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jueves, 19 de abril de 2018

¿Para qué educar a las nuevas generaciones?





En esta conferencia se discute el sentido de la educación que se necesita en nuestro tiempo sociohistórico, esto, reconociendo que cada modelo educativo responde a necesidades concretas de un tiempo social, y éste, como ya nos dijo Alicia de Alba en un buen ensayo sobre el curriculum, por desgracia, lo diseñan los que tienen más dominio de los rumbos del mundo; aquí se afirma, que aún respondemos al modelo industrial, diseño cuyo patrón formativo respondió los requerimientos económicos, culturales, sociales...

Y ahora, este mundo que nos ha tocado vivir, tan acelerado, tan complejo, tan incierto, necesita el diseño de su modelo formativo porque aquel mundo aquel, ya no es, es  otro,  por eso, ahora vamos diseñando, mejor dicho,  van diseñando los "expertos" una nueva propuesta curricular, quienes dictan, ahora qué "talentos" se necesitan estimular y también cuáles inhibir en las nuevas generaciones, porque eso hace una propuesta curricular mediante la educación, estimular en nosotros algunas dimensiones que se creen urgentes, y disminuir otras, que se quedan dormidas, por ahí esperando que ciertas circunstancias las despiertes, pero sin orden, y emergen de manera caótica.  

Algunos, como este intelectual de las ciencias, discute cómo la educación nos disocia entre lo racional y lo emocional, o que lo emocional se orienta hacia ciertos campos como las artes diversas, cuando lo emocional y lo racional van unidos desde una complejidad de redes en uno mismo y la educación necesitaría ser más atenta a cómo y desde donde aprende el ser humano, y así, reconocer que en vez de saturarlos de un conocimiento estandarizado, se trataría de despertarle su pasión, esa emoción y sensibilidad ante lo que ve, hace, siente,  de vivir la inquietud  de conocer su tiempo, de ayudarle a descubrir su responsabilidad en él, saber de qué tiene que hacerse cargo, como su vida, situarse en el mundo donde nos ha tocado vivir, y así cada uno, asumiendo este reto, será capaz de auto-diseñarse  creativamente para vivir  con dignidad, con entusiasmo, con amor a la vida. ¿Cómo se enseña esto? No lo sé, es tarea que descubre cada maestro apasionado por lo que hace, se trata de una apasionada-creatividad docente muy singular, que no da para recetas, sólo se vive y se contagia ese deseo de que los otros hagan lo propio.   

Por tanto, los diseños curriculares, no son sólo la tarea de expertos y donde nosotros los docentes quedamos como ejecutores, NO, los curriculum son instrumentos donde todos participamos, por ello, los profesores, necesitamos tener claro ¿Para qué educo? ¿En qué tiempo social me ha tocado vivir este desafío profesional? ¿A quiénes estoy formando? ¿Serán los niños que formo parte activa y propositiva del futuro inmediato y lejano? ¿Estoy preparado, actualizado, motivado para vivir esta responsabilidad? ¿Qué necesidades formativas voy viviendo y cómo las estoy enfrentando?  

Hablar del "para qué de la educación" en la que habito como profesional, no ocupa que le "repita los fines de la educación" del nuevo curriculum, sino de explorar preguntas como éstas cuyas posibles respuestas-irresueltas siempre, sitúen frente al desafío que cada uno descubre en el día a día de la educación.

sábado, 17 de marzo de 2018

Cántico Espiritual San Juan de la Cruz




(Se hablan el alma y el esposo) 

Leí toda una interpretación de este poema en http://www.letraslibres.com/mexico/libros/un-cantico-imposible-cantico-espiritual-san-juan-la-cruz, muy interesante, pero sigo pensando que cada uno, de acuerdo a su cultura teórica y literaria e historia de vida, podrá pensar-sentir  una interpretación y aportarla para enriquecernos al leerla (si es que puede, o tal vez, solo  quede con la vivencia como ejercicio personal).  Ésta que leí es muy enriquecedora...

Pero, en lo personal, sin demeritar estos ejercicios de análisis, que mucho enseñan, quiero insistir en esta parte personal de “leer poemas”,  que reconozco no se le da a muchas personas, pues tienen otras preferencias lo cual es muy respetable, pero existen aquéllos quienes tienen una apetencia, una necesidad, un especie de llamado hacia este tipo de literatura y se recrean en ellas, (Yo, aún, no sé por qué me gustan, creo que lo ando descifrando),  y por mi propia experiencia, comparto la explicación que aporta nuestro gran filósofo de la vida, Bachelard, quien dice  que cuando leemos y releemos un texto, es porque nos importa, porque le habla a esa parte más íntima de nosotros, esas zonas casi inaccesibles, hasta desconocidas, y ahí, nos susurran cosas que necesitamos sentir, pensar, reconocer.

De acuerdo a Gastón Bachelard,
 El verdadero poeta… Juega y enseña. En él, el verbo hay ofrendas en reflexiona y refluye. En él, el tiempo se pone a esperar.  El verdadero poema despierta un deseo invencible de ser releído.  Se tiene enseguida la impresión de que la segunda lectura dirá más que la primera.  Y la segunda –muy al contrario que en la lectura intelectualista- es más lenta que la primera.  Es recogida.  No se acaba nunca de soñar el poema, no se acaba nunca de pensarlo.  Y a veces viene un gran verso, un verso cargado de tal dolor o de tal pensamiento, que el lector –el lector solitario- murmura: y ese día no será leído más.” Gastón Bachelard, El aire y los sueños, p. 310.

Pues aquí un fragmento de un poema que amerita ser releído las veces que cada uno necesite, hasta estamparse en uno mismo, hasta quedarse con nosotros, porque ese decir, pienso, “nos dice”, nos presta palabras para aminorar la mudez en que nos colocan muchas veces, la complejidad de la vida,  que a momentos fluye llevándonos a hecatombes, al desfallecimiento, pero en otras nos remontan hacia estados de magnificencia, a los sublime, pero ambas nos suceden en el límite de la existencia y se nos escapan, no podemos hacerlas lenguaje, revisarlas atraparlas.  

Por eso me atrevo a afirmar que los poetas, quienes tienen esta gran capacidad, nos ayudan prestándonos sus palabras organizadas en bellísimas metáforas, donde podemos recrear y revisar el contenido de nuestro propio acontecer existencial.  Sin más, aquí el poema de San Juan de la Cruz, poema escrito en cautiverio, según leí.

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.          

  Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.          

  Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.            

  ¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!             

  Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.              

  ¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.”


viernes, 16 de marzo de 2018

¿El infierno son los otros? idea de Sartre para pensar y sentir nuestra relación con los demás.




“El infierno son los otros” famosa frase de Sartre, filósofo preocupado por el problema de la libertad y Savater hace algunos preguntas en su libro “Las preguntas de la vida”

"...¿Son los demás el infierno? Sólo en tanto que pueden hacernos la vida infernal al revelarnos -a veces poco consideradamente- las fisuras del sueño libertario de omnipotencia que nuestra inmadurez autocomplaciente gusta de imaginar.
¿Vivimos necesariamente incomunicados? Desde luego, si por «comunicación» entendemos el que los demás nos interpreten espontáneamente de modo tan exhaustivo como nosotros mismos creemos expresarnos; pero sólo muy relativamente, si asumimos que no es lo mismo pedir comprensión que hacerse comprender y que la buena comunicación tiene como primer requisito hacer un esfuerzo por comprender a ese otro mismo del que pedimos comprensión...”

Y así, continua... Pero esto de que los otros nos hacen la vida infernal es interesante, cada uno posicionado en su espacio, en su orden, en su idea así quiere vivir, en una idea de felicidad encapsulada, donde priva la armonía que su deseo amerita, pero llega el otro y entra en escena en nuestro espacios como afirma U. Eco, y todo se nos mueve y ahí está el problema, ¿cómo aceptar esa diferencia en nuestra mismidad omnipotente si somos nosotros y nadie más ahí, en ese mundo feliz? Un mundo feliz per aislado, irreal.

 Y la verdad, pienso que siempre estaremos en esta infernalidad, ya que siempre habrá un otro que difiera, que nos diga que nos somos libres para hacer lo que nos plazca, porque existe eso llamado “responsabilidad”, que nos exige situarnos, y aprender a crecer, a ser autónomos en esos resquicios de autoridad en la que nacimos, (Castoriadis nos lo dijo, somos libres en medio la autoridad, lo dado), y ¿Cómo crecer ahí?  Luchando, desafiando, desgastándonos queriendo cambiar lo que llevó años instalarse y muchos más llevará desterrarlos... 

No, pienso, que sería mejor que aprendamos a auto-construirnos en esos mismos espacios donde siempre hay resquicios, el poder no lo abarca todo (Foucault) y ahí aprovechar nuestro potencial para crecer, aprender, y dar lugar a más realidad, esa que soñamos mejor... Pero, hacer esto, nos exige prepararnos, cultivar nuestro pensar, nuestro sentir, y ser más conscientes, sensibles, responsables, y sobre todo, amorosos, porque el amor es una hermosa debilidad que se tiene ante el otro que nos importa, y a la vez, es nuestra gran fortaleza, porque ese otro nos descentra, y entonces somos capaces de hacer todo lo posible porque el otro, se realice, crezca, avance lleno de luz por la vida que le ha tocado vivir.  

Por tanto, el amor duele, en quien ama y por lucha por la realización del otro no la vive fácil, siempre se enfrentara a la resistencia del otro...

domingo, 11 de marzo de 2018

Superar la des-temporalización escribiendo...


Y sigo con mi lectura, el tiempo no se me regala, “construyo tiempo” para leer... Ahora revisé el apartado “La velocidad de la historia” del libro, “El aroma de del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse” de Byung_Chul Han, filósofo coreano, radica en Alemania por lo que leí.

Hoy, la idea que descubrí tiene que ver con la incapacidad que día a día se acrecienta y tiene que ver con “escribir” y ¿qué es escribir?, existe una idea que me gusta y va con lo que leí:

“Escribe, obviamente, aquél que lee. Pero leer no es sólo descifrar signos y recordar o actualizar o desdibujar tatuajes. No escribe quien trae a la memoria lo que ha pasado, ni quien anticipa lo que viene; no lo hace quien se autoconcibe como manantial sin mancha. No escribe ese que sólo transcribe. Ni el inspirado ni el que simplemente clona las palabras. Ni el dialéctico ni el mecanógrafo. Escribe ese -eso- que resbala entre los signos. Eso que no puede detenerse. Escribe eso que no conoce el fin. Escribe, usemos por fin una palabra bonita, y subrayémosla, escribe el deseo”. Sergio Espinoza Proa. ¿Quién escribe? Conferencia leída el día 17 de octubre de 2001, en el Auditorio del Museo de Arte Abstracto "Manuel Felguérez", de Zacatecas, dentro de las actividades de la 2ª Feria del Libro y la Lectura Zacatecas 2001. http://aparterei.com/ap1911.htm

En este apartado se plantea que todo se nos fuga, que vivimos un tiempo des-temporalizado, un tiempo donde nada está articulado.  La des-temporalización conlleva la desaparición de cortes temporales claros, y quedamos en medio de donde todo fluye, transcurre y lo que hacemos, emerge, se desprende, pero poco se relaciona, no tiene la posibilidad de relacionarse, de tornarse experiencia, y sólo deja una sensación de que el tiempo  transcurre con mayor rapidez que antes.  Los acontecimientos se desprenden con tanta rapidez los unos a los otros, que no dejan huella, y se nos amontonan, y ahí, pierden importancia en medio de un exceso de posibilidades pero desconectadas, a la deriva, nada llega a su fin, todo queda abierto, en fuga.

¿Y por qué pasa esto? Según nuestro autor, porque estamos perdiendo la capacidad de narrar la vida, de detenernos, de sentarnos a narrar, a escribir, dice: “La falta de trayectoria narrativa, que funciona de manera selectiva, hace que el narrador no pueda elegir que es significativo. La narración pierde todo ritmo. La dilación y las prisas son dos de los síntomas de la falta de tensión narrativa.”

El tiempo se vive des-temporalizado, desconectado, desarticulado y entonces todo gravita a nuestro alrededor, no podemos atrapar los sucesos, las vivencias, lo que vamos existiendo, lo que construimos y todo se nos pierde, sin emociones, sin nosotros.  Vamos teniendo problemas para recoger nuestro existir (donde se articula ser-pensar-hacer) y tornarlo palabras, darle sentido a la vida, darle tiempo-espacio para detenernos ahí y continuar caminando en piso que se va construyendo pedazo a pedazo.

 No escribimos, y es una realidad escolar.  He visto en los últimos años, el problema de muchos adultos para escribir sus tesis de grado, donde participé, ayudando a construir sentido, ayudando a buscar palabras para decir un “decir-sincero” (Levinas), y no fue una tarea fácil; cada generación, cada año, era más difícil hacer escribir, (porque implica leer, porque de acuerdo a Sartre, escribe quien lee), dos graves problemas de nuestra educación hoy día y a lo que se enfoca la reforma curricular.

Mis alumnos de segundo grado... insisto en que escriban, busco estrategias, me valgo de todo lo que puedo para ayudarle a expresarse por escrito, y los veo sufriendo frente a ideas cortas, sin conexión, donde hay quien grita desde el fondo del salón ¡Maestra! ¡No se me ocurre nada!, ¡No pienso nada! Y ahí estamos, insistiendo en que sí, todos tenemos pensamiento, todos tenemos vivencias, y que necesitamos organizar las ideas, iniciar con la idea y llegar a buen fin y hablo de escribir de 6 a 8 renglones.

Los maestros necesitamos situarnos frente a este problema, y no permitir que esta incapacidad siga creciendo, no podemos quedarnos sin esta capacidad de narrar la vida y con ello, si escribimos, podemos dejar gravitar sin orden, no perdernos en una des-temporalización trágica, porque si no lo hacemos, la vida fluye sin nosotros, nos extraviamos de nosotros mismos.  Para concluir una cita interesante que nos sitúa frente a este peligro:

“La des-temporalizacíon hace que desaparezca cualquier tensión narrativa. El tiempo narrado se descompone en una cronología vacía de acontecimientos. Deberíamos hablar de una enumeración, más que de una narración. Los acontecimientos no se imprimen en una imagen coherente. Éste capacidad de síntesis narrativa y también temporal, genera una crisis de identidad. El narrador ya no es capaz de reunir los acontecimientos a su alrededor. La dispersión temporal excluye toda compilación. De ahí que el narrador no encuentra una identidad estable. La crisis temporales una crisis identitario. La falta de tensión narrativa también imposibilitan la narración se cierre consentido. Basta tan infinitamente de un acontecimiento a otros sin conseguir avanzar, sin llegar. Sólo puede ser interrumpida abruptamente. La interrupción a destiempo sustituye al final consentido."

sábado, 10 de marzo de 2018

¿Coach en la formación de sujetos?


Pues aquí, sufriendo con una idea “...el tutor es un coach que busca el acompañamiento continuo de los docentes para lograr el desarrollo integral y humano integral”.  Estoy tomando un diplomado para formarme como tutora en línea de docentes de ingreso quienes serán evaluados a los dos años de su ingreso al sistema educativo, y ellos, mis tutorados, están tomando un diplomado donde los acompañaré por un tiempo.  Y aquí, en el diplomado, leyendo los materiales,  y la verdad me siento confundida, con deseos de abandonar todo y ya, retirarme de este campo de la formación de profesores, donde he invertido unos 25 años de mi vida, si no es que más...
Me duele como se introducen palabras de un campo a otro y se arrastran ideas instrumentales que simplifican una tarea tan dura, compleja pero tan necesaria, donde no hay que escatimar nada, donde urge la idea más excelsa por más abstracta que sea, hay que negociar con la mejor teoría, adentrarse por la complejidad de los conceptos para abrir puertas de realidades que no podemos ver por falta de una mirada fuerte, enriquecida por ideas situadas en la experiencia, en la realidad.
En lo que reviso, voy entendiendo que ahora puedo ser una “entrenadora” de maestros, y esto no me deja una sensación agradable, me veo inmersa en un nuevo lenguaje, que se instala poco a poco en el campo educativo, al que aún pertenezco, y sé que me veo mal hablando de lo que me da un trabajo, me da de comer, pero a la vez no puedo quedarme callada...
Un “coach” entrena, desata, pule, hace brillar una cualidad ya revelada y la lleva al estrellato, (bueno eso entiendo que es, tal vez mi apreciación es limitada) y un profesor novel, quien apenas se inicia en esto de situarse frente a personas (chicos, grandes), vive un proceso de descubrimiento tanto de sí mismo, del sentido de su profesión tan humana, donde su naturaleza misma es que nunca dejará de re-aprender, de reconstruir ese sentido.  Estos profesores jóvenes están aprendiendo lo que es ser maestro, donde lo que deben saber ya, aunque les duela, es que siempre estarán en descubrimiento de los otros con quienes trabaja, quienes no son cosas, sino con seres humanos en igual proceso de auto-descubrimiento de sí mismos.
Cómo coach ¿que podría yo fortalecer? No me imagino en ese papel, pues entiendo que el maestro se sitúa frente al otro para ayudarle a entusiasmarse consigo mismo, que quien forma tiene el reto de ser hábil para provocar al otro, es alguien que necesita audacia, preparación, sutiliza, gentiliza, fuerza pedagógica para ayudar al otro a que abandone su “estado-amado” donde se siente ya realizado, pues necesita saber que al ser parte de una realidad en movimiento, donde siempre hay que seguirse formando pues lo que funcionaba, pronto, no lo hará.
La educación necesita ser un proceso que mueve, desestabilice, sacuda, despabile, quedarse en los saberes y haceres nos envejece, nos saca de la vida, por ello, de lo que se es y sabe, hay que aprender a usarlo para ser otro, y para ello, necesitamos siempre auto-descubrirnos, reconocer nuestras potencialidades para orientarlas y desplegarlas en toda su posibilidad. 
La formación que promueve un educador discurre entonces por cualquier lado que realice al sujeto frente a nosotros, ¿se puede entrenar esto? Yo no podría, pero sí aprendí a provocar el movimiento del otro, ¿cómo? Bueno, esa es una cualidad muy subjetiva que sé hacer, y me ha quedado claro que nadie es marioneta mío, que la tarea es que cada uno aprende a hacer, esa tarea en la que puede vivir su pasión, que educador debe aprender a construir desde sí mismo, su modo singular de ser quien es, por tanto, eso no se entrena, se propicia el auto-descubrimiento y ya... Por tanto, para mí, la palabra coach, es muy limitada para abordar los retos del profesional de la educación.  Igual la palabra tutor, me siento trabajando con profesores menores de edad... y no, son profesores adultos... otra palabra que achica la mirada e instrumentaliza la compleja tarea.
Definitivamente no estamos ante una actividad simple, tiene muchas coyunturas, intersticios, zona oscuras que revisar...  Como le leí una vez a Umberto Eco, la teoría es difícil, pero hay que vivir el reto de leer, de pensar complejo, porque la existencia lo es... bueno, eso le entendí.
Luz Divina Trujillo
10-marzo-2018

martes, 3 de octubre de 2017

LA IMPORTANCIA DE REVISAR, CONOCER Y APROPIARSE DE LA OBRA DE HUGO ZEMELMAN DESDE LA EDUCACIÓN.






"Nos encontramos en los terrenos de la tercera tesis sobre Feuerbach de Marx, cuando sostiene que se olvida que son los hombres precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado.”
Hugo Zemelman[1]


Hablar de Hugo Zemelman desde su obra, con el fin de conocerlo, difundirlo y vivirlo en el mundo educativo, implica reconocer que apropiarse de sus sentidos epistémico-didácticos, no será nunca una tarea fácil ni rápida.  Y a pesar de que urge esta tarea de “propagación” de sus ideas, son muchos los problemas que se enfrentan, y que como educadores necesitamos reflexionar y aprender a sortear para apoderarnos de este legado intelectual cuya fuerza pedagógica radica en contribuir a que las personas se hagan cargo de sí mismas, asumiendo el proyecto de su autonomía personal, tarea ineludible de la educación.[2]

La vasta obra, exige de nosotros formas de aprender más allá del ejercicio cognitivo, -en lo que culturalmente se ha enfocado la escuela-, pues no se trata de una epistemología que se aprende acercándonos a los  fundamentos de la ciencia, a diversas teorías para explicar desde dónde, cómo, para qué se conoce como la define cualquier diccionario especializado, cultura teórica que no está demás, hace falta conocerla, pero para usarla de una manera que acrecente al ser mismo, lo habilite para  reflexionar  la racionalidad encarnada de la época de la cual somos hijos, y ser  capaces de “pensar nuestro pensar” reconociéndonos en medio de las fuerzas sociohistóricas que definen los rumbos de nuestra existencia.  

Adentrarse por este enfoque epistémico, conlleva de entrada un esfuerzo personal con las exigencias éticas, cognitivas, psico-emocionales, históricas, sociales entre tantas que implican al sujeto, pues las ideas zemelmanianas buscan a un interlocutor que se asuma como sujeto.

Zemelman reconoce al sujeto como “ámbito de sentidos”, es decir, una presencia humana que se sabe colocada en un tiempo-espacio interconectado con otros de diversas índole y naturaleza, y necesita desplegar un  razonamiento capaz de “mirar” nos dice él, no solo explicar, porque explicar nos encierra en un conjunto de verdades sobre esa realidad, cuyo origen parte de cuerpos disciplinarios, y quedamos  sumergidos en teorías  tal vez ya obsoletas, incapaces de dar cuenta del dinamismo y complejidad de tal circunstancia.

De acuerdo a Zemelman, la realidad presente, necesita ser “mirada”, captada horizónticamente para apreciar su vastedad, y ante ella, sabremos que no basta una teoría para explicarla, sino la articulación de todas aquellas que nos ayuden a reconocerla como un todo que amerita ser abierto, desarticulado, para mirar sus nudos problemáticos.

Diversas miradas teóricas abren opciones, ser capaces de optar por aquella interpretación más pertinente, y en esta opción, nosotros nos recuperamos potenciados para pensar y hacer lo que se necesita dados nuestros ámbitos de intervención. Pensar, colocarse, hacer lo pertinente, es la invitación, de ahí el lugar del sujeto en la obra de este autor: le importamos nosotros. 

Por eso, su obra es una exhortación al rescate del sujeto y desde su discurso, su lenguaje nos busca.  Desde su “decir”, no le habla solo a lo cognitivo, pues sus planteamientos no pueden memorizarse, y como buen seguidor de Bachelard, le habla al sujeto que somos, a ese que María Zambrano descubrió somnoliento, cobijado bajo el mundanal ruido de la vida social,

“la realidad dócilmente se deja colonizar por el hábito, por los hábitos que el hombre adquiere en su vivir cotidiano. Y casi desaparece. Dentro de esa cuadrícula de los hábitos, la realidad se desrealiza, se oculta, y al par que se desvanece se solidifica. La conciencia deja de estar despierta y atiende solamente a aquello que tiene ante sí, a aquello que tiene que captar de momento. El tiempo se contrae, se divide y su fluir se hace imperceptible o tiende a hacerse. La libertad se aduerme. Pues que la realidad y el ser que ante ella está –el hombre– están ligados, corren diríamos, la misma suerte: si la realidad huidiza, se oculta, la conciencia se apaga, pierde intensidad y el ser mismo, el ser a quien esta conciencia pertenece como una lámpara, se oculta tanto o más que la realidad.  Y así la vida cuotidiana regida por el hábito, por la tranquilizadora costumbre que es seguridad, eclipsa la realidad y al ser que con ella trata... y la vigilia se acerca insensiblemente al estado de sueño.”[3]

Y Zemelman busca al sujeto en actitud de vigilia, atento, para ello usa un lenguaje que sacude de esa inercia somnolienta, y nada sutil nos habla de lo urgente y necesario dejando la tarea de asumir esos desafíos formativos que solo cada uno puede enfrentar.  Leer a Hugo Zemelman es verse frente a un “decir” poco habitual, persuasivo, desestructurante de los procesos de significación que se logran, y esto va desatando una emoción, un pensamiento, algo, pues se siente que leer ese tipo de enunciados desordena algo, y uno se queda con la tarea de reconstruirse dadas las necesidades y posibilidades de cada quien.

Este lenguajear zemelmaniano, tiende a abrirse en significados sin agotarse en sus signos,[4] por ello, el lector necesita dejar de leer cognitivamente, y dejar fluir otra forma de comunicación, esa de la que habla Bachelard cuando afirma que si somos capaces de insistir en una obra es porque nos concierne.[5]  Esto es, llega un momento, en que la obra dialoga con nuestro sentido, deseo, necesidad, con esas dimensiones adormecidas, y entonces, esta lectura, le habla al sujeto que somos, dándose ese encuentro de autor y la pregunta que surge es ¿Qué me estoy perdiendo de estas ideas? Dando lugar a ese deseo de aventurarse por esas ideas que en la medida en que exploran, reencantan al sujeto.

Nos vemos frente a un lenguaje, fuerte, comprometido y apasionado, pero sumamente abstracto[6] por tanto, complejo[7] pero no por ello ajeno y distante, ya que le habla al sujeto que somos, ese que siempre está ahí, potencialmente contenido en nosotros, pero a veces más como rol por la naturaleza de las instituciones que habitamos y nos habituamos a sus inercias.

Y dar lugar a la “experiencias de ser sujeto”, auto-desplegarse, saberse capaz de vivir-viviendo, es lo que Zemelman llama  “necesidad de ser sujeto” pero que en la medida en que se vivencia, nos coloca frente al empobrecimiento de nuestra subjetividad, se revela la orfandad de recursos para enriquecerla, lo que impide crecer, y ante ese necesitar ser uno mismo, se buscan salidas, se localizan umbrales por donde hacer de nosotros “algo más” lo cual exige estudio, disciplina, tiempo para estimular nuestras facultades adormecidas, desde fuertes dosis de voluntad, de autonomía, ya no para sobrevivir, sino para existir con plenitud, comprometiendo a “...todo el sujeto tanto a su estómago como a su espíritu, a su mirada y su oído, a su voluntad de ser”[8]

 Planteado así, este enfoque contribuye a pensarnos-sentirnos como sujetos en una realidad socio-histórica que sabemos sigue los imperativos de la hegemonía política, social, tecnológica y económica del hoy, cuya direccionalidad, fuerza constituyente de lo social que se impone, amerita ser descubierta, desanudada, siendo capaces de pensar, de mirar otros desenlaces posibles a partir de nuestro participación como sujetos históricos.

 Como vemos, no se trata de promover cualquier “pensar”, sino de uno con la fuerza de asomarse al pensar mismo para percatarse de su propia lógica; se trata de estar atentos a las acciones que provoca, y los proyectos emergen de él, reconociendo los efectos sobre la realidad que se vive y hacerse cargo de sus efectos y consecuencias.

Dar prioridad a esta tarea de “pensar el pensar”, exige tiempo, una formación lenta que propicie esta actitud epistémica, y comprender el gran valor pedagógico y ético de esta forma de epistemología, que nos invita a valorar la fuerza del pensamiento crítico, connotado como capacidad de reconocer lo potencial en el presente actual.

Pero estimular esta forma de pensar conlleva enfrentar la propia circunstancia que sigue los dictados de un paradigma que favorece un pensamiento instrumental a la que subyace una propuesta formativa que encapsula nuestras forma de razonamiento y nos orienta por descripciones útiles, que solo buscan una vida feliz, poniendo la mirada en la mejoría de la vida actual, sin grandes perspectivas de futuro. La educación, termina por promover una forma de pensar unívoca, ¿cómo promover ahí una formación transdisciplinaria que rompa con la lógica de pensar en objetos? 

Rescatar al sujeto desde la educación, fomentar formas más abiertas de pensar, de ser, de sentir, conlleva plantearse diversas preguntas capaces de ver a las personas desde el conjunto de sus facultades y aprender a verlos como sujetos y la obra de Hugo Zemelman, resulta un parteaguas para el problema de la formación, en la medida en que busca el rescate del sujeto.

Es una obra importante que aún necesita ser recuperada desde el ámbito pedagógico y aprender a construir criterios epistémico didácticos que nos ayuden a vivir la educación con el dinamismo y potencialidad que se necesita.  Tarea nada sencilla pero sí urgente.




[1] Hugo Zemelman Merino. El ángel de la historia: determinación y autonomía de la condición humana, (España: Anthropos-UNAM-IPECAL, 2007), 34.
[2]  José Ángel López Herrerías.  Educar sujetos, propuesta pedagógica para nuestra cultura, Revista Iberoamericana de Educación, vol. 75 [(2017), pp. 197-218]
[3] María Zambrano. Actitud ante la realidad. Disponible en: http://www.huellas-cl.com/2007S/07/lactitudante.html
[4] Emmanuel Levinas, “La sinceridad del decir”. En Dios, la muerte y el tiempo. Cátedra, Madrid, 1998, p. 227-231.
[5] Gastón Bachelard. Introducción. En Poética del espacio. FCE, México, 1983, p. 18.
[6] “...lenguaje de pensamiento de naturaleza constitutiva que no se identifique con el lenguaje de comunicación. Es el lenguaje de significantes como propio de la razón abierta...” Hugo Zemelman Merino. Sujeto: existencia y potencia.  Anthropos y COLMEX, España, 1998, p. 57.
[7] “¿Qué se podrían decir las cosas de otra manera? ¡Qué las diga el que pueda!... su urticante estilo convoca al debate, la crítica, la discusión apasionada e ineludible...” Comentario de Horacio Cerutti Guldberg al prologar el libro: Necesidad de conciencia. Un modo de construir conocimiento de Hugo Zemelman.
[8] Hugo Zemelman Merino. Necesidad de Conciencia. Un modo de construir conocimiento, (España: Anthropos, 2002), 25.









domingo, 14 de mayo de 2017

Sin sentido, extravío, descolocación de la infancia en la construcción de la historia social.



Este vídeo me lo mando una amiga, que le agradezco, pues la música me encanta, en contra parte a las escenas, es motivadora y desata un estado apacible con “uno mismo”, es de mis preferidas, pero las escenas revelan un drama vivo de los tiempos actuales y me despabila haciéndome pensar en las escenas finales y preguntarme: ¿Se nos están “muriendo” nuestros infantes?

Ellos, nuestros niños,  están rodeados de nosotros al momento de nacer (quien quiera que sea, siempre un adulto atiende su desvalida presencia en tales momentos), y ahí estamos, y mientras  son pequeños y hermosos, todo nos  maravilla de su crecimientos, hasta la más perversa grosería y travesura, nos parece graciosa, y así, los gozamos, y los premiamos de múltiples formas y los hacemos sentir un "rey", un ser poderoso, exitoso, (pero el mundo es adverso, y no se encuentra dispuesto sólo para él: Lipovetsky),  (bueno, no todos, pero sucede) y así, los alentamos sin mediar con límites ni disciplinas, todo mientras no nos den tanto trabajo, y creciendo aún a nuestra voluntad, le podemos pedir con dulzura “siéntate aquí”, “ponte esta ropa”, “come esto” etc., etc.,  pero empieza a soltarse, a crecer, a caminar, a correr para tomarnos la palabra y vivir por cuenta propia siguiendo sus impulsos aún desconocidos para sí mismo,  y sin saber cómo gobernarlos, se nos salen de control, pues ahora sigue los  dictados de su propia volontad, deseos,  donde el bien y el mal, los límites, la disciplina, el respeto al otro, aún no son conceptos muy claros para él, y con esas faltas de colocación en la vida social, se lanza a la vida incierta, llena de sorpresas; avanza y observa, y con lo que ve, sus estructuras valóricas se cimbran, se reajustan y ahí, nosotros sentimos que desfallecemos, que no podemos hacer mucho en esa difícil tarea educarlo, pues deja de escucharnos, de mirarnos, se aleja,  y  viene la pregunta ¿Quién estaba cuando era necesario para acompañarlo y orientarlo en la conformación de su sentido? ¿Quién estaba para ayudarlo a gobernar sus emociones, sus pasiones, guiados por deseos más límbicos que racionales? Todos nos fuimos ocupando en otras cosas, hasta que él mismo niño nos hace sentir la incapacidad de enfrentar con fortaleza, disciplina, con un amor que se conduele pero no desiste la compleja y necesaria tarea de formarlo, de ayudarle a crecer y entender los desafíos existenciales de su propio tiempo, y ahí va, solo, nos necesita, no sabe cómo, y nosotros, le vamos diciendo de múltiples formas, que no estamos a la altura de la tarea, llenándolo de desencanto, desesperanza...

Porque construir sentido, esperanza, el reto de la tarea, el respeto a los otros, el desafío de ser sí mismo en la más mínima acción que se realice, no se aprende solo, se vive, se ve, se respira de los otros, y se intuye eso es ser “uno mismo” en medio de los otros, quienes desde sus actos nos invitan a intentar una vida ética,  entonces, si está en medio de personas seguras, responsables, atentas al desafío y complejidad de educarlo, podrá construirse el sentido de vivir, de luchar, de crecer con responsabilidad para moverse hacia un  futuro que poco se nos revela, que si bien tiene promesas, éstas, se caen a pedazos y aun así, hay que insistir...  Lo que pasa, necesita preocuparnos, urge hacernos preguntas, tales como ¿qué aprenderán nuestros niños esto en medio de una atmósfera donde los adultos se extravían, tienen pensamientos simplistas y débiles? ¿Qué será de nuestra infancia cuando con simpleza se asume que será adultos y ya?

SÍ, lo serán, pero sobreviviendo un despeñadero del sentidos sociales, en el desahucio del amor al prójimo, en la pérdida de la responsabilidad, del desamor a la vida, en el entierro de sí mismo, en un tiempo presente, un tiempo que se quiere sentir infinito y ahí, extraviado en el placer, quedarse sin crecer, anhelando ser ese Peter Pan de los cuentos (Maffesoli), No crecer, no saber de lo pasa porque asusta, deprime, por tanto, es mejor, perderse en la banalidad del instante eterno.  Pero, el tiempo es el tiempo, y éste, no se detiene, otros futuros llegarán y nos asaltarán, producto de nuestro propio descuido; ¿cuáles y cómo serán?  

Diseñar los nuevo rumbos sociales son ineludiblemente la responsabilidad social de toda infancia que ocupará en su momento el lugar de los adultos, y me pregunto si la nuestra va siendo informada de tal tarea... ¿Tenemos la generación de adultos que los rodeamos hoy, la capacidad de hacerlo?