La regresión educativa. La hostilidad de la 4T contra la ilustración. Gilberto Guevara Niebla. Coordinador. Grijalbo, 2021.
¿Qué problemas se están atendiendo?¿Cómo se está haciendo?¿Qué está resultando?¿Nuevos problemas?¿Cuáles?
Los poetas, los escritores escriben –pienso- para sí mismos, hablan consigo mismos y alcanzan el lenguaje más sincero, más auténtico, no se autoengañan… y lo mejor nos lo comparten. Nosotros llegamos a ellos y algunos nos seducen, por su calidez, el poder de sus palabras que igual le dicen algo a nuestro interior y nos deja pensando, soñando… Hay que meditar esas emociones y entablar un diálogo con nosotros mismos, nosotros los sin voz, que por alguna razón, perdimos.
La regresión educativa. La hostilidad de la 4T contra la ilustración. Gilberto Guevara Niebla. Coordinador. Grijalbo, 2021.
¿Qué problemas se están atendiendo?¿Cómo se está haciendo?¿Qué está resultando?¿Nuevos problemas?¿Cuáles?
El ensayo “El populismo en Educación”, con el primero de los
escritos que integran el libro “La regresión educativa” (Grijalbo, 2021),
Guevara Niebla, un crítico de la educación mexicana de larga data, ¿Quién de
los maestros en su formación no ha leído algo de él?, espero que todos
respondan positivamente) nos presenta dos ideas centrales a mi ver, la primera,
y que no nos extraña, la conocemos de
toda la vida “la educación no es prioridad” y la segunda, nos cuenta, cómo se ha
disminuido y reorientado el financiamiento educativo, y cómo este poco recurso
económico, se destina a programa de becas o entrega de dinero sin
intermediarios, donde más que buscar el desarrollo de la educación, se tiene
como meta favorecer un clientelismo ad hoc a los sentidos políticos del gobierno
en turno; nos cuenta como AMLO, es el centro de tales disposiciones ante la
concentración de poder de que ha logrado al colocar a sus subalternos en las
dependencias institucionales, quienes siguen sus órdenes sin resistencia, tal
es el caso de nuestra secretaria Delfina Gómez.
Entonces, la regresión educativa se da por la asfixia de los
programas educativos ante los recortes auspiciados por la gran idea populista
de la “autoridad republicana”, concretada en despido de personal, recorte o
suspensión de programas, reducción de salarios, suspensión de asesorías
impidiendo la incorporación de ideas actualizadas, suspensión de equipos de
cómputo tan importantes hoy día en la educación, etc., Esto no sólo se vive en las instituciones
educativas sino en todas las dependencias del país. ¿Y el dinero a dónde se destina? A los
programas del bienestar, a dinero que se da en la mano, sin supervisión, sin
tener claridad en su manejo, pero garantiza una clientela a favor del gobierno
encabezado por AMLO.
Esta realidad innegable va dejando una estela de retrocesos,
que se aumentan de manera aún incalculable, con la llegada del COVID-19, la
pandemia.
Guevara Niebla, afirma como muchos otros intelectuales, que
esta situación nos puso en la cara, la desigualdad, la injusticia, los
problemas crónicos de la educación mexicana, que, en vez de mejorar, se han
agudizado.
Estamos inexorablemente en esta “regresión educativa” que es
favorecida por un suceso natural, la pandemia, es cierto, pero también se debe
a las decisiones políticas que se han tomado, la opción desde el poder, ha sido
recortar las ya insuficientes finanzas a la actividad educativa. Este
desinterés por la educación, sucedía antes del fenómeno “Cuatro T”, era
notorio, pero hoy, con lo que ha pasado, se vuelve una actitud mezquina, pues
el poco dinero (dado que no se trabaja en una mejor política fiscal que recaude
ingresos para lo prioritario-social), se destina a proyectos clientelares, y a
obras, que, si bien pueden ser importantes, habría que reconocer que no estamos
en jauja para hacerlos hoy.
El ensayo no tiene pierde, lo escribe una persona que estuvo
ahí, que vivió situaciones, que tiene una larga historia en mundo educativo,
que sabe de qué habla… Deja ideas en qué pensar, por ejemplo, menciona la necesaria
reflexión que tenemos que hacer todos lo implicados sobre esto y pensar en los
problemas en los que cada uno puede reconocer y comprometerse desde sus microespacios, menciona la enseñanza, ese es nuestro ámbito, y cómo desde ahí,
haciéndolo bien, con buena formación, con cultura pedagógica, con ese
compromiso ético y responsable frente a cada niño, podemos romper el círculo de
la desigualdad, dando la oportunidad de vivir una educación que le permita
hacerse cargo de sí mismo, de su vida, y del tiempo que le toca vivir… Cómo le
escuché hace poco Díaz Barriga, (otro grande de las letras sobre educación),
somos mayores de edad, no necesitamos decir “fórmame para trabajar mejor”, como
adultos, tomamos decisiones, y ser un profesional preparado, culto, que mira en la penumbra de los futuros que se ofrecen, es una
decisión del ámbito muy, pero muy personal.
Maestros, hay que leer este libro, nos ayuda a comprender
nuestra real-realidad educativa y cuando esto pasa, cuando comprendemos la raíz
de los problemas, nos situamos y nos ponemos a hacer nuestra tarea con más
sentido y profesionalismo… Yo mañana, sigo el “Claroscuro de la reforma
educativa 2013-2018”, esa mal llamada reforma, desaparecida, dicen… veremos.
Byung Chul-Han. No-cosas. Quiebras del mundo de hoy. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2021. Edición Electrónica.
Este libro me hizo recordar que hace unas tres décadas,
tenía tendencia a leer libros de este tipo, libros que hablan de que algo mal
estamos haciendo. En aquel tiempo era contra el sistema económico, las
políticas en boga, la hecatombe del mundo si no hacemos algo, etc., etc., se
nos vendría abajo; en ese tiempo, era aún algo novata en esto de ser maestra en
educación superior, y necesitaba argumentos para convencer de algo a mis
alumnos de pensar en cambiar y formarse de un cierto modo, en este caso, desde
enfoque de la maestría a la que estaba llegando.
Con el tiempo, leí, leí más, me informé, y sobre todo, me tomé en serio el enfoque de la Epistemología del Presente Potencial, con la que aprendí y comprendí la importancia de conocer el tiempo presente como una construcción histórica, y que en la medida en que me situara en mi propio tiempo, reconocería a la vez, fuerzas nacientes de construcción futura; comprendí que era importante leer la realidad en germen y entonces comprometerme con proyectos que los hicieran realidad, poniendo en acción esta idea de que la historia se construye desde la más cotidiana-cotidianidad.
El enfoque, en lo personal me
ayudó a tener una mente más abierta, luchando contra mis propios dogmatismos formativos,
y fue muy, pero muy difícil hacerlo, pero algo tenía la lectura de Hugo Zemelman que
por más dura y compleja que me resultaba, sabía que era buena para mí, y lo mejor, no me exigía
fidelidad, al contrario, me exigía leer y leer de todo lo que pudiera, pues comprender mi
tiempo presente no es asunto de un enfoque, sino de todos los posibles a los
que yo pudiese acceder. Y así lo hice, y lo mejor, lo sigo haciendo ya alejada
de la docencia universitaria.
Así, que ahora, cuando me encuentro con libro que nos dice
que el mundo presente está destruyéndonos, que está acabando con lo que antes
era bueno, y que ahora se nos sumerge en un estado de pérdidas, pues me resisto
a esas ideas y defiendo la construcción de la historia ¿cuál? esa que en
nuestra ceguera o luminosidad intelectual podamos construir, pues como seres
humanos somos fuerza, potencialidad ¿hacia dónde? Ese es el misterio, se trata
de apropiarse el presente y orientar futuros mejores.
Bueno, con esta aclaración, sólo diré que este libro, aunque he leído otros del autor, y que por esta tendencia no lo seguí más, pero al ver este nuevo material, lo revisé para ver sus nuevos argumentos, el título resulta atractivo.
Tiene una forma de leer el mundo que se necesita respetar. Así que me adentré por sus ideas, revisé y encontré que nos ve como consumidores de información y cosas no
reales, atrapados en las realidades virtuales, dice que somos unos infómatas extraviados,
que el mundo digital nos empequeñece, nos aturde la existencia humana con su
ruido, su inmaterialidad, el desapego por las cosas privilegiando una memoria
en la nube, donde guardamos videos, fotos y gran cantidad de información
volátil, y que somos dominados por los datos, los algoritmos de la red.
La verdad, me pareció muy pesimista. Pienso que es una
lectura del tiempo presente desde parámetros conceptuales que defiende lo
sucedido tiempo atrás, me parece que utiliza un viejo paradigma de conceptos
que lo anclan en una temporalidad ajena a la nuestra, y por ello, no puede
mirar el movimiento de la realidad presente, que definitivamente, es dinámica, veloz,
y esto la hace muy diferente a la que conocimos en dos décadas atrás, todo ha
revolucionado, tenemos un tiempo espacio muy distinto donde se generan otras
formas de existencia, otros modos de ser, estar, pensar.
Es un libro que se lee con dificultad pues se ayuda de Heidegger, Hegel, y otros filósofos (él es filósofo) y desde conceptos de estos autores, nada fáciles, nos explica este lastimoso proceso de pérdidas en el que estamos entrando.
En lo personal pienso, que si es
necesario reconocer qué estamos haciendo, qué problemas estamos generando, qué formas
de subjetividad estamos desplegando, los problemas formativos que estamos
enfrentando, y atenderlos. Pero para
hacerlo, necesitamos verlos como procesos del tiempo presente, reconocer sus
tendencias, sus fracturas, sus posibilidades, como fenómenos de la realidad sociohistórica
y prepararnos para vivirlos con un reencantamiento, con la sorpresa y animosidad
que se necesita para construir la historia que se necesita, en esto, la lectura
de Maffesoli ayuda mucho.
Diré, que si puedo rescatar algunos problemas que el autor
plantea, como es esto de la abundancia de la información por el avance de las tecnologías,
que esto de extraviarnos en medio de una información imposible de contener, de
procesar y que termina en “fake news” no es bueno, pues al ser tanta y
compleja, termina sólo en esa parte emocional y desde ellas nos domina, lo cual
no es nada bueno. Igual, tenemos el problema
de nuestro desapego de las cosas que nos rodean, todo se torna volátil, no nos
arraigamos, nos formamos comunidad con facilidad, y ni qué decir el empobrecimiento
de nuestra capacidad de pensar el mundo ante la tendencia del facilitismo, lo
simple, lo banal, porque tenemos mucho tiempo libre y buscamos más lo lúdico
para utilizarlo…
Schettino, Macario. Cien años de confusión. La construcción de la narrativa que legitimó al régimen autoritarismo del siglo XX. Ediciones Culturales Paidós, S.A. de C.V. México, Edición Electrónica de 2016.
Soy profesora de educación primaria, formada en el
normalismo de la década de los 70s, (hoy, jubilada ya en plaza federal). Inicio diciendo, que leer este libro ha sido
un nuevo golpe a mi conocimiento sobre la historia de este país donde vivo y me
jacto de ser mexicana, y digo nuevo, porque me pasó igual, cuando leí la Patria
y la Muerte de José Luis Trueba Lara, quien de manera muy documentada, narra cómo
se construyó nuestra idea de nacionalismo, y desde ese momento, aquellas
narraciones de la revolución mexicana, las historias de los héroes que murieron
por la patria, la verdad cayeron de mi gracia, dejando una atropellada idea de
la historia oficial que nos ha hecho creer que somos de un cierto modo, cuando
no es tan auténtico.
En esta barullo de ideas, ni por donde narrar la lógica de
este libro. Definitivamente, es un texto
articulante de ideas sobre historia, sociología, economía, política de lo
sucedido entre la primera década del siglo XX y su finales; obliga a cada uno
adentrarse por su lectura, y desde sus conocimientos, habilidades e intuiciones,
adentrarse por el denso recorrido de tantos sucesos que de diferentes formas y
profundidades, han dado lugar a una historia, de la que definitivamente no sabemos
nada, y solo se han divulgado aquéllos que por interés político se han magnificado
ocultado “los otros datos” que impedirían la conformación del mito de la
revolución mexicana, mito en el cual se sustentan fuerza de poder que han orientado
la vida social, política, cultura, y económica de México. Y es así, la lectura
de este libro va derribando ideas anquilosadas en la medida en que se
explican.
Por ejemplo ¿Qué aprendimos sobre Porfirio Díaz? Por todo
eso que la historia oficial impone que aprendamos sobre él (como maestra yo he
sido parte de esta exigencia de aprendizaje), hoy lo detestamos, lo reconocemos
como un personaje que nos llevó a un estado de crisis que terminó en la
Revolución. Y Macario Schettino, con
documentos, fuentes, datos verificables, nos cuenta que en el Porfiriato México
vivió un desarrollo fuerte, que sí, centró en él, gran poder, y con esta fuerza
política articulante, pudo controlar por décadas las otras fuerzas de poder ambiciosas,
y así, hacer lo que hizo como gobernante.
Y Schettino, cuenta que, a este hombre, se le pasó el tiempo, que envejeció
y cuando menos pensó, ya no tuvo el tiempo ni la fortaleza para heredar el
poder a otro de una manera en que no se genera una batalla campal entre todos
los interesados en su rol presidenciable. Así, se ven surgir esos alzamientos por el
país de grupos buscando quedarse con ese lugar, nunca por un amor la patria, a
los indios empobrecidos, etc., etc., que nos dice para justificar tanta matanza
(esto Trueba lo narra muy bien).
Macario Schettino, nos cuesta que el relato de la revolución
mitológico que conocemos, se construyó cuando las aguas se apaciguaron, cuando
finalmente Lázaro Cárdenas, el último general que ocupa el cargo, haciendo caso
a las fuerza del mundo (pues era el momento de un Mussolini, de un Franco, de
personajes que por mundo reorganizaban sus mundos desde su poder), así Cárdenas,
fue ordenando las fuerzas vivas, formando sindicatos, organizaciones,
controlando desde el poder gubernamental, y se dio lugar a lo que conocimos por
corporativismo, forma de organización que permitió un reparto de poder
controlado por el estado, y a la par de esto, se fue armando un discurso que
nos hizo creer que la revolución se hizo para rescatarnos de la malsano
porfiriato. Trueba Lara nos cuenta cómo
se construye nuestra idea de ser mexicanos, como se construye la idea de la
raza de bronce, que la verdad indigna vista de lejos.
Y así, hay muchas ideas que se pueden ir desmontando, como
la del “capitalismo de cuates”, que nos explica cómo los grandes empresarios se
enriquecieron al amparo del poder, y que por eso México no es un país que
produzca riqueza, no se aumentan impuestos por cuidar sus privilegios y es una
de las causas por la que no podemos salir de tanta pobreza.
Igual, la idea de hombres desinteresados y amorosos por su patria
se cae a pedazos, Schettino, describe a personajes ambiciosos de poder, guiados
por sus pasiones y deseos personales, conformando tramas de poder que terminan
en actos de corrupción, en asesinatos.
Esto en verdad es doloroso, pues al ser formada en la idea del “héroe” ya
nada encaja, ahora son tan solo seres humanos, personas de carne hueso motivadas
por su individualidad egoísta, en algunos casos, algo patológicas. Trueba ahonda más en esta dimensión, lo mismo
Roger Bartra en su libro “La jaula de la Melancolía”.
Y me ha quedado una tarea, investigar más sobre ese tiempo
colonial que poco conocemos. Dice
Schettino, que es ahí donde aprendimos una cultura, un modo de ser, de
organizarnos que no hemos podido modificar, que, por ejemplo, los pueblos que aún
se gobiernan por “usos y costumbres”, (como sucede en algunos estado del centro
del país) son formas de gobierno de la colonia, que el corporativismo, ahí
tiene su raíz… ¿será?, que por eso, al no conocerla, no sacarla a la luz, no hacerla
consciente, es una forma de gobierno que nos sigue dominando, que siempre
cambiamos y nos regresamos, un ejemplo, lo que hizo Porfirio Díaz, y las tres
siguientes décadas, nos regresaron, los cambios que sucedieron el los 80s, 90s,
hoy se desmantelan y nos volvemos a regresar ¿a dónde nos regresamos? ¿A formas
de gobierno que siguen paradigmáticamente orientándonos?
Creo que este libro con estos otros dos que he leído me ha
dejado vacunada contra la mitología del estado mexicano y no queda más que
seguir hurgando entre libros, para enterarse de más verdades calladas por la
historia hegemónica. Hoy más que nunca,
en la era de la información al alcance de todos por la apertura de la Internet,
tenemos el derecho a conocer todo, acceder a diferentes diversiones sobre los
acontecimientos históricos y conformar nuestras propias posturas, claro, las
posibles, pues la formación ideológica es una limitante, un parámetro formativo
duro de transformar… pero leyendo, discutiendo, informándose, poco a poco,
mucho puede hacerse.
Bueno, hay que leerlo y cada lector ordenará su cabeza y
tendrá sus propias conjeturas… duré leyéndolo por tres meses, me ausentaba para
procesar las ideas que iba reconociendo, ser maestra, estar formada en esos
mitos, no resulta fácil ordenarse al mismo tiempo de la fractura, lo bueno que
tenía que otras lecturas que ayudaron a comprender la falacia del mito y
moverse de ahí.
Suerte en esta experiencia de lectura, más si eres docente
de educación básica.
Josep Maria Equirol. Humano, más humano. Una antropología de
la herida infinita. Acantilado, Barcelona, 2021. Edición Electrónica.
Entendí que no se está solo, que estamos próximos al otro y lo otro, que vamos haciendo una experiencia de existir, pero lo más importante es la proximidad que somos, entonces el reto es esforzarnos por comprenderla, de otro modo ¿para qué nacer de ninguna parte? Siento que el nombre de esa canción que me gusta ha tomado más sentido: se trata de “honrar la vida” que llegó no sé de dónde, honrar ese misterio buscándome a mí misma….
Me duele la cabeza… lo confieso, pero aquí sigo. Creo que retomaré el libro de Vilma Coccoz...
Hoy, estoy frente a un libro leído, que no sé por dónde invitar a leerlo. Es de esos libros que más que conocimientos, información, movilizó emociones, y siempre, hacer palabras lo que se siente, no resulta fácil ni sencillo.
Pero por algún lado hay que iniciar, no merece quedar extraviado en mis pensamientos.
Este libro, es uno de los más documentados que se pueden leer, pero si bien se vale de conceptos bien citados, nunca éstos se cierran con definiciones para encarcelar las ideas que utiliza, por el contrario, se vale de otras ideas metafóricas tomadas de fuentes que denomina con pulcritud y detalle y llama “Lecturas venerables”, que son novelas, poemas, ensayos, y con ellas logra encontrar las palabras para reflexionar este asunto tan trascendente y vital de nuestros modos de vivir, de habitar el mundo donde nos tocó nacer-morir, y como diría Unamuno “quedar en la tierra” desde la huella que dejamos conscientes o no de ello.
Y así, cada capítulo, se bien se concentra en diferentes problemas, no pierde el hilo para abordar el eje de su libro, que es la necesidad de asumir que los seres humanos somos cambio, movimiento en ese lapso de tiempo que somos entre el nacer y morir, y que desde ese momento, ya tenemos encima nuestro la carga heredada del mundo que nos precede, carga que necesitamos reconocer y pensar cómo usarla en el mundo que nosotros ayudamos instalar, que nunca podremos dominar, que es hostil la mayor de las veces, y ahí somos frágiles, vulnerables, y esta condición, necesitamos asumirla para aprender a vivir así, en ella, pues no se tiene alternativa, somos huéspedes de un afuera ingobernable, donde a pese a todo, se puede vivir haciendo esas pequeñas batallas existenciales.
Ojalá haya logrado interesarles,
lo busquen y se adentren, por sus “oceánicas” páginas, utilizando esta metáfora
de Freud, en el Malestar de la Cultura.
3 de octubre, día que me demanda recordar un
suceso de 2013. Hace ocho años ya, que
murió en Pátzcuaro Michoacán, Hugo Zemelman Merino, a unos días de cumplir 82
años, lúcido, terco con la vida que eligió y sostuvo con fuerza, entusiasmo y
ese amor por el conocimiento que libera el pensamiento de “parámetros” que
impiden los destellos de libertad para “ser-estar-hacer” desde el más
insignificante acto de vida cotidiana.
Fue un hombre que anduvo tras la libertad a la manera del poema Paul
Éluard
Y cuando digo que me siento demandada, lo
planteo con sentido levinasiano, esto es, me veo interpelada, situada frente a la
obra de este autor latinoamericano, sin opción de negarme, me exige -y cedo convencida-, desde lo que sé,
a compartir sus ideas construidas por los últimos 50 años de su vida, enfocadas
a reflexionar nuestras formas de pensar y de vivir en consecuencia.
Siento genuinamente, lo importante que es recordar,
que, por toda su obra, -lo que conozco de ella-, nos hace una invitación a desplegar
una forma de pensamiento capaz de estar atentos al presente para avanzar con
lucidez por las oscuridades del futuro,
por los apenas indicios de luminosidad que la realidad misma contiene, pero que
es necesario aprender a mirar. Soy consciente
del valor de estas ideas y el reto de no olvidarlas, de no sepultarlas como
sociedad en una historia que termina por no nombrarse.
Y para hablar de Hugo
Zemelman, he elegido un apartado de su libro “Pensar y Poder. Razonar y Gramática
del Pensamiento Histórico”, el último que publicó en 2012. El apartado se llama “Pensar y existencia” y
al volverlo a releer, como siempre sucede con su escritura connotativa, las
imágenes, ideas y pensamientos que se suscitan, son nuevamente propios del
momento, y rearman otras ideas que permiten pensar algo no pensado antes. En
esta relectura, he puesto atención a una palabra que utiliza en varios momentos
y he de confesar que antes, no le di la importancia que hoy descubro. Esta palabra es “vislumbrar”, que buscada en
el diccionario refiere a una mirada que atisba, que entrevé, que se figura algo
en un espacio con apenas claridad para tener certeza de ese “algo”, pues sólo se
aprecian indicios o señales en esa penumbra o niebla de la realidad que la cobija.
En este apartado de su libro,
Zemelman utiliza esas ideas epistémicas que cruzan toda su obra, como “presente-potencial”,
para hablarnos un tiempo abierto a su propio transcurrir y la imposibilidad
humana de contar con una forma de pensar que no lo “encuadre”, pues subyace la
tendencia movernos en una forma de pensar organizada por conceptos, categorías,
formulas cuya pretensión es atraparla y construir una seguridad existencial por
la verdad de que nos provee. Asimismo, refiere la importancia de incorporar a
nuestra forma de pensar, categorías abiertas como “lo necesario”,
“potencialidad”, “realidad” como dado-dándose, “asombro”,
“limites-incluyentes”, “esperanza”, “ámbitos de sentido”, “abstracción-no-excluyente”,
etc., tantas y tantas maneras de nombrar que utiliza dependiendo de lo problemática
que nos quiera compartir.
En esta ocasión, va a
utilizar todo este arsenal de ideas epistémicas para reflexionar sobre la
relación que guarda la forma “cómo pensamos” con “cómo “existimos””, cómo vamos
resolviendo la vida quedando insertos en la historia, una historia que tejemos
en las micro acciones de la vida cotidiana, y a veces, sin saberlo, le
imprimimos sentidos que nos enmudecen y excluyen de la capacidad de autonomía,
para terminar invisibilizados, como instrumentos de los juegos de poder
dominante.
El problema de fondo que
plantea, es el reto que se tiene para moverse de las certezas, de las verdades
hechas pues otorgan la seguridad anhelada y aleja de la sensación de incertidumbre
que imprime el cambio constante, el fluir del tiempo. Nos platea el desafío existencial de reconocer
que somos seres frágiles, nunca dioses capaces de dominar la inestable
realidad, que avanza en un orden sombrío, sin obedecer nuestras reglas por más
elaboradas que estén, siempre será un orden temporal, rebasado constantemente
por el fluir del tiempo que avanza infinitamente, nunca se detiene y ahí, pero es
ahí donde se vive, en esa realidad indomable, que no obedece a formas únicas de
pensar, y por ello, necesitamos comprender que el pensamiento nomológico es
insuficiente, y urge experimentar diferentes
maneras de “revelación” de lo que vamos “vislumbrando” por el caminar de la
existencia.
Desde esta necesidad, nos vuelve
a invitar a recuperar nuestra capacidad de asombro, a desplegar lo que llama
una “resistencia epistémica” para conquistar día a día la “difícil libertad” y
atrevernos a pensar “lo que se necesite pensar”, no lo que se nos indique desde
el poder, desafiando esa “imposición natural” del mundo que nos recibe al
nacer, ya en forma de cultura, moral, ciencia, o políticas, pues nacemos en un
mundo hecho y orientado en un rumbo hegemónico que todos tenemos derecho a comprender
para decidir cómo vivirlo.
Por ello es importante aprender
a “pensar críticamente” el mundo heredado en sus diversos grados de
endurecimiento social, donde se nos ha otorgado de facto, una función, y mediante
diversos mecanismos se nos convence de autoexcluirnos de “posibles actos de autonomía”
se impide ejercer un pensamiento que tome conciencia del orden social
constituido y deja sin posibilidades de “vislumbrar” otros posibles desarrollos
a la herencia recibida, impidiendo a los ciudadanos, la capacidad de pensar y construir
“algos” que se necesite insertar a la historia de todos, como opción
debidamente analizada.
Se trata de reaprender a vislumbrar
el mundo naciente en el mundo que se ha heredado, y esto, pero hacer esto, conlleva
demandas, ya que no es un acto de voluntarismo, ni buenos deseos, sino del
ejercicio de una responsabilidad intelectual que permita mirar con atención y
detenimiento esos «algos» que se atisban, ya que no están a nuestra disposición
por solo alargar la mano y tomarlos. Hay
que visibilizarlos con un fino trabajo intelectual que enfrentará problemas
como:
-La
creciente insuficiencia conceptual con la que pensamos el tiempo presente y la
forma en que lo hacemos palabra.
-Reconocer
nuestra forma de pensar nomológica, y reeducar la capacidad de pensar y hablar
sobre el mundo, resistiendo la tendencia a ser invisibilizados por las fuerzas
hegemónicas que desde sofisticadas formas de organización se naturaliza una
forma de vida que se asume con mínima resistencia epistémica.
-Una
forma de pensar con abstracciones excluyentes, que ignora o pretende no dar
lugar a esas realidades que se asoman en los márgenes de lo que se afirma, y en
vez de ello, se defiende lo normalizado, lo ya aprobado y validado
institucionalmente.
-Atreverse
a vivir en el asombro, sostenerse él, exige aprender a mirar y moverse entre los
márgenes, los límites, que son los espacios donde aparecen los indicios, las
señales que están esperando ser pensadas, donde urge revelar lo que se contiene
potencialmente, lo cual se enfrenta a la fragilidad del ser humano.
-El
reto de situarse en el mundo que se habita, reapropiarse de él, y desde él
moverse hacia sus nuevos desarrollos, demanda una buena dosis de valentía para insistir
en los cambios por realizar; se necesita comprender que cada época tiene su
verdad, y esa verdad producida en otro momento que se impone a una época naciente,
pugna por durar, se resiste y esto demanda definir políticas viables, posibles.
-Lo
anterior, nos solicita el desarrollo de una crítica que se oponga a la
tendencia de construir un pensamiento que marche con el orden constituido. Se necesita asumir que el poder hegemónico necesita
desmontarse, pensarse, de otro modo, el sujeto queda invisibilizado, dominado
en una forma de pensar su propio tiempo, sin la capacidad de situarse
críticamente.
Pues bien, hacer todo esto, se
torna una tarea compleja y nos conduce inevitablemente al ámbito de la formación donde se propicien
dispositivos pedagógicos que estimulen formas de pensar que aprendan a “alejarse
para poder ver de cerca”, que se aprenda a vislumbrar, que se tenga permiso de
especular, leer entre señales, indicios, reconocer las migas de pan que va dejando el
fluir de la realidad; se trata de vislumbrar en lo informe de la realidad, y atreverse
a revelarlas, mostrarlas, apoyarlas o evadirlas según su valía para el
desarrollo social.
La lectura del apartado
definitivamente entusiasma, pero a la vez deja el peso inmenso de comprender
que esto no funciona como imperativo categórico de “piense críticamente” y ya, no,
esta necesidad de pensar epistémicamente, pasa el por el problema de asumirse
como sujeto, como bien dice nuestro autor, tiene que ver con la “capacidad del
hombre a organizar su asombro cuando se atreve a tenerlo” y atreverse a vivir
una forma de racionalidad que se despliega en la intemperie, en los márgenes de
las verdades, de las fuerzas vivas dominantes, es un reto humano difícil de
encarnar, pues se trata de vivir “a salto de mato”, como lo plantea Joan Carles
Melich.
Bueno, de esto trata la obra
de Hugo Zemelman, una obra nada fácil de leer, lo reconozco. A veces no comprendo qué me llevó a esta
sostenida lectura por años, pude haberla evadida como muchos, pero ahí me quedé. Y es que en medio del esfuerzo intelectual
que demanda (que no es poco), pienso en la explicación que le leí a Bachelard
en uno de libros, que más menos dice así, “cuando una obra se lee, y se relee,
es porque nos concierne”, y creo que sí me concierne, soy profesora, tengo el reto
profesional de formar sujetos, y desde ahí, se puede hacer el esfuerzo de incentivar
una forma de pensar vislumbradora que ayudare a los alumnos, a zafarse de las certezas
teóricas que pretendan encerrar el pensamiento y controlar sus acciones desde una
verdad dominante, por ello, necesitamos ayudarles a pensar en su “derecho de pensar
y de existir la vida”, esa que ellos, necesiten.
Termino diciendo, que, para
mí, leer a Zemelman ha sido complejo, pero muy liberador, desde él y con él, tengo
el deseo de “mirar lejos lo cercano”, lo intento (no sé qué tanto lo logro, la
realidad es la realidad). Trato de vivir
en la aventura de pensar lo marginal, y hablar de lo que vislumbro, teniendo
claro que pocos lo quieren conocer, pero en esta aventura, igual se entiende
que hay consecuencias como la marginación, el silenciamiento por la
organización instituida, pero no detiene. Se construye una pasión por vislumbrar,
por revelar.
Gracias Hugo Zemelman Merino, donde quiera que se encuentre (de usted, claro, con todo mi respeto a este gran señor, a quien conocí personalmente, crucé palabras con él, pero mi acercamiento fue circunstancial, y mi relación es, platónicamente intelectual) y pienso que cuando se ha entendido su invitación y una se atreve a dar un pasito hacia ese umbral y se van haciendo esas tareas para el auto rescate de nuestra autonomía pensar y construir sentido, con sentido, no hay retorno.
Me confieso orgullosamente
zemelmaniana.