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martes, 29 de abril de 2025

Jonathan Haidt. La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata (versión original 2012) Traducción Antonio García Maldonado, Deusto (editorial Planeta) 2019, Edición electrónica.


 


Jonathan Haidt es un psicólogo social, cuyos estudios se han centrado en la moralidad, especialmente en comprender cuál es ese pegamento que hace que las personas se reúnan más allá del parentesco, formen comunidades y sean capaces de hacer cosas que les permitan progresar, o muchas de las veces, destruir y destruirse.

La moral ese sentimiento-pensamiento que nos mueve entre lo que consideramos bueno o malo, se trata de una matriz de ideas con la que se resuelven los dilemas de una manera justa, y lo justo, para este autor, tiene que ver con ser capaces de articular lo virtuoso con lo crítico, es decir, que nuestro sentido del bien y del mal surge de la reflexión que toma en cuenta la  infinidad de matices que se implican en las situaciones que juzgamos, cuya postura, no está exenta de debate, pues lo que es bueno para unos, no lo es tanto para los otros.  Ser justos en sí mismo, ya es un dilema.

Haidt, aporta su noción de moral al final de su extenso libro, y advierte que lo hace con la finalidad de que quien lo lea, no se sienta confrontado dada su propia postura moral y se cierre de entrada a los argumentos de su planteamiento.

Para él, los sistemas morales consisten en un   conjunto de valores, virtudes, normas, prácticas, identidades, instituciones, tecnologías y mecanismos psicológicos evolucionados que trabajan juntos para suprimir o regular el interés propio y hacer posible las sociedades cooperativas. ¿Qué nos hace sentir esta definición, qué nos hace pensar? ¿Confronta nuestra moralidad?

Esta noción, es muy exigente. De entrada nos pide aceptar la importancia de la reflexión sobre nuestras propias matrices morales, tener conciencia de sus finalidades y consecuencias siendo capaces de gobernarlas para darles un desenlace hacia el bien común; exige un control de sentimientos y emociones para dejar de ser el centro y situarnos en un plano de entendimiento y cooperación con los implicados; exige reconocernos como parte de algo más grande que uno mismo, lo cual implica solidaridad, responsabilidad, mente abierta, atenta al análisis de las circunstancias para arribar a una postura justa. ¿Este cúmulo de demandas para vivir nuestra moralidad no es cotidiana? O ¿Quedamos enceguecidos por nuestra propia matriz moral y la imponemos a los otros? ¿Podemos ser justos y ya?

Las preguntas surgen de mi propia interpretación del libro, en el cual, poco a poco Jonathan Haidt encamina al lector a reconocer por qué no es simple dialogar con quien no “siente” igual que nosotros, por qué cuesta tanto construir acuerdos sobre asuntos  diversos, en especial sobre religión y política, que como sabemos, han llevado a la humanidad a situaciones de incomprensión y violencia precisamente porque unos y otros están situados en argumentos abismales que ciegan y encierran en un sistema moral que no se negocia, sólo se impone y con toda naturalidad, porque tenemos la razón y ya.  

En su primer argumento “La intuición viene primero, el razonamiento después”, nos dice que nuestra matriz moral es como un “elefante guiado por un jinete”, ese elefante representa lo instintivo, lo intuitivo, los procesos que hemos automatizados, que ya no pensamos, y el jinete es nuestra mente, y en ella, se forman los argumentos que explican el actuar del elefante frente a determinada situación.  De este mod, nuestra capacidad de raciocinio termina supeditada a los actos realizados, a lo hecho, y nuestro sistema moral emerge en palabras inapelables que justifican sin dejo de conflicto interior, esa forma proceder, lo cual se siente bueno, justo.  

Con esta metáfora del “elefante y el jinete” nos dice que lo moral, este modo de tomar postura ante los sucesos de la vida no encuentra sustento en lo racional, pues tal dimensión humana siempre ha sido juzgada como demasiado cerebral, siempre se ha alegado que deja fuera lo emocional, lo innato, la cultura a la que se pertenece, las experiencias en el plano individual, etc. Nuestro elefante es poderoso y nuestra mente termina como su auxiliar. Y, sin embargo, ese mundo subjetivo, el elefante, necesita del raciocinio, el jinete.

Haidt nos dice que investigaciones como las de Antonio Damasio, han puesto en la discusión la importancia de las emociones y sentimientos para pensar, han revelado que el razonamiento, requiere de pasión, que si bien la cognición se limita a procesos información fría, la rivalidad entre emoción y cognición no tiene sentido, se necesitan.  Si vemos a los juicios morales como procesos que articulan intuición y razonamiento, las emociones activan procesos automáticos de la mente humana que alertan, avisan de las ideas que entran en el sistema vital, y éste se dispone al combate, a la defensa en lo que se cree.  Son explicaciones neurológicas sobre cómo respondemos al entorno, que no siempre es una alfombra roja.

Por tanto, es importante comprender que las intuiciones vienen primero, y que la reflexión viene después para termina por justifica la elección.  ¿La elección ha sido justa y lo injusta? No es fácil de determinar, pues la moralidad implica reconocer lo que habita en ese elefante voluntarioso, la moralidad es mucho más que justo e injusto favorecido por la mente.

Ante tal complejidad, Haidt propone algunos fundamentos sobre la moralidad, dice que contamos con algunos receptores del gusto moral, mismos que provienen de nuestra historia primigenia, de esos modos de ser-hacer que permitieron la coexistencia humana desde el surgimiento de nuestra especie, los cuales nos ayudaron a progresar, tales son el cuidado, la equidad,  la lealtad , la autoridad y la santidad, que propiciaron un desarrollo evolutivo de ciertos genes biológicos-culturales que dieron lugar a una moralidad que ayuda a la vida en grupos y su organización.  Estos fundamentos morales primigenios son parte de nuestro elefante, una herencia cuya presencia es mayor en algunos, menor en otros, y dependiendo de esta riqueza de fundamentos morales. Con estas herramientas, analiza campos de disputa eterna, como son la religión y la política. 

Para ello, en varias páginas va explicando como emerge en el humano este sentido de religiosidad, que explica con la aparición del lenguaje, que dio la posibilidad de compartir imágenes, signos, de explicarse lo que les ocurre, de poner por delante algo más amplio que daba cobijo, seguridad dando lugar seres supraterrenales, que le dieron orden y sentido.  Y la política, que tiene lugar con los modos de organizarse, donde igual, fueron capaces de imponer modos de autoridad que los regulara, instituciones a las cuales apegarse generando orden, cuidado y sentido del grupo tribal, unidos en creencias, prácticas, odios a los diferentes, de los que había de defenderse.

Concluye que la religión y lo político aportan tanto beneficios como sufrimientos. Son dos campos en eterna disputa, nos viene desde tendencia natural que tenemos a lo tribal, a esta necesidad de juntarnos quienes compartimos lo mismo y defenderlo, y alejarnos de lo que difiere de nuestro sistema de ideas.

Cuando habla de la religión, plantea que se discute mucho sobre sus ideologías y demagogias, pero no deja de reconocer, que ser creyente en un Dios supraterrenal, aporta que afloren criterios morales hacia lo colectivo, la ayuda mutua, la responsabilidad, esos genes culturales que han evolucionado con la especie humana. En las personas afiliadas a una religión existen ventajas y desventajas, por un lado, en su grupo, se ayudan, pero se ciegan, se encierran en sus creencias, y no pueden aceptar a los que no creen en lo mismo.

 

Así con los políticos, tenemos grupos de conservadores, de izquierda o liberales, y los de centro. De acuerdo a sus investigaciones, (y menciona varias), llegó a comprender el proceder de los conservadores, dice que son grupos de personas con mirada amplia, que tienden al desarrollo abierto, de los fundamentos morales analizados, tienen más que los de la izquierda, sin embargo, puesta su mirada en conservar un sistema total, tienen dificultad para analizar lo micro, ahí donde se viven daños, olvidos, donde se agrupan personas que no alcanzan a moverse al ritmo del desarrollo planteado; es cuando surgen los liberales o izquierdistas, quienes tienen una matriz moral menos rica que la de los conservadores, pues se centran en los daños,  generando políticas muy centralizadas que descuidan procesos macrosociales.

El análisis es interesante, leyendo sus argumentos en los que basa el sistema moral de los grupos políticos, puede comprender la imposibilidad de ponerse de acuerdo, pues sus miradas se dislocan y se extravían en sus disputas.

Haidt plantea que es importante reconocer cuales son los fundamentos morales de unos y otros, y reconocer que, si bien miran lo distinto, las dos miradas son importantes y que se complementan.  No desaparecerán, seguirán coexistiendo, y eso será bueno, en la medida en que cada uno, se dé tiempo de reconocer la matriz moral del otro, y con este esfuerzo, sin dejar de ser unos y otros, ponerse de acuerdo en aquello que sea fundamental para la solución de los problemas que ambos comparten, por los que dicen luchar.

Tendremos a los políticos, siempre divididos en izquierdas o liberales y conservadores, pero argumenta que nunca será bueno el predominio de algún grupo, sino que la presencia de ambos es importante, porque unos aspectos morales son más manejados por unos y otros por el otro grupo, y por ende, se complementan.

Este es un libro interesante. Sobre todo, porque este asunto de la moralidad nos es propio, nos humaniza, y exige detenemos a pensar cómo funciona.  Somo humanos que nos sentimos, nos amamos, nos odiamos, nos mentimos, engañamos, tomamos atajos para salirnos con la nuestra, pero no podemos reconocer el daño que somos capaces de hacer con nuestras posturas, decisiones, porque hacer lo que hacemos se ha normalizado, y nos damos explicaciones que nos tranquilizan, que cuidan nuestra reputación, evitan disonancias cognitivas.

Haidt nos invita a pensar en nuestra moralidad, en tener claro qué es lo pensamos que es bueno, qué es lo malo; necesitamos asomarnos a nuestra moralidad, tanto en lo cotidiano, como en este ser religioso y  político que somos; necesitamos asumir nuestra tendencia al gregarismo de pensar en los mismo, a lo tribal que nos hace rivales del grupo que piensa distinto, herencia de nuestra especie.  La evolución humana, no se ha detenido, y si sabemos conscientemente esto, si se reconoce y vamos construyendo nuevos de modos de relacionarnos, pueden gestarse otros modos de vivir que sean heredables a las generaciones que siguen y tal vez, con el tiempo, demos lugar a formas de moralidad más conscientes.

Por el momento, hay que tener claro que la moralidad une y ciega, que todos somos parte de comunidades morales tribales, y que nuestros cerebros justifican estas matrices morales, que evitamos la disonancia cognitiva, es decir que no se corresponda el ser-hacer con el pensamiento. Esto nos sucede hoy, y más vale vivirlo con más consciencia.

 Nuestra civilidad mejorará en la medida en que nuestra moralidad evolucione, y lo notaremos cuando podamos vivir grandes debates sobre temas que hoy nos separan, siendo capaces de encontrar puntos que eviten el daño, la aniquilación del otro.

¿Podremos? Dice Pablo Malo, que no, quien es autor de otro libro “Los peligros de la moralidad”, un psiquiatra biologo-neurológo, y afirma que nuestra moralidad  no siempre favorece el desarrollo humano, puede destruirnos.

 

lunes, 17 de marzo de 2025

Alicia Valdés. Política del Malestar. Por qué no deseamos alternativas al presente. Debate, Barcelona, 2024. Edición Electrónica.

 


Para hablar de este libro, importa aclarar la idea de política que cruza este trabajo.  La autora, diferencia esta palabra de “lo político”. Política para ella es lo instituido, las reglas dadas para la convivencia social, y nos exigen un comportamiento social, en cambio, “lo político” tiene que ver con actos reflexionados sobre el modo de vivir, y la toma de decisiones en las que subyacen resistencias a la hegemonía dictada por la política vigente que demanda una subordinación, un acatamiento de tendencias que conlleva un malestar, una disconformidad, un displacer al impedir otro modo posible de vivir.

La autora, que a mí ver, exagera un poco al plantear que se vive manera disfuncional en el sistema social del que formamos parte, un sistema hegemónico que ordena y denomina capitalismo, al que no le ve fin, pues avanza y se transforma con el tiempo, y termina autorregulándose en medio de sus crisis sin que nada lo detenga. Y con lujo de detalles, nos cuenta que este sistema hace de los seres humanos unas personas tristes, desorientadas, conformistas, sujetadas a reglas, pensamiento, fuerzas emociones, cada vez se muestran más depredadoras de la subjetividad humana. Una narrativa donde priva la idea de victimarios y víctimas, propias del pensamiento izquierdista y algo marxista, aunque no abunda en ideas de este tipo.

Este sistema capitalista del cual no podemos escapar se nos impone como realidad política, y para ello, se vale de diversas argucias intelectuales, mediáticas, médicas, para convencernos que el modo de vida actual es positivo, que vamos entrando a procesos de bienestar, que mejoramos con el tiempo, que tenemos el mejor desarrollo alcanzado en la historia de la humanidad.  Pero, si nos enfocamos a pensar como nos sentimos, no estamos en “bienestar”, se vive situaciones precarias, exigencias ciudadanas, laborales, existenciales que no está resultando fácil cumplir, y medio embelesados por esa narrativa, sin poder pensar otras formas de vida porque el entorno no ayuda, terminamos socializados al modo requerido, y se aceptan las situaciones incómodas, de termina viviendo en el malestar silenciado, y se aprende a gozar ese malestar. A este goce del malestar, le llama displacer, que algo se sabe que hace mal, pero se aprende a vivir en él sin hacer nada, sólo hay aceptación.

Para esta compleja explicación -que tardé en comprender, lo confieso-, utiliza algunos conceptos del psicoanálisis. Veamos, nos dice que esta política neoliberal, capitalista, se centra desde siempre en el esfuerzo y éxito individual, las personas deben producir algo, y si bien, antes se habla sólo de fuerza de trabajo, hoy se aprovecha a lo máximo nuestra creatividad, compromiso, esperanza, y con estas emociones de querer responder con todo, se viven las exigencias del sistema capitalista, y terminamos en malestar, un malestar no reflexionado en medio de una política del bienestar que se agencia de discursos de todo tipo para ocultar el verdadero desastre.

Los conceptos que utiliza para explicar este malestar vivido y poco analizado son deseo, como pulsión, fuerza que nos impulsa y nos hace actuar ya sea para el logro de un bien, o hacia algo que no lo es, y entonces, la pulsión nos puede llevar al eros, o tanatos. Esta pulsión o fuerza interna nos orienta hacia la búsqueda de “objeto”, pues siempre ideamos, imaginamos algo más a lo que tenemos, somos imparables, por ello, el deseo no puede nunca satisfacerse, siempre necesita estar activo, es la matriz de la vida, pero, la política capitalista, usa nuestro deseo y le impone topes de corte material, le pone precio, algo material que nunca se alcanza pero se nos dice, que sí podemos tener para saciar nuestro deseo, sin comprender que desear lo inalcanzable es necesario para la buena-vida. Entonces, enfocados en deseos que se nos dice son nuestro fin, y no lograrlo, genera una perturbación, genera un derrumbe subjetivo. 

Por otra parte, el “goce”, y el “displacer” son conceptos que nos explican, que sin bien nos vemos impulsados hacia la búsqueda de algos, acercarnos, nos produce un goce ya sea en el ámbito del eros o el tanatos, que son experiencias de plenitud nunca saciadas, pero que un sistema donde se difunde que la felicidad tiene que ver con la acumulación de objetos que no tiene fin, la idea de felicidad se alterna, y quedamos en medio del camino, conformes pero a disgusto con lo logrado, resignados pero alentados a volverlo intentar, a esto, le llama displacer, sentir en dolor de no lograr lo que uno quiere, pero seguir ahí, porque no se ve manera de hacer algo diferente. Y se termina gozando ese displacer, o conformismo.

Para explicar mejor este estado de aniquilación humano, vienen en su ayuda las ideas Ehrenberg, (libro que si he leído por suerte), quien recupera el problema del sujeto desde la idea de su insuficiencia para responder a las exigencias del mundo actual, un mundo que se impone, demanda, exige, y a la vez agota con sus exigencias, y deja a su paso, a personas  exhaustas, dice, él atascadas en su deseo, se ven a sí misma incapaces de hacer lo que se les pide y no saben cómo salir de estado del sin valor al que ha llegado, entonces viene la enfermedad, la falta de energía, de sentido por la vida, estado que le lleva a diversos diagnósticos y medicaciones. Es el sujeto quemado o Burnout, es el sujeto deprimido, que, según Ehrenberg, es la enfermedad del siglo XXI.

Las personas extraviadas en este mundo de exigencias sufren la crisis de su psiquismo, no son lo que se espera que sean, son personas fallidas, y no queda más que la dolencia, la tristeza, la pena de saberse incapaz, y lo peor, sin poder reflexionar su propio malestar, no puede reconocerlo y verse como parte un contexto que le ha tratado de un cierto modo dejándole postrado, medicado, pero sin reconocer que esos síntomas son productos de una política de la ganancia y el ahorro de tiempo.

Para Alicia Valdés, el psicoanálisis puede ayudar a comprender por qué hacemos lo que hacemos y así, hacernos cargo de nuestro psiquismo tan afectado, pensar las razones por las cuales se vive en medio de prohibiciones sociales, morales, que limitan y cercenan el deseo, un deseo que se orienta hacia el consumo de objetos, y esto empobrece ese impulso por construir sentido por la vida abierta a sus misterios. Este ser humano fatigado de ser sí mismo, queda atrapado en lo impuesto por la política, donde termina por desconocer que lo atrapa y gobierna debido a la presencia de discursos que le dicen que puede ser lo que quiera, pero nunca lo logra, el ansiado éxito prometido nunca llega, y termina como ser insuficiente, disminuido, triste, enfermo, y muy medicado. Pierde toda capacidad de examinar su vida.

Ella dice, que este no pensar lo que nos pasa, sucede, porque la política usa significantes vacíos, y ahí me detuve, porque lo que ella plantea como tales, yo los veo como conceptos vaciados, muy simplificados, limpiados de su polisemia, y que al usarlos dan pocas posibilidades de mirar la realidad y su mensaje tan literal y sesgado, impregna de ideas hegemónicas que se desean instaurar, y sin reflexión, se incrustan palabras cargadas de emociones  y dando la idea de un pensamiento universal que implica a todos cuando es todo lo contrario, fragmenta.

Se pregunta al final de su libro ¿Qué se puede hacer? Reconoce que uno, no puede cambiar el mundo, que es un hecho que existe una realidad dominante, y esta no se cambia por voluntarismos, que esa política neoliberal existe y perdurará no sabemos cuánto, pero no afirma que sea eterna. Es entonces recurre a la idea de lo “político” que entiende como esa zona de la vida de las personas donde se anidan resistencias, zona no simbolizada, donde coexisten pensamientos y sentimientos en crisis, ideas que difieren de lo ideologizado.

Ahí, la política dominante y la actitud de lo político colisionan. Si bien, la política exige subordinación, los actos políticos son pura y real resistencia, el asunto, es escucharse, reflexionar la vida que se vive, reconocer por qué esos sentimientos de insuficiencia, comprenderlos, hacerse de nuevas ideas, estrategias, sentidos no explorados.

La apuesta a lo “político”, posible, implica asumir que el mundo no cambia de golpe, sino que se el cambio inicia con esos actos de resistencia posibles de ser imaginados, esos pequeños esfuerzos de zafarse de ese displacer, de ese conformismo tan costoso en sufrimientos.

A esta estrategia le llama política del no-todo, es decir, tener claro que el cambio se inicia por actos personales que transforman la vida cotidiana, cuidar nuestro deseo, estar atentos y zafarse de las tendencias economicistas, recuperar nuestro impulso vital hacia cosas que lleven a momentos de logros, rescatarlo de la inercia economicista y de consumo.

¿Qué se puede hacer? Por ejemplo, valora los Podcast de calidad, son una alternativa para recuperar formación, información, y situarse.  Del mismo modo, ve valiosas las micropolíticas como el uso de la moneda social que empieza practicarse en algunas partes del mundo, también nos habla de recuperar la palabra, no guardar en el silencio lo que molesta, pensar, reflexionar, hacer vida política en el seno de la vida cotidiana.

Tarde leyendo este libro, me hizo informarme de conceptos freudianos y lacanianos, y como soy ajena a esto, tarde en comprender cual era el sentido del libro. Primero lo ví como un texto acusador del sistema capitalista viendo víctimas y victimarios por todas partes, tan estilado en estos días de gobiernos populistas, pero en la medida en que entendí eso del deseo, la falta, el goce, el placer del displacer, le encontré el sentido, o seo creí. 

Quedé en desacuerdo con eso de los conceptos vacíos, ella los usa para decir que están vaciados, y en su simpleza se hace un maniqueo de ellos, o todo es blanco o negro, no hay matices. Por tanto, terminan como palabras con un significado manipulador de la subjetividad.  Por el contrario, yo entiendo al concepto vacío como un significante llenísimo de significados, ahí se encuentra la polisemia adherida en su historia como tal, y, por tanto, si lo conocemos en toda su profundidad y expansión, nuestra capacidad de pensar es favorecida por su poder articulante de relaciones.

Pero en mi ignorancia de la teoría lacaniana, tal vez, yo soy la equivocada, y así sea utilizado en ese sistema de ideas, donde para ella, son palabras que rompen la cadena de significados y todo se desvirtúa dejándonos en las tinieblas.  En fin, es problema de lectura frente a diferentes sistemas de ideas quizás.

El libro no entusiasma al inicio, pero, ya después del esfuerzo sostenido de no abandonarlo, da pistas para comprender porque seguimos en una realidad que nos achica, nos angustia, nos enferma, ella nos invita a saber esto, reconocer esta forma de leer el problema para hacer la tarea de informarnos más sobre esta forma de atrapamiento de la subjetividad humana y buscar formas de rescatarnos como sujetos nosotros mismos, asumir con valor, que no vendrá un mesías a salvarnos, sino que seremos nosotros, con una políticas de pequeños cambios, quienes transformemos la política que hoy, no nos es favorable. Así las cosas…

 

 

sábado, 11 de enero de 2025

Josep Maria Esquirol. La escuela del alma: De la forma de educar a la manera de vivir. Acantilado. 2024, Edición Electrónica.

 


Josep Maria Esquirol. La escuela del alma: De la forma de educar a la manera de vivir. Acantilado. 2024, Edición Electrónica.

 

Este es el tercer libro que conozco de este filósofo, a quien se le conoce por impulsar una filosofía antropológica, llamada “de la proximidad”, cuyas fuentes tienen raíces socráticas y franciscanas, que nutre con fundamentos de autores contemporáneos como Levinas; su filosofía, plantea los retos actuales para no extraviarnos de nuestra humanidad.

Hace tiempo, cuatros años, leí “Humano, más humano. Una antropología de la herida infinita”, mismo que comenté en este blog (https://meditandopoesiayprosa.blogspot.com/2021/11/reconocer-que-somos-seres-finitos.html), libro que me hizo pensar que somos una profunda herida sin fin, una hondura, seres verticales en la horizontalidad de la existencia, seres finitos, con un comienzo día a día, quienes heridos por el infinito abierto, lo que exige mucha resistencia. Confieso que el libro me dejó en severas confusiones.

Pero, como soy necia me hice de otro, llamado “Resistencia íntima”, que, revisando hoy, me dí cuenta que leí cerca del a mitad, no sé por qué no lo terminé (mi indisciplina en ese tiempo, que era peor que la de ahora, pienso), pero por lo leído, intuí que resistir tiene que ver con la lucha de no perderse uno mismo en esta hondura de vida que somos, en este tiempo finito, herido por el infinito, en ese comenzar eterno de nuestro caminar… creo que no pude más, pero ahora sé que tendré que terminarlo, son ideas que merecen ser acogidas. Me competen por mi humanidad.

Y ahora, frente a este nuevo libro, “La escuela del alma”, la confusión, las preguntas entre lo ideal de nuestra esperanza de humanización eterna y la realidad en la que nos vamos concretando no faltaron.

Terminada la lectura, he tratado de ponerme de acuerdo conmigo misma, hablar de lo esperanzador en nosotros a pesar de nuestros extravíos y creación de tantas des-gracias que atentan contra las “gracias” que ahí están sin ser pedidas, que sólo son para embellecer y alentar la vida, pero que se nos pierden en la oscuridad que generamos.

Pues bien, en este tenor de la “gracia”, Esquirol nos habla de la vida, de nosotros “los existentes” quienes somos “alguien” que vive con otros “alguien” con quienes damos lugar a “encuentros”. 

Dedica este libro a un tipo de encuentro, el que sucede entre dos personas, uno llamado docente, y otro llamado estudiante, ambos situados en una espacio llamado escuela, reflexiona sobre ese tiempo-espacios donde se cruzan dos vidas y se produce la gracia de encontrarse, de vivir la emoción de sentirse cada uno desde su hondura, de sentir que algo cambia al aproximarse y activar algo que los transforma, y dice que se trata de reconocerse con una mutua responsabilidad, un autodescubrimiento donde se saben solos, pero capaces de compartir la gracia de encontrarse, de vivir una proximidad espiritual no pedida, pero que se da, solo por darse, por encontrarse. Dice que el encuentro no tiene un por qué. Sólo nos sucede, es una gracia y piensa a la gracia, como son las estrellas en la noche, el sol en el día, el azul más azul del cielo… algo así.

Pero vallamos por parte. El libro explora muchas ideas interesantes, y con delicada paciencia, con atención, con gentiliza, presenta ideas muy poderosas, tanto, que no puede evitarse ver con ellas el mundo real y asustarse de su ausencia, y mirar en vez de ellas, una realidad sumergida en tantas des-gracias, en ella, no se ven esas “gracias” de que nos habla somos capaces, y en su lugar, se percibe lo inhumano de lo humano, que sólo se da en nosotros.

En la primera parte nos cuenta del “encuentro” y alude que en nuestra historia personal, siempre hacemos referencias a esos momentos en que hemos sentido en nuestra “hondura”, finitud, herida por el infinito, soledad y en este estar parados en el horizonte abierto que exige caminar hacia nuestra realización, a un “otro”, cuya presencia nos “ha tocado el alma”, quien se nos ha compartido por qué sí, sin pedirlo, su autenticidad, su pasión, su testimonio de vida.  Y nos dice, que esto nos ocurre a veces, y siempre queremos volver a ver a esas personas para contarles en la responsabilidad en la que seguimos, deseamos volver a vivir ese encuentro para compartir nuestra responsabilidad.

Prosigue, hablando de ese lugar llamado escuela, a la que piensa como un umbral, un lugar que anuncia a personas, espacios como el aula, que avisa de conversación y de enseñanza, de atención, de escucha, de paciencia, de afectos.  Ve a la escuela como ese lugar que emociona, que, de sólo cruzarse, ya se presiente la experiencia de algo que se necesita y que sabe se encontrará.  Me pregunté sobre nuestros infantes: ¿Qué sienten al llegar a la escuela? Pero entendí que no se trata de confrontar, sino de pensar en los umbrales que necesitamos construir, para que los niños sientan la infinitud de cosas que ese espacio puede aportar a los infantes, jóvenes, adultos, necesitados de más encuentros que toquen la profundidad de su ser.

Continua hablando de nosotros, los maestros, quienes algo desprestigiados en estos tiempos necesitamos “resistir” en ser nosotros mismos, en quedarnos en nosotros y asumir una responsabilidad, una identidad, una presencia que se sienta, que toque a los alumnos, a todos y cada uno, quien nos necesita, quienes al sentirnos nos vean como un testimonio de nuestra vida, que nos sientan como “palabra viva”, que invita a la vida, a la aventura de existir, a construir mundo desde su caminar solo por el horizonte de su existencia. 

Nos da razones por las cuales los alumnos nos necesitan con un auténtico brillo personal, con una palabra que los emocione, que los haga vibrar, y nos sientan como una mano que se extiende para ayudarles a conocer el mundo que les toca vivir y reconstruir.  Y nosotros necesitamos esa resistencia para persistir en la construcción de una identidad docente auténtica, en quedarnos en nosotros mismos, encarnar ese apasionamiento por la vida, por lo que hacemos, vernos vitales, dando testimonio de vida y responsabilidad que contagie de  las mejores emociones a los alumnos; nos necesitamos para responderles con encuentros pedagógicos que toquen el alma.

No evade el tema del sentido de la educación predominante, para él no se trata de meter a los alumnos en el molde curricular, sino de propiciar el reconocimiento del sentido de cada uno, hace una crítica a las instituciones que toman sesgos totalitarios al pretender moldear la fuerza vital de los alumnos, a quienes reconoce como un comienza, personas con su propio caminar, del cual necesitan hacerse responsables y para ellos necesitan una formación que los ayude, y esa formación consiste en colocarse en el mundo, que les de confianza para forjarse el sentido de vida que necesitan y se necesita, porque serán creadores de más mundo, son comienzo y continuidad, y más que ideas cerradas y dogmáticos, necesitan aprender en libertad y confianza, impulso, seguridad, con la esperanza de que un día se encontrarán con un maestro, y le dirán en estoy voy, en esto sigo llenos de orgullo.

Y así continua, hablándonos de la atención, de la importancia de la escucha, de que la reflexión es parte de la atención y de la escucha, pero que subordinada, ayuda, no se impone fría; refiere la importancia de hacer amigos, de atender a los demás como iguales, de no hacer daño, de no responder al mal con más mal; y así, no cesa de apelar al valor que tiene una escuela preocupada por los “encuentros”, en los cuales se reconoce a otros con la misma tarea de existir, quienes solos en la misma tarea de su vida, en momentos de gracia, se dan esos momentos en que las vidas se cruzan, se tocan, se hablan espiritualmente, y se contagian del ansia de la vida, de continuar el camino finito, en la infinitud de la existencia humana.

Pues algo así entendí… no sé si sea fiel a las ideas, pero me quedé con la emoción de los encuentros que recuerdo, esos momentos donde ha habido personas que se han cruzado por mi vida, y yo por la de ellos, nos dejaron una experiencia espiritual, eso de saber que existe otra persona tan solo como yo, pero se aproxima y me ha regalado el brillo de su mirada, me ha contagiado su esperanza, que estuvo para mí, y me recordó mi responsabilidad ante ella y ante mi misma, y eso animó a continuar. Y eso es una gracia que sólo sucedió por qué sí, por eso sucede entre los humanos humanizándose eternamente.

Pues creo que de esto trata este libro, la parte final es muy emotiva, me hizo pensar que la escuela del alma es nuestra propia espiritualidad, del reto de resistirnos a caer en la inhumanidad de lo humano, de estar alertas, atentos, abiertos a la proximidad de los demás para regalarnos encuentros, que son posibles si hacemos de nuestra vida una permanente responsabilidad. 

Parece que la responsabilidad ante el otro y a la vida, es la clave. Y son por tanto, verdaderos retos.

jueves, 26 de diciembre de 2024

Alijca Gescinska. Hijos de Ápate. Breve Filosofía de la verdad, la posverdad y la mentira. Ediciones Siruela, S. A., Madrid ,2023. Edición Electrónica.

 

Alijca Gescinska. Hijos de Ápate. Breve Filosofía de la verdad, la posverdad y la mentira. Ediciones Siruela, S. A., Madrid ,2023. Edición Electrónica.


De entrada, llama la atención esto de que somos hijos de Ápate, y viene la pregunta ¿Quién es Ápate? Es una diosa griega en quien se personifica el engaño, la mentira, lo fraudulento.  Sale al mundo cuando la caja de pandora es abierta.  Por tanto, esta actitud de dolo entre unos y otros, de acuerdo con esta historia mítica, nos acompaña desde el principio de los tiempos, nos es consustancial, esto de mentir, engañar, es algo muy humano, siempre activo y presente entre nosotros, que tendemos a utilizar ya para unir o distanciarnos, dependerá del interés, de los fines, de los sentidos que nos muevan el cómo utilizamos algo que sabemos.

Una palabra empieza a ser muy habitual entre nosotros “la posverdad”, y con ella se entra al debate contemporáneo de qué podemos considerar verdadero o falto de verdad, o una mentira intencional.  Y sucede porque como nunca, los medios de comunicación, gracias al avance de la informática, propician que en segundos se muevan cantidades impensables de información que se sale de nuestro control y por ello impone nuevas reglas y desafíos para reconocer qué es verdad, qué es mentira, y sobre todo, cuáles son los fines y efectos que se despliegan en la vida social.

En este libro se hace un análisis de cómo, desde mediados del siglo XX, se inició un proceso de relativismo de cualquier verdad, sin importar su campo, el tipo de investigación que la vio nacer, todo fue una versión entre tantas, todo era relativo, al grado de que la verdad resultó un asunto de perspectiva, de acuerdo con su origen, uso y fines.

Veníamos de verdades universales que ordenaba la vida en todo sentido, y de pronto, esas ideas se fueran fragmentando sin que ninguna fuese mentira, solo una versión, misma que propiciaba modos de pensar, de actuar diferenciados sin que ninguno estuviese mal, era el relativismo que nos conmocionó por decir poco a los habitantes del último cuarto de siglo pasado.

Y tales postura, aunada a la esfera política, adquirió otro peso, esas verdades relativas favorecidas por el poder en turno, las tomó y las impuso, en ese momento, la verdad, deja de ser relativa, se impone con fines específicos, pero no la impone el experto, el creador de ciencia, el filósofo, no, responderá a la esfera subjetiva, a personas con poder que deciden una verdad entre muchas, y la que conviene a sus fines personales, se impone a los demás, así, termina la pululación de ideas, y se vuelve a alguna, que manipulada, maquillada, de verdad, pasa a posverdad, donde ya no se sabe donde deja de ser verdad o falsedad.

Por ello, en el libro se analizan algunos criterios que ayudan a las personas a reconocer tal diferencia, a tener claridad cuando se trata de un conocimiento sobre la realidad producto de reflexiones, o cuando es el resultado de una manipulación de la misma con fines políticos.

Discute sobre la calidad de la información, cómo comprender cuándo son verdades diluidas, vestidas de facilitismo, de simpleza, que no cuesta nada asimilarlas; del mismo modo, la importancia de estar atentos a ideas disparatadas, tóxicas que nos invaden y exigen nuestra tolerancia, y con ellas, se pierde el sentido de lo que es seguro, un bien social, y se rompen límites, y no sabemos cómo detenernos frente los nuevos modos de vida que provocan, ya no sabemos que es verdad, qué no lo es.

Por ello, se analiza el poder de la autenticidad, sinceridad, credibilidad de quien es capaz de divulgar verdades hoy en día; se reflexiona sobre el papel de la responsabilidad, la tolerancia, la capacidad de movilizar el pensamiento en armonía con las emociones y aprender a diferenciar qué es una verdad, y qué es una mentira, aludiendo que urge comprender que moverse en una verdad produce emociones saludables, buenas para el bien social, que deja la sensación de estar en lo correcto aún con la conciencia de que se trata de una complejidad, pues una verdad que mueve la realidad, pero sabe que es ético, y en cambio, una mentira, una verdad manipulada, conlleva intención de engañar, se impone como versión única, e interesa que prospere ya que se guía por fines subjetivos más que sociales, sin importar las consecuencias sociales inesperadas.

De modo que moverse entre verdades, nunca será fácil, tiene exigencias formativas que emergen con la asunción de una vida que se toma con reflexión, autonomía, sentido social, se apela a la voluntad de saber, a reconocer que la verdad es producto de esfuerzo, que la verdad siempre es un proceso abierto, que siempre somos aspirantes a un nuevo saber y que éste es producto del esfuerzo; reconocer que si creemos que ya la encontramos, estamos en peligro, porque en ese momento, nos encerramos en una “verdad” y sólo nos preocuparemos por imponerla cueste lo que cueste, y ese momento, estamos en manos de la posverdad ¿cómo salir de ella? 

Gran problema, sobre todo en estos tiempos donde nos hemos conformado en miles de tribus humanas, cada una guiada por verdades simples y eficaces que movilizan sus emociones, su subjetividad, no, un razonamiento crítico que pueda sacarnos de este atolladero.

 

 

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Agustín Laje. La batalla cultural. Reflexiones Críticas para una Nueva Derecha. HarperEnfoque, México, 2022. Edición Electrónica.

 


Agustín Laje. La batalla cultural. Reflexiones Críticas para una Nueva Derecha. HarperEnfoque, México, 2022. Edición Electrónica.

 

Cabe iniciar, indicando que el estilo de escritura de Agustín Laje es muy peculiar y no me gustaría caer en esta forma de escribir.

Pienso, que es un autor que seduce, colma de ideas e induce a “pensar” de un cierto modo haciendo de la escritura un arma para la batalla cultural, él hace “batalla cultural”, escribiendo y dando conferencias. Lo podemos encontrar en su canal de YouTube, ahí pueden verle en toda su potencia discursiva que a la primera parece irrebatible, pues para todo tiene respuesta con datos verídicos.

El asunto que se aborda en este extenso libro es la tensión natural de la cultura que entendemos como esa argamasa de pensamientos, sentimientos, rituales, creencias, historia, valores que nos reciben a nuestro nacimiento y a las cuales quedamos afiliados, normando nuestra vida, pero, somos seres con una demasía de sentido que rebasa las normas de lo heredado, y por ello, promovemos cambios, a veces de manera gradual, otras enfrentando resistencia.  Por tanto, la cultura siempre se vive como una tensión; por un lado, produce vida, y a esa vida se le imponen las normas, pero nuestra demasía de sentido imparable se resiste y se generan conflictos, derrumbes y nuevas construcciones, que luego igual, se heredan a los que vienen, y así al infinito.  Definitivamente, la cultura, es un campo de batalla.

Agustín Laje trabaja con un sesgo de historicidad este campo de batallas, con claridad nos demuestra que hace siglos, una persona podía nacer y morir en la misma condición social, dado que el movimiento, el cambio sucedía con una celeridad mínima comparada con la de nuestros días, donde nos vemos atiborrados de sucesos, de cambios que hacen que la cultura incube fuertes cuestionamientos y cambios demasiados bruscos, alude, que hoy se viven batallas culturales que nos están orientando por sentidos que urge comprender y tomar la decisión de hacer batallas culturales desde nuestros espacios. Algo así entendí.  Todos podemos hacer batallas…

El problema para mí ha sido como sacudirme de este saciamiento de información que se experimenta con la lectura, información que no puedo desaprobar, está perfectamente documentada, y que siempre utiliza para llevarnos a pensar en “algos” a favor de lo que él llama, “la nueva derecha”. Y yo no quiero ser parte de esa nueva derecha, ni de aquélla vieja izquierda ¿Qué no podemos ser libres pensadores de la real-realidad y decidir incidir en las transformaciones desde una idea ciudadana?  Entendiendo ciudadanía como esa capacidad de implicarse en los problemas de la vida pública y contribuir en soluciones posibles y necesarias.

Ya hace ya días que terminé este libro, que se lee rápido, pues cuando se compendia de información, no se hacen rigurosos análisis teóricos, sino que se van hilando las ideas con los fines informativos deseados, pero, cabe aclarar, para quienes no tenemos la habilidad de leer largos procesos históricos, podemos sentirnos a momentos extraviados entre tanta información y de repente hay que volverse unas páginas atrás para retomar los hilos del tejido argumental. 

Terminada la lectura, me quedé saturada de esos “algos” con los que no puedo desacordar, pero totalmente convencida de que no puedo apoyar a una “Nueva Derecha” que ve en Trump a uno de sus líderes.  En este punto, esos “algos de información” en los que sí creo, me he despabilado de esa seducción de datos-verdad, innegables, y tratan de convencerme renegando de las “viejas izquierdas” melancólicas de un pasado que igual, nunca fue, para alistarme en las filas de una “Nueva Derecha”.  Y, en este punto, NO puedo.

Confieso que ha sido difícil fue salirme de este campo de batalla ideado por Laje; estuve por días rumiando la pregunta ¿por qué me inmoviliza y me induce a la defensa con ideas-verdad (datos), de algo que intuyo inadecuado? Nunca he sido de esa izquierda rancia plagada de ideas salvadoras de la humanidad por el telón de enfrente, pero detrás se apilan sucesos vergonzantes y abominables en nombre de ese amor a la humanidad; tampoco me siento de derecha, es decir, parte de un sistema de ideas entre conservadoras y progresistas a la vez por estar fincadas más en un economicismo que lleva a un progreso con grandes costos sociales sin atenderlos. Y me he tenido qué preguntar ¿de qué lado soy, con quien estoy? ¿tengo que ser de alguno a fuerzas?  Esta pregunta me ha calado por días… Este autor anda tras una “nueva derecha” ¿Y cuál es esta nueva derecha?  Es mejor citarlo para no caer en malas interpretaciones:

“Una Nueva Derecha es una invitación a delinear políticamente un nuevo «nosotros». El reconocimiento de los desafíos políticos del campo cultural abre, en cierta medida, las puertas para esta articulación. Ese reconocimiento es el que puede exacerbar el derechismo de las distintas corrientes, volviendo factible la operación equivalencial. Esto se puede ejemplificar con el libertarismo, que de todas las corrientes de derechas es la más renuente a reconocer el cultural como un campo surcado por antagonismos políticos. Al no reconocerlo, se mantiene en el centro buscando razones económicas para salir del paso, o bien se va a la izquierda abrazando a los «oprimidos» que el progresismo determina. Pero, cuando se reconoce la cultura como un espacio de luchas políticas significativas, el libertario, gira a la derecha sin concesiones…” Pág. 477-478

Debo aclarar, que el autor parece tener formación laclauniana y por ello, me dí un momento para recordar las ideas de Ernesto Laclau.  Algo sabía de él, lo revisé hace tiempo, pero me parecieron ideas menos poderosas al lado de Zemelman que empezaba a manejar, y confieso que la metáfora del 18 Brumario de Marx, abordada por las ideas zemelmanianas, me parecieron nociones más libertarias para pensar, pues se trata de significantes que se van gestando en el movimiento de los sujetos hacedores de historia, ese dado-dándose del presente es fascinante. Y Agustín Laje, pienso, como laclauniano, ofrece  metáforas explicativas, como la acumulación de movimientos sociales que reclaman, y en determinado momento, se encuentran, se vuelven equivalentes dice Laclau, y, si en esa efervescencia de luchas, de exigencias, llega un “algo” (o alguien) capaz de articularlos (significante vacío) es posible dar lugar a una nueva hegemonía.  Algo así, compréndase, que he dicho esto a botepronto, pero la teoría laclauniana, merece todo nuestro respeto y merece ser conocida a su profundidad, pues con ellas se pueden explicar desde sus argumentos los movimientos sociales, como aquí lo hace Laje.

De acuerdo a lo dicho, entonces estamos en medio de grandes contradicciones en la cultura de nuestro tiempo, estamos en una “guerra de guerrillas”, vemos agrupaciones haciendo luchas por todos lados, cada uno alza su bandera política exige sus derechos, son miles de grupos pequeños que pudieran llegar a articularse formando una nueva hegemonía, ese “nuevo nosotros”, que Laje llama “nueva derecha” y esa nueva derecha, sería, el significante vacío, que daría lugar a una Hegemonía, que trajera orden y progreso a los nuevos tiempos.

La batalla cultural de nuestros tiempos la dan según Laje, los grupos feministas con una infinidad de afiliaciones, y por otro, están los hombres, en contra la demonización del sexo masculino; tenemos también a los grupos homosexuales, transexuales, no binarios y quien sabe qué más en la defensa de vivir su sexualidad a como la sientan sin importar la transgresión de sus cuerpos a contentillo, y de estos grupos existen una infinidad que se acrecienta día a día; tenemos nuevos grupos racistas,  un odio hacia los blancos, hacia los ricos, igual los grupos con las viejas querellas de los negros que siguen en medio de luchas de odios y resentimiento; a estos, les podemos agregar los grupos que personas inmigrantes, cuya movilidad originada por la miseria, las guerras, las faltas de ciudadanía, les lleva a irrumpir los procesos legales de migración, generando nuevos problemas por el mundo, problemas laborales, destrucción de cultura y generación de situaciones de inseguridad, o cuerpos de personas que migraron en forma legal, que se resisten a que lleguen otros, o los empresarios que no aceptan que las políticas socialistas destruyan las riquezas que generan; tenemos a los obreros y trabajadores que no ven cómo las nuevas causas de las izquierdas les puedan ayudar, o tenemos también la disputa ante el avance del «lenguaje inclusivo», el «cambio de sexo» desde la infancia, o la «dieta vegana»; los grupos en contra y a favor del aborto, grupos defensores de la vida animal, vegetal, los grupos religiosos y hombres de fe agotados de ser atacados, ridiculizados, silenciados y reducidos a la escoria de la sociedad moderna, los no creyentes que consideran que la libertad de culto es cosa importante, quienes piensan que la  política era cosa de otros, pero también en quienes han terminado de hastiarse de los centrismos biempensantes que siempre gobiernan para la progresía, y en tantos otros que se animan a dejar atrás incluso sus pasados izquierdistas; adultos horrorizados por los niveles de adoctrinamiento escolar y van perdiendo el derecho a elegir la educación de sus propios hijos, millones de  jóvenes que se sienten sin futuro, extraviados en políticas supranacionales que se impone por todo el mundo guiados por intereses de algunos poderosos que mediante fundaciones financian lo que les interesa esto y más está pasando hoy en el mundo, todo está convulsionando y todos nos alejamos formando grupos y grupos que se separan más y más…

Como puede verse, es innegable la postura de Laje, si estamos en verdad viviendo una encarnizada batalla cultural, y para él, estamos en un terreno fértil para el nacimiento de una nueva hegemonía; sostiene que quien conozca esta realidad, que comprenda lo que sucede, sin duda se afiliaría sin pensarlo a la aventura de construir una nueva forma de organizarnos: “la nueva derecha”

Para Laje esta “Nueva Derecha” es una hegemonía en proceso de parto, y puede ser, es posible que en semejante crisis, se forje un nuevo reacomodo de fuerzas (Zemelman), pero cuando dice que uno de sus impulsores es Trump, o habla de Milei, o Verástegui en México, y otros, es ahí donde mi intuición, ese pensamiento no sabido, que viene de mi experiencia, formación, valores, mi cultura teórica, me pone en alerta. 

Es indiscutible la convulsión del tiempo presente, no sólo en lo cultural, sino en todo sentido, la ciencia, la economía, lo tecnológico, y necesitamos reorganizarnos con urgencia, construir un orden para no seguir dando tumbos, creando caos que dan origen a otros sin resolver lo emergente, y  todo se agudice más y más, en eso concuerdo, pero ¿con Trump? NO. Definitivamente NO.

En una entrevista, Laje, aplaudía que Trump ganara, y decía que no hay que ver a la persona, que se tiene que ver la agenda política que promueve.  Y recordé a López Obrador, quien, se dice de izquierda, pero quien sabe, y expuso en la plaza pública sus 100 puntos de la agenda política, pero ¿los cumplió? ¿Qué realmente hizo? sin sistemas de evaluación y seguimiento, sin buen rendimiento de cuentas, todo ha quedado en duda, pero la gente votó por él, por su agenda de 100 punto, que no analizamos, la gente que votó no pensó en la factibilidad de las promesas, muchas eran incumplibles en los 6 años de gobierno, y nos preguntamos por la persona ¿quién era López Obrador? Algo se dijo de que era una persona resentida, terca y necia de poder y se ignoró, logró posicionarse, convencer, acaso ¿no lo hizo Hitler? Igual, convenció con su agenda, pero ¿quién era Hitler?  Y hoy tenemos a Trump, e igual, existen avisos, cuidado con su irracionalidad, su ignorancia, sus ideas ¿estamos pensando los indicios de una personalidad que puede estar perturbada para ejercer tal poder?

Si bien, conocer las agendas políticas, analizarlas y ver su viabilidad dada la realidad es importante, reconocer las promesas incumplibles es una necesidad, pero igual de importante o más, es ver quien encarna el poder, tener claro la personalidad del candidato, el poder no puede utilizarse a contentillo, por una personal irracional, impredecible, con pensamientos delirantes. La agenda es una parte, es un modo de llegar, pero el nuevo camino de irracionalidades que puede propiciar la persona es inimaginable. 

El libro hay que leerlo, es muy recomendable, contiene buena información, los datos, son importantes; reafirmé conocimientos que tenía sin datos, cada uno de sus apartados son interesantes, algo extensos para mi gusto, pero para quien tiene poca información  y desea conocer es un buen libro, no su intención, pienso que no se trata de ser de aquí o de allá, descalificando a un grupo u otro, sino que ese “nuevo nosotros”, somos todos, bien informados, implicados en los sucesos, pensando y decidiendo mejor en los espacios donde habitamos, encargándonos cada uno de hacer este mundo más habitable de acuerdo a nuestras posibilidades.

Simplemente se trata de que todo nos importe, de sentirnos responsables, de ser sencillamente ciudadanos.  El problema, es que ser ciudadano no emerge por deseo, es el resultado de una vida reflexionada, producto de una buena formación, de esfuerzo, tolerancia y respeto hacia los otros,siempre diferentes, y lo más difícil, iniciar con el enriquecimiento de nosotros mismos, atender esta demasía sentido y orientarla hacia nuestra excelsitud potencial.

Agustín Laje tiene dos libros más, “Generación Idiota” y Globalismo, ¿los leeré?  Sé que debo hacerlo, pero creo, que me daré un descansito de este tipo de escritura que amerita resistencia.

 

martes, 26 de noviembre de 2024

Yuval Noah Harari. Nexus. DEBATE, Barcelona, 2024. Edición Electrónica.

 


Yuval Noah Harari. Nexus. DEBATE, Barcelona, 2024. Edición Electrónica.

 

Siempre comentar un libro tan extenso, no es fácil (aunque en el subtítulo dice "breve historia"). Del final me volví a la introducción, luego al epílogo, revisé las notas y la claridad de por dónde empezar a comentar este libro parece no dárseme, pero ya es tiempo de puntualizar mis impresiones ante tan compleja lectura, y digo compleja no por el lenguaje, ya que el autor es muy  didáctico, sino por el cúmulo de datos, ejemplos que va  aportando en su descripciones para explicar  cualquier asunto que necesita para darnos su postura, y tiene que ser así, pues se trata de un historiador, de alguien que conoce a detalles sucesos de la evolución humana, del cambio humano y social, es así como entiende la historia, y hacer narrativas de los cambios que hemos vivido como humanidad es su tarea.

Pues bien, ¿de qué va este libro? Su título da algunas pistas.  Como historiador, explora los cambios referentes a lo que nos ha ido como grupo, como civilización; nos habla de esas  construcciones de los primeros humanos que fueron permitiendo a lo largo de los siglos una argamasa, un conjunto de actos y hechos que propiciaron “un estar juntos” primero para sobrevivir a la intemperie de los inicios de los tiempos y llevaron en el transcurrir de los siglos a formar civilizaciones, a vivir en comunidad con mínimos conflictos, nunca ausentes por desgracia, somos muy complejos.  

Nos dice, que los homos sapiens tuvimos que aprender a cooperar unos con otros, y así, juntos, se fue dando la construcción de  herramientas que ayudaron a la definición de formas aceptables de  organización social tejiendo una red, un pegamento entre unos y otros que nos hizo avanzar por los siglos hasta llegar a la más reciente construcción redes informáticas conocida como internet, que a su vez ha progresado en lo que se ha llamado  Inteligencia Artificial comúnmente conocida como “IA”, y ésta última aportación,  avanza a galope de caballo y parece que sin jinete, dejando a su paso una estela de dudas, preguntas y problemas que podrían tornarse peligrosas de acuerdo a su mirada con un fuerte dejo de alarmismo,  ya que ante un progreso tan acelerado, la capacidad de pensar del homo sapiens, su creador, parece quedar subordinada al poder de los procesos  algorítmicos de una “IA” que dan respuestas a situaciones de la vida social, ya con una mínima intervención humana.

El libro cuenta a detalle, estas formas de reunión humana que se fueron experimentando, dando lugar a esta red que nos ha llevado a estar juntos y avanzar, a ponernos de acuerdo en medio de la incertidumbre y la penuria en una desolada realidad en la que había que aprender a vivir. Nos dice, que aprendimos a construirnos mitos, relatos, rituales, religiones, formas de gobierno, y con todo esto, fuimos quedamos adheridos unos a otros, atrapados en los cuentos que nos contamos con base a la ficción, fantasía, hasta la mentira en boca del poseedor de la palabra con poder de dirigir grupos humanos, quien fue recibiendo diferentes nombres, hasta llegar a nuestros dirigentes actuales.

Para explicar esta necesidad y capacidad de mantenernos unidos, este “Nexus”, utiliza la idea de “información”.  Explica que era poseedor de una información sobre algo, podía usarla para favorecer juicios de valor, provocar emociones, sembrar creencias, y por qué no, ocultar cosas y enfatizar otras que le parecían mejores.  Reflexiona, que poseer información  no necesariamente implica tener la verdad absoluta, ya que la verdad es verdad dependiendo de las situaciones y por ello, puede haber una infinidad de versiones;  quien tiene el poder de decir cuál es la que importa, la impone sobre otras, y ya en ese tenor, tiene un uso delimitado atendiendo intereses, por tanto, quien diga que tiene la información correcta, es una ingenuidad, es sólo una versión entre una infinidad de posturas, que postulada por alguien, se torna creíble, única, difícil de desmontar. Y así es como se ha podido avanzar, validando un tipo de información sobre otras, y quien poseía tal información, se le pensó como sabio.  

Cuando la información era sobre la tierra, los animales, formas de organización en comunidades pequeñas, los conflictos eran menores en torno a ella, permitía un desarrollo dejando de lado otros.  Sin embargo, hoy, el tiempo presente nos inunda con cúmulos de información que además no cesa de reproducirse y en vez de contar con estrategias sabias para ser una mejor civilización, para resolver cualquier problema que nos aqueje, paradójicamente, estamos al borde de la extinción. Y la pregunta es ¿Cómo es posible? Harari sostiene que se ha llegado a esto, por manejar una idea ingenua sobre la información, en creer que con información, la versión cualquier que esta sea, es suficiente, pero tal información puede ser la causante de nuestras desgracias y no tenemos herramientas para dicernir y rebatirla, pensarla antes de darle el estatus de idea hegemónica. A esto le llama predominio de una “idea ingenua de la información”.

En la actualidad, el mundo se invade por de grandes cantidades de información, y ésta, cualquiera que sea, da poder a quien la posee, la usa, la difunde sin importar la calidad de esta. Estamos rodeados de “posverdad”, “fake news” “falacias” que se creen, que nadie cuestiona, sólo se recibe y de acuerdo a las necesidades se va creando una conexión de creyentes, una red, un grupo, dando lugar a tribus humanas, donde cada cual puede tener su única verdad creíble, así la información, hoy, separa lo que antes unió a mi entender.

En el libro se va cuenta de los cambios de “Nexus” humano, de cómo se inicia con simples relatos míticos, místicos, de héroes, de historias que religaron, dieron identidad, orgullo de pertenecer; primero fue con el desarrollo del lenguaje oral, así, se fueron contando historias y de ahí, se pasó a la palabra escrita, que fue favorecida con la invención de la imprenta.  Luego, vino la invención de la radio, ese aparato mágico con el cual se podía a hablar a la vez a grandes cantidades de personas, cada uno en su casa, para luego, invadir los hogares con la televisión, así el mensaje, acompañado con la imagen trasmitió más que información, movilizó emociones, sentimientos, y se favoreció el aumento de versiones sobre la realidad, pues en la medida en que se difundía tanta información, se fue perdiendo el control de una única verdad, no pudo evitarse que cada quien la interpretara dada sus esquemas, experiencias, necesidades, así las verdades únicas pasaron a verdades múltiples. Ante el incremento de tantas verdades, las personas buscan ese sostén, ese refugio, y se orientan por ideas místicas, se busca al divulgador de una verdad que, de luz, que sirva de faro, de guía y van surgiendo los nuevos personajes, quienes encarnen fe, confianza, seguridad.

En el libro se lee esta historia de cambios en nuestras formas de reunión para estar juntos a pesar de lo complejo que es coexistir, ya con la escritura, se construyeron guías de vida con los libros sagrados, como la biblia, el Corán, se construyeron instituciones como las iglesias, los gobiernos con sus burocracias, documentos laicos como las constituciones, construcciones que con el devenir de los tiempos, han tenido que evolucionar ante los cambios de la realidad, se ha reinterpretado para acabar con desencuentros, matanzas (pone el ejemplo de la caza de brujas), alejarse se los preceptos que no van con el ritmo del cambio que aporta la ciencia, las nuevas verdades.  

La evolución de herramientas como la escritura, la imprenta, la radio, la televisión, y el más reciente el Internet, y con éste, la “IA”, habla de un progreso venido de menos a más, hoy acelerado. Dedica la última parte del libro a explicarnos este reciente “Nexus” humano, la más reciente creación humana, una herramienta en estos días,  cargada de información, cuenta con millones de datos que gracias a su lógica algorítmica, es capaz de recargarse con la información cotidiana que dejamos los usuarios en las redes y plataformas, y con esta información se reorganizarse, crea nuevos enlaces, necesidades, respuestas, induce, orienta nuestra “navegación”, son los famosos algoritmos, que poco entendemos, pero acaban por invadir nuestras apetencias y necesidades.

Y ahora, utilizando la “IA”, dejamos que haga mucho por nosotros, desde controlar aparatos, hasta el grado de solicitarle la redacción de un texto, evitando nuestro apuro y ansiedad de domeñar una idea que deseamos comunicar. La IA, hoy puede diagnosticar climas, tráficos, dirigir vehículos diversos, robots, suplantar voces, imágenes, etc., y las ideas de nuevos usos, son imparables.

Así vamos en este progreso humano que nadie puede negar que es increíble, insólito, pero Harari sospecha, dice, que su uso sin control, desmedido, puede terminar mal, ya que al ir acumulando datos que ya todos sin saberlo, le aportamos tan sólo con el uso normal del internet, ella, la IA, nos conoce, y reacciona algorítmicamente, nos responde, nos atiende, nos guía, y nos va alejando de la necesidad de pensar, y lo que es más preocupante, de pensarla, de controlarla.  Harari piensa que IA, puede llegar a tomar un nivel de control difícil de revertir.

En este punto, Harari, pudiera parecer muy alarmista, algo catastrofista al dejar ver la idea de que esta herramienta producto de nuestra creatividad, inventiva, pudiera liberarse de su creador y tomar decisiones ausentes del criterio moral, ético, de eso, que nos hace humanos únicos e irrepetibles.

Pues de esto trata el libro imposible narrar con fineza, cada apartado está lleno de datos históricos, como dice él mismo, se trata de muchísima información, que se encuentra con mentes eclipsadas por facilismo, la mucha ignorancia e incapacidad de para captar toda una historia que exigiría años de estudio, y esto se debe en gran parte, a un débil formación recibida, a una educación desatenta a la realidad, y ha dejado de prepararnos para pensar en el mundo de la emergencia de la “IA”, y corremos el peligro de su dominio ante nuestra obsolescente inteligencia para seguir aprendiendo a discernir información de entre la tantísima información que ya brota algorítmicamente.  

El autor tiene muchas críticas por otros que están en contra de su postura. ¿Quién tiene la verdad? No lo sabemos, pero ésta es una versión entre otras, conocerla es nuestra responsabilidad.

Y confieso que me he quedado algo preocupada, soy profesora y me pregunto ¿sucederán esto augurios de futuro? Aquello de la Matrix, la ciencia ficción a la que nos llevó “Terminator”, y tantas otras películas de ficción, ¿Qué tantos indicios de realidad posible tendrán? Quien sabe, pero qué bueno que teneos a estos escritores explorando la realidad, reconociendo intersticios de futuros que tal vez podemos evadir, si somos capaces de mirar atentos los peligros y de construir otras realidades más halagüeñas para la humanidad.

Es un libro algo extenso, pero hay que hacer esfuerzos de lectura, sin estos esfuerzos humanos, algo de verdad se contiene en el escribir de Harari… y sería de terror cósmico.  Este el mío...

 

domingo, 10 de noviembre de 2024

Vicente Garrido. El psicópata integrado en la familia, la empresa y la política. Claves para neutralizarlo. Ariel, España, 2023.

 



Vicente Garrido. El psicópata integrado en la familia, la empresa y la política. Claves para neutralizarlo. Ariel, España, 2023, Edición Electrónica.

 

Una de las preguntas centrales de este libro, me parece la siguiente: ¿En qué medida estamos preparando a los ciudadanos para que dispongan de mejores recursos para enfrentarse a la amenaza que supone la psicopatía? Misma que a lo largo del libro, conlleva diversas respuestas.

Por un lado, el autor nos advierte que 1% de las personas tiene rasgos de psicopatía, y que algunos llegan hasta el 5%, si es que se ubican en la política o en el mundo de los negocios.  Por tanto, los psicópatas viven entre nosotros.

¿Y quiénes son estas personas? No se trata de una psicopatía criminal ya que están integrados a la sociedad, tienen un bajo perfil; su principal rasgo es su incapacidad para vincularse con el resto de las personas en forma afectiva, no entiende las emociones, los sentimientos, no siente empatía, no experimenta la compasión ni culpa, carece de una esfera espiritual; la verdad es la suya sin creer en nada fijo, son egoístas, despreocupados y para convivir con los otros, se construye máscaras con la imita los rasgos humanos bien vistos y oculta los propios, y así tiene libertad para acercarse a las personas, a quienes seduce, manipula, utiliza mostrando un modo de ser esperado, así, nos revisa, nos lee con inteligencia fría, calculadora  y se adentra en nuestras formas de pensar y sentir para utilizarlas  con el propósito de alcanzar las metas que se propongan, y sin miedo ni pudor alguno, no piensan en las consecuencias que sus fines impriman al resto de las personas, las cuales por lo general son dañinas.

 Los psicópatas integrados, tienen como móvil el poder propio del ámbito en que se mueva, que puede ser su pareja, los hijos, los amigos, compañeros de trabajo, para ello, mienten, agreden a quien se interpone en sus fines e intereses, los reconoce como medios, cosas, “tontos útiles”, pero, obedece a un poder superior, que por lo general puede ser un psicópata con mayor capacidad de reclutamiento.   Garrido dice que la psicopatía es una manera de ser, un modo peculiar de pensar, de actuar que tiene una raíz genéticamente insensible, esta disposición se ve favorecida por los ambientes donde crecen y desarrollan, ese lado no bien visto, o “sombra” en términos jungnianos se fortalece y busca recursos para vivirse, con el costo de sufrimiento humano de quienes quedan atrapados en sus estrategias. La diferencia de la sociopatía, donde tenemos a individuos que se ven implicados en contextos de violencia, de crimen, de abuso, y por pertenecer, se hacen de ese modo de vida, pero pueden tener familia, emociones de apego hacia los suyos.  El psicópata no quiere a nadie, su mundo está en sí mismo.

Un psicópata integrado, ante los ante los  ojos de todo el mundo, aparecen como tipos estupendos, quienes sin dar latigazos, usar armas, son capaces de ataques insidiosos y crueles a la autoestima de su presa; tienen la ha habilidad de percibir, de leer la forma de pensar y de actuar de las personas, y con este conocimiento generan estrategias para someter resistencias, convencen, controlan, y van llevando a las personas a una desvalorización de manera más psicológica que violenta los ideales, sueños, derechos, dando como resultado  a una degradación moral, muy útil para su fines.  Cuando las personas se dan cuenta, terminan con un colapso mental y emocional del cual es difícil salir. Garrido nos dice que es un ser muy preparado para hacer el mal, para causar daño sin dejo de remordimiento, ya que las personas son simples “cosas”, que se pueden desechar cuando obtienen lo que desean, sea lo que fuere.

El psicópata, tiene un gran poder modélico, pues avanza, se crece y aparece como el mejor marcando camino a otros, a quienes inspira al activar en ellos, ese lado oscuro que todos tenemos, y si se tiene una conciencia moral frágil, entonces su mensaje les resuena, atienden los llamados del psicópata que todo lo puede hacer sin culpa, y lo siguen.   Hoy, con el mundo digital, el psicópata puede hacer un llamado a personas con formas de maldad diversas, cuya frontera muy difusa entre lo que es correcto e incorrecto, escuchan al macho-Alfa, ese psicópata que insista a seguirlo.  Recordemos el mundo de la segunda guerra mundial con Hitler, y tal vez si pensamos hoy en lo que pasa en Estados Unidos con Trump.

 Este libro, como vemos, resulta muy pertinente su lectura en estos tiempos.  En cada capítulo ofrece ejemplos de psicópatas en diferentes contextos, describe sus modus operandi para atrapar a sus presas, esas personas-cosas que le permiten cumplir sus deseos egoístas y nihilistas. Nos dice, que los lugares más fecundos para estos personajes son el mundo empresarial, donde sin reflexionar se lanzan a aventuras de inversión donde ellos ganan, pero generan consecuencias como el derrumbe de la economía, llevan a empresas a la quiebra, dejando a miles despojados.  De igual modo, la política es un terreno de cultivo para estos personajes, pues les fascina el poder.

En la parte final, nos aporta otras respuestas tendientes a darnos pistas para defenderos de estos depredadores ante su creciente emergencia, alentados por el avance de una moral social muy quebradiza, la creciente individualización, la pérdida de valores morales que organicen la vida en común, la decreciente racionalidad que desatiende lo complejo de estos tiempos.  Todo se ha vuelto un caldo de cultivo para la creciente presencia de psicópatas integrados a nuestro alrededor, por doquier vemos padres que parece amorosos, pero en la intimidad del hogar se anida la violencia, el abuso, o al revés, hijos abusivos de sus padres, malas relaciones laborales, compañeros de trabajo que enferman los ambientes para gana algo.  Los psicópatas nos buscan para ser quienes desean ser, dando rienda suelta a su nihilismo, falta de empatía, irresponsabilidad, y así vivir a costa de las demás, sin ver el dolor que le infringe para lograrlo.

En primer lugar, nos propone recuperar nuestra capacidad intuición.  Siempre que nos encontramos con una persona con rasgos de psicopatía, viene a nosotros un aviso interior, hay algo que nos alerta, puede ser una acción, una palabra, algo, que nos recuerda un daño, una mala experiencia, y si le hacemos caso, podemos estar atentos al poder seductor de nuestro acosador mental, que está preocupado por conocernos, por investigarnos, por ver cuál es nuestra “pata de palo”, cual es nuestra necesidad, y por ahí, meterse en nuestra vida y poseernos para utilizarnos.  Por desgracia, el poder de seducción es fuerte, y caemos, callamos las alertas y quedamos atrapados.  Nos dice que debemos apoyarnos en quienes nos rodean, que nos avisen del peligro. ¿Lo hacemos? Creo que no.

Como segunda estrategia, nos acerca a la logoterapia de Víctor Frankl, un sobreviviente de los campos de concentración, donde siendo una víctima de psicópatas y miles de seguidores, supo enfrentar la situación desde el valor de ser sí mismo siendo con los demás, es decir, decidió ser una persona más humana, más compasiva, más interesada en los demás, trascendiéndose, construyéndose un algo más, una razón vital para continuar, a lo que denominó, voluntad de sentido, y que todos los no Psicópatas tenemos.

En esta parte del libro, va enunciando algunos criterios de esta propuesta de Frankl, que, si la revisamos, están en nosotros potencialmente, y si las desarrollamos, nos permitirán hacer frente a este flagelo humano, que, sin pudor, temor, y toda displicencia, ésta dispuesto a socavarnos.

Enunciaré algunos de estos criterios, por ejemplo, aprender de las “experiencias radicales” que todos vivimos en algún momento de nuestra vida, y nos mueve el orden de nuestra vida, en las que muchas veces nos perdemos sin hacer el esfuerzo de mirar fuera de ellas, salir, alargarnos por el campo de la experiencia y crecer en ese dolor pensando en nuestra trascendencia. Otra es la resiliencia, muy conocida, donde aprendemos que los que nos pasa no es el final, podemos reconstruirnos; otro es, acudir a nuestra dimensión espiritual, meternos en nosotros mismos, y preguntarnos siempre por lo que nos hace crecer, lo que nos hace mejores personas, y estar con un psicópata, no lo es, éste nos destruye.  Uno más es la libertad, pensar en ella desde otros valores como el respeto, la responsabilidad, y así, va tocando criterios de la Psicología Frankliana, que aluden al coraje de la vida, al coraje de existir en la adversidad para alcanzar lo nos trascienda, que se refleja en esos pequeños actos donde nos regalamos al otro un poco más de lo que somos, le llama, pequeños actos altruistas.

Y lo más importa, y razón de este libro, hacernos de información sobre lo que es un psicópata, conocer sus rasgos, estar atentos para quedar presos de su seducción, impedirle que nos lea a su modo y toque esa vibra sensible que nos sujetará y de la que será difícil soltarse.

Recomiendo este libro a todos, leerlo nos ayuda a leernos, reconocer que tan frágiles somos a este rasgo genético adormecido en muchos de nosotros, o muy activo en otros. Y vivir a la manera de Frankl, desarrollando el lado humano, más atento y respetuoso de la dignidad, del valor de los demás.