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jueves, 3 de octubre de 2024

LECTURA DE LA REALIDAD DESDE NUESTRO AUTOMÁTICO DOCENTE O LECTURA DE LA REALIDAD DESDE LA EPISTEMOLOGÍA DEL PRESENTE POTENCIAL.


 LECTURA DE LA REALIDAD DESDE NUESTRO AUTOMÁTICO DOCENTE O LECTURA DE LA REALIDAD DESDE LA EPISTEMOLOGÍA DEL PRESENTE POTENCIAL.

Luz Divina Trujillo

3 de octubre de 2024

 IDEA INTRODUCTORIA.

Hoy se cumplen 11 años que Hugo Zemelman Merino dejó de estar entre nosotros físicamente, sin embargo, la fuerza de sus ideas lo recolocan entre quienes lo recordamos. 

Como cada año, aquí estoy en el esfuerzo de asumir mi responsabilidad intelectual, al que fui invitada desde que le conocí, primero en sus libros que leía sin comprender nada, pero en vez de alejarme, me avisaban que en ellos había un tesoro de ideas para mi crecimiento intelectual, profesional y humano.

Hoy decidí escribir sobre una noción muy zemelmaniana “lectura de la realidad” que se utiliza en la Reforma Curricular 2022; se pretende problematizar la tendencia a usar palabras vaciadas de sentido que se instrumentalizan ya sin sus fuentes originarias de teoría.

No pude citar ningún libro, aunque están por aquí a mi lado, abro uno, y me aporta una idea que luego sigue otro, de una forma diferente, y se entiende, como él dijo en una entrevista, no escribió libros, escribió largamente sobre una idea.  Sin embargo, si quiero mencionar los libros que más me gusta abrir, leer un pedacito y dejar mis ideas correr, porque para eso son, para leer y pensar, son libros que provocan el pensamiento, pues contienen ideas que no se cierran, son ideas escritas con una belleza paideica… Mis libros preferidos son:

  • Sujeto: existencia y potencia (1998)
  • Necesidad de conciencia. Un modo de construir conocimiento (2002)
  • El ángel de la historia. Determinación y autonomía de la condición humana, (2007)
  • Horizontes de la Razón III (2011)
  • Pensar y poder. Razonar y gramática del pensar histórico (2012).

 Son los últimos que escribió, y aunque en los anteriores sus ideas son fecundas e inspiradoras, en estos, encuentro poesía.


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 Hugo Zemelman, en forma escrita (libros y ensayos) y verbal (conferencias y diálogos) nos recordó que T. Adorno, este famoso intelectual de la Escuela Crítica de Frankfurt avisaba del peligro de pensar lo que nos acontece, utilizando lo que denominó “conceptos-cadáveres”, quien habló de la necesidad de comprender que los conceptos que usamos responden a un tiempo y espacio, que su fortaleza abstracta por más fuerte que sea, se fisura ante el devenir de los entes concretos y se desploma frente a las condiciones históricas cambiantes; los conceptos envejecen, pierden su fuerza explicativa, y terminan siendo inoperantes para orientarnos en lo inédito del presente.

Los profesores, del nivel que sea, (en este caso, educación básica) podríamos hacer un listado de “palabras-conceptos” que delimitan nuestro ser y pensar educativo ¿Cómo cuáles? Educación por supuesto, formación, enseñanza, aprendizaje, contenidos, curriculum, escuela, niño, adolescente, familia, contexto, planeación, evaluación… y la lista puede seguir y seguir. Preguntémonos ¿Qué tanta información teórica se reconoce en estas palabras que tan habitualmente usamos? ¿Tenemos claridad de las teorías contenidas en esas palabras, cuándo y por qué surgieron? ¿Qué problemas esperaban resolver y que dejaban pendiente? ¿Acaso utilizamos conceptos-cadáveres en nuestra tarea educativa?

La realidad histórica no se detiene, las nuevas situaciones demandan conceptos que nos expliquen sus anudamientos y desenlaces y sucede que el pensamiento teórico no se mueve a la velocidad histórica, y estos nos movilizan ideas, creencias, ¿cómo resolvemos esta tendencia a quedar disociados entre lo que creemos y lo que es, desfase que se conoce como disonancia cognitiva[1], es decir, cuando nuestras creencias, conocimientos se ponen en duda, se presenta una falta de coherencia lógica entre la idea de uno mismo y la realidad que nos desmiente, lo que puede producir un derrumbe personal intolerable, un momento angustioso ante el cual, el cerebro responde con una serie de razonamientos que alivian ese dolor mediante explicaciones que justifican esa “falta” de coherencia lógica entre la vida habitual perdida y el suceso perturbador.  Se construyen argumentos justificatorios que nacen del mismo sistema de creencias afectado, pero ahora se reutilizan para autoconvencernos (por no decir autoengaño) de que esas incongruencias entre el ser y hacer son ilógicas, recuperando el bienestar perdido.

Son inevitables los asaltos súbitos de conciencia ante el contacto con la inédita realidad y vivir disonancias cognitivas, que tienden a ser resueltas mediante justificaciones que aportan tranquilidad volviendo a las rutinas y pensamientos habituados, como si todo siguiera igual, cuando se requiere aprender a enfrentar la novedad que altera nuestra lógica interna, y en vez de justificarnos, hacer el esfuerzo intelectual y emocional de movilizar ideas, creencias, actitudes para recolocarnos ante lo desajustado de la realidad. ¿En qué tendencia nos ubicamos?

La profesión docente propicia una larga estancia en la educación; abrevamos conceptos desde nuestro propio paso por la escuela, la formación profesional, la práctica docente, y durante esa continuidad de tiempo, construimos una red de significados provenientes de diversos sistemas teóricos, con ellos, pensamos y ponemos en acto la educación.

Es innegable que contamos con un acervo intelectual, sin embargo, muchos de esos conceptos se encuentran desarticulados de la teoría a la que pertenecen y nos permiten un uso más instrumental que explicativo.  Los docentes sabemos cómo responder  ante los actos de enseñanza, tenemos idea de cómo aprenden los niños, organizamos los contenidos en planeaciones, diseñamos actividades, tenemos seguridad en cómo atender a los alumnos, lidiar con problemas de la docencia, burocracia escolar, es decir, podemos responder en “automático”, a la complejidad de la vida escolar, dominamos la información necesaria que nos facilita el despliegue de hábitos, rutinas, actitudes, roles que sustenta ese “automático docente”, que nos resistimos a perder.

 La educación mexicana, desde 2022, ha entrado en una Reforma Curricular que ha provocado varios asaltos a nuestra coherencia lógica de resolver los actos educativos. Por un lado, tenemos una prisa política que presiona y acelera la maquinaria burocrática para cambiar las prácticas docentes de acuerdo con la lógica formativa del nuevo currículo.  Por otro, sólo se espera que los docentes asimilen los nuevos sentidos formativos en el tiempo cronológico impuesto, lo cual es una falacia al no considerar las resistencias a modificar ideas, rutinas escolares, hábitos, creencias, usos y costumbres no escritas guiadas por el acervo personal de conceptos de cada educador que sustenta su automático-docente.

La implementación ya está muy avanzada, y parece tener garantías de continuismo con el nuevo gobierno.  Si seguiremos en ella, es importante reconocer el nuevo cuerpo de conceptos que la estructuran y guían sus sentidos formativos, así y de manera rápida se enlistan algunas palabras-conceptos: problematizar, problema, lectura de la realidad, construcción curricular (programas sintéticos y analíticos), colonización del pensamiento, autonomía, contexto, decolonialidad, epistemologías del sur, didáctica decolonial, comunidad, territorio, compartencias, comunalidad, diálogos, territorio, subalternidad, vida cotidiana, poder, etc. ¿Cómo se incorporan al acervo intelectual de los profesores? ¿provocan disonancias cognitivas que estresan a los docentes y los lleva crear argumentos justificatorios para concluir que son los mismo de los mismo? ¿El automático docente se detiene y cambia ante la presencia de estas nuevas palabras?

Este caudal palabras-conceptos, llevan una carga de teoría que, de facto, obliga a realizar reajustes a la práctica docente, perturban la docencia habituada, la vida escolar donde la prisa apremia, no se cuenta con el tiempo para reconocer los nuevos cuerpos teóricos de los cuales provienen tales conceptos.  Hasta ahora, el autor más mencionado que está detrás de esta reforma es Paulo Freire, y por suerte los maestros sabemos algo de él, y ya la teoría no resulta tan ajena como la vaguedad que muestran otros autores apenas mencionados, entre ellos Hugo Zemelman, quien es citado cuando se analiza la idea de vida cotidiana, sin explorar la profundidad de su planteamiento al respecto. Al ser Paulo Freire el más citado es importante reflexionar que tan a fondo conocemos sus ideas y cuáles de ellas se rescatan.  

Este pedagogo brasileño, reflexionó sobre la educación informativa y memorística, a la que llamó educación bancaria, y abogó por una educación libertaria. Sus reflexiones surgen en un contexto con el predominio de gobiernos autoritarios, cuyos sistemas políticos y económicos de mediados del siglo XX respondían a un nacionalismo populista. La educación respondía a esa hegemonía y él, como educador visionario, orientó su rebeldía crítica hacia la construcción de ideas pedagógicas libertarias para adultos, aportando su famoso método de la palabra generadora.

Freire, como educador que respondió a su tiempo, sus ideas movieron el anquilosado mundo pedagógico, al que aportó conceptos importantes, pero como vimos con Adorno, los conceptos por más poderosos que sean, no tienen garantía de eternidad, pierden su pertinencia ante el movimiento sociohistórico y hoy, estamos frente a algunos de ellos en medio de otras circunstancias sociales, políticas, económicas ante las cuales, esas ideas freireanas muestran un desgaste y algunas siguen fuertes, entre ellos, tenemos “esperanza” e “inédito viable”, cuya fuerza puede ayudarnos a pensar el mundo en que vivimos, a reconocer opciones de futuro que exigen esfuerzo y valor, sin embargo, estas dos ideas, no aparecen en la lista antes planteada.

Por tanto, estamos frente a una Reforma Curricular que nos sitúa frente a varios problemas, por un lado, apropiarnos de los nuevos conceptos sin aclarar que significados que se retoman para orientar los cambios de la práctica docente, y por otro, comprender que los cambios que se instruyen activan una resistencia normal (disonancia cognitiva), que trata a todo lugar de acomodar las nuevas exigencias al piloto-automático-docente, simplificándolas en lo posible, quedando en un plano operativo.

Lo viable y pertinente, sería, enfrentar la reforma con procesos de reflexión que propicien conciencia sobre la necesidad de cambiar las prácticas docentes, movilizar el acervo conceptual, enriquecer el bagaje discursivo con esas palabras teorizadas lo mejor posible para que movilicen pensamientos, actitudes y acciones pedagógicas. Sin embargo, sabemos que, en el mundo educativo, donde educación es tiempo que se fuga hacia el futuro, no hay tiempo de pensar como poner atención al tiempo en nuestras manos, la formación de los alumnos.

Vuelvo con Hugo Zemelman, como ya dije, es citado en algunas partes de los libros para el maestro, y desde su propuesta epistémica, es importante reflexionar los sentidos epistemológicos de la noción “lectura de la realidad”, ya que parece un concepto central en la propuesta curricular por lo que amerita un acercamiento evitando se use como palabra-adjetivo, que nada tiene que ver con lo que Zemelman plantea.

En la Reforma Educativa, se pide a los profesores que hagan una lectura de la realidad, la cual se plantea como un esfuerzo de observación cuidadoso del contexto educativo. Para ello se sugieren distintos ejercicios que le ayuden a reconocer las condiciones sociales y materiales que le rodean, así como la singularidad de los alumnos y hecho este reconocimiento, tomar su programa sintético y bosquejar el proceso de enseñanza posible de realizar en las condiciones encontradas, así, se verá realizando la planeación de programas analíticos que se concretará mediante una didáctica más vivencial con base a proyectos sugeridos.  La lectura de la realidad aquí se torna un ejercicio de diagnóstico que terminará con la contextualización del curriculum, el fin es atender la promesa de educar en condiciones reales, respondiendo a las necesidades específicas de esa población escolar y social.  La lectura de la realidad tiene la función de orientar la adecuación curricular.

Si revisamos “lectura de la realidad” en Freire ¿Qué nos quiere decir él y que significados se rescatan para ser aplicados a la Reforma? Freire habla de aprender a leer la realidad, tiene un libro donde discute la importancia de leer para liberarse; para él, leer no es una decodificación de signos, sino la construcción de conciencia del mundo, de reconocimiento de las relaciones en que se está inmerso para comprender sus condiciones de vida, así como sus posibilidades. Esta concepción se apreciaba en su método de la Palabra Generadora, donde leyendo ciertas palabras, orientaba una reflexión sobre sus condiciones existenciales, roles, procesos de hegemonía, y en ésta, aquellas posibilidades (inédito viable) de desarrollo.  Con este reconocimiento se podía pensar en alternativas, otras maneras de ser, de existir, de ahí la idea de pedagogía liberadora de la propia ceguera de las personas analfabetas.

Entonces, ¿Qué es leer la realidad desde Freire? ¿Tiene que ver con la realización de un diagnóstico para adecuar el curriculum a los alumnos? ¿será algo más? Freire vivió en un mundo muy diferente al presente, ¿necesitamos la misma pedagogía u otra que atienda los problemas sociales de la actualidad?  ¿Cuáles son esos problemas?

Hugo Zemelman Merino, nos aporta otros significados sobre la “lectura de la realidad”.   Igual que Freire, Zemelman fue un intelectual latinoamericano, chileno para ser más exacta, y aunque sus ideas epistémicas no son de fácil acceso (porque el problema que discute no es simple), siempre estuvo cercano a los profesores, lo vimos recorrer el país dando cientos de conferencias en congresos educativos, en algunas instituciones formadoras de docentes se revisaron sus libros y artículos; tenía una finísima capacidad de entusiasmarnos, nos invitaba a recuperar nuestras potencialidades, nos decía que teníamos la capacidad de erguirnos y ser la mejor versión de nosotros mismos como personas, ciudadanos, profesionales, pero también nos aclaraba que esa era la tarea de cada uno, que nadie lo haría por nosotros, que nadie salva a nadie. 

Y ahí está el problema que discute en todos sus libros, el rescate del sujeto de su propia inercia pensante, que, sin saberlo, le atrapa en los determinismos hegemónicos, se crece en el rol dado y se olvida de explorar su potencial para erguirse como sujeto.  Escucharlo era una oportunidad para pensarnos, para recordar el poder existencial contenido en cada uno.  Él sabía que le hablaba a sujetos sumergidos en las burocracias, en las normatividades no escritas del mundo cotidiano, a docentes atrapados en su rol con formas de pensar dogmáticas, idealizadas, a quienes nos cuesta trabajo despabilarnos, sacudirnos el mundo ideologizado de la educación, pero siempre insistió en hablarnos de la capacidad de transformación que se contine en nuestra tarea social, y le apostó a la capacidad de nuestro auto rescate de las inercias, nunca desistió, nunca nos escatimó su esperanza, pero sí dejó claro, el auto desafío formativo.

Nos hacía una pregunta perturbadora ¿sabe usted en que tiempo vive?  Una pregunta sin  indicios de donde agarrarse para dar una perorata como acostumbramos los docente, sino que obliga a volverse a uno mismo y buscar dentro de sí, para contestarla, y ahí, sólo cabía la repregunta ¿Qué qué sé del tiempo que vivo?  Las ideas para responder se fugaban.  ¿Qué esperaba de nosotros con tal pregunta epistémica? Porque es una pregunta epistémica, con ella nos hacía hurgar en nosotros mismos y poner en un primer plano de conciencia nuestros pensamientos, darnos cuenta de que pensamos de un cierto modo tan instrumental que impide responder una pregunta que nos implica con el mundo donde existimos.

Su epistemología se denomina Epistemología del Presente Potencial, una epistemología que no indaga sobre los fundamentos y origen del conocimiento, sino que se enfoca en nuestros actos de pensamiento y las implicaciones que tal forma de pensar aporta al mundo que se vive pues desde nuestra existencia participamos en la construcción de la historia.

Escriben en “Sujeto y Potencia” que el reto es “tener conciencia de que sabemos pensar lo que nos hace pensar de un cierto modo”, no es un acertijo, es asumir que pensamos, y que dicho pensar no es libre, sino que, al estar insertos en un mundo relacional, nuestra conciencia se formatea, y pensamos de una cierta forma, cuando podríamos pensar desde otros criterios y reconocer otras visiones y sentidos. Tal situación nos demanda un esfuerzo epistémico, hacernos preguntas que nos busquen en nuestros determinismos, y encontrados, responder a la realidad que importan. 

Por ello, para Zemelman leer la realidad no es un acto instrumental, exige conciencia de pensar, y eso que se piensa, tener claro desde dónde se piensa, para moverse del pensamiento guiado al pensamiento abierto hacia lo indeterminado, hacia lo potencial.

Uno de los modos de acercarse a la noción de “lectura de la realidad” en Zemelman lo podemos encontrar en un escrito de Marx, El 18 brumario de Luis Napoleón Bonaparte, donde narra con lujo de detalle la forma de participación de todos los implicados en el golpe de estado donde se apodera el control político, cuando nadie lo esperaba. Ahí se documentan todos los sucesos que estaban acaeciendo en esos momentos de turbulencia políticas, el papel que jugaban los diferentes actores y la crisis de gobernabilidad que se gestaba, y como este señor al que nadie le apostaba, aprovecha la coyuntura que supo leer y se apropia tomando el poder.  El mismo Zemelman hace un ejercicio de este tipo cuando narra el golpe militar de Chile, durante el gobierno de Salvador Allende (fue partícipe en ese suceso), un texto interesante que leí hace años y que le perdí la pista, donde hace una descripción detallada de los actores políticos, el papel que jugaron, la inocencia teórica de los políticos expertos en teoría marxista, pero que poco sabían del movimiento de la realidad chilena. Y cuenta que a partir de esta experiencia sus preguntas giraron en torno al problema del pensar ¿Por qué si sabían tanto de teoría, no pudieron leer la realidad?

Como vemos, para Hugo Zemelman, leer la realidad, es la conciencia de pensar, teniendo claridad desde que ángulo de lectura con el que lee, y al hacer esto, es posible situarse en diferentes teorías para realizar otras lecturas moviéndose de lugar.  Aquí la teoría no se usa para explicar, sino para asomarse a la realidad, y con varias miradas reconocer relaciones, fuerzas, tiempos, direcciones, esto es, pensar epistémicamente con esta doble conciencia: la de pensar y tener control desde dónde se piensa.

Si aprendemos a leer la realidad en modo zemelmaniano, ¿cómo pensaríamos la educación? Necesitaríamos mayor conocimiento de teorías, y pensar con los conceptos que nos permitan asomarnos desde ángulo al mundo de ideas que nos importan, y mirando desde diferentes teorías, podríamos problematizar esa realidad que nos interesa, es decir, abrirle dimensiones, reconocerle fuerzas con sus temporalidades, interrelaciones, haríamos un desmontaje de ese nudo situacional y a la vez se reconocerían zonas abiertas, umbrales de posibilidad por donde avanzar.  La lectura de la realidad permite captar lo dado dándose, problematizar, abrir, desmontar lo que parece compacto, y reconocer cuál es el problema que queremos intervenir al reconocer la zona de viabilidad más pertinente o posible.

Este modo de leer la realidad nos permitiría una autonomía pedagógica, que se Zemelman entiende como apasionamiento de vida; leer la realidad en su dinamismo, permitiría educar reconociendo las necesidades educativas, es decir, pensar en la educación que hace falta dados los problemas que se enfrentan, y no esa educación que adapta, que acomoda en el corto plazo, que formatea las mentes y los cuerpos.  Un educador que hace lectura de la realidad puede responder la pregunta sobre qué tiempo se vive y cual se necesita vivir, puede pensar en las potencialidades del presente y comprometerse con ellas.

Vamos reconociendo, que esta forma de leer la realidad se sale del esquema que nos presenta la reforma curricular, y supera la visión de Freire, quien se queda en la conciencia de teoría que explica.  Leer la realidad con este esfuerzo de doble conciencia, es decir, conciencia de que pensamos, para sacarla del automático docente, y conciencia desde dónde se piensa lo que se piensa, para tener la opción de moverse de ángulo de lectura.  No estamos ante algo fácil, definitivamente implica disciplina, esfuerzo, pero, sobre todo, responsabilidad intelectual para zafarse de las determinaciones formativas a lo largo de la vida que nos reducen al cumplimiento de un rol, donde el sujeto queda vencido.

Por lo tanto, esta forma epistémica de leer la realidad necesita a un docente que quiera ser sujeto.  Y ser sujeto implica un doble pensamiento sobre sí mismo, asumir que piensa y que dicho pensar necesita ser pensado para poner atención a las determinaciones sociohistóricas que recaen sobre uno mismo, abordarlas, trabajarlas, reorientarlas.

Leer la realidad con esa doble conciencia demanda una formación intelectual constante que propicie un alejamiento del uso instrumental de la teoría; recuperar cultura teórica en el campo educativo dejando atrás la tendencia a moverse en las introducciones, y adentrarse por las redes de conceptos que ayudarán a asomarse a la realidad sin quedar atrapados en explicaciones, pero si en versiones que faciliten el reconocimiento de lo potencial.

Leer la realidad, exige estar atentos al problema de las disonancias cognitivas, esos desfases que sufrimos frente a la realidad con la tendencia a domesticarla con discursos justificatorios.  La disonancia cognitiva evita la experiencia de situarse en el límite de lo que se conoce, por el contrario, ahuyenta, aleja del desafío de conocer lo nuevo, nos regresa a la comodidad de lo conocido.  

Leer la realidad demanda enriquecer el lenguaje, en este caso, pedagógico, porque un lenguaje empobrecido, minimiza el pensamiento; contar con un mínimo de palabras-adjetivos, aporta una pobreza discursiva que impide nombrar lo inédito de la realidad, sin lenguaje no se puede pensar ni nombrar lo complejo de la realidad.  De ahí la importancia de la lectura con sentido de apropiación de campos de ideas, de sistemas de pensamiento para superar el lenguaje instituido que determina roles, modos de pensar que nos convencen de que sólo eso podemos ser.

Leer la realidad amerita reflexionar sobre qué entendemos por crítica.  En este caso crítica es la capacidad de reconocer las potencialidades del tiempo presente, que sigue dándose, y si aprendemos a leer el momento del dándose (como en el 18 brumario) a reconocer zonas donde es posible insertarnos como sujetos con una tarea clara, la crítica se torna construcción, producente de más realidad.  La crítica en Zemelman no es cuestionar lo dado, sino reconocer en lo dado, lo posible por darse, y queda a nuestro cargo, la tarea de política de hacer transformaciones.

Si los maestros leyéramos la realidad en modo zemelmaniano ¿Necesitaríamos que nos dijeran los cómo didácticos? Un educador que lee la realidad con este sentido puede reconocer las fuerzas actuantes en el tiempo presente de su práctica, percibe los anudamientos de procesos donde transcurre su ser y hacer docente, y puede diseñar didácticas que aborden esos problemas con mirada de futuro, viendo a la educación como un tiempo que se alarga, pero que se dedica a formar en el hoy esas las cualidades, capacidades, habilidades que mañana serán necesarias en la generación a su cargo.

 Un educador que lee la realidad tiene claro que se necesita propiciar una formación epistémica, y para ello, aprende a diseñar situaciones de aprendizaje que sitúen al alumno en sus límites, construye ejercicios en que se use lo que se conoce para pensar lo inédito y de esta forma se forme una mentalidad que no se amedrente ante lo nuevo, sino que usa lo sabe para conocer más y avanzar. La didáctica epistémica será tan original como la creatividad docente le permita; nadie tendrá que decir a los maestros cómo deben enseñar, sino compartir las experiencias entre sí, para enriquecerse mutuamente.

La lectura de la realidad en modo zemelmaniano, definitivamente no pueden enseñarse con una serie de pasos, no tiene método, sólo necesita a un docente que quiera ser sujeto, que se atreve a hacerse cargo de su sí mismo, que se comprometa con el esfuerzo formativo de apropiarse del poder de su subjetividad, para con disciplina, constancia, apasionarse con su profesión situándola él mismo, en sus límites, desde la aventura del pensar. 

Y aunque no es fácil, si es necesaria, y para recordarlo, transcribo esta cita de Hugo Zemelman, donde nos recuerda que, en los tiempos más oscuros, más duros, es cuando necesitamos de una responsabilidad intelectual que nos saque del atolladero epocal que nos ha tocado vivir.

 “El pensamiento no se puede detener cuando la historia ensancha sus horizontes y complica las disyuntivas. Es una tarea desentrañarla mediante el esfuerzo del pensamiento liberado de trabas y de prejuicios para evitar caer en la ilusión de ideas que son del pasado, las cuales, más que orientarnos hacia comprensión, nos deleitan en una autocomplacencia intelectual cuando no en la vana erudición.  Hoy como siempre nos enfrentamos con interrogantes clave difíciles de aclarar, pero cuya solución es parte esencial de nuestra responsabilidad intelectual.” Hugo Zemelman Merino. De la historia a la política. La experiencia de América Latina. Siglo XXI, 1989, pág. 27



[1] La disonancia cognitiva es un término acuñado por el célebre psicólogo Leon Festinger en la década de 1950. Desarrolló esta teoría para describir el malestar mental que surge cuando encontramos discrepancia entre nuestras creencias, actitudes y comportamientos. Esta discrepancia crea un estado de tensión interna que nos impulsa a buscar coherencia y consistencia en nuestro sistema cognitivo. Basso, Guilherme Alexandre. Disonancia cognitiva: Cómo afrontar los conflictos mentales (pp. 4-5). UNKNOWN. Edición Electrónica.

martes, 24 de septiembre de 2024

Charles Duhigg. El poder de los hábitos. Por qué hacemos lo que hacemos en la vida y en el trabajo.

 


Charles Duhigg. El poder de los hábitos.  Por qué hacemos lo que hacemos en la vida y en el trabajo. VERGARA, 2019. Edición Electrónica.

 Hablar hábitos, nos es habitual, valga la redundancia, siempre hacemos notar nuestros hábitos para las cosas que hacemos, pero, realmente, hablamos de ellos por costumbre, sin tener claro qué son, cómo se forman, cómo funcionan. 

Este libro, explora nuestra capacidad de crear hábitos, es decir, generar procesos automatizados de comportamiento para la solución de la vida cotidiana; sabemos qué hacer al levantarnos, cómo dirigirnos a un lugar determinado, horarios de alimentación, etc., los buenos hábitos, son rutinas guiadas por un cerebro que ha registrado una actividad que no es útil, y así, ahorra energía, no se tiene qué pensar todo lo que hacemos, ante determinadas necesidades, se activan procesos automáticos de solución, muchas veces favorables, buenos para vida, pero a veces, (o muchas) tenemos actos automatizados que no nos dejan beneficios, sino afectaciones a la salud física y emocional, de ahí la necesidad de conocer cómo se forman los hábitos para construir estrategias para cambiarlos cuando nos perjudican.

 Duhing nos dice que si conocemos como formamos los hábitos, sabremos cómo desmontarlos o modificarlos. Nos explica los momentos que dan lugar al desencadenamiento de un hábito: primero, tenemos una señal, que es precedida por una rutina y realizada la actividad programad, viene la recompensa. Esto sucede en el cerebro, la señal activa la secreción de neurotransmisores que nos inducen a la realización de las actividades y la sensación de éxito.  Este proceso funciona como un buble repetitivo, es decir, el cerebro lo registra, lo guarda, y a la señal esperada, vuelve activarse todo el proceso.  Un hábito termina siendo un camino neural, o un recorrido cerebral, que se dispara ante la señal esperada y nada lo detiene cuando esto se activa.  

La señal, es el detonante, y por general, perdemos noción de qué es, sólo sucede y nos lanzamos a la realización de la rutina, por ejemplo, al tomar las llaves del auto, siguen una serie de acciones que no pensamos, como manejar, movernos por las calles y avenidas, llegar al lugar determinado, y logrado el proceso, sigue la recompensa, en este caso llegar a donde se esperaba.  Así, cada actividad cotidiana termina registrada en el cerebro, lista para ser activada cuando requiera, y sin pensar, volvemos a repetirla.  Tenemos en la mente registrados un sinfín de hábitos como lavarnos los dientes, las manos, el aseo, lo que comemos, como trabajamos, como nos divertimos, etc., y todos están interrelacionados.

¿Qué sucede cuando por efectos de la vida social construimos hábitos que desencadenan bucles de acciones de poco beneficiosas para vida?  Al ser una programación automatizada en el cerebro, ese camino neural aprendido y registrado que a la primera señal se activa y desencadena la nefasta rutina que nos daña ¿Qué podemos hacer?

El autor ha diseñado un programa de reconocimiento, que exige primero darse cuenta de que ese hábito no es bueno, comprender que necesita ser sustituido por otro, que no se trata de quitarlo, pues es enfrentarse con algo programado que no cambia por voluntarismo, sino por la construcción de otro u otros hábitos más fuertes capaces de evitar la primacía del hábito que afecta.

Esto implica, aprender a reconocer la señal que activa el bucle, es decir, la activación de lo programado en el cerebro, lo cual exige un esfuerzo de conciencia, de reconocimiento, e ir probando actividades de postergación, de cambios paulatinos, hasta reconocer qué detona la rutina, y cuando se descubre, ya se tiene una lista de acciones que se fueron probando para evitar que sucede lo que ya no se desea más.

Para explicarnos estos procesos de reconocimiento y modificación de hábitos, hay que leer el libro, pues va explicando esto con la narración de diversos casos de personas en diferentes circunstancias, de ludópatas, personas enfermas con rutinas inexplicables, personas con hábitos alimenticios inadecuados que no sabían que detonaba sus ansias de comer, la descripción de bucles de hábitos interconectados, que al descubrir el hábito matriz ayuda a modificar otros hábitos.

Este libro, nos permite comprender el poder de los hábitos para destruirnos la salud, la vida, pero igual nos ayuda a conocerlos y aprender cómo funcionan y así intervenir con la construcción de otros más favorables para nuestro desarrollo.

Hoy estamos atrapados en hábitos propios de nuestro tiempo, como nuestro extravío ante las redes, donde al primer sonido del celular, le sigue una rutina ante los mensajes, buscando la recompensa de los like, los mensajes, etc., o frente a la comida rápida, o los video juegos, o las sustancias adictivas, todo son hábitos que nos van ordenando la vida ya sin nosotros, porque si a la primera vez que lo hicimos y nos dio una gratificación, ahí se queda registrado, y volvemos y volvemos ya sin pensamiento, sólo buscando el placer de hacerlo.

Así que, a leer este libro, más que nunca necesitamos de buenos hábitos, el mundo nos necesita atentos, capaces de reconstruirnos, capaces de reconocer qué hacemos, cuándo lo hacemos, que efectos tiene en nuestra persona y los demás, es lo que llamaríamos, el poder de cambiar, y esto inicia desde usar el poder de los hábitos en nuestro beneficio.

sábado, 21 de septiembre de 2024

Alex Korb. NEUROCIENCIA PARA VENCER LA DEPRESIÓN.

 


Alex Korb. NEUROCIENCIA PARA VENCER LA DEPRESIÓN.
Editorial Sirio, 2019, Edición Electrónica.

 

Escuchamos la palabra depresión y nos la diagnostican, sentimos que hemos llegado a un estado de salud sin salida.  La depresión se experimenta como un sufrimiento tan diversificado y correlacionado en su fluir, que ni siquiera podemos pensarlo y enfrentarlo a tiempo, sólo nos vemos en medio de sucesos que rompen la delicada cadena de sentidos vitales y de pronto, estamos en medio de malestares sin ser capaces de pensar por qué nos sentimos tan mal. 

Ya en depresión, nos vamos extraviando día a día, sin estrategias para reconocer lo que nos hunde en un pozo oscuro, en el cual, paradójicamente, queremos quedarnos, pues entre más nos hundimos en el malestar, más se desea abandonarse para no sentir más, lo mal que nos sentimos.  Es un círculo vicioso.

La depresión nos devasta; como dice nuestro autor, es un estado descendente de la vitalidad, de pérdida de energía, de sentido, nos lleva a experimentar una fragilidad generalizada del cuerpo, de la mente, del espíritu, todo nos duele, a todo somos vulnerables cayendo en picada a un lugar sin fondo, dejando reinar el sufrimiento físico y emocional, que vivir duele, lo que es algo muy peligroso, pues va en conta de esa máxima spinozeana “la vida quiere más vida”.

Como dice el autor, no se trata sólo de experimentar tristeza, que sí sucede, pero es algo más profundo y complejo, se experimenta una parálisis, una pausa donde se abren vacíos que se van llenando de emociones negativas como la desesperanza, impotencia, pesimismo, preocupaciones agotadoras, desvaríos que nos incapacitan y nos orillan a escondernos, refugiarnos en el ensimismamiento, y ya en ese estado, todo nos parece difícil, crece una molestia que no se puede explicar, el sueño se ausente, desaparece la concentración, la falta de pericia para hacer lo que antes era fácil, generando además sentimientos de vergüenza, hastío y soledad.

¿Cómo llegamos a ese estado? No se sabe, pero algo afectó la delicada armonía de nuestra existencia y dio lugar a un descontrol que inició un descenso, una caída sin control, las piezas que nos sostienen van cayendo una a una, y nada parece detener el proceso tan conocido como DEPRESIÓN y ya en este este estado, las cosas que solían ser alegres, divertidas dejan de entusiasmarnos, quedamos sin energía, todo resulta más difícil, y cuesta explicar por qué estamos así, no entendemos por qué ya nada merece nuestro esfuerzo, y sin dormir, despiertos sin vitalidad, los dolores y las molestias no tardan en manifestarse.  

El autor nos explica este proceso de descenso vital como un quiebre del orden cerebral que propicia una actividad neuronal que nos hunde más y más. Su explicación es neurocientífica, apela a la biología cerebral, su fisiología, cuyo funcionamiento interrelacionado, al afectarse por un suceso, malos hábitos, excesos de dopamina barata, dan pie al desencadenamiento de procesos neuronales que nos mantiene hundidos.  El mismo cerebro, enrutado hacia el descenso, ahí se quiere quedar.

Por ello, su apuesta radica, en que, si conocemos un poco, cómo funciona nuestro cerebro en los momentos en que se inmerso en un estado de depresión, podemos hacer todo aquello que propicie un cambio, un reordenamiento del camino neural por el que va, pero hacerlo, necesitamos saber conocer algunos aspectos de su funcionamiento, y trabajar en pro de volver a un punto de reconversión, a un proceso ascendente que nos aleje de estado depresivo.

Y en este libro, eso es lo que encontramos.  El autor se vale de ejemplos, de explicaciones sencillas, pero puntuales para hacernos comprender que el cerebro es la parte de nuestro cuerpo donde se generan sustancias llamadas neurotransmisores, responsables del funcionamiento total del nuestro cuerpo, nos explica cómo se interrelacionan sus partes y genera un estado armonía, de funcionalidad para la vida, y cómo, cuando una de las partes tiene un funcionamiento desequilibrado, afecta todo. La carencia o aumento de neurotransmisores que activan emociones, sentimientos, funciones biológicas, por el avance de la ciencia, hoy día nos ayuda a comprender diversas patologías, y cómo un buen cuidado, o salud cerebral, nos puede ayudar al desarrollo de bienestar.

Aquí se resume lo que nos dice el funcionamiento cerebral, abordado a lo largo del libro:

 

“Sabes que la depresión es una disfunción de la comunicación frontal límbica. Sabes que la corteza prefrontal te ayuda a manejar las emociones y los deseos para que puedas planificar el futuro. El cuerpo estriado dorsal te hace seguir los viejos hábitos y el núcleo accumbens controla el disfrute y los impulsos. La cingulada anterior maneja la atención a lo negativo o lo positivo y la ínsula es responsable de las sensaciones emocionales. La amígdala media la ansiedad. El hipotálamo regula numerosas hormonas y controla la respuesta al estrés. El hipocampo está estrechamente ligado a la amígdala y el hipotálamo, y es esencial para el aprendizaje y la memoria. También entiendes las contribuciones de los diferentes neurotransmisores. La serotonina ayuda al control de los impulsos, la fuerza de voluntad y la resiliencia. La dopamina es importante para el disfrute y los hábitos. La norepinefrina modula la atención y la concentración. La oxitocina es esencial para las relaciones cercanas.” Pág. 267

 Y así como nos habló de lo que hace cada parte del cerebro, da pistas de lo que podemos hace en estados de depresión:

 “Todo está interconectado. La gratitud mejora el sueño. Dormir reduce el dolor. Al reducir el dolor mejora tu estado de ánimo. La mejoría del estado de ánimo disminuye la ansiedad, lo que mejora la concentración y la planificación. La concentración y la planificación ayudan a la toma de decisiones. La toma de decisiones reduce más la ansiedad y mejora el disfrute. El disfrute te da más motivos por los que agradecer, lo que mantiene vivo el bucle de la espiral ascendente. El disfrute también hace que sea más probable que hagas ejercicio y seas sociable, lo que, a su vez, te hará más feliz.” Pag. 268

 Estas dos ideas resumen, dan idea del contenido del libo, experiencia de lectura que aquí no puedo trasmitir, pero sí comprender algunas cosas que he estado leyendo en otras partes, por ejemplo, ¿qué pasa con la DOPAMINA? Tal vez hoy día, estamos haciendo que nuestro cerebro, produzca más dopamina que la necesita.

La dopamina se produce en nuestro cerebro reptiliano, es decir, nuestro primer cerebro, y este neurotransmisor nos hace experimentar placer. En los inicios de nuestra especie, cada que se hacía algo bueno para el desarrolo de la especie, como comer, resguardarse de la intemperie, el sexo para la reproducción, el cerebro reptílico, liberaba un “shot” de dopamina como premio por hacer algo bueno por la subsistencia.  Y seguimos desarrollándonos por siglos, hasta que el sistema límbico quedó muy próximos a los sistemas vitales y fue rodeado por un cerebro superior que lo envolvió, donde se gestó la reflexión, los lenguajes, el pensamiento, la conciencia.  Hoy hablamos de dos niveles cerebrales, el sistema límbico, que alberga lo emocional, que no es tan fácil gobernar por la reflexión, la conciencia, en el segundo.

Y pensemos en nuestra sociedad actual, llena de estímulos. Día a día, recibimos “shot” de dopamina por todos lados, en los juegos de video, en la comida, diversas actividades que generan adicción, las drogas como el tabaco, alcohol, la pornografía, etc.  Estamos en una sociedad que nos provee placeres a montón y por lógica, se evita el esfuerzo, todo tiene que ser fácil, que nada duela, que nada perturbe y buscamos ese placer, y siempre queremos más y más, y en cada  bueno momnto, tenemos la recompensa, una secreción dopamina que da momentos de placer. Y por este camino, terminamos formando hábitos de vida, rutinas, configurando un cerebro plagado de formas para esa felicidad momentánea del éxito esperado y terminamos configurando caminos neurales, que ahora nos controlan y nos exigen más experiencias de placer, pues el cuerpo quiere más dopamina. ¿Le podemos prohibir ese deseo de dopamina? NO, ya se ha vuelto un hábito configurado en el cerebro, díficil de erradicar, pero no imposible, exige esfuerzo, voluntad, mucha disciplina y constancia.

Y así, nos encontramos con un cerebro dopado, que busca placer, y más placer, que no les gustan las limitaciones, las prohibiciones, nada que evite su "felicidad" fugaz. ¿Esto no desequilibra el funcionamiento cerebral? ¿Qué pasa con la serotonina, la oxitocina, el cortisol, la norepinefrina y más sustancias cerebrales encargadas del funcionamiento cerebral? ¿Qué hacemos para volver a un cerebro que guarde equilibrio en su producción de neurotransmisores?

Bueno, este libro, ayuda pensar en estas cosas y nos da pistas para comprender lo que nos sucede, lo que podemos hacer en lo individual y con apoyo terapéutico.   Porque vivir en depresión no es vida…

 

lunes, 9 de septiembre de 2024

Jonathan Haidt, Greg Lukianoff. La transformación de la mente moderna Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están condenando a una generación al fracaso.

 


Jonathan Haidt, Greg Lukianoff. La transformación de la mente moderna Cómo las buenas intenciones y las malas ideas están condenando a una generación al fracaso. Deusto, Barcelona, 2019. Edición Electrónica.

 Debo confesar, que éste, no es de los libros que me gusta leer debido a que se agencia de una gran cantidad de datos, de autores, de reseñas de investigaciones, se narración de sucesos para documentar su tesis de que la generación que ha nacido influida por el avance del Internet ha quedado sometida a un ambiente de sobreprotección, a una saturación de ideas que les vuelve personas vulnerables, frágiles para enfrentar y resolver sus vidas sin dolor, depresión y otras adversidades (me gustan más el estilo ensayístico, donde yo busco los datos que necesito).  Para esto a lo largo del libro se sostienen ideas eje que va explorando con lujo de detalles. 

La primera refiere a la fragilidad ante la vida, que se manifiesta en el miedo a diversas situaciones que se consideran peligrosas.  En las últimas décadas se han desencadenado ideas sobre los peligros para los niños, que han llevado a los padres, y las instituciones educativas a protocolos de protección, que terminan siendo sobreprotectores y evitan que los infantes vivan experiencias que desarrollen desde sus sistemas inmunes a determinadas sustancias, como evitar situaciones que propicien reflexiones, tomas de decisión, responsabilidades.  Esta generación, ha crecido con demasiado miedo a comer desde cacahuates, a salir a caminar por la cuadra o jugar con los amigos en el parque, se tiene miedo a vivir desde accidentes, daños físicos, desaparición, etc. 

Con el avance de las redes, la comunicación sobre asesinatos, robos, secuestros de infantes, ha generado un miedo social, que ha hecho de los padres presa de cuidados excesivos, evitando experiencias de autocuidado, que la generación anterior desarrolló.

La segunda idea es la fragilidad emocional.  Como dicen los autores, una cultura de la ultra seguridad, impide desarrollar estrategias para salir delante de situaciones complejas, y los niños van creciendo con demasiada sensibilidad a flor de piel, sin capacidad de resiliencia, de autocorregir sus actitudes, sino que se entregan a la vivencia de su emoción dado el contexto que la provoca, y así, se vuelven niños, jóvenes que sufren por cualquier situación que sienten incómoda.  Y entonces, en vez de pensar lo que les sucede, de resolver sus problemas, reclaman a su alrededor, comprensión, más protección.  Se vuelven demandantes de buenos tratos, del respeto irrestricto a sus ideas, se resisten a convivir con situaciones que les provoquen una disonancia cognitiva, moral, y en vez de revisar qué sucede, se organizan, forman grupos para defenderse irracionalmente de lo que les incomoda.  En este tenor, los autores mencionan como los jóvenes se organizan desde una matriz de ideas más sentimentales que racionales, para protestar contra la academia, pues no quieren vivir el problema de resolver el problema de pensar lo que vaya en contra de sus matrices cognitivas compartidas.

Y la tercera, la fragilidad propiciada por los excesivos cuidados de padres e instituciones a los niños de la generación que ha crecido con el avance del internet, ha favorecido la conformación de grupos que se reúnen guiados por una idea, una creencia, algo que los haga sentirse fuertes ante los demás, entonces, los otros que no piensan de la misma forma, son los otros a quienes hay que convencer, y si no quieren aceptar, se vuelven personas contrarias, ajenas, hasta enemigas.  Los autores plantean, que, en tiempos como el presente, con tanta fragilidad en su generación, se aviva nuestra tendencia al tribalismo, es decir, formar comunidades con las mismas ideas, principios, que se defienden frente a los otros, que tienen otras ideas, principios, y por tanto son los enemigos de los cuales hay que defenderse.  Así, hoy vivimos una sociedad muy fragmentada, grupos que defienden desde asuntos de identidad, racial, económica, ambiental, etc.,

Los adultos, proveniente de otra generación, por tanto, ante el avance de un contexto hiperconectado, donde la información fluye de manera descontrolada, ante la falta de herramientas cognitivas, emocionales, políticas, nos encontramos en la necesidad de sobreproteger a los hijos de maneras nunca vistas, nuestro miedo a tanto peligro difundido en los noticiaros, nos llevaron a la sobreprotección, y con ésta, a la indefensión de los niños frente a su propia realidad. 

El internet ha hecho también su parte; esta generación ha vivido en medio de las redes, su mente no es la misma que las nuestras.  Tanta información, tantas ideas, tanta sobreprotección, le llevado a vivir experiencias-sin la experiencia, metidos en sus casas, con los celulares, iPad, lo ven y sienten a sus modos todos, sus mentes procesan la información de formas distintas a las que nosotros la procesamos de cara a una realidad en la que crecimos. Sus cerebros, nos funcionan como los nuestros.

Estamos frente a una generación con una mente saturada de datos que activan más su dimensión emocional que la racional, por tanto, la capacidad de pensar, de seleccionar información, de tomar posturas autónomas, conscientes, con sentido social, ahora son totalmente desconocidas, ¿buenas, malas? No lo sabemos, pero lo que sí se percibe, es que sus mentes se infectan de ideas de las que no pueden salir con facilidad, y eso es peligroso.

Los autores intentan dar algunas sugerencias, como volver al juego real, la convivencia, vivir más experiencias y todo esto es loable ¿posible? No lo sé, para empezar, los adultos, quienes hemos formado a esta generación con estas características, necesitamos saber cómo es que lo hicimos, reconocer cuáles fueron nuestras ignorancias y creencias sin sustento, por qué decidimos optar por la cultura de la ultra sobreprotección y ante lo que hay, qué opciones tenemos hoy.

¿Qué piensan los profesores de esto, cómo lo viven, cómo lo discuten en sus reuniones? La generación que hoy les toca educar, se nos ha vuelto muy desconocida.

Para cambiar estos rumbos sociales, que ya están a cargo de la generación en proceso y la naciente, necesitamos conocer lo que está pasando a nuestro alrededor y lo que nos está pasando en la interacción ciega en el mismo, y esto concierne a todos, padres, educadores, sociedad en general.  Cómo siempre, se trata de informarnos, conocer, pensar para tomar mejores decisiones nunca ausentes de consecuencias. Se trata de enfocarse en consecuencias que busquemos, y no quedar asaltados por ellas.

 

 

 

viernes, 23 de agosto de 2024

 


Javier Gomá Lanzón. Universal Concreto. Método, ontología, pragmática y poética de la ejemplaridad.  TAURUS, Barcelona,2023. Edición Electrónica.

 

El autor nos invita a practicar una filosofía mundana, que entiendo como la capacidad de reflexionar los problemas de nuestro tiempo de manera fresca, siendo capaces de comunicar de manera clara, sencilla las explicaciones que podemos elaborar en torno a las preguntas que nos llevan a invertirles un tiempo, una dedicación que nadie nos exige, pero que necesitamos compartir con los demás.

Pero, sucede que tal ambición intelectual, exige formación filosófica, conocer los sistemas de pensamiento que los grandes pensadores de todos los tiempos han planteado al mundo, necesitamos apropiarnos de conceptos y comprender las respuestas que dieron a las preguntas de su tiempo, para luego traerlos al nuestro y utilizarlos para mirar con ellos nuestras propias realidades, esto es lo que entiendo por la “Filosofía mundana” de Javier Gomá Lanzón.

Y en el primer tercio del libro, fundamenta este modo de filosofar. Dice que es importante apartarnos de una noción cientificista de la filosofía, que es necesario convivir con ella de una manera literaria pues como tal, perdura por el tiempo de una manera estética para abrevar de ella con gozo idealista y cierta ingenuidad que, de pie a mantener las ideas abiertas, sin perder rigor, sistematicidad para ser utilizadas en el Hoy.

La primera parte del libro, reconozco que ameritó una lectura tenaz, pero también curiosa, y esto ayudó a no abandonar el texto. Y es que sí se necesita contar con cierto nivel de conocimiento de los sistemas de pensamiento filosófico, pues como es natural, el autor va nombrando autores (griegos, del medievo, del renacimiento, de la época moderna) y con ellos, va mostrando su propia filosofía, para abordar el problema de ejemplaridad.

A Javier Gomá se le llama el filosofo de la ejemplaridad, tiene varios libros, sólo he leído Dignidad y éste, “Universal Concreto” donde sistematiza ideas abiertas en ensayos y otros libros, de ahí la riqueza y la exigencia teórica para comprender la sistematización lograda.

Inicia planteando cómo la filosofía terminó aportando conceptos universales, abstractos, organizados en una lógica lingüística, formando un canon de pensamiento, y nosotros, nos apropiamos de ellos como palabras abstractas que pretenden abarcar una realidad, un todo pero al hacerlo así, se pierde lo particular, lo concreto se despersonaliza.  Él necesitaba cambiar esta lógica para hablar del poder que tiene el “ejemplo”, debido a que este acto se vive en la realidad, no se teoriza; el ejemplo al concretarse, sin más, es llamado a la repetición, y por tanto a su universalización, pues todos, a través de nuestros actos, somos un ejemplo para los demás, y los demás, son ejemplo para nosotros, y eso lo hace universal.  Entonces, su teoría sobre la ejemplaridad sólo puede abordarse desde lo “Universal Concreto” (Me costó algo entender esto, y aun tengo dudas…) 

Abre varios ejes de análisis para plantear su teoría de ejemplaridad y para ello, recurre a todo su acervo filosófico, nada menor;

-Por un lado, nos narra bellamente como pasamos del ejemplo del héroe de la antigüedad, al ejemplo del hombre del siglo XXI, (Es algo que no se puede narrar, hay que leer el libro), explica como durante edad antigua y medieval, todo era explicado por una visión total, que el orden lo daba la naturaleza, el cosmos, y en él, el ser humano era una parte, la explicación de quien era, se daba fuera de sí mismo. Pero, con la modernidad, nace el sujeto, quien se yergue y cobra fuerza su interioridad del sujeto, su humanidad, nace el individuo y con esto, inicia una escalada de cambios sociales, económicos, culturales, etc.

-Con la emergencia del sujeto, se inicia la discusión sobre la dignidad.  La dignidad es el reconocimiento del valor de la individualidad de cada uno, del respeto que nos merecemos, y que debemos a los otros.  Este concepto, en la largura del tiempo, ha ido dejando cambios en la vida de las personas a partir del reconocimiento de derechos y responsabilidades que las dignifican.

-La dignidad nos permite reconocer la magnanimidad del ser humano, su potencial, pero a la vez, se descubre y aborda un “asunto oscuro” que a todos nos compete, nuestra muerte.  La modernidad, al dar el giro hacia uno mismo, nos lleva a vivir el reto de enfrentar la tragedia de vivir, de llegar al momento de convertirnos en cadáver, y que la manera de sobrellevar esta situación es comprender que necesitamos vivir nuestra individualidad como proceso de dignificación, lo que implica una constante reformulación de nuestra subjetividad, y para ello necesitamos ayuda de los demás, del arte, de la belleza, tornar las cargas de la vida en belleza, amistad, compasión.

-Nos dice, que hoy día, “somos los mejores”, ante el progreso material, tecnológico, y moral del que gozamos.  Nadie quiere regresar a 100 años atrás. Pero, paradójicamente estamos en un descontento generalizado, por un lado, asumir que nuestra condición individualizada nos responsabiliza frente la libertad, la exigencia de vivir una dignificación siempre en proceso de mejora en un mundo adverso, que impone límites al deseo, nos demanda hacernos cargo de nuestras vidas en una sociedad liberal de pocas oportunidades, etc. Estamos en descontento y por lo general buscamos culpables.   Nuestra democracia liberal produce descontento desde dentro de uno mismo porque pone la mirada en el corto tiempo de la vida y en esto sólo se mira la limitación personal, pero se pierde la mirada del progreso en el largo de la historia.

-Y si somos los mejores ¿por qué somos vulgares?  Llama vulgaridad a la tendencia a ver en forma naturalizada lo que nos rodea, a normalizarlo todo con explicaciones simples; es una especie de conformismo frente a las fuerzas que orientan la vida cotidiana, y como personas menores de edad, se responde en forma obediente a las tendencias, a las fuerzas, no se pregunta, sólo se obedece a lo que domina.  Somos vulgares al dejar de vernos como un origen, un comienzo, un proceso constante de reformulación de la subjetividad, la clausuramos.  Ante esta tendencia plantea la necesidad de una “Visión culta” entendiendo culto como la capacidad de asumir que todo puede ser revisado, que todo es temporal, relativo, y por tanto, esto invita a preguntar, conocer, a responsabilizarse ante lo que sucede. Si hoy somos los mejores en la historia humana, seguimos siendo imperfectos, menos que antes, que seguimos en el proceso de mejorar.

Y sobre la ejemplaridad, aclara que no es asunto de unos pocos, ya que se trata de una ejemplaridad igualitaria, pues todos somos ejemplo querámoslo o no. Pero la ejemplaridad positiva, virtuosa tiene el reto constante de reformar su subjetividad, de cultivar su visión y de contar con un corazón educado, sensible frente a actos que atropellan, que envilecen y ante ellos, con una educación emocional defender la dignidad de los demás, desde la dignidad de sí mismo.  Aunque, tenemos el problema de las personas ejemplares, quienes en medio de personas que no reforman su subjetividad, en vez de seguir su buen ejemplo, reciben resentimiento, odio.

Y… aquí lo dejaré… creo que lo mejor es leer este libro.  Yo necesito volver a algunos párrafos, y, sobre todo, poco a poco, hacerme de más conocimiento de la historia filosófica y así reformar mi eterna vulgaridad, es decir, mi imperfección

 

 

 

 

miércoles, 10 de julio de 2024

Alicia Miyares. Distopías patriarcales. Análisis feminista del «generismo queer»

 


Alicia Miyares. Distopías patriarcales. Análisis feminista del «generismo queer» (Feminismos) Ediciones Cátedra, Madrid, 2021. Edición Electrónica.

 Este libro, se plantea el reto de abordar un problema de tiempo presente y para ello, sigue una metodología escritural que le apuesta al reto de resituarnos en este aquí-ahora, de recolocarnos frente a una situación que ya tiene cuando menos una década gestándose frente nosotros pero como es normal, se nos pierde, escapa debido a que nuestras ideas, formas de pensar, sentir, hacer, son el resultado de experiencias que provienen de un tiempo pasado, y por ello, estamos más en la nostalgia, en el añoro de sentir que las cosas no suceden como eran.  Y sucede que la realidad se renueva día a día a gran velocidad, pero nuestras formas de pensar y sentir el mundo tienen un ritmo menos acelerado, y así, nuevas situaciones inéditas de pronto asaltan afectando nuestras vidas cotidianas.  Se nos resquebraja el piso…

En este libro se plantea el problema de la creciente tendencia del “generismo”, ¿Qué es? Según lo que entendí, es la difusión de un pensamiento-sentimiento donde la decisión de quien soy ya no surge del patrón cultural que designaba nuestro sexo, es decir, ser mujer u hombre, históricamente nos ha atribuido un rol en la sociedad, muchas veces en detrimento de la mujer y con más valía para los hombres (el llamado patriarcado), pero desde hace cuando menos una década, ya no será el sexo asignado al nacer, nuestra biología binaria que garantiza la  procreación de la especie, se busca que ya no sea relevante, sino que ahora el sexo biológico hombre-mujer se “sienta” como un accidente del cuerpo, y como tal, pueda modificarse a voluntad, así que si hoy me place, puedo sentirme mujer por la mañana y por la tarde hombre u otra forma de  “generismo” de los últimos que se han inventado, he aquí un listado pequeño de los que se van acumulando día con día: agender, androgyno, bigender, cisgénero, demigénero, género fluido, género no binario, género neutro, géneroqueer, hombre, intergénero, mujer, multigénero, no género, no hombre, no mujer, otro género, persona de género, persona de género expansivo, persona de género no binario, persona de género variante, pangénero, etc.   Dicen que la ONU aprueba 112, pero en algunas páginas de Internet se desmiente, lo curioso, es que "mujer" y "hombre", aparece otro más en esta larga lista de 33, cuando las mujeres y hombres no son minorías, es más las mujeres somos más de la mitad de la población.

La autora, Alicia Miyares, siendo muy didáctica, inicia planteando que tenemos una batalla que librar frente al “Feminismo Sentido o Feminismo Queer” y para ello, hace un sistemático análisis del movimiento Feminista Político, denunciando, como en el mismo seno de este histórico feminismo, surge por los 90s, una especie de “caballo de troya” que pretende destruir lo caminado en defensa del sujeto “mujer” para otorgarle políticas de igualdad en el despliegue social.

Por ello, en el libro se hace historia del movimiento feminista reconociendo “olas”, palabra que se usa como sacudidas lentas a la supremacía varonil destilada por siglos, pues como sabemos ya desde la misma palabra de Dios (hombre), quien hace “nacer” a la mujer de Adán (sin tener la cualidad biológica de parir), se otorga a la mujer un lugar subordinado frente al hombre, no decir silenciado y utilizado al antojo del poder patriarcal.  Me alegra ser mujer hoy, y no hace 100 o 200 años; el Feminismo Político, a cargo de mujeres valientes dejó una herencia positiva para nosotras.

Ha sido interesante y pavorosa,  ver leer las ideas de varios teóricos como Aristóteles, Darwin, Nietzsche, Freud, y muchos otros justificado, explicando cómo somos las mujeres y justificando así, nuestro lugar social en cada época histórica (yo, admiradora de alguno de esos teóricos, me quedé helada).

Pues, con estos análisis históricos, se pueden ver las defensas de mujeres de su dignidad, de su capacidad de pensar y ser mujeres-ciudadanas, así tenemos a las primeras luchas que defienden el lugar ciudadano de la mujer: el movimiento ilustrado donde se rebaten las concepciones de ser mujer, el movimiento sufragista, que busca la participación política de las mujeres en su búsqueda de igualdad, el movimiento de la tercera ola, que busca políticas de género más plausibles para todos, igualdad, respeto, la atención a una agenda de marcados problemas que afectan a las mujeres, y toda esta explicación la realiza empleando lo argumentos que se utilizaban para derrocarlas, sin embargo, las mujeres avanzaron con su agenda hasta los años noventas y sucede el nacimiento de la nueva batalla: el movimiento de las mujeres se empieza a dividir entre Feminismo Político (este que hemos venido narrando) y el “Feminismo Sentido” (ahí se sitúan las llamadas feminazis por su lucha violenta), que surge de mujeres antes invisibilizadas, que con las nuevas políticas logradas empezaron a levantar la voz y decir, que en esas luchas femeninas, lentas, sólo se reconocían a mujeres euro centristas y blancas, que las mujeres negras, indígenas, con ciertas prácticas sexuales no tenían lugar y se inicia la disgregación, con apoyo de ideas posmodernas que facilitaron la fragmentación del movimiento que buscaba mejoras a la relación sexo-género en lo amplio, hacia todos, donde claro, entraban las minorías.

Y sucedió al revés, entramos al gobierno de las minorías refugiadas en sus propias ideas de género, dando lugar al “Generismo”. 

En los noventa, se inicia un pensamiento desestructurador; son los tiempos de las ideas Foucault quien pone en el centro la discusión sobre el poder, las ideas de opresión, igual Derrida cuyas ideas sobre la deconstrucción de los meta-relatos de la modernidad enfatiza las falsas promesas de progreso, y todo empiezan a cuestionarse, se da un quiebre y se carece de nuevas teorías, todo va quedando desestructurado, sin saber cómo reconstruirlo con la velocidad que se necesita.

Así, en este contexto de fracturas, el Feminismo Político ve cómo teorías empiezan a quedar marginadas ante la emergencia de los discursos de las mismas mujeres antes sin voz, quienes inician una oleada de críticas con el afán de desestructurador, y al dejar todo abierto, aquellos conceptos que organizaban se enfrentan a ideas que subvierten el orden y dan lugar a un nuevo enfoque que conviene a muchos desde adentro y desde afuera del feminismo político.  Se impone un nuevo modo de pensar, ya no será la relación sexo-género la que analice las estructuras que demuestren cómo el sexo masculino, se comporta frente al sexo femenino, ni se buscará más librar la batalla de la desigualdad de género cultural definido por el sexo.

No, la relación varón-mujer, sexo-género, se deconstruyen, y se da lugar a nuevas ideas que son acogidas por grupos minoritarios quienes se sienten abanderados y crecidos con estas nuevas ideas, sin darse cuenta de la destrucción del avance del Feminismo Político que tanto hizo por la desigualdad humana, se deja crecer el “Feminismo Sentido o Queer” y vemos inundarse nuestro mundo de ideas como:

  • que la dicotomía biológica entre varones y mujeres debe ser borrada en beneficio del género sentido;
  • que el binarismo varón/mujer, el binomio hetero/homo, no tiene por qué enfatizarse más.  Se dirá entonces que el género sentido, es mejor que la hegemonía heterosexual;
  • que el «sexo» no se otorga al nacer, sino que es una construcción de cada uno;
  • y que debe existir una definición plural del género para desbancar los estrechos márgenes que antes aportaba el género femenino y masculino.

Y ahora, estamos en esta "distopia"; vivimos en medio de paradojas, problemas, situaciones complejas que no sabemos como atender.  Ante la fractura conceptual de los últimos tiempos, donde todo se diluye, está la incapacidad de reelaborar nuestros pensamientos por el aumento de una información que desinforma, la influencia nociva de las redes, el énfasis en lo  emocional más que lo racional, todo está quedando en aire, suelto.

Así, nos vivimos una cotidianidad asaltada con este asunto del "generismo múltiple", nuestros hijos, que son parte de las tendencias de estos tiempos tan abiertos, se encuentran con estas ideas y son arrastrados y nosotros en nuestra ignorancia con ellos; así, una mañana nos levantamos y uno de nuestros hijos no puede decir “mamá, hoy me siento hombre o mujer” según sea el caso.  Esto sucede con niños, con adolescentes y vemos que existe una serie de campañas que nos imponen un “aceptación” que no entendemos. ¿Y la aceptaremos?

Igual vemos ideas flotando sobre el cuerpo, donde se argumenta que éste puede ser modificado a voluntad, un cuerpo de mujer sin pechos, hormonado para verse de formas que solo la persona puede imaginar en su “género sentido”, o podemos ver hombres sujetos a cirugías buscando parecer lo que en el ideal de sí mismo, no tiene tan claro.

Y estos cuerpos, vistos como herramientas, ¿acaso no son personas? Hemos crecido pensando que desde nacemos, nuestro cuerpo no sólo es cuerpo, materia, sino que es una persona que piensa, siente, desea, se busca, en el mismo cuerpo somos lo que llegaremos a ser ¿podemos decir ahora "soy sin este cuerpo"? ¿podemos separarnos de nuestro cuerpo y usarlo a ultranza, al antojo de hoy?

Ahora bien, ¿Qué está sucediendo en las escuelas? Si la familia ya está siendo cooptada por este “generismo sentido” ¿cómo se está recibiendo, percibiendo en las escuelas? ¿estamos pensando estos problemas a la hora de planear nuestras clases? ¿cuántos problemas de la subjetividad humana se está forjando y no lo sabemos? ¿acaso incidir en una subjetividad sana no entra en nuestro trabajo? ¿En qué problemas formativos estamos metidos los profesores y no lo sabemos?

No sé si describí el sentir que me provocó este libro.  Cada uno tendrá que leerlo. Yo me he quedado rebasada…

 



martes, 18 de junio de 2024

Malestamos. Cuando estar mal es un problema colectivo. Javier Padilla, Marta Carmona

 


Javier Padilla, Marta Carmona. Malestamos. Cuando estar mal es un problema colectivo. (Ensayo) Capitán Swing Libros, 2022. Edición Electrónica.

 

En este libro se nos invita a pensar en la calidad de vida de nuestra época, tiempo social que invade e induce a nuestros cuerpos a modos de ser, estar, pensar y hacer para que respondan a los dictados hegemónicos del mundo actual.  Aquí se plantea el problema de que el modo de vida imperante, en vez de impulsarnos hacia nuestro más excelso desarrollo, provoca en nosotros bloqueos, atrofias, desánimos, enfermedades que impiden el logro de una vida buena, de una vida con sentido, esperanzada y sobre todo, saludable para enfrentar la complejidad del día a día.

En este pequeño de libro se nos invita a pensar nuestros “Malestares”,  que según los autores, nos producen un estado de sufrimiento constante, sin cura que sobrellevamos a duras penas, pues nos levantamos cada mañana agotados, sin deseo de enfrentar las tareas propias de la vida, con la sospecha de que estamos enfermos de algo que no sabemos, pues no se trata de algo somático, localizable en el cuerpo, sino de un estado mental que nos lleva a producir pensamientos, sentimientos, emociones que nos inducen estados de malestar generalizado. 

En tal situación, se busca la ayuda psicológica, psiquiátrica, libros de autoayuda con el fin de superar esa situación agobiante de desesperanza, desgana, de derrota, sin sentido de la vida, y sin fuerzas, agotados de lidiar con uno mismo sin resultado, llega la medicación para el agotamiento, el insomnio, el dolor del cuerpo, el desvarío del alma que nos impide alcanzar armonía, tranquilidad, serenidad para pensar y resolver la vida.

“Malestamos”, es una palabra que se utiliza para reflexionar que esta situación extraña de sentirse fuera de sí mismo, sin energía, ni herramientas personales para enfrentar las complejidades de la vida, y vivir en una absoluta sensación de fragilidad que lleva a pensar en una anormalidad, como enfermedad mental llamada depresión, la ideación de la muerte, la perdida de uno mismo.  Y nos dice, como en esta situación empieza a crecer el número de profesionales de la salud, a hablarse más que nunca de enfermedades mentales, metiendo en este rango, ese malestar de la vida, al que no se le encuentra un diagnóstico adecuado, y al no existir, entra en esta categoría de enfermedades mentales.

Y la reflexión que se hace va en sentido contrario, pues este sentir, si bien se vive en lo privado, en el el propio cuerpo-mente, es totalmente subjetivo, no solo le pasa a una persona, sino que cada día aumenta esta sensación de malestar, que lleva a plantear  este “Malestamos” para darle un lugar y colocarlo como un problema de muchos, que exige más que una mirada individualizada (sin descartarla) una reflexión colectiva para comprender que nos pasa de alguna manera a todos los coexistentes de este momento social como consecuencias de una estructura y sentido de una realidad que produce individuos solos, explotados por un sistema económico exigente, separados por una estructura social que rompe los lazos humanos, que no atiende problemas estructurales y se va tornando sociedad con miles de logros materiales, pero va dejando olvidado el principal, el despliegue del potencial humano, que se trunca, se detiene y genera este malestar que no entendemos.

En el libro se revisa como algunas situaciones estructurales como productoras de este “Malestamos”,  por ejemplo las condiciones laborales cada vez más exigentes, extenuantes para lograr un estado económico que resuelva las necesidades dignas de vida; otra situación estresante, es el viejo problema problemas de la desigualdad entre hombres y mujeres en la convivencia laboral y social, donde las mujeres y hombres viven a su modos una situación de vida que estresa; otra, se debe a la tendencia cada desplegar estructuras que nos separan y  evitan la convivencia, y que se refleja hasta en las nuevos formas de construir viviendas, separando cada vez más las personas y otra más que se discute es la tendencia a llamar este a este malestar como un caso personal que provoca el aumento de casos de salud mental al no tener la manera de situar en el mundo esta situación de malestar que incapacita a muchos.

La sugerencia que se aporta gira en torno a reconocer que si bien, el malestar se vive subjetivamente, que cada quien lo enfrenta, necesita tornarse un problema de todo y plantearlo como un “estamos-mal” y, por tanto, exige la revisión de las políticas sociales y económicas que den lugar un entorno igualitario, solidario y atento al despliegue del potencial humano de cada quien. Y ahí queda, simple, no lo es.

Cuando leía, pensaba que este problema de la falta de piso parejo para el desarrollo de todos los integrantes del tiempo que se vive es histórico. La desigualdad social ha sido eterna, cada época ha tenido sus formas concretas de desigualdad, educativas, de género, laborales, políticas, etc., Es innegable que se ha avanzado en comodidades, que tenemos más cosas y que la vida resulta más fácil hoy que ayer, pero, la desigualdad no desaparece y esta situación genera problemas pues da lugar a injusticias, resentimiento, pasiones negativas en quienes no encuentran oportunidades para su pleno desarrollo.  Así, en tal desigualdad, la “enfermedad de las emociones” tiene la misma edad del ser humano.

En el libro no se detalla a fondo esta “enfermedad de las emociones” provocada por esa coexistencia desigual, en especial la de nuestro tiempo, la de nuestra generación, que nunca será la misma a las desigualdades de otros momentos de la historia. 

En esta generación, se nos ubica como “la generación de cristal”, cosa que en el libro pretende contradecirse al plantear que el malestar es colectivo, producto del mundo desigual que nos rodea, pero tengo mis dudas. Al no ahondar en la subjetividad peculiar de nuestros días, se niega que nosotros somos vulnerables, frágiles de un modo distinto a otras épocas.

Hoy,  no contamos con la fortaleza de un razón sentipensante que aporte conceptos fuertes que nos ordenen, vivimos en una fragmentación de ideas que han quedado sin validez ante el avance de la realidad y no hemos tenido la capacidad de construir ideas que nos aporten una regulación sin impedir el movimiento de lo diferente; hoy cada quien vive en sus pedazos de mundo, en tribus de ideas, en defensa de algo y lucha contra lo que no sea su verdad, por tanto, la desigualdad se ha disparado por todos lados, y nos ha vuelto portadores de una subjetividad más sentida que razonada, más frágil, debilitada, aferrada a dogmas más que una verdad que soporte la reflexión, y una verdad dogmática no se puede imponer a la cruda realidad  que a diario amenaza con derrumbar cualquier criterio fantasioso, pero emocionalmente fuerte y entonces, se sufre.

¿Será? No lo sé, pero si veo que nuestra generación vive un malestar extraño, y nos resulta complejo pensarlo y superarlo.  Hay que seguir hurgando, moviéndonos, fortaleciéndonos para alcanzar ese estado de animosidad, generosidad, tranquilidad que todos merecemos.  Todos, en el piso parejo siempre anhelado, necesario, que propicie en cada uno el reto de ser, quien necesita ser.