  Más de 30 años con esta información divulgada por investigaciones, programas, hasta en el libro del maestro de primer y segundo grado de la SEP, está, y los libros del alumno están conformados con este enfoque.

¿Qué ha pasado? ¿Cuál es la cultura didáctica en la enseñanza de la lengua escrita real? Fui docente de primer grado, algunas veces de segundo, y no todo el tiempo, alguna parte, la dediqué a la difusión de estas ideas como asesora estatal, desde UPN diseñé cursos, diplomados, etc. ¿Y qué ha pasado? En mis retornos a la escuela primaria, parecía que entraba a un túnel del tiempo, me encontraba con los mismos espacios, y como nuestra estancia es tan larga en la educación, con los mismos compañeros que me decían con su vos, lenguaje no verbal y prácticas, ¡todo sigue igual…!, es decir, cambios en el mismo sentido instituido, en los usos y costumbres que dan vida y sentido a la escuela.

Pues algo así he sentido leyendo este libro.  Tuve una larga estancia en la educación, a punto de cumplir 45 años me jubilé, y desde el 1985, he vista este esfuerzo de movilizar nuestras concepciones didácticas sobre la enseñanza de la lengua escrita, mucha información ha circulado sobre cómo aprenden los niños este contenido cultural imprescindibles para sus vidas, y visto que “prende” un aprendizaje cognitivo, es decir, se conoce esta información denotativamente para brindar datos, un informe, es un conocer que responde a la burocracia, pero no moviliza las prácticas arraigadas y vivenciadas culturalmente sobre la enseñanza.

Lo que leí, refiere a lugares comunes en los últimos 35 años, lo verdaderamente sorprendente sería investigar en cómo hacer que este saber, este conocer haga que los profesores se arriesguen en sus prácticas y avancen hacia situaciones fuera de sus lógicas e incursiones por expresiones infantiles de escritura que los asombren, les generen preguntas y venciendo sus resistencias, en medio de la incertidumbre de lo no hecho, ensanchen sus experiencias, ahora iluminando otras, apenas por realizarse preguntándose ¿cómo aprenden los niños a leer y escribir? Y desde esta psicogénesis reconocida, reinventar su quehacer día a día.

Este libro es recomendable para maestros que se inician en la docencia, pero sin quedarse ahí, necesitan informarse más, acceder de manera directa de la investigación de tan larga data de Emilia Ferreiro, cuando menos leer el último, El ingreso a la escritura y a las culturas de lo escrito, y si se puede revisar la investigación que hizo en 1982, creo, sería excelente.

Bueno, hay que reconocer lo valioso de que este asunto siga importando a los investigadores, desde donde se pueden sugerir muchas ideas, pero sería mejor, pasar de este nivel de divulgación a otro; después de 35 años, urgen nuevas estrategias que rompan las resistencias para movilizar la cultura docente en este campo. Ese es el reto de hoy.

Yo les invito a mi Blog, donde como docente y pensadora de estos asuntos, he realizado algunas reflexiones. http://educacionhoy.blog


 

domingo, 4 de septiembre de 2022

Una explicación neurológica de la conciencia.

 


Antonio Damasio. Sentir y saber El camino de la consciencia. Traducción de Joandomènec Ros. Editorial Planeta, 2021, Formato Electrónico.

 ¿De qué trata este interesante e importante libro? De las emociones, de los sentimientos, de la evolución del sistema nervioso, de inteligencia no explícita, explícita, de la mente, de la conciencia… Cada palabra es un océano de ideas, todos interrelacionadas, que al final de la lectura me he quedado con todas ellas anudadas en la cabeza, alojadas en el enriquecimiento de mi conciencia ampliada, pero sin las tablas para posicionarme en alguna con seguridad, me es difícil hablar de ellas.

Desde 2019, por razones personales, queriendo entender los “caminos neurales”, me encontré con Antonio Damasio y me compré “En búsqueda de Espinoza”, que leí una tercera parte y detuve por la necesidad de conocer más de este Filósofo, que le hacía plantear eso de que “la vida quiere más vida”, y compré otro libro, “El orden de las cosas”, donde desarrolla más sus ideas sobre la homeostasis, que identifica como el responsable del auto progreso de los seres vivos, y ahí quedó medio abierto… también compré “La sensación de lo que ocurre”, libros interesantes, pero al estar lejos del mundo discursivo en el que me muevo, al ser un campo alejado de ideas habituales, pero que generan interés, asombro, me he preguntado, por qué estoy ahí de necia,  y como siempre, Bachelard responde: “porque compete”, es decir, le habla a algo que me interesa, qué, pues hay que descubrirlo.

¿Qué he comprendido de este libro? Por el momento, que los seres vivos, somos el resultado de un proceso evolutivo que ha costado millones de años gracias a ese principio de la homeostasis, la vida, en su afán de más vida, fue construyendo mecanismos autorregulatorios para sostenerse y mejorar y para explicar este progreso se la vida, vienen esos conceptos importantes, de la emoción, y de los sentimientos, en especial la de los sentimientos.  Damasio, según entiendo, busca que hablemos de la mente, de la conciencia, tomando en cuenta esta relación entre las emociones, los sentimientos, la mente, siempre insistiendo en que provenimos de una compleja historia evolutiva, que, si ponemos en claro, podremos construir una relación de mayor respeto para la vida nuestra y en lo general.

El libro me ha gustado, lo leí de principio a fin, pero me resulta difícil verbalizar lo encontrado y medio enmudecida, me encuentro fascinada por lo que fui leyendo y reconociendo en su momento, aunque ahora me resulta difícil hilarlo.

Necesito revisar esos otros libros que tengo medio empezados y aclararme esos conceptos, sus relaciones, y en especial, que tienen que ver con mi tarea como educadora, pues por el momento, sólo entiendo que los sujetos a nuestro cargo, son cuerpos sintientes que construyen conciencia gracias al poder de la mente que propicia el desarrollo del sistema nervioso logrado, que conocer como funciona nuestro cerebro, los sentimientos, las emociones, ayudará orientarnos por ese amor y respeto a la vida, apoyando conscientemente, los “sentimiento homeostáticos” y “los sentimientos emocionales”, que tienen que ver con los fundamentos de quienes somos. 

 

jueves, 18 de agosto de 2022

El progreso de la escuela no ha garantizado una sociedad igualitaria. ¿Qué rol hemos y estamos jugando los educadores?

 


Emilio Tenti Fanfani. La escuela bajo sospecha: Sociología progresista y crítica para pensar la educación para todos. Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2021. Libro digital.

He sabido de este autor por otro libro que revisé hace tiempo, por artículos que leí, conferencias dictadas anidadas en YouTube; sé que es sociólogo, que tiene una amplia trayectoria por el mundo de las políticas educativas mundiales aportando ideas importantes sobre la educación, como la del “oficio docente”.

Al comienzo de la lectura, sentí desencanto, y no entendía la causa, pues no es un libro con lenguaje complejo, el autor se esforzó por situarlo en nuestro mundo, pretende comunicarse con nosotros, todo lo que dice, nos compete, por ello, necesita ser leído, pero ese comienzo me causó cierto tedio que enlenteció la lectura. Y tuve que preguntarme ¿Por qué mi actitud?  Así que tuve la tarea de pensar, por qué esta primera relación con tan importante libro me detenía, y a la par, avanzando en la lectura.

Terminada la lectura, puedo pensar en su tesis de “la escuela bajo sospecha”, que alude a una escuela en falta, que no ha logrado cumplir sus promesas de disminuir las desigualdades sociales, lo cual, se ha vuelto evidente.  Por ello, en la primera tercera parte del libro, se enfoca en explicar esta la paradoja de que, contando con una población más escolarizada, con más títulos, el progreso de las personas, la dignidad humana, va en retroceso, que no existe esa correlación de fuerzas entre desarrollo educativo y desarrollo social.

Para ahondar en el fenómeno, toca varios puntos, como la creciente credencialización escolar, población con más y más grados, como se cuenta con un sistema de evaluación que fiscaliza la educación más que formar, la lógica meritocrática que pones a todos a luchar por el progreso en desiguales oportunidades, el pobre en la escuela pobre, el rico, en escuelas de su nivel, etc., dándose un circulo vicioso de reproducción de desigualdades en la misma escuela que promete progreso, desarrollo, bienestar desde la tutela de un Estado que falla.  Pero no se queda ahí, su mirada se magnifica hacia lo social, pues reconoce que dar garantías de ciudadanía justa, no solo es tarea de la escuela, se adentra por lo social, y desde conceptos como capital cultural analiza lo que puede hacer o no la escuela frente a esta situación, y nos dice algo que los maestros sabemos muy bien, que aprender no es por decreto, que exige esfuerzo, tiempo, condiciones y si no se piensa en estas diferencias que aporta el capital de cada sujeto, la educación fracasa, pues parte de estándares que no todos poseen dadas las realidades de sus primeros años, como lo es familia, cuyo desigual capital cultural, en la escuela, se reproduce, ahondando la marginación, y esto favorece la desigualdad social.

Este decir, es claro, bien argumentado desde conceptos de la sociología de Bourdieu, Durkheim, y otros importantes autores, que nosotros los maestros apenas conocemos, pero sabemos que nuestro autor sí.  Con tales aportes, profundiza para encontrarse con la existencia de la clase dominante, esa que toma las decisiones, la que atrapada en las lógicas tecnocráticas y economicistas de la época, toma decisiones injustas sobre los dominados, y en especial sobre la educación actual, lo cual, trajo y traerá severos costos sociales que obnubilada en su poderío y creencia de progreso, va dejando una estela de marginación, de exclusión, de graves problemas sociales que si bien existían, cada vez se agudizan más.

Y bien, esta parte, pienso, nos es familiar, tal vez de oídas, leída, sabemos de esto, ¿cómo? Por ser profesores, dada nuestra condición laboral, nos hemos situado en el lado de los excluidos, marginados.  Sentirnos de este lado, pienso, a reserva de pensarlo mejor, nos lleva a responder a “botepronto” y sin mucha reflexión, sin una argumentación sistemática, como esta que se hace aquí, y quedamos atrapados en la “lógica del marginado”, y ahí, nos arrinconamos rumiando nuestras emociones y sentimientos frente a una realidad que nos achica en medio de discursos que nos vuelven un mito del bienestar humano.

Entonces, caí en cuenta que esta parte tiene que ver con mi desagrado porque me volvió a esos “saberes”, a estas ideas que no se piensan, pero que sentimos, que vivimos, y desde ahí, invadidos por los emocional, hacemos cosas mínimas, propias de los usos y costumbre de la resistencia magisterial.  Si, pienso que no me gustó ese llevarme al lugar de los excluidos, porque movilizó lo que me inmoviliza, entonces, se activó la resistencia.

Con la lectura hecha, es imposible negar lo ahí planteado, es cierto que se vive una educación sumergida en un mundo que la utiliza de acuerdo a las fuerzas hegemónicas, a las tendencias, a los argumentos de quienes tienen poder de decisión sobre otros dadas la formas de participación regulada, eso no lo rebato, pero me pregunto, ¿No podemos abrir otros ángulos de reflexión? ¿Será posible analizar este presente para reconocer las fuerzas que precisamente hegemonizan, pero sin esta dualidad de dominantes y dominados? He aprendido con base a otros textos, que todos participamos, desde los actos más cotidianos y simples en la construcción de la realidad, todos hacemos las historias, de las cuales, unas hegemonizan más que otras, pero articuladas forjan el todo social, el sentido de la época, entonces, si todos jugamos un rol ¿Qué estamos haciendo para ser parte de los dominados? ¿Qué podemos dejar de hacer desde nuestras míseras vidas cotidianas para dar giros a esas fuerzas hegemónicas? ¿Cómo podemos cambiar nuestra participación decretada por una partición despierta, informada, atenta? Me resistí a verme entre los dominados sin opción de hacer algo, cuando sé que lo puedo hacer desde mi cotidianidad docente. 

Sé que no puedo rebatir las verdades que analiza, son ciertas, pero no me agrada el lugar que en esa realidad se me otorga, y apelo a “nuestro-poder”, ese concepto acuñado por Foucault que nos revaloriza como sujetos, Foucault nos dijo que todos ejercemos el poder, lo hacemos de instante a instante; luego entendí que todos somos “ámbitos de sentidos” al leer a Zemelman, y también, que todos tenemos resortes desconocidos en el inconsciente que nos lanzan a vivir situaciones inéditas como lo planteó Freud, comprendo ahora que somos “fuerzas vivas”, y que nos desplegamos en esos lugares sociales, llenos de dispositivos de poder, unos más poderosos que otros que pretenden controlar nuestro-poder,  pretenden gobernar nuestra subjetividad, y concuerdo, logran algo, pero no del todo, en esta explosión de vida que somos ¿cuántas decisiones tomamos que quedan fuera de ese control?

Pienso que somos ingobernables del todo, cada uno toma decisiones, orientadas por esa parte iluminada y oscura en nosotros, tenemos un poder íntimo que ejercemos, salvo que la forma de gobierno sea muy castrante, que también existe, y no pretendo hacer apología del sujeto, no, solo digo que las personas, en esta capacidad de optar, tomamos caminos, atajos, veredas, de acuerdo a nuestros deseos, necesidades, intereses, somos de lo más impredecibles… la subjetividad humana es un campo aún muy oscuro, lleno de revelaciones de quienes somos.  Si solo nos situamos en ese lugar de dominados, refugiados en esa verdad a medias, en nuestra ignorancia, apoyamos esas fuerzas, por lo tanto, hay que buscar y conocer esos dispositivos de poder que se nos imponen y de los cuales participamos, para transformarlos desde nuestro propio poder reorientado.

Esta es la forma en que puedo comprender mi enfado en la primera parte del libro.  Y me alegro haber resistido y terminar el libro, del cual pude abrevar un mundo de ideas sobre el aprendizaje, la familia, cómo nos piensa a los maestros, eso del “oficio docente” da muchas pistas sobre lo que nos aporta una identidad, aunque para mi gusto, cree demasiado en nosotros, deja de lado esto de la subjetividad docente que emana para todos lados y sospecho que él la ve marchar para el lado esperado, que existe un deber en su mirada, cuando nosotros, podemos tomar un caminos inesperados.  A veces sospecho, que hablar sobre nosotros, siempre se encuentra con una la mirada desde el deber ser, nunca sobre el humano terrenal que somos.

Este libro, nos resitúa en la realidad, nos lleva a mirar una escuela en falta, y nos ayuda a reconocer diversas dimensiones del problema que vivimos como educadores; aporta información valiosa que necesitamos para despabilarnos, y mejor informados reconocer nuestro lugar, qué estamos haciendo en favor o en contra de esta hegemonía de fuerzas económicas, culturas, científicas, tecnológicas, de lenguaje, históricas, etc.

Definitivamente, es un libro que amerita ser leído y cada quien hablará de su experiencia de hacerla, la mía fue una batalla resistiendo a esa forma de pensar que conocí desde los 80s, cuando me inicié en esto de las lecturas al volverme docente a nivel superior, leer sobre estas cosas era el pan de cada día, y reconozco que quedé atrapada, hablé de esos poderes fácticos que se nos imponen, y la necesidad de luchar contra ellos. Ahí estuve, y no supe cómo me zafé de eso (y quien sabe si siga allí), tal vez han influido los libros leídos, o la docencia libre en la Maestría Formación Docente, la historia personal, la formación, etc., las tesis de maestría, y doctorado que escribí, que siempre orienté hacia el problema del sujeto, reconociéndole ahí, un poder, que ahora puedo pensar mejor.   

Hoy, pienso (y con miles de dudas), que estamos en las manos de nosotros mismos, lo que me causa terror, porque nos resitúa en la ley de la selva, y viene la idea de “ética-estética” de Maffesoli, y tranquiliza, y es que desde ese lugar apenas conocido llamado subjetividad, somos capaces de hacer las cosas más divinas, como las más infames, pues siempre nos cuidamos de no caer en disonancias cognitivas que nos confronten, y desde ese criterio de autocuidado, siempre tendremos la razón hagamos lo que hagamos.

Maestros, maestras, maestres, hay que leer este libro.  Al normalismo (los estudiantes) le caería muy bien.  Y así como leemos a este autor, que mucho nos ayuda con sus análisis, hay que leer otros más, leer, créanme, nos ayuda a asomarnos a nosotros mismos, nos permite reconocer “eso-desconocido” que somos, con las lecturas nos aproximaremos a nuestro potencial, a reconocer que somos una fuerza pura, ese “ámbito de sentido” que dice Zemelman, y que siempre se espera sea bueno para lo social, pero si no lo es, cuando menos aflora, lo podemos pensar y analizar, saber qué tan peligrosos podemos ser desde nuestro hacer. 

Pero insisto, NO hay que hacer apología de nosotros mismos, somos un océano lleno de misterios…

 

 

miércoles, 20 de abril de 2022

¿La política educativa actual enfrenta la problemática educativa estructural de nuestro país?

 

La regresión educativa.  La hostilidad de la 4T contra la ilustración.  Gilberto Guevara Niebla.  Coordinador. Grijalbo, 2021.


He terminado de leer este libro.  No soy tan rápida como me gustaría.  Envidio a esa gente que dice leer varios libros al mes, la verdad yo leo cuando menos una docena al año si bien me va (ser maestra en grupo me ocupa mucho tiempo). En fin, no hay que quejarse, ya lo leí, tomé notas y aquí está mi impresión (ya saben, no sé reseñar libros)
Ya en un post anterior, describí como ví la "Presentación" y mi impresión del Primer artículo a cargo de Gilberto Guevara Niebla, y concluida la lectura de todos los ensayos, confirmo la necesidad de que todos los que nos dedicamos a la educación (si no es que todos los que puedan hacerlo), leamos este libro, es importante, lo necesitamos.
Antes que nada, debo decir, que más allá de estar en contra o favor de las políticas que este gobierno viene realizando, me parece un libro que recopila información, aporta datos, analiza cómo van las programas, las intenciones de la política educativa actual, y nos coloca en la realidad en la que hacemos la educación. 
Leer cada uno de los ensayos, permite pensar los problemas en que estamos inmersos, problemas de larga data, esos que venimos sobreviviendo por décadas,  por no decir ya de un siglo (la SEP, ya es centenaria), pues los sitúan en un antes, y un ahora, es decir, plantean cómo el actual gobierno los enfrenta desde su ideología, concepción de la educación y estrategias. 
Se trata de un libro que  ayuda a pensar en qué situaciones complejas estamos situados, y nunca tratan de provocarnos encono, sino un sentido de realidad; no hace un llamado a estar en desacuerdo con el Gobierno Obradorista, no, sólo nos coloca en los que está pasando, y como todo ensayista, los autores plantean su postura, respetable, y nos ofrece su opinión sobre los efectos, consecuencias, sentido político y como es lógico, sus opiniones.
La mayoría de ellos, por sus análisis, plantean que para este gobierno, la educación dice importar, que se tiene una serie de palabras que exaltan el valor de la educación, lo cual es bueno, pero cuando se asoman al dato duro, al análisis de lo que realmente está pasando, concuerdan en que la educación necesita más atención en todo sentido, pedagógico, presupuestal, organizativo, institucional, evaluativo, etc., etc.
No voy a describir cada artículo, no es la intención de esta reseña, tan solo quiero dejar la invitación a leerlo, y pensar con los autores los problemas que plantean sobre:
-El proyecto educativo que se enarbola en todos los ámbitos, desde la educación básica a la superior, pasando por el normalismo.
-Las instituciones que ha desaparecido y las que ha creado para favorecer su ideología.
-Las leyes que ha modificado y sus resultados en todos los niveles.
-La gobernabilidad educativa, sindicatos y sentidos magisteriales.
-Los programas para favorecer la educación y sus efectos en el aprendizaje real y necesario.
-Cómo se ha enfrentado la problemática generada por la pandemia, la posible tragedia en la formación de las nuevas generaciones.
Son muchos los asuntos que tocan y todos tienen importancia, pues la educación no se detiene, y eso que sucede no para, avanza y las preguntas que invita a hacernos giran en torno a 

¿Qué problemas se están atendiendo? 

¿Cómo se está haciendo?

 ¿Qué está resultando? 

¿Nuevos problemas? 

¿Cuáles?

Este libro nos dice, que la educación es un proceso social de largo aliento, y que se necesitamos estar informados, atentos y cada uno desde su trinchera vivir estos sucesos con atención y responsabilidad, y eso, nos exige conocer qué pasa.  Este libro es una fuente de información, ojalá lo adquieran  y puedan leerlo. En verdad, se necesita.  






jueves, 10 de marzo de 2022

"Regresión educativa" ¿A dónde nos dirige si no la comprendemos e intervenimos a tiempo?

 

 


El ensayo “El populismo en Educación”, con el primero de los escritos que integran el libro “La regresión educativa” (Grijalbo, 2021), Guevara Niebla, un crítico de la educación mexicana de larga data, ¿Quién de los maestros en su formación no ha leído algo de él?, espero que todos respondan positivamente) nos presenta dos ideas centrales a mi ver, la primera, y que no nos extraña,  la conocemos de toda la vida “la educación no es prioridad” y la segunda, nos cuenta, cómo se ha disminuido y reorientado el financiamiento educativo, y cómo este poco recurso económico, se destina a programa de becas o entrega de dinero sin intermediarios, donde más que buscar el desarrollo de la educación, se tiene como meta favorecer un clientelismo ad hoc a los sentidos políticos del gobierno en turno; nos cuenta como AMLO, es el centro de tales disposiciones ante la concentración de poder de que ha logrado al colocar a sus subalternos en las dependencias institucionales, quienes siguen sus órdenes sin resistencia, tal es el caso de nuestra secretaria Delfina Gómez.

Entonces, la regresión educativa se da por la asfixia de los programas educativos ante los recortes auspiciados por la gran idea populista de la “autoridad republicana”, concretada en despido de personal, recorte o suspensión de programas, reducción de salarios, suspensión de asesorías impidiendo la incorporación de ideas actualizadas, suspensión de equipos de cómputo tan importantes hoy día en la educación, etc.,  Esto no sólo se vive en las instituciones educativas sino en todas las dependencias del país.  ¿Y el dinero a dónde se destina? A los programas del bienestar, a dinero que se da en la mano, sin supervisión, sin tener claridad en su manejo, pero garantiza una clientela a favor del gobierno encabezado por AMLO.

Esta realidad innegable va dejando una estela de retrocesos, que se aumentan de manera aún incalculable, con la llegada del COVID-19, la pandemia. 

Guevara Niebla, afirma como muchos otros intelectuales, que esta situación nos puso en la cara, la desigualdad, la injusticia, los problemas crónicos de la educación mexicana, que, en vez de mejorar, se han agudizado.

Estamos inexorablemente en esta “regresión educativa” que es favorecida por un suceso natural, la pandemia, es cierto, pero también se debe a las decisiones políticas que se han tomado, la opción desde el poder, ha sido recortar las ya insuficientes finanzas a la actividad educativa. Este desinterés por la educación, sucedía antes del fenómeno “Cuatro T”, era notorio, pero hoy, con lo que ha pasado, se vuelve una actitud mezquina, pues el poco dinero (dado que no se trabaja en una mejor política fiscal que recaude ingresos para lo prioritario-social), se destina a proyectos clientelares, y a obras, que, si bien pueden ser importantes, habría que reconocer que no estamos en jauja para hacerlos hoy.

El ensayo no tiene pierde, lo escribe una persona que estuvo ahí, que vivió situaciones, que tiene una larga historia en mundo educativo, que sabe de qué habla… Deja ideas en qué pensar, por ejemplo, menciona la necesaria reflexión que tenemos que hacer todos lo implicados sobre esto y pensar en los problemas en los que cada uno puede reconocer y comprometerse desde sus microespacios, menciona la enseñanza, ese es nuestro ámbito, y cómo desde ahí, haciéndolo bien, con buena formación, con cultura pedagógica, con ese compromiso ético y responsable frente a cada niño, podemos romper el círculo de la desigualdad, dando la oportunidad de vivir una educación que le permita hacerse cargo de sí mismo, de su vida, y del tiempo que le toca vivir… Cómo le escuché hace poco Díaz Barriga, (otro grande de las letras sobre educación), somos mayores de edad, no necesitamos decir “fórmame para trabajar mejor”, como adultos, tomamos decisiones, y ser un profesional preparado, culto, que mira en la penumbra de los futuros que se ofrecen, es una decisión del ámbito muy, pero muy personal.

Maestros, hay que leer este libro, nos ayuda a comprender nuestra real-realidad educativa y cuando esto pasa, cuando comprendemos la raíz de los problemas, nos situamos y nos ponemos a hacer nuestra tarea con más sentido y profesionalismo… Yo mañana, sigo el “Claroscuro de la reforma educativa 2013-2018”, esa mal llamada reforma, desaparecida, dicen… veremos.


miércoles, 29 de diciembre de 2021

Vivir hoy día entre lo real y lo virtual ¿Es una amenaza o una oportunidad para lo humano?

 Byung Chul-Han. No-cosas. Quiebras del mundo de hoy. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2021. Edición Electrónica.

 


Este libro me hizo recordar que hace unas tres décadas, tenía tendencia a leer libros de este tipo, libros que hablan de que algo mal estamos haciendo. En aquel tiempo era contra el sistema económico, las políticas en boga, la hecatombe del mundo si no hacemos algo, etc., etc., se nos vendría abajo; en ese tiempo, era aún algo novata en esto de ser maestra en educación superior, y necesitaba argumentos para convencer de algo a mis alumnos de pensar en cambiar y formarse de un cierto modo, en este caso, desde enfoque de la maestría a la que estaba llegando.

Con el tiempo, leí, leí más, me informé, y sobre todo, me tomé en serio el enfoque de la Epistemología del Presente Potencial, con la que aprendí y comprendí la importancia de conocer el tiempo presente como una construcción histórica, y que en la medida en que me situara en mi propio tiempo, reconocería a la vez, fuerzas nacientes de construcción futura; comprendí que era importante leer la realidad en germen y entonces comprometerme con proyectos que los hicieran realidad, poniendo en acción esta idea de que la historia se construye desde la más cotidiana-cotidianidad. 

El enfoque, en lo personal me ayudó a tener una mente más abierta, luchando contra mis propios dogmatismos formativos, y fue muy, pero muy difícil hacerlo, pero algo tenía la lectura de Hugo Zemelman que por más dura y compleja que me resultaba, sabía que era buena para mí, y lo mejor, no me exigía fidelidad, al contrario, me exigía leer y leer de todo lo que pudiera, pues comprender mi tiempo presente no es asunto de un enfoque, sino de todos los posibles a los que yo pudiese acceder. Y así lo hice, y lo mejor, lo sigo haciendo ya alejada de la docencia universitaria.

Así, que ahora, cuando me encuentro con libro que nos dice que el mundo presente está destruyéndonos, que está acabando con lo que antes era bueno, y que ahora se nos sumerge en un estado de pérdidas, pues me resisto a esas ideas y defiendo la construcción de la historia ¿cuál? esa que en nuestra ceguera o luminosidad intelectual podamos construir, pues como seres humanos somos fuerza, potencialidad ¿hacia dónde? Ese es el misterio, se trata de apropiarse el presente y orientar futuros mejores.

Bueno, con esta aclaración, sólo diré que este libro, aunque he leído otros del autor, y que por esta tendencia no lo seguí más, pero al ver este nuevo material, lo revisé para ver sus nuevos argumentos, el título resulta atractivo.  

Tiene una forma de leer el mundo que se necesita respetar.  Así que me adentré por sus ideas, revisé y encontré que nos ve como consumidores de información y cosas no reales, atrapados en las realidades virtuales, dice que somos unos infómatas extraviados, que el mundo digital nos empequeñece, nos aturde la existencia humana con su ruido, su inmaterialidad, el desapego por las cosas privilegiando una memoria en la nube, donde guardamos videos, fotos y gran cantidad de información volátil, y que somos dominados por los datos, los algoritmos de la red.

La verdad, me pareció muy pesimista. Pienso que es una lectura del tiempo presente desde parámetros conceptuales que defiende lo sucedido tiempo atrás, me parece que utiliza un viejo paradigma de conceptos que lo anclan en una temporalidad ajena a la nuestra, y por ello, no puede mirar el movimiento de la realidad presente, que definitivamente, es dinámica, veloz, y esto la hace muy diferente a la que conocimos en dos décadas atrás, todo ha revolucionado, tenemos un tiempo espacio muy distinto donde se generan otras formas de existencia, otros modos de ser, estar, pensar.

Es un libro que se lee con dificultad pues se ayuda de Heidegger, Hegel, y otros filósofos (él es filósofo) y desde conceptos de estos autores, nada fáciles, nos explica este lastimoso proceso de pérdidas en el que estamos entrando.  

En lo personal pienso, que si es necesario reconocer qué estamos haciendo, qué problemas estamos generando, qué formas de subjetividad estamos desplegando, los problemas formativos que estamos enfrentando, y atenderlos.  Pero para hacerlo, necesitamos verlos como procesos del tiempo presente, reconocer sus tendencias, sus fracturas, sus posibilidades, como fenómenos de la realidad sociohistórica y prepararnos para vivirlos con un reencantamiento, con la sorpresa y animosidad que se necesita para construir la historia que se necesita, en esto, la lectura de Maffesoli ayuda mucho.

Diré, que si puedo rescatar algunos problemas que el autor plantea, como es esto de la abundancia de la información por el avance de las tecnologías, que esto de extraviarnos en medio de una información imposible de contener, de procesar y que termina en “fake news” no es bueno, pues al ser tanta y compleja, termina sólo en esa parte emocional y desde ellas nos domina, lo cual no es nada bueno.  Igual, tenemos el problema de nuestro desapego de las cosas que nos rodean, todo se torna volátil, no nos arraigamos, nos formamos comunidad con facilidad, y ni qué decir el empobrecimiento de nuestra capacidad de pensar el mundo ante la tendencia del facilitismo, lo simple, lo banal, porque tenemos mucho tiempo libre y buscamos más lo lúdico para utilizarlo…

Bueno, el libro, leyéndolo con cautela, sin dejarse atrapar el pesimismo, ayuda a plantearnos preguntas, problemas, retos formativos, porque si no tenemos este cuidado, terminamos pensando en que somos seres hacia la extinción… y eso, aunque es un futuro posible, necesitamos enfrentarlo aprendiendo a leer nuestro presente, a reconocer los problemas y prepararnos intelectual, política y socialmente para atenderlos, construyendo ese futuro digno que como humanos, pensantes, sintientes, merecemos.