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jueves, 10 de marzo de 2022

"Regresión educativa" ¿A dónde nos dirige si no la comprendemos e intervenimos a tiempo?

 

 


El ensayo “El populismo en Educación”, con el primero de los escritos que integran el libro “La regresión educativa” (Grijalbo, 2021), Guevara Niebla, un crítico de la educación mexicana de larga data, ¿Quién de los maestros en su formación no ha leído algo de él?, espero que todos respondan positivamente) nos presenta dos ideas centrales a mi ver, la primera, y que no nos extraña,  la conocemos de toda la vida “la educación no es prioridad” y la segunda, nos cuenta, cómo se ha disminuido y reorientado el financiamiento educativo, y cómo este poco recurso económico, se destina a programa de becas o entrega de dinero sin intermediarios, donde más que buscar el desarrollo de la educación, se tiene como meta favorecer un clientelismo ad hoc a los sentidos políticos del gobierno en turno; nos cuenta como AMLO, es el centro de tales disposiciones ante la concentración de poder de que ha logrado al colocar a sus subalternos en las dependencias institucionales, quienes siguen sus órdenes sin resistencia, tal es el caso de nuestra secretaria Delfina Gómez.

Entonces, la regresión educativa se da por la asfixia de los programas educativos ante los recortes auspiciados por la gran idea populista de la “autoridad republicana”, concretada en despido de personal, recorte o suspensión de programas, reducción de salarios, suspensión de asesorías impidiendo la incorporación de ideas actualizadas, suspensión de equipos de cómputo tan importantes hoy día en la educación, etc.,  Esto no sólo se vive en las instituciones educativas sino en todas las dependencias del país.  ¿Y el dinero a dónde se destina? A los programas del bienestar, a dinero que se da en la mano, sin supervisión, sin tener claridad en su manejo, pero garantiza una clientela a favor del gobierno encabezado por AMLO.

Esta realidad innegable va dejando una estela de retrocesos, que se aumentan de manera aún incalculable, con la llegada del COVID-19, la pandemia. 

Guevara Niebla, afirma como muchos otros intelectuales, que esta situación nos puso en la cara, la desigualdad, la injusticia, los problemas crónicos de la educación mexicana, que, en vez de mejorar, se han agudizado.

Estamos inexorablemente en esta “regresión educativa” que es favorecida por un suceso natural, la pandemia, es cierto, pero también se debe a las decisiones políticas que se han tomado, la opción desde el poder, ha sido recortar las ya insuficientes finanzas a la actividad educativa. Este desinterés por la educación, sucedía antes del fenómeno “Cuatro T”, era notorio, pero hoy, con lo que ha pasado, se vuelve una actitud mezquina, pues el poco dinero (dado que no se trabaja en una mejor política fiscal que recaude ingresos para lo prioritario-social), se destina a proyectos clientelares, y a obras, que, si bien pueden ser importantes, habría que reconocer que no estamos en jauja para hacerlos hoy.

El ensayo no tiene pierde, lo escribe una persona que estuvo ahí, que vivió situaciones, que tiene una larga historia en mundo educativo, que sabe de qué habla… Deja ideas en qué pensar, por ejemplo, menciona la necesaria reflexión que tenemos que hacer todos lo implicados sobre esto y pensar en los problemas en los que cada uno puede reconocer y comprometerse desde sus microespacios, menciona la enseñanza, ese es nuestro ámbito, y cómo desde ahí, haciéndolo bien, con buena formación, con cultura pedagógica, con ese compromiso ético y responsable frente a cada niño, podemos romper el círculo de la desigualdad, dando la oportunidad de vivir una educación que le permita hacerse cargo de sí mismo, de su vida, y del tiempo que le toca vivir… Cómo le escuché hace poco Díaz Barriga, (otro grande de las letras sobre educación), somos mayores de edad, no necesitamos decir “fórmame para trabajar mejor”, como adultos, tomamos decisiones, y ser un profesional preparado, culto, que mira en la penumbra de los futuros que se ofrecen, es una decisión del ámbito muy, pero muy personal.

Maestros, hay que leer este libro, nos ayuda a comprender nuestra real-realidad educativa y cuando esto pasa, cuando comprendemos la raíz de los problemas, nos situamos y nos ponemos a hacer nuestra tarea con más sentido y profesionalismo… Yo mañana, sigo el “Claroscuro de la reforma educativa 2013-2018”, esa mal llamada reforma, desaparecida, dicen… veremos.


miércoles, 29 de diciembre de 2021

Vivir hoy día entre lo real y lo virtual ¿Es una amenaza o una oportunidad para lo humano?

 Byung Chul-Han. No-cosas. Quiebras del mundo de hoy. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2021. Edición Electrónica.

 


Este libro me hizo recordar que hace unas tres décadas, tenía tendencia a leer libros de este tipo, libros que hablan de que algo mal estamos haciendo. En aquel tiempo era contra el sistema económico, las políticas en boga, la hecatombe del mundo si no hacemos algo, etc., etc., se nos vendría abajo; en ese tiempo, era aún algo novata en esto de ser maestra en educación superior, y necesitaba argumentos para convencer de algo a mis alumnos de pensar en cambiar y formarse de un cierto modo, en este caso, desde enfoque de la maestría a la que estaba llegando.

Con el tiempo, leí, leí más, me informé, y sobre todo, me tomé en serio el enfoque de la Epistemología del Presente Potencial, con la que aprendí y comprendí la importancia de conocer el tiempo presente como una construcción histórica, y que en la medida en que me situara en mi propio tiempo, reconocería a la vez, fuerzas nacientes de construcción futura; comprendí que era importante leer la realidad en germen y entonces comprometerme con proyectos que los hicieran realidad, poniendo en acción esta idea de que la historia se construye desde la más cotidiana-cotidianidad. 

El enfoque, en lo personal me ayudó a tener una mente más abierta, luchando contra mis propios dogmatismos formativos, y fue muy, pero muy difícil hacerlo, pero algo tenía la lectura de Hugo Zemelman que por más dura y compleja que me resultaba, sabía que era buena para mí, y lo mejor, no me exigía fidelidad, al contrario, me exigía leer y leer de todo lo que pudiera, pues comprender mi tiempo presente no es asunto de un enfoque, sino de todos los posibles a los que yo pudiese acceder. Y así lo hice, y lo mejor, lo sigo haciendo ya alejada de la docencia universitaria.

Así, que ahora, cuando me encuentro con libro que nos dice que el mundo presente está destruyéndonos, que está acabando con lo que antes era bueno, y que ahora se nos sumerge en un estado de pérdidas, pues me resisto a esas ideas y defiendo la construcción de la historia ¿cuál? esa que en nuestra ceguera o luminosidad intelectual podamos construir, pues como seres humanos somos fuerza, potencialidad ¿hacia dónde? Ese es el misterio, se trata de apropiarse el presente y orientar futuros mejores.

Bueno, con esta aclaración, sólo diré que este libro, aunque he leído otros del autor, y que por esta tendencia no lo seguí más, pero al ver este nuevo material, lo revisé para ver sus nuevos argumentos, el título resulta atractivo.  

Tiene una forma de leer el mundo que se necesita respetar.  Así que me adentré por sus ideas, revisé y encontré que nos ve como consumidores de información y cosas no reales, atrapados en las realidades virtuales, dice que somos unos infómatas extraviados, que el mundo digital nos empequeñece, nos aturde la existencia humana con su ruido, su inmaterialidad, el desapego por las cosas privilegiando una memoria en la nube, donde guardamos videos, fotos y gran cantidad de información volátil, y que somos dominados por los datos, los algoritmos de la red.

La verdad, me pareció muy pesimista. Pienso que es una lectura del tiempo presente desde parámetros conceptuales que defiende lo sucedido tiempo atrás, me parece que utiliza un viejo paradigma de conceptos que lo anclan en una temporalidad ajena a la nuestra, y por ello, no puede mirar el movimiento de la realidad presente, que definitivamente, es dinámica, veloz, y esto la hace muy diferente a la que conocimos en dos décadas atrás, todo ha revolucionado, tenemos un tiempo espacio muy distinto donde se generan otras formas de existencia, otros modos de ser, estar, pensar.

Es un libro que se lee con dificultad pues se ayuda de Heidegger, Hegel, y otros filósofos (él es filósofo) y desde conceptos de estos autores, nada fáciles, nos explica este lastimoso proceso de pérdidas en el que estamos entrando.  

En lo personal pienso, que si es necesario reconocer qué estamos haciendo, qué problemas estamos generando, qué formas de subjetividad estamos desplegando, los problemas formativos que estamos enfrentando, y atenderlos.  Pero para hacerlo, necesitamos verlos como procesos del tiempo presente, reconocer sus tendencias, sus fracturas, sus posibilidades, como fenómenos de la realidad sociohistórica y prepararnos para vivirlos con un reencantamiento, con la sorpresa y animosidad que se necesita para construir la historia que se necesita, en esto, la lectura de Maffesoli ayuda mucho.

Diré, que si puedo rescatar algunos problemas que el autor plantea, como es esto de la abundancia de la información por el avance de las tecnologías, que esto de extraviarnos en medio de una información imposible de contener, de procesar y que termina en “fake news” no es bueno, pues al ser tanta y compleja, termina sólo en esa parte emocional y desde ellas nos domina, lo cual no es nada bueno.  Igual, tenemos el problema de nuestro desapego de las cosas que nos rodean, todo se torna volátil, no nos arraigamos, nos formamos comunidad con facilidad, y ni qué decir el empobrecimiento de nuestra capacidad de pensar el mundo ante la tendencia del facilitismo, lo simple, lo banal, porque tenemos mucho tiempo libre y buscamos más lo lúdico para utilizarlo…

Bueno, el libro, leyéndolo con cautela, sin dejarse atrapar el pesimismo, ayuda a plantearnos preguntas, problemas, retos formativos, porque si no tenemos este cuidado, terminamos pensando en que somos seres hacia la extinción… y eso, aunque es un futuro posible, necesitamos enfrentarlo aprendiendo a leer nuestro presente, a reconocer los problemas y prepararnos intelectual, política y socialmente para atenderlos, construyendo ese futuro digno que como humanos, pensantes, sintientes, merecemos.

lunes, 27 de diciembre de 2021

La narrativa de la revolución mexicana ¿por qué un mito oficial y no un hontanar de historias por develar?

 Schettino, Macario. Cien años de confusión. La construcción de la narrativa que legitimó al régimen autoritarismo del siglo XX. Ediciones Culturales Paidós, S.A. de C.V. México, Edición Electrónica de 2016.    

Soy profesora de educación primaria, formada en el normalismo de la década de los 70s, (hoy, jubilada ya en plaza federal).  Inicio diciendo, que leer este libro ha sido un nuevo golpe a mi conocimiento sobre la historia de este país donde vivo y me jacto de ser mexicana, y digo nuevo, porque me pasó igual, cuando leí la Patria y la Muerte de José Luis Trueba Lara, quien de manera muy documentada, narra cómo se construyó nuestra idea de nacionalismo, y desde ese momento, aquellas narraciones de la revolución mexicana, las historias de los héroes que murieron por la patria, la verdad cayeron de mi gracia, dejando una atropellada idea de la historia oficial que nos ha hecho creer que somos de un cierto modo, cuando no es tan auténtico.

En esta barullo de ideas, ni por donde narrar la lógica de este libro.  Definitivamente, es un texto articulante de ideas sobre historia, sociología, economía, política de lo sucedido entre la primera década del siglo XX y su finales; obliga a cada uno adentrarse por su lectura, y desde sus conocimientos, habilidades e intuiciones, adentrarse por el denso recorrido de tantos sucesos que de diferentes formas y profundidades, han dado lugar a una historia, de la que definitivamente no sabemos nada, y solo se han divulgado aquéllos que por interés político se han magnificado ocultado “los otros datos” que impedirían la conformación del mito de la revolución mexicana, mito en el cual se sustentan fuerza de poder que han orientado la vida social, política, cultura, y económica de México. Y es así, la lectura de este libro va derribando ideas anquilosadas en la medida en que se explican. 

Por ejemplo ¿Qué aprendimos sobre Porfirio Díaz? Por todo eso que la historia oficial impone que aprendamos sobre él (como maestra yo he sido parte de esta exigencia de aprendizaje), hoy lo detestamos, lo reconocemos como un personaje que nos llevó a un estado de crisis que terminó en la Revolución.  Y Macario Schettino, con documentos, fuentes, datos verificables, nos cuenta que en el Porfiriato México vivió un desarrollo fuerte, que sí, centró en él, gran poder, y con esta fuerza política articulante, pudo controlar por décadas las otras fuerzas de poder ambiciosas, y así, hacer lo que hizo como gobernante.  Y Schettino, cuenta que, a este hombre, se le pasó el tiempo, que envejeció y cuando menos pensó, ya no tuvo el tiempo ni la fortaleza para heredar el poder a otro de una manera en que no se genera una batalla campal entre todos los interesados en su rol presidenciable.   Así, se ven surgir esos alzamientos por el país de grupos buscando quedarse con ese lugar, nunca por un amor la patria, a los indios empobrecidos, etc., etc., que nos dice para justificar tanta matanza (esto Trueba lo narra muy bien).

Macario Schettino, nos cuesta que el relato de la revolución mitológico que conocemos, se construyó cuando las aguas se apaciguaron, cuando finalmente Lázaro Cárdenas, el último general que ocupa el cargo, haciendo caso a las fuerza del mundo (pues era el momento de un Mussolini, de un Franco, de personajes que por mundo reorganizaban sus mundos desde su poder), así Cárdenas, fue ordenando las fuerzas vivas, formando sindicatos, organizaciones, controlando desde el poder gubernamental, y se dio lugar a lo que conocimos por corporativismo, forma de organización que permitió un reparto de poder controlado por el estado, y a la par de esto, se fue armando un discurso que nos hizo creer que la revolución se hizo para rescatarnos de la malsano porfiriato.  Trueba Lara nos cuenta cómo se construye nuestra idea de ser mexicanos, como se construye la idea de la raza de bronce, que la verdad indigna vista de lejos.

Y así, hay muchas ideas que se pueden ir desmontando, como la del “capitalismo de cuates”, que nos explica cómo los grandes empresarios se enriquecieron al amparo del poder, y que por eso México no es un país que produzca riqueza, no se aumentan impuestos por cuidar sus privilegios y es una de las causas por la que no podemos salir de tanta pobreza.

Igual, la idea de hombres desinteresados y amorosos por su patria se cae a pedazos, Schettino, describe a personajes ambiciosos de poder, guiados por sus pasiones y deseos personales, conformando tramas de poder que terminan en actos de corrupción, en asesinatos.  Esto en verdad es doloroso, pues al ser formada en la idea del “héroe” ya nada encaja, ahora son tan solo seres humanos, personas de carne hueso motivadas por su individualidad egoísta, en algunos casos, algo patológicas.  Trueba ahonda más en esta dimensión, lo mismo Roger Bartra en su libro “La jaula de la Melancolía”.

Y me ha quedado una tarea, investigar más sobre ese tiempo colonial que poco conocemos.  Dice Schettino, que es ahí donde aprendimos una cultura, un modo de ser, de organizarnos que no hemos podido modificar, que, por ejemplo, los pueblos que aún se gobiernan por “usos y costumbres”, (como sucede en algunos estado del centro del país) son formas de gobierno de la colonia, que el corporativismo, ahí tiene su raíz… ¿será?, que por eso, al no conocerla, no sacarla a la luz, no hacerla consciente, es una forma de gobierno que nos sigue dominando, que siempre cambiamos y nos regresamos, un ejemplo, lo que hizo Porfirio Díaz, y las tres siguientes décadas, nos regresaron, los cambios que sucedieron el los 80s, 90s, hoy se desmantelan y nos volvemos a regresar ¿a dónde nos regresamos? ¿A formas de gobierno que siguen paradigmáticamente orientándonos?

Creo que este libro con estos otros dos que he leído me ha dejado vacunada contra la mitología del estado mexicano y no queda más que seguir hurgando entre libros, para enterarse de más verdades calladas por la historia hegemónica.  Hoy más que nunca, en la era de la información al alcance de todos por la apertura de la Internet, tenemos el derecho a conocer todo, acceder a diferentes diversiones sobre los acontecimientos históricos y conformar nuestras propias posturas, claro, las posibles, pues la formación ideológica es una limitante, un parámetro formativo duro de transformar… pero leyendo, discutiendo, informándose, poco a poco, mucho puede hacerse.

Bueno, hay que leerlo y cada lector ordenará su cabeza y tendrá sus propias conjeturas… duré leyéndolo por tres meses, me ausentaba para procesar las ideas que iba reconociendo, ser maestra, estar formada en esos mitos, no resulta fácil ordenarse al mismo tiempo de la fractura, lo bueno que tenía que otras lecturas que ayudaron a comprender la falacia del mito y moverse de ahí.

Suerte en esta experiencia de lectura, más si eres docente de educación básica.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Reconocer que somos seres finitos heridos por el infinito nos permite comprender nuestra condición y esencia humana.

 

Josep Maria Equirol. Humano, más humano. Una antropología de la herida infinita. Acantilado, Barcelona, 2021.  Edición Electrónica.

 


Leyendo “Nuevas formas del malestar en la cultura” de Vilma Coccoz, me encontré con este autor, quien viene desarrollando un pensamiento filosófico, dice el “de la proximidad”, sobre la experiencia de existir, que le lleva a reflexionar sobre lo que nos hace humanos.  Elegí este libro porque es el más reciente.

 Confieso, que aparte de leer su libro, me di a la tarea de escuchar cuando menos tres de sus conferencia recientes y pude así percatarme del por qué, pese a ser un asunto de reflexión filosófica, fue tan atrayente su lectura, pues se esfuerza por tener un lenguaje coloquial, es decir, que sin tener ese bagaje de lo que dijo Nietzsche, Heidegger, Levinas, y tanto muchos que cita a pie de página, todos podemos “sentir que sentimos” algo, lo que dice nos ayuda a profundizar en la profundidad que somos cada, somos tocados, somos aludidos en la herida que somos.

 Es un largo ensayo, con un índice con temas coloquiales que nos implican pues aluden a nuestro nombre, de dónde venimos, el día, la noche, etc., y desde éste, uno no puede rechazar un contenido que desde su lectura hace que recordemos, que pensemos que que sentimos, nos hace pensar que se piensa para comprendernos a nosotros mismos, y si tenemos preguntas sobre nuestra condición humana, ahí quedamos, buscando ideas que nos ayuden a comprender ese “alguien” singular, que somos, en la intemperie de la existencia, pues acabamos reconociendo que somos un nacimiento que se repite día a día, y que hemos venido de ninguna parte, pero vamos hacia lo que sigue y sigue, y que en ese proceso somos una herida abierta, porque todo el afuera nos llega, nos toca, lo sentimos y es tanto ese sentir, que nos deja heridos.

 Y que reconocer nuestra finita vida, herida por el infinito, desplegándose en la intemperie, es un acto de resistencia, porque somos personas que podemos pensar que pensamos, que podemos imaginar, construir, crear, y así, imaginando, se avanza esperanzado por la vida hacia algo más en potencia, esperando renacer, ser creado en lo que hacemos, y a esto le llama “poiesis”.

 Es un ensayo que nos lleva a pensarnos, a pensar a los otros, a reconocer que somos comienzos infinitos que nos acercan a un final;  un día no comenzaremos más porque moriremos, somos finitos en lo infinito del mundo, que igual, nace día a día.

 He quedado convencida de que soy un “inicio absoluto” que un día cesará, qué, venida de ninguna parte, es mejor pensar en la fuerza del nacer día a día en el valor de mis actos, que en el momento que en no naceré más.  Reconocer esto que somos, definitivamente es una herida infinita en mi finita vida, pero desde la capacidad de sentir que siento, de pensar que pienso, de crear, nos volvemos donantes de cosas, así como receptores de lo próximo, que siempre es tanto y tanto, siempre algo se siente, algo nos afecta, y día a día renacemos en medio de un cúmulo de sentimientos que no terminan de explicarse.

 Y me quedo con esto último, este libro me ha hecho pensar, y este pensar me adentra por mi misma, y me he  encontrado con mi herida, soy alguien abierta al infinita resistiendo a través de mi esfuerzo por imaginar lo que aún queda por vivir;  nacer cada día, antes del día en que no nazca más, me deja un esfuerzo de acercamiento a mí misma, a mi condición humana, a mi esencia humana.  Dice el autor que al reflexionar nuestra condición humana, se puede pensar en que uno es arrojado al mundo desde quién sabe dónde y se toma conciencia de que se existe, y cuando pensamos en nuestra esencia humana, implica asumirse como ser sintiente, y al sentir lo que uno siente, se percibe la afectación que el “absolutismo de la realidad” impone, así, cada uno se sabe como un ser que renace día a día en medio mil situaciones buenas y no tan buenas, donde se puede imaginar lo que aún no es, donde se tiene la esperanza de nacer y renacer cada día que siga, hasta el último, que ignoramos su fecha.

 Bueno, algo así comprendí, y siento, que esto que me hace sentir es muy propio de mi condición y esencia humana… Cada quien tiene que leer y contar su sentir, porque somos un “yo sintiente” capaz de pensarse. Y aquí le dejo, la verdad, no he dejado de preguntarme por qué leo sobre estos asuntos, y en esta divagación, la misma lectura me hizo hizo pensar una respuesta. 

Entendí que no se está solo, que estamos próximos al otro y lo otro, que vamos haciendo una experiencia de existir, pero lo más importante es la proximidad que somos, entonces el reto es esforzarnos por comprenderla, de otro modo ¿para qué nacer de ninguna parte? Siento que el nombre de esa canción que me gusta ha tomado más sentido: se trata de “honrar la vida” que llegó no sé de dónde, honrar ese misterio buscándome a mí misma….

Me duele la cabeza… lo confieso, pero aquí sigo.  Creo que retomaré el libro de Vilma Coccoz... 

domingo, 17 de octubre de 2021

¿Vivir ignorantes de lo que es la existencia o aprender a convivir con el embate del tiempo, la enfermedad y la muerte?

 


Joan-Carles Mèlich LA FRAGILIDAD DEL MUNDO Ensayo sobre un tiempo precario. (España, 2021) Tusquets Editores S.A. Edición Electrónica.


Hoy, estoy frente a un libro leído, que no sé por dónde invitar a leerlo.  Es de esos libros que más que conocimientos, información, movilizó emociones, y siempre, hacer palabras lo que se siente, no resulta fácil ni sencillo.  

Pero por algún lado hay que iniciar, no merece quedar extraviado en mis pensamientos.

Este libro, es uno de los más documentados que se pueden leer, pero si bien se vale de conceptos bien citados, nunca éstos se cierran con definiciones para encarcelar las ideas que utiliza, por el contrario, se vale de otras ideas metafóricas tomadas de fuentes que denomina con pulcritud y detalle y llama “Lecturas venerables”, que son novelas, poemas, ensayos, y con ellas logra encontrar las palabras para reflexionar este asunto tan trascendente y vital de nuestros modos de vivir, de habitar el mundo donde nos tocó nacer-morir, y como diría Unamuno “quedar en la tierra” desde la huella que dejamos conscientes o no de ello.

 Es de esos libros en cuya forma de escribir interpela al “mí-mismo”, y uno, una, se queda intrigado, atraído por la invitación a cruzar una puerta guiados por la intuición, la emoción, los indicios de “algos” que tienen que ver con uno mismo.  Confieso mi atracción por este tipo de libros donde se presiente un misterio, y que sin exigir tomar notas se puede avanzar pese a nuestras múltiples ignorancias de los autores citados, pero va dejado preguntas, el aumento de la inquietud por saber a dónde nos lleva, y conocer algo de ese misterio percibido desde la primera página que se sostiene hasta terminar la obra, dejando en la cabeza un merodeo de ideas diversas, con la sensación de que ha valido la pena leerlo y además, se tiene necesidad de hablar de ello, pero asalta la pregunta ¿cómo hablo de lo que me pasó con esta lectura?

 Sospecho que una lectura de este tipo es “estrictamente personal”.  Por eso no sé cómo contar, narrar la experiencia y por ello me veo obligada a poner aquí, algunas de las frases (entre tantas) que al leerlas, pensarla, dejan una inenarrable sensación:

  •   “Somos más lo que nos pasa que lo que decidimos”
  • “habrá que aprender a andar sin rumbo y sin destino, a tientas, con temor y temblor”
  • “El mundo es la gramática que habitamos y que nos habita, la interpretación que nos posee y en la que vivimos”
  • “Existir es salir de sí, lanzarse a una aventura en una tierra extraña que no dejará de serlo y en la que nunca se tendrá la sensación de estar en casa.”
  • “Habitar el mundo es existir siempre en un trayecto, en una encrucijada.”
  • “Lo útil provoca un bloqueo y una negación de sentido, no solo porque no es posible hallarlo sino sobre todo porque ofrece un único sentido.”
  • “Será necesario girar la cabeza y mirar atrás. Solo así comprenderemos qué es, en definitiva, lo que hemos heredado, seremos capaces de interpretar la fragilidad del mundo y repensar si todavía estamos a tiempo y en condiciones de encontrar las formas necesarias para cuidarlo.”
  • “El mundo se ha convertido en una inmensa red burocrática de la que es imposible escapar, es un espacio cerrado en el que impera una lógica instrumental que provoca la escisión entre la razón y el sentido.”
  • “La actualidad no es lo que da sentido al tiempo, sino lo que lo niega, porque es un instante que coloca al que lo vive fuera del mundo en lugar de situarlo en él, en su fragilidad. No ha vivido más años el que tiene más edad, sino el que más ha sentido la vida.”
  • “No ha vivido más años el que tiene más edad, sino el que más ha sentido la vida.”
  • “Lo humano no tiene esencia, es una forma que se transforma constante e imprevisiblemente, que nunca es idéntica a sí misma.”
  • “…los humanos no pueden más que existir en la fragilidad, porque son seres finitos que pugnan por lo infinito, un infinito que nunca llega, pero que es necesario para mantener la ilusión de continuar vivos.”
  • “Un ser finito no es el que se limita a habitar el mundo, sino el que habita su fragilidad. Para existir, no solo para vivir, sino para «salir de uno mismo» (existir es eso, «salir de sí», lanzarse a una aventura incierta, sin brújula ni cartas de navegación)”
  • “Para soportar el sentimiento de sentirse expulsado del mundo y de estar en lo inhóspito, a la intemperie, hay que encontrar un tenue hilo vibrante de sentido.”
  • “…el sufrimiento no puede ser erradicado.”
  • “Angustia, melancolía y pánico son tres formas de fragmentación que convierten el mundo en un desierto de sentido. La existencia no puede «respirar», deja de vibrar y de responder a los demás y a sí misma.”
  • “La mayor parte de las veces «vivimos» pero no «existimos». Andamos en la cotidianidad del mundo sin pararnos a ver, a contemplar, a pensar y a sentir el mundo. La existencia es completamente a-problemática.”
  • “La provisionalidad es el atributo fundamental de la existencia. Lo definitivo es la muerte.”

 

Y así, cada capítulo, se bien se concentra en diferentes problemas, no pierde el hilo para abordar el eje de su libro, que es la necesidad de asumir que los seres humanos somos cambio, movimiento en ese lapso de tiempo que somos entre el nacer y morir, y que desde ese momento, ya tenemos encima nuestro la carga heredada del mundo que nos precede, carga que necesitamos reconocer y pensar cómo usarla en el mundo que nosotros ayudamos instalar, que nunca podremos dominar, que es hostil la mayor de las veces, y ahí somos frágiles, vulnerables, y esta condición, necesitamos asumirla para aprender a vivir así, en ella, pues no se tiene alternativa, somos huéspedes de un afuera ingobernable, donde a pese a todo, se puede vivir haciendo esas pequeñas batallas existenciales.

 Es un libro que necesita ser releído cuando se necesite (valga la redundancia), pues quien lo hizo una primera vez, ya sabe que al volver a él, se reactiva la capacidad de cierto tipo de preguntas, presiente la emoción del misterio, del valor de atreverse a abrir puertas y asomarse a esas oscuridades que nos rodean, que muchas veces deseamos ignorar, pero ahí están, y lo mejor es sabernos implicados, reconocer que no nos son ajenas y necesitan importarnos.

Ojalá haya logrado interesarles, lo busquen y se adentren, por sus “oceánicas” páginas, utilizando esta metáfora de Freud, en el Malestar de la Cultura.

domingo, 3 de octubre de 2021

Pensar y existencia… ¿Vislumbrar el sentido de existir? Hugo Zemelman Merino a ocho años de su ausencia...

 


3 de octubre, día que me demanda recordar un suceso de 2013.  Hace ocho años ya, que murió en Pátzcuaro Michoacán, Hugo Zemelman Merino, a unos días de cumplir 82 años, lúcido, terco con la vida que eligió y sostuvo con fuerza, entusiasmo y ese amor por el conocimiento que libera el pensamiento de “parámetros” que impiden los destellos de libertad para “ser-estar-hacer” desde el más insignificante acto de vida cotidiana.  Fue un hombre que anduvo tras la libertad a la manera del poema Paul Éluard

“Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte
Libertad”


Y cuando digo que me siento demandada, lo planteo con sentido levinasiano, esto es, me veo interpelada, situada frente a la obra de este autor latinoamericano, sin opción de negarme,  me exige -y cedo convencida-, desde lo que sé, a compartir sus ideas construidas por los últimos 50 años de su vida, enfocadas a reflexionar nuestras formas de pensar y de vivir en consecuencia. 

Siento genuinamente, lo importante que es recordar, que, por toda su obra, -lo que conozco de ella-, nos hace una invitación a desplegar una forma de pensamiento capaz de estar atentos al presente para avanzar con lucidez por las oscuridades del futuro, por los apenas indicios de luminosidad que la realidad misma contiene, pero que es necesario aprender a mirar.  Soy consciente del valor de estas ideas y el reto de no olvidarlas, de no sepultarlas como sociedad en una historia que termina por no nombrarse.  

Y para hablar de Hugo Zemelman, he elegido un apartado de su libro “Pensar y Poder. Razonar y Gramática del Pensamiento Histórico”, el último que publicó en 2012.  El apartado se llama “Pensar y existencia” y al volverlo a releer, como siempre sucede con su escritura connotativa, las imágenes, ideas y pensamientos que se suscitan, son nuevamente propios del momento, y rearman otras ideas que permiten pensar algo no pensado antes. En esta relectura, he puesto atención a una palabra que utiliza en varios momentos y he de confesar que antes, no le di la importancia que hoy descubro.  Esta palabra es “vislumbrar”, que buscada en el diccionario refiere a una mirada que atisba, que entrevé, que se figura algo en un espacio con apenas claridad para tener certeza de ese “algo”, pues sólo se aprecian indicios o señales en esa penumbra o niebla de la realidad que la cobija.

En este apartado de su libro, Zemelman utiliza esas ideas epistémicas que cruzan toda su obra, como “presente-potencial”, para hablarnos un tiempo abierto a su propio transcurrir y la imposibilidad humana de contar con una forma de pensar que no lo “encuadre”, pues subyace la tendencia movernos en una forma de pensar organizada por conceptos, categorías, formulas cuya pretensión es atraparla y construir una seguridad existencial por la verdad de que nos provee. Asimismo, refiere la importancia de incorporar a nuestra forma de pensar, categorías abiertas como “lo necesario”, “potencialidad”, “realidad” como dado-dándose, “asombro”, “limites-incluyentes”, “esperanza”, “ámbitos de sentido”, “abstracción-no-excluyente”, etc., tantas y tantas maneras de nombrar que utiliza dependiendo de lo problemática que nos quiera compartir.

En esta ocasión, va a utilizar todo este arsenal de ideas epistémicas para reflexionar sobre la relación que guarda la forma “cómo pensamos” con “cómo “existimos””, cómo vamos resolviendo la vida quedando insertos en la historia, una historia que tejemos en las micro acciones de la vida cotidiana, y a veces, sin saberlo, le imprimimos sentidos que nos enmudecen y excluyen de la capacidad de autonomía, para terminar invisibilizados, como instrumentos de los juegos de poder dominante.

El problema de fondo que plantea, es el reto que se tiene para moverse de las certezas, de las verdades hechas pues otorgan la seguridad anhelada y aleja de la sensación de incertidumbre que imprime el cambio constante, el fluir del tiempo.  Nos platea el desafío existencial de reconocer que somos seres frágiles, nunca dioses capaces de dominar la inestable realidad, que avanza en un orden sombrío, sin obedecer nuestras reglas por más elaboradas que estén, siempre será un orden temporal, rebasado constantemente por el fluir del tiempo que avanza infinitamente, nunca se detiene y ahí, pero es ahí donde se vive, en esa realidad indomable, que no obedece a formas únicas de pensar, y por ello, necesitamos comprender que el pensamiento nomológico es insuficiente, y urge  experimentar diferentes maneras de “revelación” de lo que vamos “vislumbrando” por el caminar de la existencia. 

Desde esta necesidad, nos vuelve a invitar a recuperar nuestra capacidad de asombro, a desplegar lo que llama una “resistencia epistémica” para conquistar día a día la “difícil libertad” y atrevernos a pensar “lo que se necesite pensar”, no lo que se nos indique desde el poder, desafiando esa “imposición natural” del mundo que nos recibe al nacer, ya en forma de cultura, moral, ciencia, o políticas, pues nacemos en un mundo hecho y orientado en un rumbo hegemónico que todos tenemos derecho a comprender para decidir cómo vivirlo.

Por ello es importante aprender a “pensar críticamente” el mundo heredado en sus diversos grados de endurecimiento social, donde se nos ha otorgado de facto, una función, y mediante diversos mecanismos se nos convence de autoexcluirnos de “posibles actos de autonomía” se impide ejercer un pensamiento que tome conciencia del orden social constituido y deja sin posibilidades de “vislumbrar” otros posibles desarrollos a la herencia recibida, impidiendo a los ciudadanos, la capacidad de pensar y construir “algos” que se necesite insertar a la historia de todos, como opción debidamente analizada.

Se trata de reaprender a vislumbrar el mundo naciente en el mundo que se ha heredado, y esto, pero hacer esto, conlleva demandas, ya que no es un acto de voluntarismo, ni buenos deseos, sino del ejercicio de una responsabilidad intelectual que permita mirar con atención y detenimiento esos «algos» que se atisban, ya que no están a nuestra disposición por solo alargar la mano y tomarlos.  Hay que visibilizarlos con un fino trabajo intelectual que enfrentará problemas como:

-La creciente insuficiencia conceptual con la que pensamos el tiempo presente y la forma en que lo hacemos palabra.

-Reconocer nuestra forma de pensar nomológica, y reeducar la capacidad de pensar y hablar sobre el mundo, resistiendo la tendencia a ser invisibilizados por las fuerzas hegemónicas que desde sofisticadas formas de organización se naturaliza una forma de vida que se asume con mínima resistencia epistémica.

-Una forma de pensar con abstracciones excluyentes, que ignora o pretende no dar lugar a esas realidades que se asoman en los márgenes de lo que se afirma, y en vez de ello, se defiende lo normalizado, lo ya aprobado y validado institucionalmente.

-Atreverse a vivir en el asombro, sostenerse él, exige aprender a mirar y moverse entre los márgenes, los límites, que son los espacios donde aparecen los indicios, las señales que están esperando ser pensadas, donde urge revelar lo que se contiene potencialmente, lo cual se enfrenta a la fragilidad del ser humano.

-El reto de situarse en el mundo que se habita, reapropiarse de él, y desde él moverse hacia sus nuevos desarrollos, demanda una buena dosis de valentía para insistir en los cambios por realizar; se necesita comprender que cada época tiene su verdad, y esa verdad producida en otro momento que se impone a una época naciente, pugna por durar, se resiste y esto demanda definir políticas viables, posibles.

-Lo anterior, nos solicita el desarrollo de una crítica que se oponga a la tendencia de construir un pensamiento que marche con el orden constituido.  Se necesita asumir que el poder hegemónico necesita desmontarse, pensarse, de otro modo, el sujeto queda invisibilizado, dominado en una forma de pensar su propio tiempo, sin la capacidad de situarse críticamente.

Pues bien, hacer todo esto, se torna una tarea compleja y nos conduce inevitablemente al  ámbito de la formación donde se propicien dispositivos pedagógicos que estimulen formas de pensar que aprendan a “alejarse para poder ver de cerca”, que se aprenda a vislumbrar, que se tenga permiso de especular, leer entre señales, indicios,  reconocer las migas de pan que va dejando el fluir de la realidad; se trata de vislumbrar en lo informe de la realidad, y atreverse a revelarlas, mostrarlas, apoyarlas o evadirlas según su valía para el desarrollo social.

La lectura del apartado definitivamente entusiasma, pero a la vez deja el peso inmenso de comprender que esto no funciona como imperativo categórico de “piense críticamente” y ya, no, esta necesidad de pensar epistémicamente, pasa el por el problema de asumirse como sujeto, como bien dice nuestro autor, tiene que ver con la “capacidad del hombre a organizar su asombro cuando se atreve a tenerlo” y atreverse a vivir una forma de racionalidad que se despliega en la intemperie, en los márgenes de las verdades, de las fuerzas vivas dominantes, es un reto humano difícil de encarnar, pues se trata de vivir “a salto de mato”, como lo plantea Joan Carles Melich.

Bueno, de esto trata la obra de Hugo Zemelman, una obra nada fácil de leer, lo reconozco.  A veces no comprendo qué me llevó a esta sostenida lectura por años, pude haberla evadida como muchos, pero ahí me quedé.  Y es que en medio del esfuerzo intelectual que demanda (que no es poco), pienso en la explicación que le leí a Bachelard en uno de libros, que más menos dice así, “cuando una obra se lee, y se relee, es porque nos concierne”, y creo que sí me concierne, soy profesora, tengo el reto profesional de formar sujetos, y desde ahí, se puede hacer el esfuerzo de incentivar una forma de pensar vislumbradora que ayudare a los alumnos, a zafarse de las certezas teóricas que pretendan encerrar el pensamiento y controlar sus acciones desde una verdad dominante, por ello, necesitamos ayudarles a pensar en su “derecho de pensar y de existir la vida”, esa que ellos, necesiten.

Termino diciendo, que, para mí, leer a Zemelman ha sido complejo, pero muy liberador, desde él y con él, tengo el deseo de “mirar lejos lo cercano”, lo intento (no sé qué tanto lo logro, la realidad es la realidad).  Trato de vivir en la aventura de pensar lo marginal, y hablar de lo que vislumbro, teniendo claro que pocos lo quieren conocer, pero en esta aventura, igual se entiende que hay consecuencias como la marginación, el silenciamiento por la organización instituida, pero no detiene. Se construye una pasión por vislumbrar, por revelar.

Gracias Hugo Zemelman Merino, donde quiera que se encuentre (de usted, claro, con todo mi respeto a este gran señor, a quien conocí personalmente, crucé palabras con él, pero mi acercamiento fue circunstancial, y mi relación es, platónicamente intelectual) y pienso que cuando se ha entendido su invitación y una se atreve a dar un pasito hacia ese umbral y se van haciendo esas tareas para el auto rescate de nuestra autonomía pensar y construir sentido, con sentido, no hay retorno. 

Me confieso orgullosamente zemelmaniana.

viernes, 1 de octubre de 2021

Para preguntarse si la educación es moralista o ética (ética de la compasión)

 

Joan-Carles Mèlich. Ética de la compasión Editorial Herder, Barcelona, 2013. Edición electrónica.

Compré este libro hace dos años. Ya no recuerdo qué idea o quien lo refirió, pero ahí estaba entre mis pendientes y finalmente puedo decir que lo he leído, pero no puedo decir lógicamente lo que he encontrado en él, porque, para empezar, solo tengo claro que:

-No es un libro de instrucciones; si bien habla de ética, de la relación entre los seres humanos, nunca da pistas para hacerlo cada vez mejor, al contrario, va dejando claro lo difícil que es ser éticos, no moralistas.

-No es un libro teórico, aunque no le faltan los conceptos agudos y profundos para plantear su postura, y éstas, connotan ideas para pensar lo ético como existencia, como forma de vida.

-No es un libro que responde preguntas, pero si deja muchas, las que uno puede hacerse desde la singularidad de su vida.

-No es un libro de “ética”, sino de la necesidad de reconocer y acompañarnos en el dolor existencial de la vida, es un libro que habla del valor de la compasión y de la imposibilidad de humana de asumirla.

Por todo el libro, vamos a encontrar argumentos que defienden una ética como acompañamiento del otro, quien nos necesita en momentos de dolor existencial.  “Necesidad” que sentimos nos demanda estar ahí, responder para acompañar, nunca sintiendo su “sentir”, pero sí, estando ahí respondiendo dada la circunstancia, sabiendo que la respuesta que damos, será siempre insuficiente, siempre mejorable, pero es la que se puede dar auténticamente en ese momento, y de lo cual no podemos sentirnos orgullosos, sino lastimosamente insatisfechos de no haber podido dar algo más.

Y así, uno va leyendo ideas que nos introducen por una ética de la compasión para sobrellevar una vida finita, incierta, cambiante, informe, tan inhóspita a veces, y llega al final del libro donde narra una escena dolorosa, donde también nos dice que tenemos la tendencia humana a una “imposibilidad de compasión”, que finalmente en una situación extrema, tendemos a “salvo me-yo-primero”.  Que a veces no podemos soportar estar cerca del dolor del otro. Siempre aparece este “primero-yo”, y con las culpas y vergüenzas que esta actitud produce, y así nos vamos moviendo por la vida, porque así es lo humano.

Hay que leerlo, moverse entre sus conceptos que no son ajenos a la forma de vivir, de sentir, de pensar; su lectura provoca reflexiones que sacuden nuestros modos moralistas de actuar, de responder a los desafíos de la existencia.

Se trata de un libro que nos ayuda a pensar-nos en situaciones de vida que uno no sabe que necesitaba pensar, pero que necesitan ser pensadas, y en medio del drama, se siente algo que alegra, porque finalmente uno sabe que es mejor saberlo, vivir en menos ignorancia la complejidad de la vida con los otros, quienes igual, libran sus batallas, qué mejor que hacerlo juntos, asumiendo por convicción una “Ética de la compasión”.

Por tanto, no queda más que la invitación a leerlo. Es un libro para todos, pero si en especial los leemos los maestros, se siembra la idea generosa de desplegar una pedagogía menos normativa y sí, más compasiva, en sentido que el autor lo plantea.